El camino de los mitos III

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Reseña de la antología publicada por Evohé que recoge a los ganadores del concurso internacional La Revelación

 

El concurso internacional La Revelación de relato y poema mitológico es uno de los más interesantes que he encontrado por Internet. La participación es on-line, es temático (las obras tienen que tener un trasfondo mitológico, de preferencia grecorromano, aunque el enfoque es abierto y se contempla hacer uso de otras mitologías), tiene varios premios en metálico y, por extensión, requiere un esfuerzo considerable a los autores. Con estas premisas, no es de extrañar que dé de sí para hacer interesantes recopilaciones que Ediciones Evohé publica en la antología El camino de los mitos, que, con esta, llega a su tercera entrega.

El diseño del libro está muy cuidado. Buena maquetación, ilustraciones para cada relato, un diseño detallista, papel de buena calidad y una buena presentación en rústica. En esta ocasión, el volumen cuenta con doce relatos y tres poemas. Estos no aparecen ordenados por la clasificación obtenida en el concurso (que se puede consultar en la solapa del libro) sino en función del equilibrio que requiere el libro.

Empieza la antología con Griego sin excepción, un relato de corte erótico de Luis Felipe Valencia Tamayo. Se trata de una obra densa, que se pierde en el carácter del protagonista y se recrea con sus vivencias, quizás en exceso. El giro del final es magnífico y perturbador. Personalmente, creo que hubiera quedado redondo con un ritmo más ágil.

Volver a Enna sigue en la línea de los mitos griegos. Beatriz García Sánchez nos regala con una de las obras más apasionantes de la antología. Es intimista y épica al mismo tiempo, y la solvencia con la que retrata a la protagonista, a través de su propio discurso, hace que nos estremezcamos con su destino.

El chancho enorme, de Eduardo Elías Rosenzvaig, emprende una vía diametralmente opuesta. La prosa opta por recursos casi orales, por crear un cuadro de sensaciones más que molestarse en guiarnos por una trama concreta. El retrato del pueblo en el que transcurre la acción, un lugar vulgar, está muy conseguido, lo que apuntala los momentos cómicos del relato. Al mismo tiempo, da la impresión de que la historia vaga en círculos, como perdida en su laberinto, sin acertar a encontrar su final.

María R. Gómez Iglesias nos brinda un interludio con Amantes, la primera poesía de la antología. Una obra muy breve y gráfica, que crea imágenes tan impactantes como hermosas a su manera. Un trabajo breve pero realizado a conciencia que, si no me equivoco, nos lleva a cierto episodio desarrollado en el siguiente relato.

Este no es otro que El corazón del héroe, obra de José Ignacio Becerril Polo, una de las obras más potentes de la antología. Su singular estructura y su formidable arranque nos sumen en una historia épica y humana a partes iguales. El romance, la guerra y el dolor se funden de un modo único con el telón de fondo de Troya. El autor consigue emocionarnos con la tragedia. Como punto oscuro, se han escapado unas cuantas tildes.

Con Pantaleón Tardillo el tempestario cambiamos totalmente de marco mitológico. De la mano de Rafael Ruano Cerdá, volvemos al pasado mítico de nuestra propia tierra en una historia que implica a uno de esos hombres que tienen, dicen, poderes sobre las nubes. La narración engancha y está bien llevada, y tiene el añadido del marco, que el autor nos acerca con mucha gracia. El cierre, no obstante, resulta algo apresurado, aunque propio de este tipo de leyendas. No empaña el relato, pero tampoco lo hace redondo.

Ayante, por el contrario, va incrementando fuerza hasta su demoledor final. Es curioso, porque esta obra Alejandro Vázquez Ortiz no oculta, en ningún momento, la "sorpresa", lo oculto. Quizás gracias a ello la angustia es todavía mayor. Al mismo tiempo, el elemento mitológico aquí es menos evidente que en el resto de los relatos, un punto positivo, creo yo. Da la impresión de que el autor no temía que no lo encontraran.

De nuevo una pausa poética de la mano de María del Carmen Guzmán Ortega, que nos trae Crono. La autora demuestra un gran gusto en la elección del vocabulario e hila muy bien el imaginario y lo metafísico en esta oda al titán.

Los sueños de la amazona, relato de Ana Gómez que encontramos a continuación, es quizás menos ambicioso, aunque está ejecutado con mucho acierto. La historia de esta amazona, que casi se enmarcaría en el género de aventuras o la fantasía épica, es una buena excusa para hacer algo de retrato social de la antigüedad y una reflexión necesaria sobre el fondo de este mito.

Con David Villar Cembellín y su El evangelio del Frigio nos encontramos con algo muy distinto. El relato, cuya idea central es muy interesante, se muestra algo descompensado. La estructura bascula hacia un final que no guarda las proporciones con la introducción; adolece de una falta de equilibrio importante. Del mismo modo, la calidad de la prosa fluctúa entre el magnífico arranque y algunos pasajes menos pulidos. La impresión que queda es la de estar frente a un texto que no ha reposado lo suficiente de un autor con mucho potencial y buena mano.

El favor de Zeus, por el contrario, se ve una obra más asentada. En ella, Mercedes Rueda juega en dos niveles narrativos, confrontando la realidad cotidiana de la Grecia antigua con la épica mitológica. La comunicación que establece entre ambos es en apariencia sencilla y fluye con gracia indiscutible hacia un final redondo, deliberadamente poco efectista. Muy conseguido.

A continuación, Isbel González González nos presenta el último poema del libro: El aleph. Se trata de una sobrecogedora obra metafísica que, brevemente, nos trasmite la sensación del eterno confrontado a sus propios demonios.

Con Alejandra de Troya repetimos autora: María R. Gómez Iglesias nos trae la historia de la vidente troyana en un relato que va mejorando, paso a paso, hasta conducirnos a un final tan desesperante como épico. A destacar cómo la escritora juega con la ambientación y se apoya en el conocimiento del final de la historia para aumentar la tensión narrativa.

El relato de Luza Roma, Tivina velada, ejerce de contrapunto. Reconozco que no soy fácil para el humor. La historia me ha resultado simpática pero anecdótica. Algunos momentos me ha parecido muy acertada y en conjunto algo coja, como si no cerrara con fuerza todo el planteamiento previo. En cualquier caso, una lectura entretenida.

Ya como cierre, H, de Sebastián Lalaurette. Creo que ha sido un acierto elegir esta historia como broche, no solo por la calidad y el ritmo al que fluye su lectura, sino por el interesante modo en el que el autor mezcla mitos clásicos y contemporáneos. En torno a la letra hache, teje una simple historia, casi una instantánea, en la que se dan cita terrores históricos, mitología pop, clásicos ancestrales y la propia esencia humana. Un encaje de bolillos muy equilibrado y bien construido.

En conjunto, El camino de los mitos III queda como un interesante muestrario de ese género fantástico que recurre a nuestras raíces mitológicas conscientemente. Una lectura muy agradable y enriquecedora.

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Nachob
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¿Esto de las tildes qué es? ¿Una maldición?

Jopelines, es que ya ni en los relatos que me corrigen oficialmente.

Voy a soñar con acentos enormes persiguiendome por doquier...

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Patapalo
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Dada mi experiencia como corrector, el motivo es simple: si el corrector se mete en la historia, termina por despistarse también. Mira que los de Evohé son muy detallistas, pero...

De todas formas, no te des mal, que el relato es muy bueno y se le perdonan las erratas.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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