Órdago a la madre

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La vida es como una partida de mus; a cada uno de nosotros nos ha tocado unas cartas diferentes con las que jugar nuestra propia partida de la vida.

Algunos se pasan la mitad del juego mirando las cartas del que tienen al lado intentando hacer trampas y cambiarlas; durante ese tiempo no juegan, no viven.

Hasta con las peores cartas se puede echar un órdago a la vida, y ganarla.

Inténtalo.

 

Acabo de cumplir treinta y nueve años. Para algunos estoy en la flor de la vida, para otros estoy al borde del abismo; como todo en esta vida, esto también es relativo.

Cuando tenía ocho, solía jugar a mamás y a papás, y todo el juego giraba entorno a cómo quitarle las caquitas a las muñecas o cómo darle el biberón. Ese juego se me ha quedado grabado y aún todavía sueño con ello.

A veces me pregunto qué es lo que he podido hacer mal; en qué me he equivocado, o cuándo se me escapó esta oportunidad que aún persigo; porque ante todo, todavía sueño con ser madre.

Sueño con envidia el poder notar la presencia de aquello que más deseas dentro de ti; que con cada movimiento te diga que crece y existe gracias a ti.

Sentir las patadas, imaginarte su cara, dudar de si podrás ser una buena madre; y si podrás evitar hacer aquellas cosas que odiaste de pequeña, de si te querrá tanto como le quieres tú a él.

Yo ya le quiero, y todavía no existe dentro de mí. Pero estoy convencida de que tanto amor debe estar escondido en alguna parte, y alguna vez tendrá que salir.

Llevamos cuatro largos años intentándolo, mares de lágrimas derramadas, y aún así todavía no quiere venir.

Raúl ya se ha resignado cree que es una batalla perdida, que hay guerras que están selladas antes de comenzarlas; que no merece la pena seguir luchando, que nos tenemos el uno al otro…

Pero para mí, no seguir intentándolo es lo más cobarde; es echar a perder ese amor que habíamos creado, es enterrar esos juegos de infancia, es morir por no tener el calor de ternura que emana la inocencia de un bebé.

A veces siento que estoy sacrificando mi amor de pareja, por el amor de madre. Sé que he sido dura con Raúl; ha habido muchos días en los que el cariño y amor de una pareja se han convertido en puras estadísticas y probabilidades de fecundación. A veces nos convertimos en robots, realizando las cosas de forma sistemática, sin preguntarnos realmente qué es lo que queremos conseguir.

¿Querrá realmente Raúl ser padre? ¿O sólo lo hace porque yo me obstino en ello?

 

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Miro a María, y le veo otra vez pensativa, mirando por la ventana, buscando cazar ese sueño que se nos resiste. A veces me pregunto qué habré hecho mal para que Dios no me conceda esa dicha de ser padre; o mejor dicho, no le conceda a ella ese deseo de ser madre.

Me siento derrotado, apagado, aparcado; desde que no podemos ser padres, no vivimos como antes. A veces me río tristemente de la cantidad de precauciones que tuvimos cuando éramos novios para no tener un bebé. La vida es ironía pura. Seguro que si llegamos a ser más inconscientes, Dios nos regala un retoño.

Quiero volver a empezar, quiero olvidarme de estos años, quitarme este peso que llevo encima, pensar en que somos dos, antes que tres. Pero cuando veo a María sé que todavía no está preparada para volver a empezar, y sigue tocándose la tripa, como si preparara la cuna para una visita.

Nadie me dijo que la vida fuera fácil; muchos me dijeron que ser padres era muy complicado; pero la verdad es que no serlo, cuando lo deseas, es lo peor que me ha podido pasar en la vida.

Pienso que esto es una prueba a nuestro amor, que si somos capaces de superarla, ni la mayor guerra del mundo nos separará. Pero tristemente me deprimo pensando que tal vez no podamos con ella...

 

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No sé cómo decirle a Raúl que he comprado otros patucos blancos; no he podido reprimirme: he pasado delante de la tienda, y se han clavado en mis ojos; serán para nuestro bebé.

Tenemos la habitación hace tiempo preparada, de un azul celeste que sirve tanto para niño o niña. La cuna blanca espera expectante su presencia y la música del tiovivo me hace soñar pensando cómo será.

Todo huele a él, todo gira en torno a su futura vida, y mis brazos guardan abrazos acumulados esperando poder acurrucar aquello que vendrá.

