La cosa

Imagen de HPLovecraft

Un ser alienígena enterrado en la Antártida ha sido devuelto accidentalmente a la vida por una expedición noruega. Su habilidad para cambiar de forma le convierte en la mayor amenaza imaginable. De unos pocos hombres depende devolverle a su tumba de hielo… o que infecte todo el planeta.

 

Sinopsis

En una estación experimental de la Antártida, un equipo de investigadores noruego descubre un ente extraño venido del espacio exterior que ha permanecido enterrado en la nieve durante más de 100.000 años. Al descongelarse, provoca el caos y la muerte a su alrededor al ser capaz de mudar de forma. Algún tiempo después, otro equipo de investigación de los Estados Unidos de América se encontrará con esa terrible criatura, transformado en esa ocasión en algo tan aparentemente inofensivo como un perro.

 

Análisis

Como es bien sabido, La cosa está basada en El enigma de otro mundo (The Thing From Another World, Christian Nyby, 1951) una película de bajo presupuesto incluso para la época que, sin embargo, tiene una efectividad incuestionable. La sinopsis es similar: una expedición encuentra una nave extraterrestre en cuyo interior hay un tripulante aún con vida. Se trata de un ser híbrido de animal y vegetal que es muy violento, inmune a las balas y al fuego y con el que resulta totalmente imposible comunicarse. Tras el lógico debate acerca de capturarlo con vida para su estudio o eliminarlo dada su peligrosidad, se acuerda esto último. Pero no es nada fácil intentarlo siquiera. Como detalle anecdótico cabe comentar que, aunque la película fue rodada originalmente en blanco y negro, actualmente existe una versión coloreada de la misma. Tanto El enigma de otro mundo como La cosa están basadas en una novela de John Wood Campbell Jr. titulada Who Goes There? publicada en 1948, si bien la película de Carpenter la adapta mucho más fielmente al incluirse en la trama muchas de las escenas del libro. Por ejemplo, la criatura de Carpenter tiene la capacidad de mudar de forma e imitar la de cualquier ser vivo con el que haya entrado en contacto y, además, se incluye el detalle de que cada parte de la cosa, por pequeña que sea, reacciona como un organismo autónomo. Una película más que original que no acabó de cuajar. Por desgracia, en el mismo año en el que se estrenaba La cosa, Steven Spielberg cautivaba el corazón de los espectadores de todo el mundo con E.T. el extraterretre, lo que causó, sin duda, buena parte del fracaso comercial de la cinta de terror. Para colmo los críticos de la época fueron feroces e implacables con la película de Carpenter, algo que no debería asombrarnos si recordamos que ocurrió exactamente lo mismo con Blade Runner (Ridley Scott, 1982). En cualquier caso, y como suele suceder con casi todas los películas de este director, el tiempo y las nuevas generaciones de cinéfilos han terminado por convertirla en un clásico del cine de terror. Carpenter comenzó con esta película la Trilogía Apocalíptica que continuó en 1987 con El Príncipe de las Tinieblas (Prince of Darkness) y concluyó en 1995 con En la boca del miedo (In The Mouth Of Madness). Por cierto que, en esta última cinta, la traducción del título al castellano destrozó el homenaje del director a la novela de Lovecraft En las Montañas de la Locura (At The Mountains Of Madness) pero, como es algo a lo que estamos más que acostumbrados, no pasa de ser una mera anécdota.

 

