Lo que el euro nos dejó

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Pequeña reflexión y explicación del papel del euro en la crisis actual.

A veces me pregunto si valió la pena estudiar Economía. Es algo más que una cuestión personal y, más allá de las oportunidades laborales, me pregunto si realmente sirven esos modestos conocimientos para comprender mejor la difícil situación que vivimos cuando cualquier periodista parece tener hoy el título de economista. Sé que no es extraordinario que los periodistas hablen con seguridad de aquello que está fuera de su especialidad pero, cuando de asuntos económicos se trata, no es necesario que pensemos en mentes privilegiadas como la del conocido César Vidal, que lo mismo puede ilustrarnos sobre teología que acerca de la historia del Imperio Romano, la literatura egipcia o la biografía de Johny Cash y escribir una novela histórica en los amplios ratos libres que las tertulias radiofónicas y la investigación definitiva sobre la Guerra Civil le permiten.... No, hoy cualquiera puede hablar de economía.

 

No obstante, es frecuente que en estas tertulias (¡gracias a Dios!) aparezca un economista para aportar cierto rigor, aunque sólo sea con su presencia. Normalmente el invitado se limita a certificar las opiniones de los periodistas con cifras y algún comentario "científico" que es escuchado con la mayor gravedad y que trata de sentenciar como hechos indiscutibles y científicos lo que en buena parte son opiniones políticas. Por ello se entenderá mi sorpresa cuando, escuchando una tertulia radiofónica, entró en escena un economista que, en vez de limitarse a aprobar las opiniones de los demás contertulios, afirmó que la raíz de la crisis no estaba en la falta de previsión y las medidas erróneas del gobierno sino en la adopción del euro.

 

Creo que la sorpresa de los contertulios fue sincera pero no escuchaban una tesis original aunque pueda parecerlo. El economista norteamericano Paul Krugman -premio Nobel de 2008 y al que dediqué un artículo- tuvo la amabilidad de pasar por España para explicarle a nuestro insólito presidente la gravedad de una crisis en la que pesa mucho nuestra incorporación al euro1. No es, ni mucho menos, una excepción. Puede que en la vida pública y en los medios pese un verdadero tabú sobre el tema pero no entre los economistas.

 

Se me dirá que tampoco existe tal tabú en las conversaciones cotidianas, en las que el impacto del euro sobre los precios es tema casi tan recurrente como el tiempo. Pero eso no es más que una pequeña parte del problema, la parte visible del iceberg que oculta las ocho novenas partes sumergidas en el mar. El euro ha hecho mucho más que redondear al alza los precios. Sin el euro jamás hubiera llegado esta burbuja inmobiliaria a los niveles que llegó. No hay que hacer mucha memoria para recordar cómo no hace tanto ciudadanos corrientes se endeudaban con alegría para pagarse las vacaciones o una cámara digital.

 

No fue sólo codicia o una tradición del ladrillo muy arraigada en la mentalidad de los españoles. Es que el ladrillo se convirtió en la mejor opción. El tipo de interés no es sólo un indicador de lo que cuesta conseguir un préstamo bancario. Por el lado de la oferta, de los que ahorran en vez de tomar prestado, es un indicador de la rentabilidad del ahorro. Pero debemos descontar el efecto de la inflación para conocer el tipo de interés “real”, cosa que suele hacerse restando la inflación al al tipo de interés nominal. ¿Qué tenemos entonces? Un tipo de interés real negativo2 gracias a un dinero más barato de lo que nunca estuvo antes para los españoles y a un tipo de interés nominal por debajo incluso de la propia inflación. Dicho en otras palabras: la alternativa a meter los ahorros en ladrillo era muy limitada, si es que la inflación no se comía cualquier rentabilidad. La mejor opción no era comprar bonos o acciones (directamente o a través de un fondo de inversiones) sino comprar ladrillos y eso es lo que hicieron los españoles. Bueno, algunos prefirieron confiar en la compra de sellos, pero ésa es otra interesante historia...