Una lágrima corre por mi mejilla: es la rabia contenida. No entiendo por qué a nosotros se nos ha vetado esa felicidad.

 

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A veces creo que todo esto es como hacer un huevo pasado por agua. Alguna vez se lo he comentado a María, pero no le ha gustado la comparación.

Lo simple que parece hacer un huevo pasado por agua, y la de veces que sale duro o, peor aún, con toda la clara sin hacer.

A nosotros nos pasa algo parecido. Creo que no hemos encontrado el instante para ser padres. No sé si debíamos haberlo intentado hace tiempo, o todavía no es el momento y ha de llegar. Cada huevo es diferente, cada cazo también; el tiempo necesario para conseguirlo también.

 

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¡¡Aaaaahhhhhhhh! ¡¡AaaHHH!!

—¡María! ¿Por qué gritas? Son las dos de la mañana. ¿Qué pasa?

—Se lo han llevado, se lo han llevado, Raúl —grita María mientras da vueltas en el cuarto de nuestro futuro bebé.

—¿De qué me hablas?

—¡Del bebé Raúl! No está, se lo han llevado…

—¡Tranquila cariño! Tranquila... No tenemos ningún bebé.

—¡Noooo! No me mientas, Raúl, se lo han llevado…¿A dónde?

—No cariño, no hay nadie, es una pesadilla.

Me mira con los ojos ciegos, loca de ira, loca de amor reprimido, loca de madre…

—¡¡Raúl!! ¡¡Despiértame de esta pesadilla!! Yo tengo un bebé, lo tengo… lo tengo… vete de aquí, tú eres parte de mi pesadilla…¡¡Devuélveme al bebé!!

No sé cómo pararla, nunca le había visto así; me golpea fuertemente con sus brazos mientras grita "¡¡¡Devuélvemelo!!! ¡¡Devuélvemelo!!"

Las lágrimas recorren su cara, otras lágrimas diferentes recorren la mía.

Le sacudo intentando sacarla del trance, pero sigue gritando.

—¡Todo es por tu culpa! me grita, ¡Todo es por ti! me lanza estas palabras que se me clavan como espadas directamente en el corazón. Intento reponerme, intento reponerla…

—¡Tranquila, María! Tranquila…

Acabamos abrazados, de rodillas en el suelo, sollozando… los dos. Sólo dos.

La cigüeña se ha perdido. Ha dejado nuestro bebé en algún otro lugar.

La vida es así de dura, probablemente en alguna parte hay una quinceañera llorando por lo que tiene dentro; y en cambio María llora por lo que, creo, nunca llegará.

Si fuera capaz de hacerle ver lo afortunados que somos... Si fuera capaz de convencerle de que con estas cartas podemos ser felices, jugando sólo dos...

Sólo dos siendo uno.

—Órdago.

—Sí, quiero.

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Patapalo
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Un concepto interesante para una histora. Además, consigues que transmita a pesar de la sencillez del relato. Como mejora, te sugeriría que te contuvieses con el punto y coma: hay demasiados y no están justificados. Parece que los puntos y seguido no te interesan

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Félix Royo
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Está bien conseguido el drama. En cuanto a lo del punto y coma, alguno podría haber sido dos puntos o punto y seguido. Normalmente es muy raro que haya reiteración en los puntos y coma, porque se suele entender que tras un punto y coma hay una frase que tiene alguna relación con la anterior, y un segundo punto y coma, por lo tanto, debería ir seguido de una frase que tenga alguna relación con la frase que tiene alguna relación con la primera.

El genio se compone del dos por ciento de talento y del noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación ¦

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Sia
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Gracias a los dos; hasta ahora no me había dado cuenta de lo del punto y coma; lo tendré en cuenta;;;será que me gusta relacionar todas las cosas!;;;

Sobre el tema elegido, creo que es de algo de lo que no se habla mucho, un poco tabú y que se sufre en silencio (y además cada vez hay más casos). Afortunadamente no me ha tocado cerca, pero creo que la gente tiene una idea de cómo debe ser la vida, y en cuanto se tuerce un poco, nos obcecamos en intentar conseguir lo que se considera normal. 

¡Gracias por leerlo!

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Nachob
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Pues para no haberte enfrentado a él, transmites de un modo fenómenal la angustia y tristeza de la situación. Me ha llegado la frustración, el dolor, la amargura, el dramatismo hasta un punto que ha conseguido emocionarme. Has conseguido comunicar, sin grandes alaracas ni aspavientos, hablando de lo más íntimo e importante de la vida. Y la última escena me ha puesto lo pelos de punta.

