Huerco

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Curro
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Huerco

 

El polvo y la ruina me dan la bienvenida con modales hoscos y desconfiados. Franqueo un arco desnudo que estuvo protegido por una puerta antes de que los saqueadores se llevaran la madera y las bisagras. Las paredes han sido horadadas por esa insidiosa carcoma que es el abandono y el viento frío, que cruza sin piedad las heridas abiertas, me impreca por mi intrusión. Parpadeo molesto a causa de la suciedad que emponzoña incluso el mismo aire que respiro a duras penas.

El suelo hollado es cuanto necesito para confirmar mis sospechas: alguien ha estado aquí recientemente. Al principio, no veo rutas de escape, pero pronto descubro un agujero oculto por cajas de madera y cascotes colocados con cuidado para que sirvan como camuflaje. Cruzo la pared y me encuentro en una sala amplia inundada por tinieblas. La fortuna está de mi lado cuando decido encender un fósforo, porque así puedo ver a tiempo que la mayor parte del suelo se ha derrumbado sobre un sótano inferior. Alguien ha tendido un par de tablones para formar una tosca pasarela y cruzar el foso, que tiene dos buenas brazas de anchura.

El motivo por el que continúo esta persecución absurda podría ser el alcohol que nubla mi buen juicio y sospecho que, en última instancia, lo es. Pero la razón fundamental es más compleja: busco la respuesta a la pregunta que me he repetido cientos de veces, durante los tres meses transcurridos desde el trágico día en que mi vida dejó de tener sentido. No esperaba en realidad encontrar dicha respuesta, pero hoy he tenido una visión fugaz y mis ojos se han cruzado con la única persona que quizás pueda ayudarme. Huyó de forma precipitada y el empecinamiento surgido del fondo de la botella de ginebra me impelió a perseguirla.

Resbalo sobre grava traicionera y caigo al suelo. Mis pasos han sido tan rápidos y febriles como mis pensamientos desbocados. He avanzado por pasadizos casi ocultos entre las ruinas, escalas fabricadas con cuerdas y puentes similares al primero que encontré. Quizás el complejo diseño del recorrido sirve como disuasión pues, para la gran mayoría de posibles intrusos no deseados, ni la curiosidad más felina sería excusa suficiente para sortear los peligrosos obstáculos que presenta.

El tropiezo ha dejado mi pantalón roto y la rodilla desollada, pero también ha sido un irónico golpe de suerte: cuando me he girado para buscar asidero, he descubierto que alguien me observa desde un albañal ancho y seco que se encuentra por encima de mi cabeza. Aunque tiene el rostro embozado tras una gruesa bufanda, estoy seguro de que se trata de la persona que busco.

Me incorporo de forma apresurada. Alcanzo de un salto una escalerilla de metal suspendida a una braza del suelo y subo por ella. La persecución continúa por un túnel que antaño debió de pertenecer a la red de alcantarillado de la ciudad y desemboca en una angosta pasarela, una cornisa de poco más de dos palmos. Mi presa está cerca; camina por el saliente con cuidado, con la espalda pegada a la pared.

Bajo nosotros, puedo escuchar el fluir espeso de aguas fétidas, invisibles a causa de la oscuridad y la gran altura que nos separa de ellas. Asomo e intento vencer la náusea del vértigo. Un fragmento de piedra cede y cae al vacío. El ruido hace que el hombre se vuelva hacia mí.

Cuando nuestros ojos se enfrentan, mi corazón se detiene durante unos segundos y el alcohol escurre de mi cerebro para dejarlo en un estado de sobriedad atónita.

―No puede ser. ―Las palabras escapan por entre mis labios mientras niego con la cabeza.

Los familiares ojos negros que contemplo se entrecierran en un gesto de desconcierto.

―La bufanda. Quítatela ―ordeno. Aunque no tiene razón para ello, obedece.

Él. Es él. Sentí el presentimiento de que obtendría una respuesta, pero lo que he encontrado es un millar de nuevas preguntas. Cuando salí de la taberna borracho para orinar en la calleja, solo tuve una visión fugaz de un rostro huidizo y empecé la persecución sin antes intentar razonar pero, ahora que me siento sobrio, la imposibilidad de lo que contemplo asfixia mi razón y apuñala mi juicio. Mis piernas tiemblan, los ojos se me deshacen en lágrimas amargas y mi visión se nubla. Solo soy consciente en parte de que empiezo a perder el conocimiento a causa del trauma emocional y de que la piedra bajo mis pies se agrieta y cede. Me precipito al vacío.

Sobre mí, el rostro que más amé y que más he añorado contempla mi caída, impasible.

Antes quería preguntarle por qué.

Ahora, desearía preguntarle cómo.

 

Creo que llevo varios minutos despierto, quizás más de una hora. Es difícil de precisar porque, en un principio, juzgué la melodía discordante pero hermosa que escucho como un sueño. Ahora que empiezo a recuperar el control de mis sentidos, estoy bastante seguro de que esta voz infantil es real.

Recuerdo dos cosas: una alucinación absurda producto del exceso de alcohol y una larga caída hacia un abismo incierto. Me creía muerto, pero no lo estoy. No soy tan ingenuo como para pensar que me encuentro en el Más Allá, acunado por los cantos de los ángeles; todavía conservo un poco de dignidad. Así que me esfuerzo en poner en funcionamiento mi mente prosaica.

Mi visión se abre paso ―no sin esfuerzo― entre el tipo de penumbra espesa que enseguida asocio a un subterráneo. Un candil de cristal sucio rezuma luz aceitosa que no baña pared alguna, lo que produce sensación de amplitud. Palpo una frazada burda que cubre un jergón relleno de paja; alguien se preocupó por sacarme de aquella sima olvidada. Aunque mi mente cada vez está más despierta, noto mi cuerpo aletargado y ausente, por lo que sospecho que cierta droga infecta mis humores.

Tras este breve repaso a mi situación, me centro en el estímulo principal: la voz que canta. Un chirrido oxidado de cadencia regular la acompaña. Proviene de una forma que se balancea en las tinieblas a poca distancia de mí. Fijo la mirada en ella y espero a que mis ojos se acostumbren a la luz. Aunque la voz es infantil, la muchacha tiene la estatura y el busto de una mujer adulta. Parece columpiarse con jovialidad y entona una melodía pueril propia de una persona alienada.

Mientras sopeso la mejor manera de abordarla y hacerle algunas preguntas, reparo en otras figuras que a su vez me espían y cuchichean con poco disimulo, estas sí menudas, niños en apariencia.

Ahogo un gemido.

Niños rotos. Algo está mal en ellos. Las distintas partes de su cuerpo no guardan las proporciones adecuadas ni tienen color homogéneo. Las manos de uno son desiguales, otro tiene una pierna de piel negra torcida en un ángulo imposible, el tercero me acuchilla con ojos saltones y rojos. Monstruosos.

Lanzo un grito e intento incorporarme, pero la pierna derecha me falla y caigo al suelo sobre un cubo de hojalata. Se crea un estrépito que asusta a los pequeños engendros y hace que ―para mi alivio― salgan corriendo, despavoridos.