 

A pesar de todo, se nos decía que semejante espiral especulativa se corregiría con el tiempo, que los precios de la vivienda se ajustarían con suavidad al mundo real que habían abandonado. Puede que la economía no ofrezca leyes como las de las ciencias exactas pero sí al menos relaciones que parecen cumplirse con cierta regularidad, y es que no existe constancia de un solo caso de burbuja especulativa que se haya corregido de forma gradual. Es lo que el economista Galbraith llama la lección más vieja de la economía3, y sin embargo los que viven el proceso confían en que no vuelva a repetirse... La burbuja inmobiliaria en España de los últimos años no fue la esperada excepción y lo que algunos llamaron el nuevo milagro español (demostración de una economía dinámica e innovadora frente al eje franco-alemán) es hoy motivo de burla. No, España no ha aportado ningún modelo a seguir para Europa con una economía basada en el ladrillo y en el endeudamiento.

 

Endeudamiento gracias al dinero barato del BCE y que hubiera sido imposible sin el euro. Ningún Banco de España sensato lo hubiera permitido y su intervención no habría permitido una década de espuria prosperidad a cambio de evitar el desastre actual.

 

Ah, pero es que aquí no termina el problema. El euro no sólo ha tenido mucho que ver con que la crisis actual sea muy peculiar dentro de una crisis internacional sino también con las enormes dificultades para superarla. Porque España no es una autarquía sino una economía dentro de una unión monetaria, una situación muy novedosa. Es momento igualmente de que hablemos del déficit comercial crónico, que no es, como pueda pensarse, un problema de autoestima nacional porque nuestros bienes y servicios no sean atractivos para el comprador extranjero sino una causa de ese terrible padecimiento que es el paro. Porque la inflación de los últimos años, aunque aparentemente pequeña, ha restado competitividad a las exportaciones españolas. Sí, un 4% de inflación no impresiona a nadie cuando España ha vivido décadas con un alza de los precios mucho mayor. Cierto, pero si en España la inflación de los últimos años ha estado entre el 3 y el 4%, la media europea apenas si ha rozado el 2% o menos.

 

Además antes teníamos una moneda propia y el tipo de cambio podía ajustar nuestro déficit comercial... Es más sencillo de lo que parece: los extranjeros que querían nuestros productos compraban pesetas para adquirirlos a cambio de su moneda y nosotros comprábamos su moneda a cambio de pesetas para importar sus productos. Un déficit comercial suponía que se ofrecían más pesetas de las que se demandaban y el tipo de cambio (la relación de cambio entre la peseta y las monedas extranjeras) variaba para ajustar ese mercado.

 

En otras palabras: eso es lo que se llama devaluación, algo que muy seguramente cualquier Banco de España hubiera hecho en esta situación si la peseta existiera. ¿Por qué? Porque una devaluación abarata nuestras exportaciones y encarece lo que importamos, ajustando nuestra economía. Claro que no es una medida indolora: no podría serlo cuando supone una pérdida de poder adquisitivo generalizada. Igualmente es cierto que existe el riesgo de lo que se llaman “ataques” de los especuladores sobre nuestra moneda. Pero las políticas monetarias tienen ciertas ventajas que las hacen muy atractivas. La primera es la rapidez. La segunda es que son inevitables para todos. Posteriormente podemos utilizar nuestro poder de negociación para escapar de las consecuencias pero a priori sufriremos el impacto.

 

Muy bien, se preguntará el lector, pero la peseta es ya cosa del pasado. Es imposible devaluar la moneda española porque no existe tal. ¿Entonces cuál es la vía para el ajuste?

 

El otro camino de ajuste es mucho más sencillo. Si nuestros precios hacen que nuestros bienes y servicios sean tan poco atractivos para los demandantes extranjeros, entonces no hay más que bajarlos y eso nos llevará al equilibrio, tanto porque bienes más baratos serán más demandados desde el exterior como porque eso reducirá nuestras rentas y caerán las exportaciones... Sí, cuando dije “sencillo” me refería a lo sencillo que es comprender el mecanismo porque esto es mucho más fácil de decir que de hacer. En el mundo real los precios no se ajustan de forma automática e instantánea sino con dificultades que se agravan cuando se trata de ajustarse a la baja.

