El color del cielo

Imagen de Victor Mancha

Dicen que el cielo es azul, pero yo digo que se equivocan. En mi mundo el cielo es del color que yo quiero que sea.

 

En mi mundo los unicornios existen, y los caballeros en brillante armadura salvan a las princesas de terribles dragones, pero solo a las princesas que quieren ser salvadas. En mi mundo la gente es feliz y la gente es buena y las guerras no existen.

Papá dice que mi mundo no es real. Que son tonterías de una niña que ya va teniendo edad para dejar de pensar en esas sandeces. Y yo digo que se equivoca, pero no se lo digo a la cara, nunca a la cara, porque cuando le contesto se pone muy serio y se enfada, y a veces me pega una bofetada. Y duele, duele durante mucho rato después de que me la haya pegado.

En mi mundo mamá sigue viva. Hablamos, hablamos mucho. Nos sentamos a la orilla de un río que fluye hacia arriba y comemos zarzamoras y bayas, y cuando llueve nos resguardamos bajo las ramas de un enorme cedro de hojas de color dorado, y mamá me abraza y me dice que todo saldrá bien, que todo irá siempre bien. Y yo la creo. Aunque sé que miente, y que solo lo dice para hacerme sentir mejor, yo la creo. Porque es una mentira bonita, y a veces es más sencillo y más fácil creer en una mentira cuando esta nos hace sentirnos mejor.

En el colegio me miran raro. Nadie quiere sentarse ni hablar conmigo. Incluso los maestros han dejado de intentarlo. Ya no se esfuerzan. Y yo pretendo que no me importa, que no me molesta, pero es mentira. Duele. Vivir duele. La vida duele, y estoy cansada de que me duela.

Así que ahora estoy tumbada en la bañera, en la misma posición en que encontré a mamá. El vapor del agua caliente empaña el espejo del cuarto del baño. Tengo una cuchilla de afeitar de papá en las manos, igual a la que usó mamá hace dos años. Un pequeño corte, un último momento de dolor y volveremos a estar juntas.

 

Dicen que el cielo es azul, dicen que mi mundo existe solo en mi imaginación, y yo digo que se equivocan. Pero, realmente, no importa si tienen o no razón. Cinco minutos a partir de ahora y se acabará el dolor. Cinco minutos a partir de ahora y volveré a ser feliz.

 

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Patapalo
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Un relato muy triste. Muy conseguido, pero muy triste. Su sencillez es parte de su fuerza, pero también un poco su punto débil, pues no es difícil imaginarse hacia dónde va a ir pasados un par de párrafos.

En cualquier caso, se lee muy bien.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Nachob
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Qué inmensa tristeza transmite este relato. Su fuerza no está en su argumento, que como señala pata pronto se hace previsible, sino en la capacidad de hacer empatizar con ella al lector en tan pocas líneas.

Muy bien.

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Léolo
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Este ya te lo había leído.

Melancólico, muy en tu línea. Como dice Patapalo, no deja de ser previsible, pero sé que con eso ya contabas, y lo que querías era transmitir emociones y empatizar. Y eso lo consigues de sobra.

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