Mujer abrazada a un cuervo

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Reseña de la novela de Ismael Martínez Biurrun publicada por Salto de página

Como obsequio por su inminente licenciatura en Medicina, Cruz Montenegro recibe de su padre el encargo de investigar un insólito caso que pone en cuestión toda la historia de la epidemiología europea: un bebé ha muerto con síntomas de peste bubónica en un pueblo del Pirineo, cuatrocientos años después del último brote que asoló el valle. En su búsqueda, Cruz se adentrará en el misterio de una memoria colectiva en la que todavía late la leyenda de una maldición, un romance prohibido, un untador y una extraña figura con rostro de cuervo caminando entre los enfermos.

Este es el argumento de la nueva novela de Ismael Martínez Biurrun. Pero muy simplificado, porque una contraportada no tiene cabida para sintetizar el argumento tan denso y elaborado con el que el autor nos ha sorprendido.

Puede que sea esta la reseña más difícil a la que me he enfrentado hasta ahora, no me importa admitirlo, así que los lectores me permitirán “vomitar” lo que me vaya viniendo a la cabeza, y, si es posible, me perdonarán que el resultado sea algo inconexo, o que repita lo que ya se haya dicho anteriormente, puesto que nunca leo información de ninguna novela que me interese, ni tan siquiera la sinopsis.

No es común en el fantástico español, salvo contadas excepciones, toparse con una obra que nos plantee tantas cuestiones a lo largo de su trama. Mucho más complicado resulta que una novela con esa premisa sea además muy ligera en su lectura, y con un argumento tan absorbente que te atrape desde las primeras páginas.

Mujer abrazada a un cuervo es una muestra perfecta de esta rara especie; un cruce de géneros muy bien hilvanado, de prosa cuidada, pero sin sobrecargas innecesarias ni lenguaje rebuscado.

Con una narrativa sencilla y ágil, con mucho fondo, Ismael Martínez Biurrun nos sumerge en la aventura de Cruz Montenegro, en su lucha por desvelar los misterios de una maldición del siglo XXI que se hereda genéticamente. Una protagonista tan bien perfilada que resulta imposible “escuchar” la voz del autor a través de su personaje, algo realmente complejo, por mucho que sea requisito imprescindible para todo buen escritor. La obra contiene una serie de aforismos que en ningún momento nos dejan la sensación de que nos estén dando una lección, porque son los personajes los que los transmiten, y no el autor. ¿Es esto posible? Sí, siempre y cuando esos personajes hayan cobrado entidad hasta el punto de no pertenecer a su creador, hasta respirar vida propia.

Cruz Montenegro es una antiheroína, alejada del arquetipo de mujer fuerte y decidida. Es una chica real, con debilidades, consciente de sus defectos, que pelea más contra sus demonios internos que contra los baches que encuentra en el camino para resolver el cometido que su padre le ha encargado: averiguar por qué un bebé ha nacido muerto con síntomas de peste bubónica, cuatrocientos años después del último caso conocido.

Pero hay más, porque Cruz es una persona de ciencia, pero convive con un don sobrenatural. Y no se lo cuestiona, porque le acompañó toda su vida. Y, contra pronóstico, predomina la razón frente a la superstición.

No soy muy dado a utilizar referencias, porque no tengo ni idea de cuales son las del autor a la hora de encarar la escritura de su novela (si es que ha tenido alguna en mente), pero durante la lectura me han venido a la cabeza varios nombres y obras. De entre ellos, Richard Matheson podría ser el más evidente. Los safaris de Cruz me resultaron un cruce entre el método de viaje en el tiempo expuesto por Matheson en En algún lugar del tiempo, el concepto de cielo de Más allá de los sueños y las pesadillas de Freddy Krueger, de las que los soñadores podían extraer objetos y llevarlos al mundo real. Como decía, esto es algo personal, porque no tengo ni idea de qué pasaba por la cabeza de Martínez Biurrun a la hora de concebir su obra.

A estas alturas, ya me he perdido en mis propias divagaciones, no sé por dónde continuar esta reseña. Pero esto forma parte de las sensaciones que deja la novela. Se engancha, se “pega” a uno, obligando a cuestionarse multitud de cosas. Superstición y ciencia de la mano (que no enfrentadas), el concepto del espacio-tiempo, siempre relativo... Pero a través de una novela de ritmo endiablado, entretenida como pocas.

¿Estamos ante una obra maestra? Pudiera ser, todavía no pasó el tiempo suficiente para que eclosione en mi cabeza. En caso de serlo, tendríamos aquí un punto negativo, y es que la inclusión de elementos muy concretos de nuestra época (Skype o la Coca-Cola Zero, por ejemplo) rompen la intemporalidad de la obra, al no saber qué habrá sido de ellos dentro de veinte o treinta años. Y es una pena, porque del mismo modo que Richard Matheson creó joyas como El último escalón, de las que es imposible determinar la época en que se desarrollan los acontecimientos, Ismael Martínez Biurrun tenía entre manos un material destinado a sobrevivir al paso del tiempo. Pero tampoco creo que sea algo que se le haya escapado por descuido. De igual manera que su protagonista decide obviar las consecuencias que pudieran tener algunos de sus actos, el autor tiene claro lo que cuenta, y desde dónde lo hace. Al fin y al cabo, si llegué a alguna conclusión, es que una cosa es lo que pretendamos; lo que haya de suceder, lo hará de todos modos.

Aquí y ahora, Mujer abrazada a un cuervo es una de las mejores novelas fantásticas que el que suscribe leyó en mucho tiempo. Y tampoco me importa qué será de ella dentro de cuatrocientos años.

 

Darío Vilas

 

 

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Patapalo
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Interesante la reseña. La novela es formidable y está llena, como dices, de elementos de valor, lo que no hace que se lastre el ritmo, en modo alguno. Biurrun es un autor al que hay que seguirle la pista. Cada vez lo tengo más claro.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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