Pero el chirrido del columpio y la canción infantil han cesado. La mujer se encuentra ahora de pie ante mí. Su cuerpo delgado, patizambo y en enaguas se inclina sobre el mío y distingo una cabeza demasiado pequeña de rostro redondeado y mofletudo. Una cabeza de niña sobre un cuerpo de mujer.

―No les hagas caso. ―La aberración quimérica arruga la nariz en un mohín infantil―, son unos mocosos. ―Se gira hacia donde han huido los otros seres y saca la lengua. Después, vuelve a prestarme atención―. En cambio yo soy adulta. Ya soy toda una mujer. ―Desata los cordones de su corpiño y lo abre para mostrarme orgullosa dos pechos firmes y bien formados de color cerúleo, separados por una grotesca cicatriz―. ¿Lo ves?

Chillo de nuevo y la niña se pone a reír como loca. Grito, grito y ella ríe, se desternilla, hasta que una voz poderosa nos interrumpe.

―¡Basta, Adalynn! No importunes a nuestro invitado.

La demente mujer-niña finge fastidio de forma exagerada y después se marcha, moviendo las caderas como una dama, o como una cría que pretende ser una dama.

―Discúlpela, son cosas de rapaces.

Me levanto para recibir al recién llegado y me percato de que otra persona lo acompaña. Todavía me noto abotargado, pero al menos ya responde la pierna renegada. Estoy desnudo salvo por mi camisola, por lo que me cubro de forma instintiva con la manta del jergón. Aprovecho para tomar nota del entorno: como sospechaba, es una caverna amplia cuyas paredes han sido reforzadas con ladrillo y argamasa. Forma un ancho pasillo oscuro y húmedo con varias bifurcaciones.

El cuerpo del que ha hablado parece el reflejo de un espejo roto en mil pedazos, con el añadido de que cada uno de esos pedazos refleja a una persona distinta.

―Mi nombre es Duncan. Doctor Duncan Henry Huxley.

El puzle andante va vestido con ropas caras y de buen corte que han vivido tiempos mejores. Una gran chistera remata el atuendo. Extiende su mano ―la derecha, de dedos finos y delgados; la izquierda es enorme y está cerrada sobre el pomo del bastón en que se apoya― con ánimo de que la estreche, pero no lo hago. Estoy demasiado absorto en su compañero.

―¡No! ―Siento que caigo de nuevo. Esta vez, el abismo es metafórico, pero no me cabe duda de que el peligro que hallaré en su fondo es muy real―. ¡Estoy soñando! ―balbuceo.

―Sosiéguese ―pide el llamado Huxley. Intento leer curiosidad o diversión en su rostro, pero es inescrutable―. A cambio, prometo ofrecerle una explicación. Sospecho que cree conocer a este hombre. ―Señala al objeto de mi terror. Y al que antes fue objeto de mi amor incondicional.

―Es Geoffrey Priestly ―gruño―, reputado profesor de letras de la Universidad. ―Necesito aferrarme a hechos reales y conocidos para afianzar mi cordura, así que continúo―: Enfermó de un tumor cerebral que le causaba dolores insoportables y frecuentes accesos de demencia. Los mejores cirujanos buscaron una solución durante meses y discutieron entre ellos. Resolvieron que sería viable su extirpación, aunque no podían asegurar que Geoffrey…, bueno, que no sufriera ciertas… Secuelas… ―La voz me falla. Trago saliva―. Había riesgo de que quedara inmóvil como un vegetal.

―Al final, ¿qué? ―pregunta el hombre del bastón, arqueando una ceja sobre su ojo derecho (el azul; el izquierdo es marrón y está entrecerrado). Geoffrey me contempla sin decir nada y deja caer sus brazos, que estaban cruzados, como si quisiera mostrar una actitud indefensa.

―Rogó que no se le operara. No quería arriesgarse a terminar como un inválido y ser… una carga para mí. ―Aprieto los puños. Los recuerdos son tan vívidos que parecen haber sucedido hace tan solo unos minutos―. Pero los médicos declararon que no se encontraba ya en plenas facultades mentales y fijaron fecha para la intervención. Yo no podía permitirlo. Uno de los doctores, más compasivo, me dio un frasco y una jeringa. Yo… terminé con todo. Inyecté aquella muerte embotellada en sus venas. ―Alzo mi rostro lloroso hacia el de mi amado―. Lo siento, Geoffrey. Lo siento tanto…

Huxley asiente satisfecho, como si yo fuera un buen alumno que ha recitado la lección tal y como esperaba escucharla. Después, se gira hacia su compañero y acaricia la cabeza que los cirujanos dejaron rasurada con pulcritud ―la ha mantenido afeitada o bien no le volvió a crecer pelo―. Geoffrey no se inmuta.

―Entiendo que le resultará doloroso en grado sumo, pero el caballero que nos acompaña no es Geoffrey Priestly. Está usted ante mi estimado colega, el doctor William Attenborough. Es su privilegiado cerebro el que contiene esta cabeza que tan familiar le resulta.

Soy inteligente, puedo afirmarlo. Suelo afirmarlo; la modestia no va conmigo. Las pocas pistas que Huxley ha soltado me bastan para empezar a atar cabos. Por eso, mi siguiente pregunta solo tiene como objetivo ganar tiempo:

―¿De qué está hablando?

―El cerebro era irrecuperable a causa del tumor que usted mismo ha mencionado ―prosigue Huxley con el tono característico de quien tiene la ciencia como pasión―, pero el resto del cuerpo se encontraba en perfectas condiciones. La muerte ocasionada por el veneno que le administró resultó poco invasiva. Se pudo reaprovechar casi todo, fue una excelente fuente de…

―Duncan ―lo corta ese al que ha llamado William Attenborough―, por favor, quizás no sea conveniente ahondar ahora en ciertos detalles. No es apropiado, dadas las circunstancias.

El entusiasmo del ente de la chistera se convierte en lástima. Se hace el silencio; ninguno de los dos monstruos que tengo ante mí sabe cómo continuar la conversación.

Porque ambos son monstruos. Ahora observo que mi Geoffrey nunca fue tan alto ni tan fuerte. Me centré en el rostro y no me di cuenta. Todo cuadra. Un cuerpo, una cabeza, un cerebro. Retazos. Desiguales. Ensamblados. Reanimados. Vivos.

―No… ―No podría decir qué estoy rechazando exactamente, pero no es la explicación que me plantean. Porque no solo me resulta creíble sino que ya es innegable.

Los pequeños engendros, la niña-mujer y los doctores Huxley y Attenborough; todos ellos caminan de nuevo por un mundo que deberían haber abandonado.

