Bruegel: el molino y la cruz

Imagen de Jack Culebra

Crítica sobre la película de Lech Majewski sobre el famoso cuadro

 

El cine ha bebido, tradicionalmente, de todas las demás expresiones artísticas. Por eso, no debería haber nada especialmente llamativo en una película inspirada en un cuadro. Quizás el quid está en que el filme de Lech Majewski es lo más parecido a adaptar al cine un cuadro que se haya visto nunca. Es decir, no toma la idea encerrada en el cuadro, sino que lo transmuta para llevarlo a la pantalla en un híbrido que habrá quien no considere ni siquiera una película.

Bruegel: el molino y la cruz no es una historia sobre la vida de Bruegel el Viejo. Aunque plasma, jugando de nuevo con los propios cuadros del pintor, parte de su vida, articulando la narración en torno a la concepción del lienzo que da nombre al filme, no es propiamente una obra biográfica.

En ella orbitamos en torno al artista, en efecto, y también a su momento histórico, el cual se va desgranando en los distintos elementos y escenas que componen el cuadro original. Del mismo modo se disecciona también el fondo de la obra: el simbolismo que encierra, el sentido de los encuadres, los motivos para hacer la composición de aquella forma, qué es lo que se muestra y qué es lo que se oculta... El diálogo que se establece entre el sentido histórico, filosófico y religioso es de lo más interesante.

Como interesante también es el modo que se ha elegido para filmar (o montar lo filmado). Los escenarios, las vestimentas y los autores reproducen con una fidelidad perturbadora las pinturas de Bruegel. No es solo que resulten impresionantes per se (la escena introductoria del molino es fascinante), sino que el director juega a desdoblar la realidad del filme y el cuadro de un modo inquietante, sumergiéndonos en el lienzo de un modo extraordinario.

Aquí se encuentra el punto que hará admirar o denostar Bruegel: el molino y la cruz: estamos ante una película no narrativa. O, al menos, que no sigue la narrativa fílmica, sino la pictórica. La propia banda sonora, fragmentaria, casi ausente, o los diálogos, que quedan suspendidos sobre la imagen, el mismo tratamiento de esta, como si el movimiento fuera algo secundario o relegado a una cuestión de perspectivas, hacen que este no sea un filme para todos los públicos.

Es, más bien, una obra única, un artificio caprichoso que desconcierta. Un placer para algunos, un enigma para otros, un absurdo quizás. A mi parecer, una obra fascinante que, además, nos acerca a Bruegel el Viejo de un modo irrepetible.

 

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