Thrall: El crepúsculo de los Aspectos

Imagen de Anne Bonny

Reseña de la novela de Christie Golden publicada por Panini

 

Esta novela, ambientada en el mundo de World of Warcraft, es pura épica. A nadie le sorprenderá el escenario de guerra total que sirve de emblema a la franquicia y, en el fondo, tampoco que con la nueva vuelta de tuerca de este escenario se busquen cotas más altas de tensión y conflicto. En esta ocasión, la existencia del propio universo está en juego, como en las grandes sagas del género. No revelaremos por qué mecanismos, pero una cosa hay que dejar clara: Thrall, el crepúsculo de los Aspectos va a lo grande desde la primera página.

La trama, que se desarrolla a modo de viaje (interior y exterior) tiene como protagonistas a unos de los seres que más admiración suscitan entre los amantes de la fantasía épica: los dragones. Como ocurre con el resto de la ambientación de World of Warcraft, estamos ante un híbrido de la tradición tolkeniana con otras fuentes. Los dragones que encontraremos son inteligentes, hablan, están divididos por especies al estilo Dungeons & Dragons y se pueden transformar en otras criaturas como en las historias tradicionales. Y, como es norma de este universo, tienen su propia sociedad e incluso sus conciliábulos. En la novela, en concreto, se verán obligados a ser los garantes de la supervivencia de su universo.

No obstante, a pesar de su rol protagonista, no son ellos los conductores de la historia, ni el catalizador. Ese papel queda reservado a Thrall, un chamán orco que fue líder de la Horda. Al estilo de las grandes tragedias, es él quien habrá de recorrer las distintas etapas del viaje, de superar peligros sin fin y de combatir enemigos tanto internos como externos. Es un personaje difícil (hosco, reservado, solitario, de mal temperamento), pero Christie Golden consigue acercanos a su tragedia personal hasta que sintonizamos con él, de modo que el cierre no deja de ser emotivo.

Sí, Thrall, el crepúsculo de los Aspectos no es una novela que renovará los cánones del género. Ofrece precisamente lo que cabe esperar de ella, y no más. Pero lo hace con una buena prosa, un buen ritmo y las dosis necesarias de épica y aventura para enganchar al lector. Un buen motivo, junto con la cuidada edición de Panini, para que los aficionados al World of Warcraft se aventuren por otro modo de disfrutar la ambientación del juego.

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