 

No hay más que imaginar lo que esto significa para los sindicatos. Un aumento salarial siempre es una victoria, aunque sea inferior a la inflación y por tanto no signifique un aumento real del poder adquisitivo. Por el contrario un descenso es algo negativo. La psicología humana no hace más que agravar el conflicto social que se produce en esta situación.

 

Si los precios se resisten a bajar en el mercado, aquellos precios que son fijados por el Estado no lo hacen con mayor facilidad. Sólo pensemos en las pensiones, el salario mínimo o los salarios de los funcionarios, que ven cómo su nivel adquisitivo aumenta. Ocurriría incluso en condiciones de congelación salarial, que tampoco es el caso.

 

Y es que al final lo que los autonombrados “economistas” manejan no es más que un modelo de competencia perfecta, el modelo económico más sencillo de un mundo donde los precios bajan y suben para ajustar la oferta y la demanda de forma automática, donde una fábrica de automóviles puede convertirse en una fábrica de golosinas para adaptarse a los cambios bruscos de demanda y donde los intereses creados y los grupos de poder no existen. Es un modelo básico y por eso mismo fundamental, pero no es suficiente para comprender el mundo real.

 

De la misma manera que desconfío de los periodistas que hablan con tanta seguridad de la economía lo hago de los políticos. ¿Acaso nadie pensó en los problemas que acarrearía entrar en una moneda única cuando nuestra realidad económica era tan distinta de Francia o Alemania? No es sólo una cuestión de peso político (que también). Es que son países como Francia o Alemania (muy competitivos en sus exportaciones pero con una baja inflación y crecimiento) los que dominaban la economía europea y el Banco Central Europeo ha actuado en consecuencia durante estos años.

 

Antes de que se me acuse de “euroescepticismo” o incluso de nacionalista diré que es cosa bien diferente no creer en la Unión Europea y no creer en el euro. A no ser, claro, que esta confederación no sea en el fondo más que la Europa de los mercaderes. Simplemente no creo que la moneda de un país sea un símbolo nacional ni su banco central una institución patria. No, la moneda de un país es un importante instrumento económico y lo perdimos cuando se adoptó el euro. En vez de asumir las debilidades de la economía española para realizar los cambios oportunos antes de entrar en el euro, nuestros políticos se llenaron la boca de construcción europea, se armaron de falso patrioterismo e hicieron como Cortés al quemar sus naves antes de emprender la conquista del Imperio Azteca...

 

Ahora no hay marcha atrás. La peseta es agua pasada y las medidas monetarias están descartadas. Queda por delante el doloroso camino de la deflación con el desempleo, el conflicto social y el endeudamiento de las arcas públicas.

 

Notas:

 

1.- Paul Krugman nos ha dedicado alguna entrada de su interesante blog. Breve y descriptivo, el que se maneje con el inglés que no deje de visitarlo: http://krugman.blogs.nytimes.com/2009/01/19/the-pain-in-spain/

 

2.- Lógicamente el verdadero tipo de interés real no puede ser negativo (¿conseguir un préstamo y que te descuenten los intereses?). Es una aproximación de una fórmula mucho más compleja y menos intuitiva.

 

3.- A los interesados recomiendo un libro divulgativo y ameno como pocos: “Breve historia de la euforia financiera”, de John Kenneth Galbraith, Editorial Ariel.

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Patapalo
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No son muy halagüeñas las perspectivas que nos traes, pero hay que reconocer que es un artículo bien escrito y argumentado -amén de fácil de entender-. Me ha resultado muy interesante.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Cuando vi el artículo en la página de inicio, no sé por qué, imaginé que si no era tuyo, estarías por aquí asintiendo, Solharis.

Varias puntualizaciones:

La Crisis no ha sido por el Euro en sí, si no por mantener unos tipos de interés bajos. De hecho, si la causa fuese sólo la unión monetaria, países fuera de la zona  euro no estarían en crisis... y sin embargo, EE. UU. o el Reino Unido también están en crisis.

Viene entonces la pregunta, ¿de no haber entrado en el euro y conservando por tanto un Banco de España autónomo, habríamos tenido unos tipos de interés mayores que impidieran esa burbuja especulativa?

