OcioZiencia 1.4

Imagen de Luc Hamill

La locura de la ciencia. Altamente recomendable si te examinas en breve. ¡Pasen y vean! ¡Pasen y vean!

Hoy no sé cómo empezar. Veréis, se suponía que iba a hablaros de El origen de las especies y su autor, Charles Darwin, peeero... se me ocurre una idea mejor: eh, no hacerlo xD

 


 

Calma, calma. Sólo es la primera vez que me echo atrás, pero es que siempre voy atrás cuando retrocedo. He mentido, os he engañado e iré al Infierno de cabeza y sin leer lo que pone en sus puertas: “Abandónese toda esperanza al cruzar este umbral. Y el mp3, Luc”. Y dicen que es más fácil coger a un mentiroso que a un cojo, pero si el cojo es mentiroso, es igual de fácil, ¿no? Bueno, reflexiones aparte, la verdad es que os he engañado a medias. ¡Faltaría más! ¡Yo siempre cumplo mi palabra! ¡Por eso es mi palabra! No es que no vaya a contaros nada de la Teoría de la Evolución, el artículo está listo y envuelto en un lazo, pero lo pospongo para la siguiente entrega (¡en sólo una semanita!) porque las dudas que me habéis dejado dan para mucho y yo no acostumbro a trabajar por horas (no sé qué relación tiene, pero me gusta cómo queda la frase). Es cierto que los artículos que hago por cuenta propia dan más libertad a mis tonterías mi creatividad, pero prefiero los que surgen de vuestras dudas porque sé seguro que al menos para una persona será útil. Así pues, no os cortéis, que ya no sólo se admiten dudas de ciencia (aunque es lo que prefiero), también son bienvenidas otras cosas como ejercicios del cole, consultas oníricas, poesías de amor/amistad, fotos del verano, relatos de plantas carnívoras, fanfics de Los Lunnis... no sé, lo que sea, ya Akhul se encargará de supervisar y aprobar lo que nos llegue, porque está deseando una dosis de trabajo extra (lo siento, jefe).

 

 

Por una vez, no hablaremos mucho de ciencia, vamos a ser más prácticos. Hoy toca reparto de anécdotas, consejillos, bromas y, como guinda, un problemita majo. Me habéis amenazado con futuras “retorcidas preguntas” (se hará lo que se pueda) y me habéis preguntado por científicos que hayan acabado locos. Yo no sé qué imagen os doy, aunque reconozco que siempre he tenido un puntito macarra, ya sea por estética, principios o rechazo a algunas formas sociales. Cuando digo macarra no hago apología de lo criminal. Me refiero al vacilón que le falta calle para andar y que mira de frente a todo. Bueno, sea como sea, el arquetipo del científico demente está más extendido en la cultura popular que en la historia, aunque naturalmente se basa en casos reales, como los pelos de Albert Einstein, que para mí estaba bastante cuerdo y que sabía, lo mismo que yo, una mijita de ciencia.

 

Os mencioné a Gödel (quien, creyendo que le querían envenenar, sólo aceptaba la comida que le preparaba su mujer, y cuando ésta murió, dejó de comer y él también murió...) y Cantor (que simplemente acabó zumbao), pero hay más casos. En la mayoría de ellos se trataba de matemáticos (no me preguntéis por qué, quizás por el grado de abstracción de las Mates, quizás porque van adelantadas al resto de la ciencia).

 

 

Por ejemplo, tenemos al esquizofrénico Forbes Nash, premio Nobel llevado al cine en Una mente maravillosa, y también a Paul Erdös, que vivió como un trotamundos usando su propio vocabulario: epsilones (parámetros usados en Mates para hablar de cantidades muy pequeñas) eran los niños, las mujeres eran jefes y los hombres esclavos. Los matemáticos que habían dejado de trabajar estaban muertos, y los muertos eran los que se habían ido. A las bebidas alcohólicas las llamaba veneno, y a la música ruido. Para su epitafio sugirió algo así como “al fin dejé de ser tonto”.

