La última vela de Don Juan Tenorio

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Un relato homenaje de Patapalo

«Fue locura; no pudo ser altro

Los pensamientos, más que reflexiones, parecían trozos de alma que se le escapasen por la boca aprovechando la quietud de la noche. Nápoles, laberinto de aventureros, ciudad de canallas, ¿quién fue el que te soñó capital de un reino? En aquella noche de correrías palaciegas no se le antojaba al gallardo tenorio otra cosa que una prisión.

Con mano trémula fue sacando de su jubón las prendas tomadas a sus conquistas amorosas. Con cierto temor reverente, que en nada tenía que ver con el Cristo que desde el muro le contemplaba, las fue depositando sobre el altar. Una tras otra. Una tras otra. ¡Qué terribles parecían los pañuelos de seda, las cadenas de oro! ¡Cuán horribles los mechones de cabello!

Tomó la botella de vino eucarístico, que en virtud de su pureza estaba sin bautizar, y le dio un buen tiento. Necesitaría algo más que licor para controlar su corazón desbocado.

De los muertos no conservaba recuerdos, que hubiera sido necedad pararse a recogerlos. Sí tenía, por el contrario, muchas memorias, y en noches como esa no conseguía alejarlas de su mente. Hacía tiempo que ni siquiera las iglesias le daban aquel consuelo, y el extraño peregrinaje que había comenzado hacía varios meses tampoco acallaba las protestas de su alma.

«Locura, tuvo que ser. ¿Quién, sino un loco, puede medir su grandeza en burlas y muertes?»

Una corriente de aire hizo temblar las velas del tenebrario. Alguien había entrado en la estancia. Alguien silencioso como un gato, pues ningún quejido había arrancado a la puerta. Al ver su silueta, no se sorprendió de aquello. ¿No había demostrado, acaso, mayores habilidades Don Juan en pasados lances? Sus palabras, sin embargo, no parecían suyas.

«Perdonadme, Don Luis» decía. «Perdonadme; que fui cómplice, más que rival, en azuzar las llamas de vuestro Infierno, y que apenas puedo velaros a todos, tantos males repartí.»

«Es cierto, entonces» repuso asustado «que moristeis, que es tal el destino que nos aguarda.»

«¿Acaso no paladeáis ya, Don Luis, el azufre de vuestros actos? ¿Dormís?»

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solharis
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Buen ejercicio de estilo pero me sorprende muchísimo que el texto no esté justificado.

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Patapalo
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solharis dijo:

Buen ejercicio de estilo pero me sorprende muchísimo que el texto no esté justificado.

¿Los párrafos, quieres decir? Es por el nuevo editor de texto. A ver si Kawaku lo ajusta.

Gracias por el comentario.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Fly
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Risa cachondaRisa cachondaRisa cachonda Solharis, qué tío.

Redimensionar imágenes sigue sin funcionar... ehh, que los textos siguen sin justificar. Desde mayo, ya si eso Kawaku.

Es probable emitió su esperma de una forma muy descuidada.

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