La novela de Campbell, al igual que la película La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion Of The Body Snatchers, Don Siegel, 1956), es un reflejo de la época: los años cincuenta de los Estados Unidos. Por aquel entonces el senador Joseph McCarthy comenzó una verdadera caza de brujas, como hacía siglos que no se veía, contra todos aquellos sospechosos de ser comunistas o simpatizar con ellos. El terror de convertir el país de la libertad, como se ha considerado siempre los Estados Unidos de América a sí mismo, en un país de seres iguales, sin sentimientos, motivaciones o aspiraciones, dieron pábulo a este tipo de miedos y sospechas irracionales. La película de John Carpenter, sin embargo, se aleja de este argumento para centrarse en algunos de los elementos del terror más puro: el miedo a lo desconocido, la paranoia constante y el antagonista oculto (que, en efecto, fueron los sentimientos que motivaron la mencionada caza de brujas, si bien en la película están desprovistos de intención política de cualquier tipo). El ente rescatado de los hielos es una criatura cuya forma original, si es que tenía alguna, desconocemos por completo. La primera noticia que tenemos de su aspecto externo es la de un perro corriendo por las nieves, huyendo de una persecución que, en un primer momento, se nos antoja desmedida: un grupo de hombres armados en un helicóptero contra un pobre animal que corre para salvar la vida. Reza el dicho que por la pena entra la peste y se dice que ninguna buena acción quedará sin su castigo, y ambas sentencias se cumplen en este caso. El helicóptero se estrella y los perseguidores mueren todos excepto uno, que es abatido a tiros por los americanos, por lo que el grupo protagonista se apiada del animal y lo encierra en una gran jaula junto al resto de perros de trineo que tienen en la base. A partir de ese momento comienza la verdadera pesadilla, una de la que querrán despertar en todo momento aunque no tendrán forma alguna de hacerlo. Completamente solos y aislados, en uno de los lugares más desérticos de todo el planeta, se inicia un desigual enfrentamiento con una criatura llegada de otro mundo cuya capacidad de replicar cualquier tipo de organismo vivo supera todo lo imaginable. Astuto, inteligente, despiadado y totalmente carente de moral o escrúpulos, la cosa va haciendo aquello para lo que parece haber nacido: matar y replicar los cuerpos de los moradores de la base, al tiempo que busca la forma de escapar de allí y extenderse por toda la faz de la Tierra. Y lo cierto es que, en función de lo que podemos ver en la película, parece perfectamente capaz de cumplir dicho objetivo.

 

A partir de este punto, se incluyen detalles explícitos de la trama y el argumento.

Uno de los momentos más siniestros de la película sucede al principio cuando, tras morir los investigadores noruegos perseguidores del perro, los protagonistas deciden ir a la base en la que aquéllos se encontraban trabajando para tratar de recopilar datos sobre lo sucedido. Las instalaciones se encuentran semidestruidas e invadidas por la nieve y el único ocupante es un individuo que se ha cortado las venas y cuya sangre cuelga de las muñecas en forma de estalactitas congeladas. Cerca encuentran un bloque de hielo del que se ha extraído algo del tamaño aproximado de una persona así como diversa documentación escrita, como es lógico, en noruego. Pero lo más misterioso les espera fuera: un extraño cuerpo humano quemado sobre la nieve. El cadáver resulta ser una extraña amalgama de miembros e incluso dos caras unidas, como en tránsito una de otra. Sin embargo el interior es completamente normal, con todos sus órganos internos en perfecto estado a pesar de las extrañas deformaciones externas. Por la noche, tal y como comentaba más arriba, el perro es puesto junto a los otros canes. Una vez Clark, el cuidador de los animales, les deja solos, el perro comienza a sufrir una horrenda transformación que lo convierte en una monstruosa criatura de cuyo cuerpo brotan enormes cilios, patas y un tentáculo con el que ataca al resto de perros, que ladran enloquecidos. Uno de los animales, aterrado, comienza a morder la celda llegando incluso a arrancar parte de la misma, aunque inútilmente. Los habitantes de la base llegan a tiempo de ver cómo la extraña criatura rodea con sus apéndices a uno de los perros para asimilarlo dentro de sí. A pesar de que abren fuego contra ella, la cosa parece resistir los impactos de bala y no cesar en su crecimiento, por lo que Childs acaba con ella usando un lanzallamas. La autopsia revela lo que ya supusieron: la criatura estaba asimilando a los perros para crear copias perfectas de los mismos, aunque no le dio tiempo a concluirlas. La escena, una de las más terroríficas y mejor elaboradas de toda la película, se muestra claramente, sin artificios de sombras excesivas para ocultar posibles efectos especiales mal elaborados. Muy al contrario, esos minutos resultan sublimes, y tan desagradables como bien hechos, aun a pesar del tiempo transcurrido desde el rodaje de la película. Esta escena, junto con otra de la que más adelante hablaré, permanece irremisiblemente grabada a fuego en el recuerdo de todos aquéllos que han visto la cinta, especialmente si eran muy jóvenes cuando lo hicieron.