Mis dos anfitriones esperan con paciencia. Me honra en cierto modo que no traten de ofenderme con más explicaciones condescendientes y me alivia que me permitan asimilar los hechos. Como si quisiera subrayar mis pensamientos, el doctor Attenborough me dice desde detrás de su máscara de Geoffrey Priestly:

―Es una persona muy observadora y capaz. Intuí que me conocía cuando me vio la semana pasada en el callejón y empezó a perseguirme. ―¿La semana pasada? ¿Llevo tanto tiempo inconsciente?―. No logré despistarlo y ahora, debido a mi torpeza, usted se ha visto envuelto en esta inesperada situación.

―Inesperada, pero no desagradable por necesidad ―interviene el otro doctor―. Antes de que llegue a juzgarnos de forma prematura, me gustaría que conociera más sobre nuestro pueblo.

―¿Nuestro pueblo? ―repito―. ¿Cuántos…?

―Pronto lo sabrá ―me interrumpe Attenborough―. Si me acompaña…

Extiende su mano hacia mí. Su voz es tranquila y conciliadora, pero es una voz robada que era, en otro tiempo, un susurro placentero, un murmullo embriagador. Y esos ojos de color negro insondable siempre me produjeron una fascinación misteriosa. El hecho de que ese… ser haya violado con su mente el cuerpo de mi Geoffrey y ahora utilice sus atributos para hablarme y mirarme me resulta insoportable.

―¡No! ―chillo con todas mis fuerzas. Echo a correr con paso incierto y bamboleante. Desigual.

Huyo a ciegas por el corredor mal iluminado. Rostros informes me contemplan desde las oscuras esquinas. El pasadizo se abre a una gran sala de techo abovedado, dividida en varias estancias mediante paredes de ladrillo de construcción tosca. Seres de ultratumba desempeñan tareas mundanas en apariencia. Un jayán que curte cuero conversa con otro que se dedica a la forja de utensilios. Dos niñitas de palidez cadavérica agarran con firmeza la falda de su madre mientras esta examina con buen criterio una selección de vestidos, confeccionados con harapos. Un ser jorobado de sexo indefinido imparte clases de literatura a cuatro alumnos de edades imposibles de precisar. Varios albañiles levantan con sus músculos desproporcionados un nuevo edificio bajo la estricta supervisión del jefe de obra. Y más, hay muchos más. Contemplo un gran número de escenas similares. Cientos de criaturas formadas por miles de pedazos, entremezclados sin orden ni concierto, extremidades descoyuntadas y rostros incoherentes. Caminan, trabajan, hablan. Viven. ¡Viven!

A medida que recorro la necrópolis gigantesca, mi asombro aumenta. La carrera apresurada se ha convertido en un deambular lento y los doctores me han dado alcance. Tras caminar a mi lado durante unos minutos, Huxley rompe el silencio:

―La humanidad lleva generaciones pudriéndose. Dios nos creó imperfectos, pero nos dotó de libre albedrío para poder superar esa imperfección. Lo hemos logrado. No precisamos comida, no tenemos frío, enfermamos ni envejecemos. ―Cada vez habla más alto y las emociones reverberan en su voz. Parecería un loco si la veracidad de su mensaje no fuera tan evidente―. No morimos.

Deja una apropiada pausa para que asimile la enormidad de las dos últimas palabras. Después, continúa:

―Pero sí aprendemos, creamos y amamos. Tenemos la mayoría de las virtudes de la raza humana y, por ahora, no hemos mostrado ninguna de sus deficiencias.

Por la forma en que usa la primera persona del plural, sospecho que estoy incluido en ella.

Ya no tiene sentido tratar de negarlo. Mi cuerpo seguramente quedó destrozado tras la caída que resultó ―ahora es obvio― mortal. Si lo noto extraño no es a causa de ninguna droga, sino porque todavía es nuevo para mí. Entiendo que tardaré en acostumbrarme.

Pero lo haré. No rechazaré la oportunidad que se me ha dado. Huxley ha dicho que los hijos de la nueva raza podemos amar y no lo dudo. Aunque nos hallamos todavía en los albores de nuestra existencia, sospecho que el amor entre los nuestros podrá ser, como nosotros mismos, eterno e inmortal. Estoy seguro de que volveré a enamorarme y, esta vez, podré hacerlo sin temor a la pérdida.

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Relato admitido a concurso.

¿En qué puedo ayudarte?

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Lis dijo:

Relato admitido a concurso.

Qué rápido... ¿Eres el juez que está de guardia? no

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no

¿En qué puedo ayudarte?

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Angelito
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La ambientación es lo mejor. Una escritura bien medida para presentar la deriva de esta suerte de “pueblo” con una resolución que se sospecha venir. Por cierto, me hizo acordar a un capítulo de Futurama. La idea queda plasmada, tanto como algunas de las abominaciones que se describen (la cabeza de niña en cuerpo de mujer me acalambran el cerebro). La historia de por sí, combina elementos (ojo, posible spoiler) que aportan diferencia porque se introduce en el contexto de la eutanasia y la homosexualidad, si es que no entendí mal.

3,5 estrellas

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Angelito dijo:

La ambientación es lo mejor. Una escritura bien medida para presentar la deriva de esta suerte de “pueblo” con una resolución que se sospecha venir. Por cierto, me hizo acordar a un capítulo de Futurama. La idea queda plasmada, tanto como algunas de las abominaciones que se describen (la cabeza de niña en cuerpo de mujer me acalambran el cerebro). La historia de por sí, combina elementos (ojo, posible spoiler) que aportan diferencia porque se introduce en el contexto de la eutanasia y la homosexualidad, si es que no entendí mal.

3,5 estrellas

 

¡Bien, primera respuesta! ¡Muchas gracias por los comentarios, Angelito!

¿De qué capítulo de Futurama hablas? Soy fan incondicional. ¿Te refieres a ese en que aparecen los mutantes de alcantarilla? Quizás fue una inspiración involuntaria, porque siempre me han llamado la atención las civilizaciones ocultas en el subsuelo… Y no soy el único: diría que ese capítulo se basa en los Morlocks de los cómics de X-Men, que a su vez toman el nombre de la civilización que aparece en La máquina del tiempo de H. G. Wells.

Aunque la homosexualidad en principio fue incluida por conveniencia (no me pegaba que ninguno de los personajes fuera mujer, por diversos motivos; ¡ninguno de ellos sexista, os lo aseguro!), luego me gustó bastante porque las historias de amor entre monstruos siempre son heterosexuales (seguro que hay alguna excepción, pero no me viene a la mente…). En cuanto a la eutanasia, quería haber jugado más con el tema porque podría haber servido para plantear dilemas morales interesantes en el contexto (derecho morir, derecho a resucitar…), pero no quedó desarrollado por motivos de espacio (tres mil palabras dan para poco) y al final es solo una pieza más del hilo argumental. Me alegra que ambas ideas hayan llamado tu atención, es agradable que prestaras atención a esos detalles.

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Angelito
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¿Te refieres a ese en que aparecen los mutantes de alcantarilla?

Sí, capitulazo. 

Y no soy el único: diría que ese capítulo se basa en los Morlocks de los cómics de X-Men

¡Los Morlocks! No me acordaba, es verdad. Los vi en los dibujos de X-Men de los 90. 

que a su vez toman el nombre de la civilización que aparece en La máquina del tiempode H. G. Wells.