 

Pero Erdös no estaba realmente loco, sólo era un excéntrico. El que sí estaba tarumba era el croata Nikola Tesla. Poseía una gran mente, sin duda, hasta el punto de que la mayoría de sus proyectos (además de matemático era inventor) los ideaba sin saber cómo funcionarían. En más de una ocasión comentó que sus ideas provenían de unas voces llegadas del futuro que oía en su cabeza (¿por un agujero de gusano? ;)). Otro que acabó mal de la azotea fue John von Neumann, quien enriqueció la Mecánica Cuántica de fundamentalismo matemático. En sus últimos días estuvo bajo custodia militar para que, altamente drogado, desde la cama no revelase en pleno delirio los secretos que conocía, como la fórmula del Capitán América. La locura de von Neumann vino de que no asimilaba la idea de que alguna vez dejara de pensar. Uf…

 

El radiotelegrafista y matemático Oliver Heaviside, uno de los mejores cerebros del siglo XIX, acabó incomprendido y en la miseria (os estoy alegrando el día, lo sé). El hombre terminó por cambiar los muebles de su casa por bloques de granito, y llegó a deambular por el hogar medio desnudo y sucio, pero eso sí (but it so yes), con las uñas arregladas y pintadas de rosa. Pink, it´s my new obsession…

 

¿No os inquieta saber qué le pasó a ese hombre para acabar así? ¿O qué le pasó al resto de matemáticos? Quizás mejor no saberlo nunca... Qué verdad es que los matemáticos han visto cosas que ningún hombre debería haber visto. Sé de lo que os hablo. A veces la gente me pregunta cómo es una subálgebra de Cartan que está en un álgebra de Lie semisimple, pero, ¿y quién lo sabe? ¡Nadie! ¡Nadie la ha visto nunca! Aquéllos que han visto una subálgebra de Cartan... no han vuelto.

 

 

Otro que estaba apañao era Jeremy Bentham, el filósofo que quiso ser una momia. En una vitrina del University College de Londres se conserva su esqueleto. Está vestido pero con un cráneo de cera. En una línea parecida, el matemático francés Fourier, aquel que sacó las ecuaciones de la teoría del calor, tras sus viajes a Egipto llegó a pensar que el calor era saludable para el cuerpo. Así, sus amigos cuando iban a visitarle lo veían en su casa totalmente cubierto de ropa.

 

Los que han visto una subálgebra de Cartan... siguen sin volver.

 

Como ya os he dicho, no usar el cerebro lo atrofia, pero en vista de estos ejemplos está claro que usarlo demasiado tampoco es que sea bueno. Pero no sólo los científicos se vuelven locos, muchos artistas (actores, pintores, músicos...) también sucumben, no os creáis. De todos modos, si buscamos los casos más raros hemos de irnos a los jugadores de ajedrez. Por ejemplo, Akiba Rubinstein, que nunca llegó a ser campeón del mundo pero cuyo estilo creó escuela, creía que le perseguían. Si alguien entraba en su habitación, salía corriendo o se tiraba por la ventana. Por otro lado, el mexicano Carlos Torre nunca dormía más de dos horas. Ese hombre estaba tan chiflado por los helados de piña que se comía una docena al día. Una vez, cuando iba en autobús por Nueva York, sin que nadie lo pudiera predecir, se quitó toda la ropa. A mí me hace gracia (entiéndase sin maldad) Wilhelm Steinitz, el primer campeón mundial de ajedrez, que empezó a creer que podía hablar por teléfono sin usar el teléfono. Llegó incluso a pensar que podía emitir corrientes eléctricas con las que mover las piezas de ajedrez, y aseguraba que se telefoneaba con Dios. Decía que hasta podía jugar contra Él y ganarle, dándole de ventaja a Dios un peón y las blancas. Muy humilde xD

 

La paranoia también hizo presa de Paul Charles Morphy, alias “el águila de Luisiana”, quien creyó que su cuñado intentaba envenenarle y que su amigo quería destrozarle la ropa. También tenía la costumbre de colocar en semicírculo zapatos de mujer porque le gustaba mirarlos. Aun así, la gracia de Paul estuvo de pequeño, cuando se enamoró de una jovencita. Pero tenía un rival: su primo Ernest. Paul le desafió a seis partidas de ajedrez y quien ganara obtendría el amor de la chica (?). La victoria fue de Paul, pero al comunicar a la joven sus sentimientos, el águila de Luisiana perdió el vuelo ante el semejante planchazo que se llevó, de ésos que duelen en la nariz. Por cierto, los que han visto una subálgebra de Cartan... siguen sin volver, y ya, la hora que es, no creo que vuelvan.

