OZ entrevista a Juan Ángel Laguna Edroso


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Hoy recuperamos la entrevista a un autor cuyo nombre quizás no os diga mucho (de momento), pero sí su pseudónimo o nick dentro de nuestro rinconcito literario: Akhul. Además es el único escritor que conozco en persona, así que estas preguntas las he preparado con mucho cariño.

 

Primero haré una pequeña introducción a su persona y después, mediante las preguntas, intentaremos adentrarnos en su obra y en cómo se prepara (digamos en su alma).

 

Juan Ángel Laguna Edroso (Zaragoza, 1979), licenciado por la Universidad de Zaragoza en Ingeniería Química, vivió unos años en Turín y en París hasta instalarse, de momento, en Tours, con lo cual vemos que es un hombre de mundo que ha vivido en diferentes culturas que le pueden haber aportado nuevas experiencias. Profundo amante de la literatura desde su más tierna juventud, vio como su primera novela, Cain Encadenado, era publicada en el 2000 bajo el sello de Premura Editorial.

 

A partir de ahí, y en cierta medida gracias al impulso que aquello supuso, ha desarrollado una intensa actividad literaria que lo ha llevado, entre otras cosas, a ganar el I Concurso de Cuentos “Gitanos en positivo” de la Asociación Cultural Trespeldaños, o a quedar finalista de otros premios, con, en algunos casos, la consiguiente publicación de sus relatos en diversas antologías.

 

Y más proyectos de los que seguro nos hablará. Actualmente vive en Tours (Francia), junto a su mujer y a sus hijos, y desde allí trabaja como redactor en la web www.ociojoven.com y como traductor freelance mientras araña tiempo para participar en revistas y publicaciones varias.

 

Veo y leo que has vivido en varios países, ¿eso te ha ayudado a la hora de escribir y preparar tus historias? ¿Te ha dado más experiencias y puntos de vista sobre los que hablar?

 

Creo que toda experiencia vital ayuda al escritor. Hay casos extremos, como el de Jack London, en el que esta experiencia se convierte en el eje de su propia obra. No es mi caso, aunque sin duda mis estancias en el extranjero me han enriquecido. Por un lado, me han permitido cambiar de punto de vista y poner en tela de juicio cosas que creía incuestionables, y por otro lado me han permitido vivir cosas insospechadas: visitar un orfebre en las buhardillas de París, perderme por los subterráneos de Turín, conversar con un veterano de la guerra de Corea en una taberna londinense, cenar con el embajador francés en el decimonónico club de escritores de Bucarest...

 

En realidad, creo que es más cuestión de mantenerse alerta que de viajar lejos, porque cuando trabajé de telepizzero en Zaragoza también viví cosas insospechadas. Eso sí, cuando uno está fuera es más fácil dejarse llevar.

 

A la hora de ponerte delante del folio para empezar a escribir, ¿te entra ese miedo del que muchos escritores hablan llamado Síndrome del Folio en Blanco?

 

No es uno de mis grandes problemas, y menos desde que trabajo de redactor y me veo con tres o cuatros folios en blanco diarios. Mi mayor problema como escritor es la dispersión caótica de ideas: tengo siempre cien proyectos en la cabeza y me cuesta llevarlos a buen puerto. En ese sentido sí que he tenido que disciplinarme.

 

En tu libro “El niño que bailaba bajo la luna” se nota cierta influencia de Poe, ¿es una de tus referencias? ¿De qué escritores te sientes más cercano?

 

Poe ha sido un autor que he redescubierto hace relativamente poco. De adolescente no me gustaba y, curiosamente -o no tanto, viendo mis gustos-, mis tíos no paraban de regalarme libros suyos. A pesar de ello, seguro que es una referencia; después de todo, revolucionó el concepto del relato. Además, es uno de los grandes maestros del terror y del retrato psicológico.

 

En general, los escritores del siglo XIX han sido una de mis fuentes predilectas, tanto en su lado realista, como Balzac o Víctor Hugo, como en su vertiente fantástica: Bécquer, Verne, Stoker, Stevenson, Salgari, Henry James... No obstante, no soy un lector metódico, y voy saltando de una cosa a otra sin ninguna pauta, así que he leído un poco de todo.

 

Últimamente disfruto mucho leyendo relatos de autores contemporáneos no consagrados, tanto de los que se rescatan en antologías como los que se encuentran por revistas, fanzines y páginas web. Creo que es muy enriquecedor ver el mosaico de enfoques que existe en este momento.

 

¿Qué te ha aportado la lectura de todos los relatos del foro?

