Creepy 4-6

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Reseña de los tomos recopilatorios de la mítica revista del sello Warren

 

Los amantes del cómic de terror vivimos tiempos felices. Y no nos referimos en este caso a la situación del género en la actualidad, que lo mismo nos da una de cal como otra de arena, sino al gran número de reediciones que, en los últimos años, están viendo la luz en el mercado nacional: desde los fundamentales tomos dedicados a la editorial EC hasta las recopilaciones de los trabajos de artistas como Neal Adams en el House of Mystery original hasta los volúmenes que recuperan de forma íntegra las míticas Creepy y Eerie del sello Warren y que trataremos en esta reseña.

Las historias contenidas entre los tomos cuarto y sexto de Creepy, por ejemplo, corresponden a un momento de crisis financiera en la editorial Warren, lo que provocó que los principales artistas asociados a la revista (Ditko, Craig, Toth, Frazetta, Crandall... casi nada) colaboraran con menor asiduidad. Asimismo, Archie Goodwin, el editor que se había encargado de Creepy hasta entonces, había dejado su puesto en Warren para dedicarse al género de superhéroes (si bien su nombre seguiría apareciendo en la revista por sus guiones esporádicos). Tuvo varios sustitutos, como Bill Parente, cuya labor ocupa la práctica totalidad del sexto tomo.

 

Son números de perfil bajo tanto en guión como en dibujo, con notables excepciones, como la colaboración entre Neal Adams y Harlan Ellison (que se reúnen para crear un relato a partir de una sobrecogedora portada de Frazetta), las historias dibujadas por el siempre inquieto Ernie Colon (sus experimentaciones son reconocibles incluso cuando se le atribuyen sus páginas a un ignoto David Sinclair), la extrañísima El rescate de la dama de la mañana de Marais y Mastroserio contenida en el cuarto tomo o Ser o no ser bruja (incluida en el número 30), con lápices del español Carlos Prunes y que, más allá de su indudable calidad en la parte gráfica, supone la antesala de lo que sería el desembarco en Creepy de los artistas españoles de Selecciones Ilustradas durante los años de William Dubay como editor (estas colaboraciones comenzarán a aparecer en los próximos tomos recopilatorios).

A pesar de estos baches, Creepy es una parte fundamental de la historia del cómic. Heredó la tradición (y parte del plantel artístico) de la EC y la mantuvo hasta la década de los ochenta. Sus páginas fueron, por un lado, un perfecto escaparate y, por otro, el vehículo perfecto para la experimentación de unos dibujantes en plena eclosión artística. Asimismo, leer sus números en conjunto permite entender la intrahistoria de la editorial, sus altibajos financieros y sus consiguientes repercusiones en el producto.

La lujosa edición en tomos que Planeta DeAgostini (editora, no lo olvidemos de las ya mencionadas reediciones de House of Mystery y de las colecciones de la EC) es como la que está realizando Dark Horse en los Estados Unidos. Cada volumen incluye las portadas originales de todos los números, artículos, el correo de los aficionados de la época e incluso la publicidad original, con sus pintorescos anuncios de granjas de hormigas y murciélagos de goma.

En definitiva, esta recopilación de Creepy (y de Eerie, su serie hermana) tiene un interés que trasciende lo relativo al cómic en sí para adquirir una dimensión divulgativa, en la que el conjunto es el reflejo (terrorífico, divertido y entrañable) de una época pasada. Y además, lo que está por venir es igual de bueno o mejor, con la ya comentada avalancha de dibujantes de la Selecciones Ilustradas de Toutain, primero, y de filipinos como Alex Niño, después...

 

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