 

Otro que tiene salero es el campeón del mundo Mikhail Tal. Durante una partida pensó en sacrificar uno de sus caballos blancos. Entonces comenzó a calcular y se formó un lío tremendo. Ni Tal sabe por qué, pero llegó a recordar la poesía de Chukovski: “¡oh, qué dificil es el trabajo de sacar a un hipopótamo del pantano!”. La verdad es que, mientras los espectadores creían que estaba analizando la partida, él pensaba cómo demonios podría sacarse un hipopótamo de un pantano. En una entrevista confesó que en su cabeza se amontonaron cabrestantes, palancas, helicópteros e incluso una escalera de cuerda. Tras numerosos intentos no encontró ningún modo de sacarlo del pantano, y pensó “¡pues que se ahogue!”. A pesar de todo, la partida la ganó Tal, yo creo que gracias al hipopótamo, que le sirvió de vía de escape para despejarse del verdadero problema que era la partida, pero es sólo mi opinión.

 

 

Más que por locos, los científicos son a veces tomados por despistados. Explícitamente, los que se toman por más despistados son, nuevamente, los matemáticos. Yo a veces, muy pocas veces, ando buscando por casa algo que ya tengo en la mano, pero aun así no soy un caso extremo (actualizo: ayer estaba buscando mis zapatillas, ¡y las tenía puestas!). Más preocupante es lo de Norbert Weiner, el fundador de la Cibernética. El día que su familia se mudó, la mujer le puso entre sus libros una nota con la nueva dirección (le conocía demasiado bien) y Norbert se fue tan contento al trabajo. Desgraciadamente, el hombre usó la nota en sus clases para resolver una duda a un alumno. Cuando llegó la hora de volver a casa, se olvidó de la mudanza (¡quién iba a decirlo!). Al ver su antigua casa vacía creyó que le habían robado. ¡Pero, milagro!, recordó que se habían mudado, aunque no dónde quedaba el nuevo hogar, y ya no tenía la nota a su alcance... Salió a la calle preocupado, y vio una chica que se acercaba. Le dijo “perdona, vivía aquí y no consigo recordar...” La chica le interrumpió: “no te preocupes, papá, he venido a buscarte”. Dicen que la noche era oscura y no se veía bien. No sé yo...

 

 

Bueno, pasamos a la parte práctica y de más provecho. Se acercan Selectividad y los exámenes. ¿Estáis nerviosos? Jo, jo, jo, ¿os habéis portado bien? A mí, al igual que a vosotros, creo, no me gustan los exámenes. Pero no me gustan porque es señal de que no se creen que me lo sé. La última vez que vi a las pobres almas que van a Selectividad pasó algo así:

 

-Compañero 1: Miradlos, la mayoría ha hecho muchos exámenes.

 

-Luc: O muy pocos. Míralos bien, están asustados, lo dicen sus ojos. Boe a hyn, neled herain Selectividad (tienen razón, es de Selectividad).

 

-Compañero 2: Si beriathar hýn. Ammaeg nâ ned Universidad (confían poder aprobar mejor aquí que en otra Universidad).

 

- Luc: Mmm… nedin dagor hen ú-'erir ortheri. ¡Natha daged dhaer! (Mmm... no se lo saben. No pueden aprobar este examen. ¡Suspenderán todos!).

 

-Compañero 2: ¡Entonces que suspendan!

 

Y al momento todo el patio mirándonos. Sí, mi “compañero 2” es semielfo y a veces hablamos en su idioma. Sobre esto de los exámenes, si esperáis que os dé algún consejo para aprobar, yo estoy tonto. Efectivamente, casi todo el día estoy tonto, pero casualmente os voy a dar un par de consejos.

 

Respecto a los exámenes, primero estudiad todos los días un poquito, sin abusar. Si queréis ir sobre seguro estimando el tiempo de estudio, calculad el que pensáis que os llevará, mutiplícadlo por dos y cambiad la unidad de medida por la siguiente unidad más alta (es decir, por cada minuto de estudio, considerad dos horas).