No soy escrupuloso con las formas mientras la historia conmueva, y sinceramente no creo que esten en absoluto mal, nada mal. Has conseguido lo importante, y es que vea sólo lo que cuentas, más alla de las palabras o los signos ortográficos.

Mi más sentida enhorabuena. Contar historias es precisamente esto.

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Imaka
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Al igual que Nachob, soy más de contenido que de lexico y puntuación. El cambio de ritmo y los mensajes de la última escena me han dejado acongojado.

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Raelana
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El tema es duro y llega muy bien al lector, con mucha intensidad, me ha gustado la composición mediante escenas y el cambio de punto de vista, que se complementan muy bien.

La puntuación ya te la han comentado que habria que revisarla un poco, a veces una coma mal puesta rompe el ritmo y es una lástima.

 

 

Mi blog: http://escritoenagua.blogspot.com/

Perséfone, novela online por entregas: http://universoca

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Sia
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¡Muchas gracias por pasaros y dejar rastro! Si he conseguido mover algo dentro de vosotros... ¡Ya me quedo féliz!

Aunque ese movimiento haya sido para dejaros acongojados...

Nota: Ahora no os pogáis a tener niños como locos...  

 

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Nachob
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En algún caso ese consejo llega tarde.

 

En todo caso, sí que es verdad que la paternidad me ha cambiado muchos conceptos, y me ha hecho muy sensible a ciertos temas. Es un salto tremendo en tu percepción del mundo, y en tu propia manera de sentir y ver las cosas.

 

Qué tú hayas conseguido aproximarte tanto a esas emociones demuestra una empatia encomiable. Enhorabuena.

 

Mi relato favorito en bastante tiempo.

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Sia
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Nachob, muchas gracias por tus comentarios.
Esto se llama empatía paternal: estoy totalmente de acuerdo contigo, a mí convertirme en madre ha sido una de las mejores cosas de mi vida, llegando a valorar las cosas de otra manera. También es verdad, que lo queremos todo: queremos viajar, disfrutar de la vida, tener libertad durante más años..., pensando que siempre habrá un tiempo para la paternidad. Pero a veces, la naturaleza está ahí para decirnos que no somos los únicos dueños de nuestra vida.
Por ello, me pongo en la situación del que quiere y no puede, y la verdad es que me imagino que debe ser muy duro. Pero cada uno tiene que valorar lo que tiene.
Gracias de nuevo.

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Mauro Alexis
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   A pesar de no comprender la analogía expuesta entre el mus, el órdago y la vida, o la vida de tus dos pjs, pude percibir y «empatizar» con estos últimos. Simplemente es admirable la capacidad que tienes de meterte en el pensamiento de aquel a quien vas a representar, personalmente lo llamo autor-actor. Resulta muy difícil poder desarrollar para muchos de nosotros esta cualidad y tú, en esta demostración, nos has dado una clase de actuación para literatura. Bellísimamente triste el mundo de tus pjs.

   Lástima que todo este patetismo bien llevado y esta trama original tan original (valga la redundancia), no estén bien acompañados por el suceso final, que por su extravagancia debería haber sido más cuidado, y por la persona que has elegido para representar esta escena, de la que hago referencia.

   Volviendo a tu don actoral, mi recomendación sería que, si se tratase del resultado de muchos ensayos ( en cuyo caso ya has cazado y con creces la onda) o si se tratase de algo que fluye en ti naturalmente, indistintamente, deberías no descuidar los demás apectos estructurales de la trama.

 

 

"Habla de tu aldea y serás universal."

 

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Sia
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¡Muchas gracias Mauro por tu crítica constructiva!

Lo que quería decir sobre la relación entre el mus, la vida y el órdago es lo siguiente:

En la mayoría de juegos tienes que tener lo mejor para ganar.  Necesitas al mejor jugador, el más rápido, que lleve las mejores zapatillas y que además lance los penaltis sin dudar  y meta gol.

En el mus, con malas cartas puedes ganar. Incluso si no sabes jugar, también puedes ganar (porque puedes echar un órdago con malas cartas, y puedes ganar). Eso es lo que he querido trasladar al relato. El hecho de que aunque a veces nos parezca que la situación que vivimos no es acaso la ideal, lo podamos transformar y ganar la partida.

Muchas gracias e intentaré mejorar en los desenlaces de las tramas. 

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