En mi humilde opinión, la respuesta es "no". O al menos, no, a no ser que hubiéramos limitado mucho la movilidad de capitales. De haber tenido unos tipos de interes considerablemente mayores el ahorro exterior hubiese empezado a fluir a España hasta que el tipo de cambio ajustase (en este caso, al alza, de forma que contrae la demanda agregada por la vía de las exportaciones) el tipo de interés interior con el exterior. Para los profanos: el tipo de interés es el precio del ahorro que, en una economía globalizada, tiende a ser único para todo el mundo y en el que una pequeña economía (como es el caso de la española) no puede influír.

Evidentemente, podría limitarse la entrada de capitales (actualmente estamos rozando lo que se conoce como movilidad perfecta, pero esto acarrearía consecuencias políticas y comerciales impredecibles (y no demasiado halagüeñas).

En segundo lugar, lo que Krugman dijo es que el estar en el euro limita las posibilidades de política econímica para salir de la crisis. Es cierto, el estar en la unión monetaria es como estar en un tipo de cambio fijo sin posibilidad de devaluación. Se nos ha privado de la depreciación competitiva como instrumento de política económica.

Indicas que el haber tenido disponible este instrumento podría haber reducido nuestras importaciones los últimos años. Ahora bien, esta situación tampoco es la panacea. La depreciación competitiva encarece las monedas extranjeras (el dólar) respecto a la nacional (ahora el euro, pero en la hipótesis que tratamos, la peseta). ¿Y cómo afectaría haber incurrido en un país tan dependiente energética y tecnológicamente como el nuestro el haber incurrido en este instrumento? Es más, si ya hemos tenido problemas con el precio de la gasolina pagada en dólares cuando dicha moneda perdía valor frente al euro, ¿cómo hubiera sido con una moneda que perdiese valor? ¿Y cómo nos afectaría en las exportaciones una moneda inestable?

Y todo ello sin contar los ataques especulativos. La crisis que azotó los últimos años de gobierno de Felipe González se agravó muchísimo porque los especuladores eran conscientes de que la peseta era una moneda débil.

En mi opinión, el euro ha supuesto más ventajas que inconvenientes. La situación no sería muy distinta de haber estado en la peseta. Es más, cabe la posibilidad de que la crisis fuese todavía más grave (y dada nuestra historia, no es una afirmación descabellada).

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Me preocupaba especialmente que se entendiera facilmente... Como cualquier otro campo, la Economía tiene un lenguaje y unas nociones propias y es buen ejercicio explicarse con claridad. No soy optimista, me temo.

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Antes que nada, quiero agradecerte el extenso comentario.

En el foro ya hice algún comentario sobre este asunto pero quería sintetizarlo e intentar ser lo más claro posible, así que me gustaría aclarar algunas cuestiones:

-El euro no es, por supuesto, la causa de la crisis internacional, pero sí está detrás de esa burbuja inmobiliaria que en España nos ha estallado en el peor momento.

-No estoy de acuerdo con que los tipos de interés hubieran sido igualmente bajos sin el euro. Es que en España el tipo de interés real nunca había sido tan bajo en las últimas décadas y eso ha sido para la especulación inmobiliaria como echar carnaza a los tiburones.

-El tema energético que dices es interesante y siento haberme olvidado. Lo cierto es que una devaluación produce un doble efecto sobre las exportaciones pues abarata los recursos internos que se emplean en producirlas (mano de obra, materias primas locales, etc.) y encarece los recursos importados (petróleo, materias primas externas)... Por eso y otras razones, al principio una devaluación puede provocar el efecto contrario. Pero al final las exportaciones aumentan y las importaciones disminuyen. Por otra parte el petróleo ha bajado de precio y el efecto se hubiera visto amortiguado.

-Sobre los ataques especulativos, decir que las crisis de mediados de los noventa en que tanto influyeron fen países como España o Reino Unido fueron intensas pero breves. Lo jodido de la situación actual es que tenemos una crisis mucho más larga por delante. El largo camino de la deflación es una senda dolorosa.

Desde luego que nadie puede asegurar que con la peseta el Banco de España hubiera actuado con responsabilidad pero en un país como el nuestro las políticas monetarias serían mucho más efectivas que confiar en el largo camino de la deflación o un gobierno muy debilitado.