 

Lo segundo y más importante, intentad entender las cosas, aunque sea duro, aunque se trate de la filosofía de Hume. Estudiar de memoria es parte (sólo una parte) del fracaso de nuestro sistema educativo. Por otro lado, si tenéis que hacer ejercicios, no intentéis resolver muchos al día. Los problemas son para pensar, y hay que dedicarles tiempo. ¡Por eso los llaman problemas! Aun así, os comprendo: cuando te acercas a la solución, siempre ayuda saber la respuesta ;)

 

 

El día del examen, es ideal vestirse con ropa cómoda. Uno siempre debe ir con ropa cómoda, claro, pero un día de examen más aún. También es conveniente que el último día se den a lo sumo un par de repasos globales y ligeros, el resto del tiempo lo mejor es estar distraído (con cine, deportes…) y haber dormido mucho la noche anterior. El último y definitivo repaso debe tener lugar como muy tarde un par de horas antes de la tragedia. Todo lo que sea estudiar más tarde sólo valdrá para poneros nerviosos. Luego, en fila india y con la cabeza inclinada se debe ir al aula recitando:

 

Libera me, Domine, de suspensa aeterna, (Líbrame, Señor, del suspenso eterno,)

in die illa tremenda: (en aquel tremendo dia)

Quando caeli movendi sunt et terra, (Cuando temblarán los cielos y la tierra)

dum veneris iudicare saeculum per ignem. (Cuando vienes a juzgar al mundo con el fuego)

 

Tremens factus sum ego, et timeo, (Temblando estoy y temo,)

dum examen venerit, atque ventura ira. (mientras llega el examen y la ira venidera)

Quando caeli movendi sunt et terra. (Cuando temblarán los cielos y la tierra)

 

Kyrie eleison. (Señor, ten piedad)

Christe eleison. (Cristo, ten piedad)

Kyrie eleison. (Señor, ten piedad)

 

Si os toca un día de lluvia o nublado, ir con velas encendidas le da un toque exquisito. En el mejor de los casos, ligaréis con la compi gótica o, aún mejor, no os dejarán hacer el examen por crear desorden público.

 

 

Ya frente al aula, si notáis nervios es buena señal. La persona que se pone nerviosa es porque su subconsciente sabe que puede aprobar. Claro que una cosa es ponerse nervioso y otra tener pánico. No es bueno hacer un examen relajado. Si uno se relaja, baja la guardia, y puede pasar por alto algunos fallos.

 

Depende de cada profesor, pero en teoría, legalmente tenéis derecho a comer y beber durante el examen, siempre que mostréis el interior del sandwich para evitar sospechas de chuletas y eso (¡pero un sandwich sin chuleta es un jardín sin flores!). Yo una vez vi a un chaval con un baguette enoooorme, y pensé “a éste lo echan pa’ tras”. Hasta me quedé el último en entrar para verlo (ji,ji,ji). El profe le dijo “entra, en el examen se puede comer, lo que no se puede es hablar”. Nadie podía haber esperado eso. Entonces quise ir a la cafetería a por provisiones, pero fue demasiado tarde.

 

 

Ya en faena, antes de ponerte a pensar lee todas las preguntas y empieza por lo que mejor te sepas, luego ya se verá cómo suena la flauta. Los sabios abordan lo difícil por lo fácil, y lo grande por lo pequeño (sí, suelen ser vagos). El otro consejo es que se debe escribir con claridad. Aunque sea todo una chorrada aberrante, dará mejor impresión si está bien escrita. Realmente, el único truco es escribir lo que el profesor quiere leer. Naturalmente, el problema está cuando no se sabe qué es lo que el profesor quiere leer, pero a falta de ideas podéis probar con Antonio Machín: “querido profe, qué presiosa eres, estando a tu lado verdad que me siento más cerca de Dios...”. La esperanza es lo último que se pierde (mentira, lo último que se pierde es la vida). En cuanto a revisar el examen antes de entregarlo, está bien si os sobra mucho tiempo, porque qué prisa hay en irse, la cafetería va a seguir ahí. Si de veras hay prisas, es mejor dejarlo como está. A veces cuando un trabajo está terminado, cualquier cosa que se haga apresuradamente para mejorarlo sólo lo empeorará (fijaos en George Lucas). Y nada, se entrega y luego lo que canta por Lady Gaga:

 

 

En los últimos años he visto que muchos profesores tienen la manía de preguntarte cómo te ha salido. Ni se os ocurra decirle que mal. Decir eso es suicidarse. Tenéis que decir que bastante (o muy, depende de lo mentirosos que seáis) bien. Si os pregunta acerca del examen, decidle que es... denso, curioso, raro, inestimable, ¿pero qué examen?... Intentad dar largas, usad vuestra labia, ensayad con los papis, frente al espejo... ¡Haced algo que está en juego la asignatura!