De esto no me acordaba..., de hecho, nunca me había dado cuenta de esta relación. 

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Bestia insana
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Ante todo (hola Curro), he leído por ahí que

¡NO TE HAS LEÍDO LA NOVELA!

¡¡NO TE HAS LEÍDO LA NOVELA!!

¡¡¡NO TE HAS LEÍDO LA NOVELA!!!

Esto, de entrada, te va a quitar medio punto. Porque me da la gana.

Luego, el título: pensé que había una errata; ¿sería “puerco”?, ¿”tuerto”?, era raro pero… Fui a mirar, no fuera a ser, y… me has hecho quedar como un idiota (me las pagarás).

Luego, por lo visto -leído- te gustan las frases recargadas y llenas de adjetivos; pues no he visto en tu texto nada de eso -y tal vez, tal vez, le habría venido bien-; no, más bien al contrario, pulido y eso, sin excesos.

También has dicho que no te habías leído el resto de relatos, y yo te creo; supongo que es inevitable que algunas cosas se repitan, el caso es que he vuelto a encontrar aquí las manos dispares de LCS, los ojos bicolores de Cartesius e incluso, incluso los niños enfermos de Bestia insana (déjame que incurra en la deliciosa alienación de hablar de mí como si fuera otro).

En fin, conforme llegaba al final, mi lectura, pausada y elegante, se ha acelerado; he tirado los brazos en guardia, las gafas con filtro, y por ahí me has entrado y dado un palo en la coronilla. Vamos, que no lo vi venir, tonto de mí. Luego, cuando volví atrás localicé las pistas que habías dejado. Como este mojón: Echo a correr con paso incierto y bamboleante. Desigual.

***' estrellas (3,5)

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Curro
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¡¡Bieeen!! ¡¡Otro comentario que exige respuesta!! ¡¡Viva el Polidori!!

Vamos a ello…

Reholas, Bestia.

Bestia insana dijo:

¡NO TE HAS LEÍDO LA NOVELA!

Bis, bis

No, ese tipo de literatura me gusta mucho en relato pero me satura en novela.

Bestia insana dijo:

Luego, el título: pensé que había una errata; ¿sería “puerco”?, ¿”tuerto”?, era raro pero… Fui a mirar, no fuera a ser, y… me has hecho quedar como un idiota (me las pagarás).

Aun a riesgo de perder puntos en futuras valoraciones, voy a hacer una confesión:

La palabra huerco la descubrí hace poco mientras buscaba sinónimos de abismo y, desde entonces, estaba deseando poder usarla (como un niño chico). No le encontré hueco en el relato pero, como no se me ocurría título, la calcé ahí.

Bestia insana dijo:

Luego, por lo visto -leído- te gustan las frases recargadas y llenas de adjetivos; pues no he visto en tu texto nada de eso -y tal vez, tal vez, le habría venido bien-; no, más bien al contrario, pulido y eso, sin excesos.

Un par de personas de las que leen mis cosas (las únicas que las leen, por lo general) me señalaron que se me iban de la mano las descripciones y que mis textos quedaban muy recargados, así que me propuse dejarlos más limpios. ¿Habré llevado demasiado lejos mi cruzada contra el exceso de adjetivos? ¿Será que he perdido mi mojo?

Nnnnaaa… Lo que pasa es que tres mil palabras dan para poco. Quizás mi historia ha sido demasiado ambiciosa en cuanto a contenido y no me ha permitido explayarme lo que me habría gustado. Sí, es eso. Claro que sí. Muy buena excusa, me aferraré a ella…

Bestia insana dijo:

También has dicho que no te habías leído el resto de relatos, y yo te creo; supongo que es inevitable que algunas cosas se repitan, el caso es que he vuelto a encontrar aquí las manos dispares de LCS, los ojos bicolores de Cartesius e incluso, incluso los niños enfermos de Bestia insana (déjame que incurra en la deliciosa alienación de hablar de mí como si fuera otro).

¡Juro que lo escribí antes de leer los vuestros! ¿Tú sabes la cantidad de tiempo que dedico a las correcciones? ¡No me habría dado tiempo!

De hecho, me agobié bastante porque quería haberlo publicado antes para acusar a los demás de plagio. Veo que no me ha funcionado…

Cuando pusiste en el offtopic que tu relato se titulaba Malditos, el corazón me dio un vuelco. Estaba seguro de que era la misma idea. Luego leí que era la prole del propio monstruo y me quedé más tranquilo (tu idea es mucho más original y aberrante; me quito el sombrero).

Los niños dan miedo en todas sus variantes. Siempre debe haber alguno en cualquier relato de terror que se precie...

Realmente creo que es un tema que da menos cancha que, por ejemplo, el hombre-lobo. Había pensado en basar el relato en la idea del segundo título de la novela de Shelley ―El moderno Prometeo―, pero la idea de cadáveres andantes me atraía demasiado…

 

Mil gracias por los comentarios, se nota que has sido minucioso con la lectura del relato (y de mis intervenciones en otros hilos :D). Sí señor, me gustan las revisiones tan inquisitivas, le dan salsa a esto.

Me tomo sobre todo en serio el tema de las descripciones; me lo haré mirar...

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LCS
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Muy buenas, compañero. 

En primer lugar, enhorabuena  por el relato y muchas gracias por compartirlo. Me ha gustado, la verdad. Me parece un relato genial, aunque reconozco que me ha dejado con ganas de más. Sí, supongo que tres mil palabras son muy pocas y que condicionan mucho. Sin embargo, veo algunos excesos. Sobre todo al principio, veo adjetivos innecesarios como ratas de alcantarillas y, en ocasiones, te dejas llevar por las descripciones recargadas cuando tienes la facultad de describir muy bien con apenas unas pocas palabras. Coincido con Bestia insana en la genialidad de esta frase: 

Echo a correr con paso incierto y bamboleante. Desigual.

Ahí está el núcleo del relato. Ahí es donde cobra sentido la historia. Ahí está la razón por la que yo no te voy a quitar medio punto por no haberte leído la novela. (¿En serio no te la has leído?).

Y, sin embargo, como he dicho antes, me he quedado con ganas de más. El final me parece demasiado reflexivo. Echo de menos una pequeña acción, un gesto que muestre eso que afirma el narrador de que el amor entre los nuestros podrá ser, como nosotros mismos, eterno e inmortal. Quizá lo mostraría enamorándose de nuevo, en lugar de limitándose a pensarlo.

De momento, seguiré sin puntuar. . 

 

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Curro
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Puntos: 570

LCS dijo:

Muy buenas, compañero. 