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Me olvidé de una puntualización importante sobre lo dicho por Ricky del flujo de capitales. En un mundo globalizado el tipo de interés al que se tiende a igualar es el tipo de interés real, no el nominal. Sin embargo la moneda única ha hecho que cada país de la eurozona tenga un tipo de interés real diferente. Si el tipo de interés nominal (controlado por el BCE) es el mismo para todos pero no así la inflación, entonces más nos vale que nuestra inflación no esté muy por encima de la media, que es justo lo que ha ocurrido. Sin el euro hubiera sido difícil mantener un tipo de interés real tan bajo durante casi diez años y que ha sido el detonante de la burbuja inmobiliaria.

La diferencia entre el tipo de interés real y nominal es fundamental y puede llevar a equívocos.

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Hombre, el comentario fue largo porque haía muchos puntos que tratar, pero de nada, un placer.

Ahora al meollo:

La burbuja inmobiliaria se ha formado por unos tipos de interés muy bajos, negativos en muchos casos. ¿Es ello culpa del euro? No exactamente. Es culpa del BCE, aunque en teoría, una España fuera del Euro podría fijar los suyos propios.

Ahora bien... ¿El Banco de España hubiera puesto otros tipos de interés?

Antes de preguntarse eso, hay que tener en cuenta que el mercado de capitales está globalizado, y no hay ningún problema para que los agentes muevan sus ahorros a cualquier rincon del mundo (como dije, movilidad perfecta de capitales, o al menos, cuasiperfecta), con lo que, a un único mercado internacional del ahorro, un único precio que equilibra ese mercado, o lo que es lo mismo, el tipo de interés mundial será único. Y desde luego, una pequeña economía abierta como la nuestra no puede influír en él. 

Ahora bien, como al resto del mundo le interesa percibir los dividendos en su moneda, también entra el juego nuestro tipo de cambio. Y de hecho, es el tipo de cambio la variable que ajusta la percepción del tipo de interés en el resto del mundo (del mismo modo que para un agente de esa economoía el tipo de interés real tiene en cuenta el interés nominal y el nivel de precios, para un agente externo entran en jeugo el interés nominal, el tipo de cambio nominal, y el diferencial de inflación interno externo).

Toda esta parrafada viene porque establecer un tipo de interés por debajo del de equilibrio internacional hará que entren capitales en nuestra economía forzando al alza el tipo de cambio (en otras palabras, en nuestra hipótesis los agentes internacionales ansían invertir en España y para ello demandan pesetas en los mercados de divisas subiendo el valor de la misma al alza) con los efectos inversos a la depreciación competitiva: nuestras exportaciones se encarecerían y nuestro déficit comercial se haría más intenso.

Y eso sin contar con que el Euro evita juegos de interacción estratégica en el seno de europa. En la crisis de los 70 ocurrió que todos los países optaron por la depreciación competitiva, dando lugar a que al final, la situación siguió como estaba.

En cualquier caso, si he de transmitir algo, es que la culpa ha sido de los bajos tipos. Y nisiquiera sólo de los bajos tipos. También de unas autoridades económicas que lo intencivaron desde los tres tramos de la administración (era fuente de ingresos de los entes locales y autonómicos, y fuente de buenos datos económicos para el Gobierno central), e incluso si quieres, de nuestra cultura latina (no es casualidad que se hablara de que los PIGS -Portugal, Italy, Grece, Spain- volaran pero que ahora están en el fango).

El euro, en sí mismo, de lo único que puede ser culpado es de un repunto en la construcción en los uno-dos años previos al cambio de moneda, ya que todo el dinero negro que estaba escondido trató de blanquearse rápidamente.

 

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error.

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 El periodista habla de economia desde sus fuentes, es un intermediario, no un outsider que se cuela en ese mundillo para dar su opinion, no. El periodista (el buen periodista de economia) trata de servir de puente entre la habitual pedanteria de los entendidos (algo muy en boga entre los economistas) y el simple y llano lector (en ocasiones empresario avezado) que aun se pierde entre palabras, que en el argot mundano, suenan a chino. No tires piedras a los periodistas "porque si". 

