Fábula de Venecia

Imagen de Anne Bonny

Reseña de este cómic de Hugo Pratt protagonizado por su emblemático Corto Maltés

 

Corto Maltés es uno de los iconos del mundo del cómic. Su carisma es tal que ha desbordado su hábitat natural -las páginas del cómic- para continuar con su infatigable afán viajero por otros medios. Éste es el rasgo más distintivo de la creación de Hugo Pratt, y el que más pesa en sus obras.

 

En “Fábula de Venecia” nos encontramos con una historia que, en cierto modo, también escapa de las páginas de un cómic. Aunque nacido en Rímini, Pratt siempre se consideró veneciano por ser Venecia la ciudad en la que se había criado. En la edición de Casterman, de hecho, se incluye un interesante prólogo escrito por el propio autor en el que desentierra unos cuantos recuerdos de infancia con los cuáles no es difícil trazar una particular columna vertebral al relato plasmado en el cómic.

 

El conocimiento íntimo del escenario es algo que apreciará cualquier lector que haya estado en la Serenísima y haya paseado por sus calles con mirada de veneciano (y no de turista perdido y abrumado por el laberinto de calles que pasa del asfixiante atasco humano a la soledad más absoluta en dos giros). Es un elemento que, además, permite darle una dimensión más inquietante a la historia, pues conjuga a la perfección el exotismo con la cercanía, haciendo el relato más creíble -y por tanto más impactante- sin robarle un ápice de magia -sublimada en el cierre de la historia, donde el espíritu poético del autor se desboca en unas páginas de quitarse el sombrero-.

 

El otro elemento predominante en “Fábula de Venecia” es el propio Corto Maltés. Personaje peculiar donde los haya, sólido y profundo hasta resultar insondable, sus agudos diálogos y sus sugerentes silencios hacen que su investigación por las calles de Venecia resulte una experiencia fascinante. En torno a él todo adquiere otro color, otra textura.

 

Seguramente por ello los incisos policíacos presentes en la obra, así como los esotéricos, los políticos y los conspiratorios, disfrutan de un espacio privilegiado. Todos suenan a nuevo, todos vibran sin necesidad de grandes alardes. Y contagiados por la presencia de Corto Maltés, los personajes secundarios brillan en sus propios papeles en la gran comedia de la existencia.

 

Hugo Pratt pone de manifiesto en esta obra todo su arte como narrador, conjugando con habilidad y suavidad distintos géneros para convertirlos en el suyo propio. Tanto a nivel narrativo, con el ritmo de las viñetas y el propio uso de la palabra, que nunca es excesivo a pesar de la cantidad de información que facilita, como a nivel gráfico, con esos escenarios que a veces se desdibujan como si las sombras impidieran ver, y que a veces son detallistas como el inciso de un historiador, pero que siempre son de una expresividad encomiable, el autor nos engancha irremediablemente, consiguiendo que una historia con masones, camisas negras, locos diletantes y poetas resulte asequible y apasionante a un tiempo.

 

Una obra a descubrir por los que puedan, y a releer por los que ya la disfrutaron en su momento. Siempre se encontrarán nuevos matices en el brillo arrancado a esa clavícula de Salomón escondida en el corazón de la ciudad de los canales.

Autor

 

Hugo Pratt fue un guionista y dibujante de cómics nacido en 1927 en Rímini (Italia), y fallecido en 1995. Su padre era soldado y en 1937 su familia se trasladó a Etiopía durante la ocupación italiana. Sería el primero de sus múltiples viajes. Tras el fallecimiento de su padre en un combate contra los ingleses, Pratt fue confinado en un campo de prisioneros donde comenzó a adquirir historias de los guardias, muchas de las cuales le servirían como materia prima para sus historietas.

 

Tras la guerra, Pratt se unió al autodenominado Grupo Venecia con otras personalidades del mundo de la historieta como Alberto Ongaro, Dino Battaglia y Mario Faustinelli. La revista Asso di Picche comenzó a circular en 1945.

 

En 1949 Pratt se mudó a Buenos Aires, donde trabajó como editor para la Editorial Abril. En la revista de aventuras Misterix conoció a artistas argentinos como José Luis Salinas, José Muñoz y Francisco Solano López, y a Héctor Germán Oesterheld, con quien colaboraría dibujando para él Sargento Kirk, Ticonderoga y Ernie Pike. Volvió a Italia en 1962 y en 1967 comenzó a escribir las aventuras de Corto Maltés.

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ViejoBastardo
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Un tebeo increíble que recomiendo con todas mis fuerzas, si señor....... 

Ya está a la venta La Taberna de Bloody Mary en la colección A Sangre de Saco de Huesos.

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