En primer lugar, enhorabuena  por el relato y muchas gracias por compartirlo. Me ha gustado, la verdad. Me parece un relato genial, aunque reconozco que me ha dejado con ganas de más. Sí, supongo que tres mil palabras son muy pocas y que condicionan mucho. Sin embargo, veo algunos excesos. Sobre todo al principio, veo adjetivos innecesarios como ratas de alcantarillas y, en ocasiones, te dejas llevar por las descripciones recargadas cuando tienes la facultad de describir muy bien con apenas unas pocas palabras. Coincido con Bestia insana en la genialidad de esta frase: 

Echo a correr con paso incierto y bamboleante. Desigual.

Ahí está el núcleo del relato. Ahí es donde cobra sentido la historia. Ahí está la razón por la que yo no te voy a quitar medio punto por no haberte leído la novela. (¿En serio no te la has leído?).

Y, sin embargo, como he dicho antes, me he quedado con ganas de más. El final me parece demasiado reflexivo. Echo de menos una pequeña acción, un gesto que muestre eso que afirma el narrador de que el amor entre los nuestros podrá ser, como nosotros mismos, eterno e inmortal. Quizá lo mostraría enamorándose de nuevo, en lugar de limitándose a pensarlo.

De momento, seguiré sin puntuar. . 

 

Muchas gracias por tus reflexiones, LCS.

En (demasiadas) ocasiones necesito describir alguna situación o plasmar mis ideas sin necesidad de tener además que contar una historia. A veces el hecho de tener que pensar un argumento es un engorro. ¡Y eso que creo que en el relato que nos ocupa la historia del protagonista sí tiene cierta relevancia! Al principio no era más que la excusa para introducir al lector en el mundo subterráneo, fui añadiendo más detalles y sentido a posteriori.

Todo este rollo va encaminado a explicar por qué el final queda tan frío. La verdad es que yo mismo me quedé en blanco y no supe por dónde salir. Añadí esa última reflexión y me quedé tan oreado.

Hala, ya dejo de tirar piedras sobre mi propio tejado, que parece que tenga complejo de mártir y encima todavía no me has puntuado. A ver si te lo puedo vender un poco... Te recomiendo que te fijes en matices como el texto tan limpio que pasé días revisando y en el título cultureta :D

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LCS
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Curro dijo:

 

En (demasiadas) ocasiones necesito describir alguna situación o plasmar mis ideas sin necesidad de tener además que contar una historia. A veces el hecho de tener que pensar un argumento es un engorro. ¡Y eso que creo que en el relato que nos ocupa la historia del protagonista sí tiene cierta relevancia! Al principio no era más que la excusa para introducir al lector en el mundo subterráneo, fui añadiendo más detalles y sentido a posteriori.

Todo este rollo va encaminado a explicar por qué el final queda tan frío. La verdad es que yo mismo me quedé en blanco y no supe por dónde salir. Añadí esa última reflexión y me quedé tan oreado.

Hala, ya dejo de tirar piedras sobre mi propio tejado, que parece que tenga complejo de mártir y encima todavía no me has puntuado. A ver si te lo puedo vender un poco... Te recomiendo que te fijes en matices como el texto tan limpio que pasé días revisando y en el título cultureta :D

Por supuesto que la historia tiene relevancia. Y, como el título es cultureta, creo que ha llegado el momento de hablar del monomito o también conocido como camino del héroe. 

(Enlace a wikipedia, palabra de Bits, te adoramos, señor). 

Según Campbell, el héroe clásico de todas las historias va superando una serie de etapas en su camino hasta llegar al final. Una de esas etapas es el conocido Traspaso del primer umbral. 

Tú (Curro, no otro) has llevado a tu héroe (protagonista, personaje, esa persona de la que hablas) al huerco, donde ha traspasado el umbral  y ha comprendido quién es o en qué se ha convertido. Y ahí lo has dejado. Tengo la sensación de que se trata de un héroe (personaje/protagonista) tan interesante que merece continuar con su recorrido y mostrarnos si es capaz de amar (o ser amado) de nuevo. 

Es a todo eso a lo que me refiero. Soy consciente de que solo son tres mil palabras y que en un relato de estas dimensiones no se puede trazar todo el recorrido (Tolkien necesitó unas pocas palabras más), pero el caso es chinchar e intentar explicar por qué tengo la sensación de que la historia debería continuar un pelín más. 

Pero, aún así el relato me ha gustado y vas a ser puntuado como mereces. 

Pd.- Aunque H.G. Wells lleva a su personaje al mundo de los Morlocks, el viaje no termina con su llegada, sino que, después de unas aventuras, lo trae de vuelta. 

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luciasinmas
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Me toca...

El título me llamó muchísimo la atención. Me resulta atractivo por lo diferente y, después de leer el por qué lo escogiste, hasta le encuentro un punto de romanticismo. Aunque no sea lo más meritorio del relato, el título es un poco como el perfume, deja huella. Y contribuye a crear esa atmósfera inicial. Así que esperaba...

No sé qué esperaba, en realidad. Busqué el significado y comencé la lectura, que se me hizo un poco pesada en la primera parte. No conseguía hilar nada y acabé más perdida que el prota. Confieso que no vi la luz hasta el final y, sin embargo, a pesar de ello, el relato me enganchó desde la caída.

Las descripciones me resultaron tan limpias y pulidas que, aun perdida, el viaje se hizo agradable. La homosexualidad del protagonista es un detalle encantador. No sabría decirte por qué, pero también opino que así debía ser. Supongo que porque en cierto punto llegó a cobrar vida propia.

Le doy 3'5 estrellas.

Levántate y anda.

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NiÑo12AÑoS
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Llevo un rato pensando cómo abordar este texto y escribir una crítica sin que pienses que soy un gilipollas...

Bueno, para empezar, en lo formal:

Es un texto cuidado y pulido, se nota. Creo que solo te he encontrado una falta, y es un punto que sobra en uno de los diálogos. 

―No les hagas caso. ―La aberración quimérica arruga la nariz en un mohín infantil―, son unos mocosos. El primer punto después de "caso".

Tengo un gravísimo problema con tu estilo de escribir. No me gusta. No me gusta la prosa púrpura; para mí la prosa debe ser transparente, no llamar la atención sobre sí misma. Tu estilo es radicalmente opuesto al mío y a lo que a mí me gusta y, muy a menudo, me sorprendo a mí mismo leyendo en diagonal este tipo de escritos. Me parece además que no lo mantienes de manera uniforme a lo largo de toda la historia; al principio es muy sobrecargado y cuando empiezan los diálogos se diluye. Creo que es algo que debería de mantenerse a lo largo de todo el texto: si empiezas siendo Faulkner, no puedes pasar a ser Hemingway a la mitad y volver a ser Faulkner hacia el final.

De todos modos, soy muy consciente de que esto es una cuestión de gustos personales, y precisamente por eso no voy a valorar tu relato: no quiero ser injusto. De verdad te pido perdón si lo estoy siendo, porque no es mi intención: soy también consciente de que, si llego a publicar aquí algo, a ti tampoco te gustará mi estilo.

En cuanto a la trama:

Es dificil saber qué es lo que le falla. Te diría que el final, aunque telegrafiado, me pilla de sopetón. No me parece que exista conflicto, lo acepta en tres lineas.

