El asesino hipocondríaco


Imagen de ftemplar

Reseña de la novela de Juan Jacinto Muñoz Rengel publicada por Plaza & Janés

Hay portadas que llaman, que atraen la mirada del lector que busca sin rumbo entre la inmensidad de las estanterías y la vorágine de propuestas de todos los estilos y texturas. Portadas que te seducen, como es el caso de la que nos ocupa, y que invitan a adentrarse en la historia que contienen. Así que una vez inmersos en sus páginas y viendo que disfrutamos de la lectura, podemos decir que ha cumplido su misión. Siempre y cuando uno no conozca el oficio del autor y lo descubra a través de dejarse llevar por esa imagen. Porque en mi caso, ya conocía otros proyectos de Juan Jacinto y acudía sobre aviso ante la llamada de la portada.

Ya desde las dos primeras páginas intuimos el carácter o complejidad del personaje que encarna al asesino, el señor Y, con una pequeña introducción a sus neuras diarias, a cómo es el inicio de su día a día. Una hipocondría que le hará ser uno de los hombres más desgraciados y con mala suerte que se conoce y que le ayudará en la que será su última misión, matar al señor Blaisten antes de morir. A la par que seguiremos a este asesino en la preparación de dicho acto y a la víctima, tendremos ocasión de conocer el ejercicio metaliterario que el autor ha realizado y que podría definirse como el licor dentro del bombón.

Porque ha aprovechado el tema de la hipocondría para ir relatando diferentes afecciones de literatos y pensadores (desde Voltaire a Poe, entre muchos otros) y cómo eran sus “neuras”, a las que se enfrentaban a la hora de escribir o de formular sus pensamientos, e hilvanadas con las correrías del asesino, son un método muy eficiente de dejarnos tomar aire ante los momentos críticos del intento de asesinato. Ya que aún en la tensión de dichas escenas, que tienen puntos muy divertidos, como cuando hablan teniendo los síntomas de una enfermedad que no le permite expresarse correctamente y sus frases son un verdadero dislate o cuando sufre el Síndrome del Acento Extranjero.

La novela está compuesta de capítulos de muy corta extensión, entre dos y cinco o seis páginas, lo que la dota de gran dinamismo, y a la vez, entiendo que cada una de esas piezas es un pequeño relato (el autor no puede alejarse de sus anteriores trabajos) que tienen como denominador común a este asesino polienfermo y su objetivo. Y será a través de ellos donde veremos la evolución de ambos protagonistas, ya que considero que lo son ambos, porque si bien todas las miradas caerán en el señor Y, no en vano es el narrador de la trama y por lo tanto todas las escenas cuentan con su presencia (incluso cuando no está delante), también es acertado señalar a Blastein, que pasará a lo largo de las páginas de ser alguien muy seguro de sí mismo a tener otro perfil bastante diferente.

En definitiva, Muñoz Rengel da el salto a la novela con una historia muy elaborada en cuanto a la unión de los capítulos de las enfermedades literarias y divertida en cuanto a las situaciones que el señor Y debe ir solventando por las diferentes problemáticas que le acarrean las enfermedades que irá padeciendo, y es que salir a la calle es un suplicio para este hombre. Una forma ideal de pasar una buena tarde entretenida, de conocer datos de autores y pensadores que igual no habíamos tenido la idea de conjuntar y una vez terminado, acabar con una sonrisa en la boca.

Esta vez, la portada y el interior son dos elementos a tener en cuenta.

Edición

Plaza & Janes
Rústica con solapas
216 páginas

Autor

Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974) es escritor. Cursó el doctorado en Filosofía y ha ejercido la docencia en España y en el Reino Unido. En 1998 fundó la revista de filosofía y teoría literaria Estigma. Ha colaborado en publicaciones como Anthropos, Ínsula, Clarín, Barcarola o el diario El País. En la actualidad es profesor en la escuela de escritura creativa Fuentetaja de Madrid, dirige el programa Literatura en Breve de Radio Nacional de España (RNE 5), y conduce la sección de relato del programa El Ojo Crítico (RNE 1).

Es autor de los libros de relatos De mecánica y alquimia (Salto de Página, 2009), Premio Ignotus al mejor libro del año y finalista del Premio Setenil, y 88 Mill Lane (Alhulia, 2006), con prólogo de Pablo De Santis. Ha coordinado y prologado los volúmenes Perturbaciones (Salto de Página, 2009), una antología de la última narrativa fantástica española, y Ficción Sur (Traspiés, 2008), una antología de los más significativos cuentistas andaluces actuales.

En los últimos años su trayectoria como autor de relato corto ha sido avalada por más de cincuenta premios nacionales e internacionales, entre los que se encuentran los más relevantes del panorama literario en nuestra lengua, entre ellos el Fernando Quiñones, el Julio Cortázar de Cuba, el Miguel de Unamuno, el Premio de Relatos para Leer en el Autobús, o el Premio Internacional de Relatos Cortos La Felguera, el certamen de relato más antiguo de España, en dos ocasiones.

Sus cuentos han sido transcritos al braille, traducidos al inglés y al ruso, e incluidos en diversas antologías; entre ellas, los dos volúmenes de referencia de su generación: Pequeñas Resistencias 5 (Páginas de Espuma, 2010) y Siglo XXI (Menoscuarto, 2010).

Sinopsis

El señor Y. debe cumplir su último encargo como asesino profesional, pero para conseguirlo tendrá que superar un grave obstáculo: no le queda más que un día de vida.

En realidad, el asesino a sueldo que responde a las iniciales M.Y. lleva años muriéndose, desde el mismo momento en que vino a este mundo. Le persiguen tantas enfermedades que cualquiera podría considerarlo un milagro médico. Ahora, por encargo de un cliente que se mantiene en la sombra, debe matar al escurridizo Eduardo Blaisten antes de que le asalte una apoplejía terminal o una úlcera gangrenosa o un empeoramiento de su Síndrome de Espasmo Profesional.

Su incomprensible mala suerte irá frustrando uno tras otro todos sus intentos de homicidio, y estableciendo una mágica conexión entre sus propias penalidades y los grandes males físicos, psicológicos e imaginarios, que torturaron a Poe, Proust, Voltaire, Tolstói, Molière, Kant y al resto de los hipocondríacos ilustres de la historia de la literatura y el pensamiento.

Comentarios

Imagen de Patapalo
//107333 puntos

Tiene una pinta fabulosa. Muy interesante la reseña, Fer.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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