 

El doctor Blair interroga a Clark acerca del momento exacto en el que encerró al perro junto a los demás, descubriendo que durante todo el día el animal anduvo suelto por la base. La siguiente pregunta logra erizar el vello del espectador: ¿Cuánto tiempo estuviste solo con el perro? Desde ese momento se desata la paranoia. En la siguiente escena se encuentran visionando las cintas sin sonido de los investigadores noruegos, más de nueve horas de grabación, al tiempo que descubren que la documentación indica que pasaban mucho tiempo a unos diez kilómetros al noroeste de su campamento, ya que habían encontrado algo. El vídeo muestra entonces un objeto enterrado en el hielo, circular, inmenso, y al que acceden usando cargas térmicas. Se trata de una nave espacial que, presumiblemente, llevaba bajo los hielos más de cien mil años. En las cercanías descubren el hueco del que extrajeron el bloque de hielo donde se encontraba la criatura, por lo que lo más probable fuera que el ente saliera de la nave y se congelase buscando algún sitio donde guarecerse del intenso frío. A continuación asistimos a una simulación de la asimilación de la célula de un perro por parte de una célula alienígena y cómo ésta la duplica. El ordenador de la base, que utiliza un lenguaje de tan altísimo nivel que se le pueden realizar las preguntas directamente (muy típico de las películas de esa época), deduce que el mundo entero quedaría contaminado por esa criatura veintisiete horas después del primer contacto. Es fácil no creer a la máquina si tenemos en cuenta que la cosa lleva ya más de un día pululando por la base y aún no ha acabado ni con la cuarta parte de sus escasos habitantes pero es que, además, el ordenador afirma que la probabilidad de que haya infectado a algún otro investigador es del 75%. En qué se basa para tal suposición es algo que, con toda sinceridad, escapa a mi comprensión. No obstante, y por el bien de la historia, aceptaremos barco tal y como hemos hecho en miles de ocasiones y por causas menos justificadas. Desde ese momento en adelante, los investigadores de la base van siendo asimilados y reemplazados por la criatura que, como se demuestra más adelante, es una única entidad aunque todas y cada una de sus partes puedan reaccionar de manera independiente. Precisamente aprovechando esta característica, surge la idea del test de la sangre: todos deben aportar una pequeña cantidad de su propia sangre para un experimento: en aquel que sea en realidad la cosa, la sangre reaccionará de forma instintiva al dolor, revelando la verdadera naturaleza de su donante. Esta escena es una de las más recordadas de la película; en ella la cabeza de Palmer se abre en dos en forma de una gigantesca boca llena de afilados dientes. Sin embargo, la que más perdura en el recuerdo de muchos aficionados es la horripilante visión del tórax de Norris abriéndose, como una gigantesca boca llena de grandes y afilados dientes, y atrapando en su interior los brazos de Blair mientras éste trataba de reanimarlo con un desfibrilador.

 

Tras el enfrentamiento con la criatura la base queda destruida y los restos, curiosamente, son los que ya hemos visto en la primera parte de la película, cuando visitan el campamento de los noruegos. Lo que sucedió fue que John Carpenter no tenía presupuesto suficiente como para construir dos campamentos base, por lo que se usaron los restos del único que se hizo para las escenas iniciales. A pesar de haber avisado de la inclusión de detalles en profundidad del argumento, no contaré cómo concluye la película por si alguien desea verla y no lo ha hecho hasta este momento. Uno de los elementos más importantes de La cosa es la tensión y la desconfianza que se instala entre todos los miembros de la base puesto que la criatura es capaz de adoptar la forma de cualquiera y tomar su puesto, sí, pero además también es capaz de imitar su comportamiento y demuestra una inteligencia que la hace difícilmente detectable. Por ejemplo, cuando intentan confirmar que todos los investigadores son quienes dicen ser usando unas muestras de sangre almacenadas, se dan cuenta de que la criatura las ha destruido, dando al traste con un magnífico método de verificación de la identidad y alimentando los recelos entre los personajes que quedan con vida.