LCS se ha referido el monomito de Campbell... Yo creo que el monomito es una forma interesante de analizar una obra, pero no le veo mucha utilidad en lo literario (además de lo increíblemente denso que es leer el heroe de las mil caras). Sirve para entender cómo se ha estructurado X obra, pero rara vez te va a ayudar a saber en qué falla. 

Sin embargo, creo que el cociente MICE de Orson Scott Card es más útil (o incluso la fórmula de Hollywood). 

A lo que voy: tu relato... ¿de qué va? Si un relato empieza con un detective examinando un cadaver, la promesa tácita que se hace al lector es que al final del relato se descubrirá quién lo mató. Si esa misma historia acabase con el detective yéndose de vacaciones con la viuda del cadaver, probablemente romperías las espectativas del lector... pero para mal. En el caso de tu relato no tengo clara cual es la promesa inicial, pero me da la sensación de que no casa con el final. Hay un protagonista y un personaje de relación, también hay un tema, pero al final la reconciliación del protagonista no se da con ese tema ni con otro personaje, sino con un obstáculo que se presenta casi al final, para solucionarse también en dos párrafos. Me da la sensación de que la limitación de palabras te ha condenado y el final queda cojo, bamboleante.

Bueno, lo dicho, espero no haber sonado como un cretino y que mi análisis te sirva de algo.

Un saludo.

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No se trata de parecer un cretino. De hecho, a mí este tipo de análisis me parecen muy interesantes. Creo que el objetivo de este concurso es descubrir cosas nuevas de nuestros textos. Si quisiéramos una palmadita en la espalda, se lo pasaríamos sin más a un amigo. 

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¡Que se me acumula la tarea!

luciasinmas dijo:
Me toca... El título me llamó muchísimo la atención. Me resulta atractivo por lo diferente y, después de leer el por qué lo escogiste, hasta le encuentro un punto de romanticismo. Aunque no sea lo más meritorio del relato, el título es un poco como el perfume, deja huella. Y contribuye a crear esa atmósfera inicial. Así que esperaba... No sé qué esperaba, en realidad. Busqué el significado y comencé la lectura, que se me hizo un poco pesada en la primera parte. No conseguía hilar nada y acabé más perdida que el prota. Confieso que no vi la luz hasta el final y, sin embargo, a pesar de ello, el relato me enganchó desde la caída. Las descripciones me resultaron tan limpias y pulidas que, aun perdida, el viaje se hizo agradable. La homosexualidad del protagonista es un detalle encantador. No sabría decirte por qué, pero también opino que así debía ser. Supongo que porque en cierto punto llegó a cobrar vida propia. Le doy 3'5 estrellas.

¡¡Buenas, Lucíasinmás!!

Supongo que el principio puede resultar confuso debido al flashback que explica el porqué de la persecución. Utilizo el tiempo presente en muchos de mis relatos para que se diferencien mejor los hechos pasados. Quise creer que entre la breve introducción y los hechos posteriores -donde se explica por qué el protagonista reconoció el rostro en el callejón y decidió perseguirlo- aclararían todo, pero igual no es así...

Gracias por señalar también las bondades del relato, me satisface que os gusten detalles que yo mismo no consideré demasiado reveladores.

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¡Buenas, NiÑo12AÑoS! Esperaba con ganas tus comentarios, en plan desafiante, porque pensaba que no me ibas a pillar nada en cuanto a ortografía y gramática y maldita sea, se me ha colado un punto. frown

NiÑo12AÑoS dijo:

Llevo un rato pensando cómo abordar este texto y escribir una crítica sin que pienses que soy un gilipollas...

Mal por ti; para eso es el Polidori.

NiÑo12AÑoS dijo:

Tengo un gravísimo problema con tu estilo de escribir. No me gusta. No me gusta la prosa púrpura; para mí la prosa debe ser transparente, no llamar la atención sobre sí misma. Tu estilo es radicalmente opuesto al mío y a lo que a mí me gusta y, muy a menudo, me sorprendo a mí mismo leyendo en diagonal este tipo de escritos. Me parece además que no lo mantienes de manera uniforme a lo largo de toda la historia; al principio es muy sobrecargado y cuando empiezan los diálogos se diluye. Creo que es algo que debería de mantenerse a lo largo de todo el texto: si empiezas siendo Faulkner, no puedes pasar a ser Hemingway a la mitad y volver a ser Faulkner hacia el final.

Bueno, no tengo ni idea de quiénes son esos dos señores que mencionas, pero te asegur que el relato empecé a escribirlo yo y lo terminé también yo ;)

El comentario me hace reflexionar y encuentro verdad en lo que dices -sobre el desequilibrio en la densidad del texto- pero solo en el primer párrafo. Ahora veo que ese párrafo en efecto está bastante sobrecargado sin ninguna necesidad.

Pero no sé, lo demás lo encuentro más o menos homogéneo. No me gusta recargar meter interrupciones demasiado largas en los diálogos, personalmente cuando leo esto me confunde bastante. Puede ser otra cosa que te haya chocado.

Sea como sea, me ayuda mucho tu comentario, es algo que no había pensado nunca y lo considero de gran importancia.

NiÑo12AÑoS dijo:

En cuanto a la trama:

Es dificil saber qué es lo que le falla. Te diría que el final, aunque telegrafiado, me pilla de sopetón. No me parece que exista conflicto, lo acepta en tres lineas.

(...)

A lo que voy: tu relato... ¿de qué va? Si un relato empieza con un detective examinando un cadaver, la promesa tácita que se hace al lector es que al final del relato se descubrirá quién lo mató. Si esa misma historia acabase con el detective yéndose de vacaciones con la viuda del cadaver, probablemente romperías las espectativas del lector... pero para mal. En el caso de tu relato no tengo clara cual es la promesa inicial, pero me da la sensación de que no casa con el final. Hay un protagonista y un personaje de relación, también hay un tema, pero al final la reconciliación del protagonista no se da con ese tema ni con otro personaje, sino con un obstáculo que se presenta casi al final, para solucionarse también en dos párrafos.

No entiendo los relatos cortos como algo que deba analizarse del mismo modo que una novela. Creo que un relato bien puede pintar simplemente una situación o una idea. (Me repito, esto ya lo he dicho antes...). Lo aprendí de Ray Bradbury cuando mi mujer me recomendó Las doradas manzanas del sol. Leía un relato tras otro y al principio me sentía estafado porque no pasaba nada en ninguno de ellos, pero cuando terminé el libro descubrí que me había encantado y que quizás no tenía por qué pasar nada.

Vale, es un argumento algo incompleto porque en el fondo yo sí pretendo que pase algo y, quizás, dar tanta profundidad al personaje y su historia es lo que me ha perjudicado; queda la sensación de que no sucede nada. Sí, está bien... Iba a rebatir este comentario pero mientras escribo me doy cuenta de que... te lo acepto, va. (No debería escribir en el foro tan tarde...; tras doce horas metido en la oficina, ya compro cualquier cosa :D).