 

La lectura de relatos de Ociojoven, y sobre todo el contacto directo con otros autores, ha sido el empujón definitivo para tomarme en serio esto de escribir y empezar a adquirir una cierta madurez como escritor. Antes escribía mucho también, pero sin tener más opiniones que las de mis sacrificados parientes de primer grado, poco podía avanzar. Internet nos ha brindado la oportunidad de juntarnos en una suerte de café literario virtual y es fascinante lo que puede salir de la experiencia. Prácticamente el 100% de mis amistades y contactos literarios surgieron a través de Ociojoven o de gente que conocí en Ociojoven.

 

¿Destacarías algún relato en especial de la página?

 

Destacar unos pocos relatos en particular siempre es un poco sesgado, porque depende tanto de los gustos personales como de mi caprichosa memoria. No obstante, intentemos dar alguna pauta.

 

Recuerdo con mucho cariño el relato Amigas, de Canijo, que me emocionó cuando lo leí por primera vez, y Ôculus, de Mik616, que sigue poniéndome los pelos de punta sólo con recordarlo. En el foro surgió también un microrrelato cuyo tema principal resuena constantemente en mi cabeza: El libro de las faltas, de Agutxi. El encuentro, de Nachob, me impresionó mucho en su día, y me sirvió de revulsivo para esforzarme más como autor. Hacia la soledad, de Guybrush Treepwood me causó un efecto similar; cuando lo leí pensé que había estado perdiendo el tiempo y que más me valdría ponerme las pilas.

 

En realidad son muchos, y me dejo algunos en el tintero. Quizás mi relato Ociojoven por excelencia sea El viaje de Arica a la Isla del Dragón, de jerjes. Desde que empezó, hace ya la friolera de cuatro años, me sedujo totalmente por su enfoque. Es la historia de fantasía que siempre quise leer, y poder ver su proceso de creación es un privilegio.

 

¿Cuánto tiempo sueles dedicar diariamente a escribir?

 

¿Contando o sin contar artículos? -aquí habría que meter unas risas en lata-. Para escribir “literatura” soy muy indisciplinado. Puedo pasarme días sin escribir una palabra y luego no parar durante seis horas. En mis momentos ideales escribo una hora u hora y media diaria. Después de ocho horas de curro taquigráfico no está mal.

 

Danos algún consejo para aquellos que, como yo, quieren empezar a hacer relatos.

 

Lo primero es leer mucho -consejo que, en tu caso, sobra-. Si no tienes pasión por la lectura, no tiene sentido que la tengas por la escritura a no ser que creas que eres infinitamente más interesante que el resto de la humanidad.

 

Lo segundo es foguearse. Internet nos brinda el marco ideal: publica tus relatos en los foros o revistas de literatura que puedas y mantente alerta. Absorbe toda la información, positiva y negativa, buena o mala, razonada o no, impertinente o pertinente. La literatura no es una ciencia, y nadie te puede dar respuestas de nada. Sin embargo, a través de la visión de otras personas tú puedes encontrar la clave de lo que tú quieres cambiar. No se trata de amoldarse a los gustos ajenos, sino de leer a través de los otros lo que no puedes leer a través de ti mismo. Después de todo, tú ya conoces la historia y lo que quieres contar, y es difícil que puedas abstraerte lo suficiente para tener una visión nítida de lo que has escrito. Es por esto mismo que las faltas ortográficas propias se resisten mil veces más que las ajenas, aunque sean las mismas.

 

¿Recuerdas después de tanto tiempo cuál fue el primer relato o escrito que hiciste?

 

Sí, por supuesto. No podría olvidarlo. Tenía diez años y un buen día le dije a mi hermano que iba a escribir un libro. Se me estuvo cachondeando durante meses (hasta que a él se le olvidó), y creo que esto, unido a la cabezonería propia de mi tierra, fue decisivo a la hora de escribir con auténtica determinación.

 

Era una historia de fantasía que transcurría en un infierno, y tenía una corte diabólica como reparto principal de lo más colorido. La tengo todavía por ahí -bueno, la única página que escribí, a mano y en una hoja de papel milimetrado de dieciséis anillas- y a pesar de lo mala que es, tiene cierta magia. Debajo de las exhaustivas descripciones de los bichos había un deseo de crear historias que ya había desarrollado oralmente -siempre he sido un poco cuentista- y que encontraba un mundo ilimitado en la escritura.

 

¿De dónde surgió la idea de hacer El niño que bailaba bajo la luna con un material sintético?

 

Esta pregunta se podría contestar desde varios ángulos. Voy a probarlos todos a ver si acierto...