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Sería culpa del BCE si éste hubiera actuado con negligencia pero es que el BCE no trabaja sólo para España sino para el conjunto europeo e hizo lo correcto al poner un tipo de interés nominal tan bajo. Es más, los críticos con el BCE afirman que tendría que haber ido más allá y bajarlo con más audacia como hizo la Reserva Federal (EE.UU.).

Dices que en un mercado global sólo puede haber un tipo de interés real. A largo plazo es cierto pero a corto plazo el euro ha conseguido que no sea así. El Banco Central Europeo actúa sobre el tipo de interés nominal pero como la inflación es muy dispar resulta que el tipo de interés real es diferente.

Ejemplo:

El tipo de interés nominal para toda Europa es del 1%

En Alemania la inflación es del 0'5%, entonces el tipo de interés real en Alemania es del 0'5%

En España la inflación es del 3'5%, entonces el tipo de interés real en España es del -2'5% (!)

A largo plazo se supone que toda Europa convergerá y que no habrá tales diferencias entre países pero el "largo plazo" puede ser muy largo y desde luego hubiera sido mejor reconocer que España tenía una presión inflacionista y una falta de competitividad respecto a países como Alemania que había que arreglar antes.

 

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Pero en esencia, la culpa ha sido de tener bajos tipos de interés.

En cuanto a la posibilidad de una pequeña economía de mantener un tipo de interés por encima del tipo de interés internacional me reafirmo: sólo puede a costa de una apreciación de la moneda, o lo que es lo mismo, una pérdida de competitividad, de forma que a nivel internacional el superior tipo de interés percibido en España se hubiese compensado por la subida de la peseta, por lo que dudo mucho que el Banco de España lo hubiese intentado.

Todo ello sin contar con que tendría que haber subido mucho para compensar las enormes plusvalías que se percibían especulando con viviendas.

Además, alegar que el ciudadano español ha invertido más en vivienda porque su inflación era mayor es extender demasiado el homo economicus, e incluso resulta algo incoherente con las alusiones a la ilusión monetaria en el artículo. Puedo aceptar que los españoles han percibido que el interés real era todavía menor que en resto de Europa, pero no quita que el especial repunte de la inversión en vivienda también viene dado por factores sociológicos (en Alemania tienen más cultura de vivir de alquiler, sin embargo en España la aspiración es tener una vivienda en propiedad e incluso poder dejarle una a cada hijo). Fíjate si no que han sido los países de cultura Mediterránea los que se han pillado especialmente los dedos con esta crisis (los PIGS). Y es que en el fondo, la gente siempre ha percibido una vivienda como un depósito de valor que además se revaloriza con el tiempo.

Y a este factor se le suman unas autoridades económicas que no sólo trataron de frenar el boom inmobiliario, si no que lo incentivaron (la deducción por vivienda hace que incluso sea rentable hipotecarse para pagar una vivienda en lugar de pagar al contado y  permite hacerlo además sucesivas veces), por lo que a no ser que realmente el Banco de España fuese totalmente hermético del Gobierno, difícilmente hubiera acudido a ponerle fin a esto.

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Claro que ha sido el bajo tipo de interés real la causa, pero sin el euro hubiera sido imposible. Tú mismo explicas por qué una economía pequeña no puede mantener un tipo de interés real muy por encima (o por debajo, como ha sido el caso) de la tendencia internacional. Un Banco de España independiente no hubiera intentando un tipo de interés real superior como dices. Nunca he sugerido lo contrario (?).

Es una fórmula muy básica:

TIPO DE INTERÉS REAL=TIPO DE INTERÉS NOMINAL - INFLACIÓN

Retomando el ejemplo anterior:

TIPO DE INTERÉS REAL EN EUROPA: 0'5%

INFLACIÓN ESPAÑOLA: 3'5%

¿Cuál hubiera sido entonces el tipo de interés nominal con un Banco de España independiente?