NiÑo12AÑoS dijo:

Me da la sensación de que la limitación de palabras te ha condenado y el final queda cojo, bamboleante.

Y dado que la temática es el monstruo de Frankestein, ¿eso no me da más puntos?

(Chistaco final y fin del mensaje).

PD: Sigo buscando la parte del comentario en que eres cretino.

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LCS dijo:

Por supuesto que la historia tiene relevancia. Y, como el título es cultureta, creo que ha llegado el momento de hablar del monomito o también conocido como camino del héroe. 

(Enlace a wikipedia, palabra de Bits, te adoramos, señor). 

Según Campbell, el héroe clásico de todas las historias va superando una serie de etapas en su camino hasta llegar al final. Una de esas etapas es el conocido Traspaso del primer umbral. 

Tú (Curro, no otro) has llevado a tu héroe (protagonista, personaje, esa persona de la que hablas) al huerco, donde ha traspasado el umbral  y ha comprendido quién es o en qué se ha convertido. Y ahí lo has dejado. Tengo la sensación de que se trata de un héroe (personaje/protagonista) tan interesante que merece continuar con su recorrido y mostrarnos si es capaz de amar (o ser amado) de nuevo. 

Es a todo eso a lo que me refiero. Soy consciente de que solo son tres mil palabras y que en un relato de estas dimensiones no se puede trazar todo el recorrido (Tolkien necesitó unas pocas palabras más), pero el caso es chinchar e intentar explicar por qué tengo la sensación de que la historia debería continuar un pelín más. 

Pero, aún así el relato me ha gustado y vas a ser puntuado como mereces. 

Pd.- Aunque H.G. Wells lleva a su personaje al mundo de los Morlocks, el viaje no termina con su llegada, sino que, después de unas aventuras, lo trae de vuelta. 

Hum... No conocía lo del monomito, es ciertamente interesante. No me gustan los modelos ni los estereotipos salvo para tener la oportunidad de romperlos y saltármelos... Pero es curioso.

No hay que hacer mucho caso a la reflexión final del personaje. Es un trastornado claro. Como señala NiñoDe12AÑos (alguna minúscula habré cambiado por mayúscula fijo), primero sale corriendo de aquí para allá como pollo sin cabeza (¡dios mío, dios mío, hay un oKupa dentro del cuerpo de mi amado!) y segundos más tarde ha aceptado su situación y está dispuesto a empezar con buen pie (singular, el otro pie no es bueno) su vida como monstruo.

A lo que voy es que si continuara su circuito nadie puede siquiera sospechar qué carajo podría suceder.

...

Mentira, yo lo sé. Yo lo sé todo. En mi mente la sociedad subterránea prospera, se hace fuerte, se hace legión. El huerco vomita a sus hijos sobre la faz de la tierra y estos empiezan a aplastar a la débil humanidad con su furia inmortal.

Hum... ¿Es tarde para presentar otro relato? ¿Si se presenta otro relato como continuación del primero pero con entidad propia es trampa?

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Me alegra que mi crítica no te haya molestado. No quería que te la tomaras a mal porque, en realidad, siempre digo que en estas cosas se puede ser "profesional" o simpático, pero ambas cosas es imposible. Y como yo prefiero rodearme de gente que sea capaz de decirme "mira tío, esto apesta", es lo que valoro. Pero también sé que a veces son cosas dificiles de digerir.

Y más cuando, además, me estaba dando la sensación de estar siendo injusto porque no creo que tu relato tenga nada mal. Es que, sencillamente, yo no soy tu tipo de lector.

En cuanto a lo que dices de la trama, creo que tienes toda la razón. No siempre se tiene que contar una historia... Pero claro, entonces nos estaríamos regodeando en la belleza de la prosa en sí, y como yo no valoro eso...

Voy a tener el descaro de proponerte algo en tu relato... Muchas veces los lectores alfa son capaces de ver que algo no funciona, pero rara vez aciertan en lo que es; y al final el autor es el experto número uno en su historia, pero allá va: y si incluyeras pequeños retazos de su soledad al principio? No sólo lo solo que está porque ha perdido a su amado, sino que le resulte imposible sentirse en sociedad, que no encuentre su sitio en el mundo, que no sepa ser humano. Creo que con algo así introducirías un conflicto que sí se resuelve al final, añadiendo poco más, y que además le da un toque irónico que me parece muy chulo —no es humano en sociedad, pero sí es parte de una sociedad siendo un hijo del huerco. Inicias el relato con ese conflicto del personaje, por eso la búsqueda desesperada de su ser amado; no solo por amor, sino por querer dar significado a su vida, y la historia tiene un cierre más redondo.

 

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jane eyre
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Relato escrito con buen estilo narrativo, se ve que su autor disfruta con esas descripciones que tratan de envolver al lector, sin embargo creo que se demora demasiado en el adorno de la atmósfera (y no soy nada sospechosa de ir en contra de una buena atmósfera). No es que sobre, es que le quita espacio al interior de la historia. Intento explicarme. El autor es capaz de enseñarme el mundo a medio construir y el físico de las criaturas, pero no me ha llevado al interior de esos monstruos, ni a cómo funciona esa sociedad, que creo que hubiera sido lo interesante. Soy consciente de la limitación de palabras, pero creo que el asunto sí se hubiera podido compensar algo más. De hecho, creo que hay temas con enjundia que se quedan en mera anécdota al no tener peso real en la historia y pueden parecer más como postureo que como asuntos de moralidad a tratar en la trama.

En cuanto al monstruo de Shelley... pues no lo veo, la verdad. Si la convocatoria pidiera de premisa Frankenstein, igual hubiera podido puntuar con alguna estrella más, pero se pide concretamente “Frankenstein, entendiendo por tal tanto la figura del doctor como la de su criatura y los distintos temas de fondo que trata Mary Shelley en Frankenstein o el moderno Prometeo. “ y con esta petición tan concreta necesito ver algo que me lleve a la autora, a su obra, y no lo he visto.

Por otro lado, el relato no me resuelve una duda gorda ¿si el médico es uno de ellos, quién le operó a él? ¿Cómo empezó todo?

 

2´5 estrellas

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torpeyvago
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Reduce, reutiliza, recicla... y revive

En dos palabras, im presionante.

Cómo se nota el Curro «hipercorrector». No se ha dejado ni una miguilla de la que hablar. Si acaso, el empleo de la palabra «cerúleo» por «céreo», aunque pudiese ser que esa señorita - señora estuviese cianótica.

Lo mejor: todo. Las descripciones, especialmente las iniciales, que te sumergen en un ambiente tan espeso como el propio lenguaje, o viceversa; los diálogos extraídos de novelas decimonónicas; el ritmo, que me parece que aumenta conforme avanza el cuento; el final que se deja entrever desde que le falla la pierna en la cama y muestras los monstruitos —aunque reconozco que yo pensé inicialmente que tan solo le habían recosido tal extremidad—. El uso de los sentidos, con el tacto, el oído... quizá menos el olfato, aunque algún detallejo hay también.

