Duérmete ya, mi niño

Imagen de Juan José Hidalgo Díaz

Un relato de Juan José Hidalgo Díaz para la vivisección de Que viene el Coco

I

Duérmete ya, mi niño, que la noche ha llegado,

está ya el cielo oscuro y con ciento y una estrella,

todas las luces de la calle se han apagado

y la luna, allá en lo alto, no puede estar más bella.

No sonrías travieso, que es la hora de dormir.

Tus hermanos están ya acostados y dormidos,

es tu turno ahora, mi niño, acuéstate aquí,

que cante la nana que te había prometido.

Tu padre, que ha mucho se fue, te mira orgulloso,

Quiere que duermas como un niño bien educado,

y que te conviertas en un hombre respetuoso.

Recuerda, tesoro, lo que siempre te he enseñado,

que a quien desobedece le espera algo espantoso,

que ya viene el Coco, viene a por los niños malos.

 

II

Duérmete, mi pequeño, duérmete ya, mi niño,

que ya todos los ángeles duermen en el Cielo,

arropados por las nubes de marta y de armiño,

entre sus sábanas límpidas de terciopelo.

¿Acaso no quieres dormir tú también, como ellos,

descansar, mi pequeño ángel de ojitos callados?

Mientras duermes yo podré mesarte los cabellos,

acariciar tu rostro con mis dedos cansados.

Dormido tendrás unas alas blancas y hermosas,

igual que los querubines con sus rizos de oro,

y volarás con ellos a una tierra preciosa,

para cantar tú también, con ellos, en el coro,

que tiñe al alba de púrpura, violeta y rosa.

A salvo y bien lejos para cuando llegue el Coco.

 

III

Duérmete ya, mi principito, duérmete y sueña,

las hadas del bosque te llaman para jugar.

Dentro del viejo roble, en su corazón de leña,

los secretos de la tierra te quieren contar.

¿Es que no quieres ser amigo, tesoro mío,

del sabio sauce y del zorro de mirada tierna?

Podrás bañarte con las ninfas, hijas del río,

y dormir en brazos del gran oso cuando inverna.

Sueña con un juego que no termine jamás,

déjate caer en brazos de hadas cariñosas

y entre sus chanzas y cantos te divertirás

escucharás mil cuentos de sus bocas hermosas.

Pero ha de ser pronto, vete y no mires atrás,

el Coco acecha esta noche, oculto entre las sombras.

 

IV

Duérmete, mi niño, te lo pido por favor,

por lo que más quieras, tesoro, duérmete ya.

No estés despierto para cuando llegue, mi amor,

puedo notar ya en mis huesos que pronto vendrá

Si no estás dormido cuando termine esta nana,

Él te va a hacer daño ¿es que no puedes entenderlo?

y mi alma se partirá como la porcelana

porque cuando Él llegue yo no podré detenerlo.

Va a reclamar para sí todo lo que desee,

y Él todo desea, su apetito es insaciable,

lo va a tomar aunque me resista, aunque pelee,

se llevará lo que quiera de forma implacable.

Debes dormir por eso hasta que el alba claree,

porque esta noche viene el Coco, y viene con hambre.

 

V

¿Entiendes que estoy cansada, mi niño querido?

Ya han durado demasiado las horas del día.

Necesito que te duermas ya, ¿tanto te pido?

Es duro estar tan sola con la alcoba vacía...

Tu padre, mi esposo, al que no recuerdas tal vez,

me dejó sola al cargo de ti y de tus hermanos.

Cinco niños que criar con exigua viudez

y mantilla negra sobre mis cabellos canos.

Tus hermanos, como tú, no querían dormir,

gritaban y jugaban como niños traviesos,

y no paraban un solo instante de reír,

ignorando el gran peligro que acechaba avieso.

Ahora duermen todos, y te toca el turno a ti,

no permitiré que el Coco te encuentre despierto.

 

VI

Tranquilo, ángel mío, que sé que estás asustado,

no me arañes, me haces daño, para, corazón.

No llores, mi niño, que todo habrá terminado

antes de que suenen las doce en el carrillón.

Ya te vas calmando, ya no te mueves ni gritas,

¿Estás soñando ya, mi criaturita querida?

Puedo retirar ya la almohada de tu carita,

y ponerla bajo tu cabezita dormida.

Deja que te arrope, que tienes los pies helados.

Estás tan guapo, dormido y lleno de candor

la boquita abierta y los ojitos bien cerrados.

Con un beso te doy las buenas noches, mi amor,

protegen tu sueño los ángeles y los hados.

Estás por fin a salvo de que te lleve el Coco.

 

VII

Mis cinco angelitos duermen por fin en sus lechos,

Cinco tesoros descansan a salvo dormidos,

reina la tranquilidad finalmente en mi pecho,

porque mientras duerman estarán bien protegidos

Mi pulso que pronto comienza a correr más raudo

un ardor que hace mucho pensé haber olvidado,

y una emoción que creí que estaba a buen recaudo,

me recuerdan que llega el momento tan ansiado.

Me quito el camisón para entrar en la bañera.

Mientras perfumo mis hombros, sus manos evoco,

ese recuerdo hace más dura y dulce la espera.

Calma, corazón desbocado, ya queda poco.

Sonrío en las sábanas, desnuda toda entera,

y espero ansiosa, porque esta noche viene el Coco

Imagen de Bio Jesus
Bio Jesus
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Puntos: 1091

Sobre la calidad literaria ni voy a opinar. Soy bastante lego en poesía y no tan audaz para meterme a opinar sobre algo que no controlo.
Pero aplaudo tu valentia al presentar un poema. Bien ajustado al tema aunque tal vez el toque es demasiado sutil.
Merecedor de aparecer en un hipotético volumen de "caras B" con rarezas como esta.

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