 

El desarrollo de la acción tiene mucho en común con la famosa Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979). El interior de la base, al igual que la nave Nostromo, es un claustrofóbico conjunto de pasillos y, aunque existe la posibilidad de salir al exterior, éste se encuentra a cuarenta grados bajo cero. En ambas películas la amenaza es de procedencia alienígena aunque, mientras que la criatura de Alien cuenta a su favor con una capacidad de adaptación y ocultación enorme, la cosa puede metamorfosearse en aquello que asimile. Este es un elemento en común con la clásica película La masa devoradora (The Blob, Irvin S. Yeaworth Jr., 1958) en la que un meteorito llegado del espacio trae consigo una masa amorfa que crece de tamaño consumiendo todo tipo de materia orgánica que se ponga en su camino. A pesar de que hace años que se oye hablar de una versión actualizada o incluso una secuela de La cosa, parece que han tomado más fuerza los rumores acerca de una protosecuela o precuela (dígase como se quiera, dado que ambas palabras no están aceptadas por la Real Academia Española de la Lengua) que narraría los sucesos acaecidos en la base noruega y que culminan en la fuga del perro en dirección a la base norteamericana y los supervivientes persiguiéndole enloquecidos para acabar con él. Algunos rumores apuntan en otra dirección… en todo caso habrá que esperar.

 

La música de la película corre a cuenta del siempre efectivo y versátil Ennio Morricone que, paradójicamente, fue nominado a los infames Razzies (o anti-Oscars) de 1983 como Peor banda sonora. Puede que las piezas compuestas para la película no pasen precisamente a la historia del cine como obras maestras, pero resultan enormemente efectivas y logran transmitir las emociones e ideas que señalan sus títulos. Por tanto la nominación a los Razzies, además de absurda, es categóricamente injusta. Los diez temas y sus duraciones son:

 

1. Humanity (Part I) (06:50)

2. Shape (03:16)

3. Contamination (01:02)

4. Bestiality (02:56)

5. Solitude (05:58)

6. Eternity (05:35)

7. Wait (06:22)

8. Humanity (Part II) (07:15)

9. Sterilization (05:12)

10. Despair (04:58)

 

La película cuenta con un videojuego homónimo desarrollado por Computers Artworks para PC, Playstation 2 y Xbox que vio la luz en el año 2002 y fue probado por el mismísmo John Carpenter. La acción se sitúa justo después del final de la película, cuando el ejército de los Estados Unidos envía dos unidades de rescate al perder el contacto con la base donde transcurre la acción de La Cosa. El videojuego fue muy favorablemente recibido por la crítica, algo que cabía esperar teniendo en cuenta que la buena fama de la película no ha hecho sino incrementarse con el paso del tiempo y los programadores estaban obligados a estar a la altura de las circunstancias. Además, la película ha sido distribuida en formato Blu-ray, incluyendo un gran número de contenidos adicionales.

 

En definitiva, La Cosa es una de las mejores películas de terror de la historia del cine, algo totalmente impensable en principio para un remake. Respeta la obra original tanto como puede esperarse pero, a un tiempo, está adaptada a la perfección para la gran pantalla. El suspense y el terror se van incrementando minuto a minuto lo que, unido a unos fantásticos efectos especiales, hacen que sea una película de visionado obligatorio para todos los amantes del buen cine de ciencia-ficción y de terror. John Carpenter, con sus mejores y sus peores momentos, sigue siendo uno de los grandes maestros del cine.

 

Ficha Técnica

Dirección: John Carpenter

Guión: Bill Lancaster

País: Estados Unidos

Año: 1982

Duración: 109'

Género: Terror

Intérpretes: Kurt Russell (R.J. MacReady), Wilford Brimley (Dr. Blair), T.K. Carter (Nauls), David Clennon (Palmer), Keith David (Childs), Richard Dysart (Dr. Copper), Charles Hallahan (Vance Norris), Peter Maloney (George Bennings), Richard Masur (Clark), Donald Moffat (Garry), Joel Polis (Fuchs), Thomas G. Waites (Windows)

Producción: David Foster y Lawrence Turman

Música: Ennio Morricone

Fotografía: Dean Cundey

Montaje: Todd C. Ramsay

Diseño de producción: John J. Lloyd

 

Imagen de Nostromo51
Nostromo51
Desconectado
Poblador desde: 28/01/2009
Puntos: 217

Es sin lugar a dudas una de las mejores peliculas de ciencia ficción-terror, pero como siempre a Carpenter no se le valoriza como se merece. Cuando yo vi por primera vez la pelicula, allá por finales de los ochenta, quedé entusiasmado, y la he podido visualizar como 10 veces desde entonces. Muy recomendable.

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