 

Sobre la calificación que se habrá obtenido, no os preocupéis. Ni penséis en eso antes (porque aún no habrá nada dicho), ni después (porque ya estará todo dicho), ni durante el examen (porque sólo hay que pensar en hacerlo). Estad tranquilos. La probabilidad de que algo suceda es inversamente proporcional al deseo de que suceda, pero estad tranquilos (juasss). Cuando consultéis en el tablón la nota, pase lo que pase manteneos serenos. Ya hayáis sacado la nota más baja de la lista o hayáis conseguido Matrícula. Alguien inteligente se repone pronto de un fracaso, pero un mediocre jamás se recupera de un éxito. ¿Sabéis cuál es el verdadero éxito? Lograd asimilar cada fracaso que tengáis, y será vuestro. A mí me encanta la frase de Thomas Alva Edison:

 

 

Se acabaron los consejos. Espero que me contéis cómo os fue, y si os salió mal y creéis que fue culpa mía, y por ello buscáis venganza, pues poneos a la cola que hay lista de espera.

 

Cambiamos de tercio. Me gustó lo que hicimos la última vez, y me refiero claramente a la pregunta propuesta sobre si los agujeros de gusano existen, por qué ninguna civilización extraterrestre los ha usado para visitarnos. Comentaré un par de cosillas. A lo mejor la respuesta buena es la que os quité, que no les ha salido de los coj..., pero las que habéis puesto tienen su miga. La que más gracia me ha hecho es la de que los han usado pero no les interesamos (lo que confirma que son seres inteligentes), y menos mal, porque se añadía que nos podrían esclavizar o nos tomarían como alimento. Uf, yo estoy muy bueno, pero con semejante porvenir menos mal que ese alguien no está al mando de un imperio alienígena capaz de viajar por el cosmos, porque íbamos listos. Si es cierto que semejante tiránica civilización existe, y lee mis artículos, ahí os va un mensajito:

 

 

O mejor aún:

 

 

Pero, ¿hay vida inteligente fuera de la Tierra? La pregunta no es ésa. La pregunta es si acaso hay vida inteligente en la Tierra. Si realmente no hay más formas de vida en el cosmos, con lo grande que es me parece un despilfarro. En fin, os vuelvo a dejar una pregunta, y pensadla y participad, porfa. Mucha gente prefiere morirse antes que pensar. Es triste, pero en realidad eso es lo que hacen. A ver:

 

Un filósofo (empezamos bien) hizo una curiosa paradoja que no sé si os habéis planteado alguna vez: si el espacio fuese infinito y tuviese infinitas estrellas (esto promete), en cualquier punto del cielo a donde mirásemos, tarde o temprano (más bien tarde) acabaríamos topándonos con una estrella, ¿no es así? Entonces, ¿por qué el cielo de noche no es tan brillante como el Sol?

 

Ala, a darle al tarro. En una semana la solución (¡esta vez sí que hay solución!) ;)

 

 

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Patapalo
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Muy interesante el artículo, compañero. Me encantan estas anécdotas curiosas, y la verdad es que conoces un montón.

En cuanto a la pregunta, yo diría que no se ven todas las estrellas porque no nos llega su luz a causa de la distancia. Vamos, que no nos llega simultáneamente la luz de todas las estrellas del universo, sino sólo las de unas condiciones cronológicas y de "potencia". A ver si suena la flauta... :-)

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Kivan13
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la luz de las estrellas no nos llega por la distancia, de hecho segun creo recordar no podria estar llegando la luz de estrellas q ya estan destruidas pero q la luz tarda tanto en llegar q no lo sabemos. Quien sabe.

Una pregunta interesante es que es el centro del universo? hay gente q afirma q es un enorme agugero negro que terminara por absorver el universo entero, y luego? otro big bang?

no existe la inocencia solo diferentes grados de culpabilidad...

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Nievitas
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Me ha gustado mucho tu artículo, ameno, divertido, ocurrente... también la dedicatoria.

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DarkReaper
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con respecto a la pregunta:

quiza la luz de las estrelas se difumine al atravesar ciertas regiones del espacio (nubes de gases, por ejemplo), del mismo modo, cuando alumbramos con una linterna y nos alejamos solo percibimos el foco de emision, un punto (como una estrella).

perdon si es una chorrada, pero tiene justificacion, es una chorrada pre-selectividad.

Otro gran articulo, sobre todo me han gustado las anecdotas

no hay camino para la paz, la paz es el camino

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