 

La idea de crear el libro de plástico se me ocurrió después de leer un artículo de Arturo Pérez Reverte sobre la rapidez a la que se degradan las ediciones actuales de los libros a causa del pH del propio papel. Me parecía increíble que con la tecnología actual hiciéramos peores libros que en el pasado, aunque, por supuesto, la idea no era volver a trabajar con papiro y pieles. De este modo se me ocurrió hacerlos en plástico: barato, se le puede dar la forma y el color que se quiera, es imprimible... Además, y esto era lo más importante, evitaba la tala de árboles y permitía meter las toneladas de plástico que pululan por el mundo en un objeto útil -más útil que los juguetes de mala calidad o las bolsas de la compra-: los libros. Es un objeto que no importa que no sea biodegradable. De hecho, es una ventaja que no lo sea.

 

Cuando llegué a mi último año de Ingeniería Química me encontré con la asignatura Proyectos, en la que había que hacer eso: un proyecto real. Así que propuse a mis compañeros lanzarnos a esto de los libros de plástico y la cosa funcionó (la Universidad de Zaragoza tiene la patente que lo prueba). El caso es que durante la experiencia necesitábamos lanzar un libro piloto para probar que era posible fabricar industrialmente nuestro libro prototipo, y como no teníamos autores, ni editorial, ni nada por el estilo, optamos por lo que en ingeniería denominamos optimizar recursos: pillamos un texto mío que había ilustrado Jean Gilbert Capietto y traducido al francés Eleonore Jacquiau Chamska y que había empezado a mover por algunas editoriales con unos colegas afincados en Madrid. Después de un intenso fin de semana maquetando con Vidal Pueyo y con Jean haciendo dibujos para completar el mínimo de páginas, conseguimos tener la maqueta lista para imprenta.

 

Es por eso que la primera tirada del libro de plástico definitivo se hizo con El niño que bailaba bajo la luna: básicamente una conjunción de casualidades relacionadas.

 

En la página web www.abadiaespectral.com también se nota cierto regustillo a ambientes tétricos y atmósferas tenebrosas, ¿de dónde surge la idea de la Biblioteca Fosca?

 

Pues del origen de esa pasión por lo siniestro. Cuando era pequeño, solía ir a la biblioteca del colegio a consultar unos libros de lo más extraño que hablaban de aparecidos, desastres como el Titanic y cosas de estas que fascinan la imaginación infantil. Desde entonces he tenido en mente lo de hacer una revista en la que dar cabida, de un modo más o menos sistemático, a todas estas criaturas.

 

Hace unos años, hablando con Miguel Puente surgió de nuevo la idea, pero no ha sido hasta ahora, con la fundación y asentamiento del Círculo de Escritores Errantes, que nos hemos visto con fuerzas de lanzar algo de esta envergadura. El resultado ha sido formidable, y la gente ya se ha empezado a ofrecer para realizar colaboraciones, ¡y eso que no lleva ni una semana colgada!

 

¿Qué proyectos tienes actualmente entre tus manos?

 

A parte de continuar con La biblioteca fosca, que supongo que requerirá sus esfuerzos continuos, estoy trabajando en el diseño de algunos juegos de mesa con la colaboración de Santiago Eximeno e introduciéndome en el fascinante mundo del cómic de la mano de Ángel Luis Sucasas.

 

También tengo en mente retomar este año la antología de relatos que estaba preparando y pulir mi primera novela juvenil para ver si suena la flauta con algún concurso. Por supuesto, tengo muchas más ideas peregrinas rondándome la cabeza, pero tampoco es plan de contarlas todas, ¿no? Así os daré alguna sorpresa a lo largo del año, sobre todo en la sección de literatura de Ociojoven.

 

Yo conozco de donde viene tu nick, pero ¿puedes explicarlo para los compañeros?

 

Akhul es el recordatorio de que aquí estamos todos para aprender, una especie de purgatorio insospechado. Básicamente es el nombre de uno de mis personajes preferidos de mi primera novela, Cain encadenado, y también un nombre que ahora no utilizaría de pseudónimo ni harto de vino, pero del que no puedo prescindir por la cantidad de gente que me conoce por él. Nadie lo relaciona con el personaje de una de las mejores sagas de fantasía de los últimos tiempos por motivos obvios... A veces el destino es cruel, pero didáctico. Y en su día me pareció una gran idea ponérmelo justo antes de mi triunfo como autor.

 

Creo que con esta pequeña entrevista podemos acercarnos más a la persona que tanto vemos en el foro bajo el nick de Akhul, a quien he podido tratar en este último año más a menudo y conocer personalmente en su última visita a Zaragoza.

 

Un saludo y a seguir creando.

 

Muchas gracias, Fer, por la entrevista. Y a los que queráis saber más de ideas peregrinas, bibliotecas foscas y libros de plástico, sólo me queda invitaros a pasar por La abadía espectral. Cuidado con la monja fantasma de tres metros de altura.