0'5% = X - 3'5%

Despejamos y tenemos un tipo de interés nominal del 4%, (realmente más por otras razones) cuando el tipo de interés nominal ha sido en la relidad cercano al 1%... Dudo mucho que con unos tipos de interés nominales tan por encima de lo que lo han estado la burbuja inmobiliaria hubiera sido la misma.
Los factores institucionales que dices como nuestro peculiar modelo de vivienda ya existían antes de la burbuja. Lo realmente novedoso ha sido la brutal caída del tipo de interés real, que ha abaratado la vivienda y al mismo tiempo ha desincentivado las alternativas a colocar los ahorros en otros activos.

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En primer lugar, ya que estamos en política económica-ficción, preguntémonos, ¿habríamos tenido la misma inflación con la peseta? Porque ya sólo el no haberse comprometido a reducir el déficit público por debajo del 2% e incluso acercarse al déficit 0 es consecuencia directa de haber entrado en el euro. Y si hay una regularidad empírica que se repite es que aumentos del déficit público aumentan la inflación.

Pero yendo al asunto, lo que ocurrió con la vivienda es que el ahorro estaba bajo en función de lo que se ganaba por revender una vivienda. Esa fue de verdad la clave: las viviendas se revalorizaban muy rápido y cualquier otro activo no ofrecía tantas plusvalías (bueno, realmene el IBEX estaba en máximos históricos, pero el ciudadano de a pie tiene más facilidad para meterse en viviendas que en Bolsa... como dije, cultura mediterránea). ¿Un tipo de interes nominal uno o dos puntos por encima hubiese valido de algo? Hombre, quizás más por la contracción de la oferta agregada vía exportaciones, lo que disminuiría la renta nacional y provocaría que la gente, al cobrar menos, se metiera menos en este tipo de cosas (habría menos inversión en turismo residencial y demás). Pero provocar una caída del PIB para evitar que se infle la burbuja inmobiliaria me parece matar moscas a cañonazos... Sin contar con que el descenso de las exportaciones acabaría también por ajustar el tipo de cambio nominal al mismo nivel que los tipos internacionales. Es decir, el Banco de España podría haber intentado subir los tipos, pero a no ser que impidiese de alguna forma la entrada de capitales, sería un esfuerzo nulo.

Realmente, el hecho de que España se haya pillado especialmente los dedos con el mercado de vivienda es culpa de factores internos. Los bajos tipos de interés nominales sólo han venido a acelerar la manifestación los síntomas asociados a los problemas estructurales de la economía española. ¿Tuvimos unos tipos reales más bajos que el resto de Europa? Sí, pero porque tenemos una economía con más inflación, y es algo que hay que solucionar (en mi opinión, aunque no se fundamenta en estudios sólidos, es por un sistema de transporte ineficiente) y no es culpa del euro (si acaso, todo lo contrario, pues el querer entrar nos llevó a controlar el gasto público); y también es por culpa de un mercado de vivienda muy rígido, con tendencias fuertemente alcistas en los precios, haciendo todavía más atractivo el hipotecarse a un mismo tipo de interés. ¿Ves las consecuencias de la moneda única en algún sitio?

 

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Es que el problema del bajo tipo de interés real fue de la inflación. La economía española es más inflacionista que la del resto de Europa, y el Euro no ha provocado eso (si acaso, el hecho de entrar en la moneda única ha ayudado a controlarla).

Si aceptamos que, aún manteniéndonos en la peseta hubiéramos tenido que "tragar" con los bajos tipos nominales que han imperado en los mercados internacionales, y aún concediendo que el control del gasto público se hubiera mantendio (hay pocas regularidades empíricas que se mantienen, pero que un mayor déficit implica una mayor inflación es una de ellas), la economía española sigue siendo una economía inflacionista.

He comentado (no me di cuenta que habías posteado aquí arriba y edité) que además otros factores estructurales de la economía española han provocado la burbuja, pero si es por culpa de los tipos de interés reales negativos, la causa es nuestra elevada inflación. Deberíamos preguntarnos entonces qué factores la provocan, que es algo que de momento ningún político se ha planteado abordar.

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Interesante el artículo. Y fácil de comprender, que suele ser raro en los artículos de economía.

Muy pesimista el final, pero me temo que bastante realista.

Try again. Fail better.

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