Lo peor: hay algo, a ver si me explico... lo peor no es necesariamente «lo malo», es «algo no tan bueno como el resto». En primer lugar,  un par de ¿incongruencias? El prota puede ver detalles casi sin luz —como ojos de distintos colores— y huellas por donde yo he «suponío» que entran y salen tales enjendros del huerco —ya me he apropiado de la palabreja—. El otro es el tema. De nuevo, el «para qué» de la resurrección. Claro que, cómo nos vamos a quejar, si la mayoría hemos abordado la convocatoria por ahí, por la reconstrucción y resurrección aunque, con un toque de originalidad, creo que habrías roto las quinielas [tras escribir el comentario, leo el de Jane Eyre y me parece que la interpretación de las bases no es la misma: ese «y» a mí me parece «inclyente» y no excluyente precisamente porque la frase comienza con una enumeración; quiero decir que cualquiera de los temas tocados en la novela sería válido... creo, insisto]

Al fin, un relato estupendo que me ha tenido entretenido a la hora del café. Supongo que las caras que he ido poniendo conforme lo leía habrá asustado a algunos de mis compañeros. Creo que, por eso, el autor se merece mi agradecimiento y 4 piernas en buen estado para comenzar su propia tribu de retales humanos.

___________________________________________________________

En un lugar de La Mancha de cuyo nombre me acuerdo perfectamente...

https://historiasmalditas.wordpress.com/

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NiÑo12AÑoS dijo:

Voy a tener el descaro de proponerte algo en tu relato... Muchas veces los lectores alfa son capaces de ver que algo no funciona, pero rara vez aciertan en lo que es; y al final el autor es el experto número uno en su historia, pero allá va: y si incluyeras pequeños retazos de su soledad al principio? No sólo lo solo que está porque ha perdido a su amado, sino que le resulte imposible sentirse en sociedad, que no encuentre su sitio en el mundo, que no sepa ser humano. Creo que con algo así introducirías un conflicto que sí se resuelve al final, añadiendo poco más, y que además le da un toque irónico que me parece muy chulo —no es humano en sociedad, pero sí es parte de una sociedad siendo un hijo del huerco. Inicias el relato con ese conflicto del personaje, por eso la búsqueda desesperada de su ser amado; no solo por amor, sino por querer dar significado a su vida, y la historia tiene un cierre más redondo.

Tras analizar el relato con vuestros comentarios en mente ―un ejercicio que debería haberse pospuesto hasta el final del certamen, pero es que le estáis dando caña (algo que me place) y necesito preparar mi defensa laugh―, creo que ya he dejado en él ciertas pistas sobre las motivaciones del personaje y una explicación para su rápida aceptación de su nueva sitaución: ya estaba consumido por la pérdida y probablemente habría dejado que la bebida lo matara; superado rápidamente el trauma que le genera ese nuevo mundo que aparece ante sus ojos, se aferra al clavo ardiendo que su nueva vida inmortal le ofrece. Además, creo que se puede apercibir que es un hombre analítico ―lo que no excluye que pueda haber amado o volver a amar― y de mente ágil.

No obstante, sí parece buena idea de reforzar esas motivaciones y explicar mejor cómo y por qué termina aceptando los hechos y tu propuesta de guion es interesante. Quizás tengamos algo de eso si se publica la versión extendida :D

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jane eyre dijo:

Relato escrito con buen estilo narrativo, se ve que su autor disfruta con esas descripciones que tratan de envolver al lector, sin embargo creo que se demora demasiado en el adorno de la atmósfera (y no soy nada sospechosa de ir en contra de una buena atmósfera). No es que sobre, es que le quita espacio al interior de la historia. Intento explicarme. El autor es capaz de enseñarme el mundo a medio construir y el físico de las criaturas, pero no me ha llevado al interior de esos monstruos, ni a cómo funciona esa sociedad, que creo que hubiera sido lo interesante. Soy consciente de la limitación de palabras, pero creo que el asunto sí se hubiera podido compensar algo más. De hecho, creo que hay temas con enjundia que se quedan en mera anécdota al no tener peso real en la historia y pueden parecer más como postureo que como asuntos de moralidad a tratar en la trama.

En efecto, la limitación de palabras es un gran reto y mi idea apenas se puede desarrollar dentro, pero es lo que quería contar. Me he centrado sobre todo en la atmósfera, la idea de una civilización oculta ―por ahora― de criaturas resucitadas y ciertas peripecias de un recién llegado que dan cierta idea de cómo termina uno (re)viviendo en el huerco. Dado que la mente del protagonista y sus contertulios parecen a rasgos generales humanas, se puede asumir que la del resto de habitantes lo serán también, por deformes que sean los cascarones que habitan. En cuanto a cómo funciona la sociedad…, es una cuestión interesante, pues apenas se puede deducir nada con la información del relato; creo que sí podría ser un tema importante a desarrollar si el techo fijado fuera algo mayor (de… ¿1000 palabras más? :D).

Lo del postureo directamente no lo entiendo.

jane eyre dijo:

En cuanto al monstruo de Shelley... pues no lo veo, la verdad. Si la convocatoria pidiera de premisa Frankenstein, igual hubiera podido puntuar con alguna estrella más, pero se pide concretamente “Frankenstein, entendiendo por tal tanto la figura del doctor como la de su criatura y los distintos temas de fondo que trata Mary Shelley en Frankenstein o el moderno Prometeo. “ y con esta petición tan concreta necesito ver algo que me lleve a la autora, a su obra, y no lo he visto.

Aunque por supuesto todas las opiniones son válidas, en esto no estoy de acuerdo. No he leído la novela ―yo y mi bocaza―, pero diría que mi planteamiento científico (o más bien, científico-ficticio) no se salta las normas planteadas por Shelley y las criaturas que habitan el huerco bien podrían haber sido creadas siguiendo el ejemplo de Víctor Frankestein. Me planteé mencionar al buen doctor como una especie de mesías o fundador del huerco pero, dado que la convocatoria tiene a Frankestein como trama, lo consideré innecesario e incluso redundante. Son seres cuyo cuerpo físico se compone de pedazos de cadáver u cuya mente pertenece a un humano que murió y ha sido resucitado.

jane eyre dijo:

Por otro lado, el relato no me resuelve una duda gorda ¿si el médico es uno de ellos, quién le operó a él? ¿Cómo empezó todo?

En el relato aparecen dos doctores: Huxley y Attenborough. Uno pudo operar al otro y luego el otro al uno.

O pudo haber otros anteriores. Como digo, no está claro cuánto llevan activos esos seres.

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jane eyre
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torpeyvago dijo:

 [tras escribir el comentario, leo el de Jane Eyre y me parece que la interpretación de las bases no es la misma: ese «y» a mí me parece «inclyente» y no excluyente precisamente porque la frase comienza con una enumeración; quiero decir que cualquiera de los temas tocados en la novela sería válido... creo, insisto]

Querido, ese es el peligro de que las premisas no sean claras y concisas, que entran en juego las interpretaciones de todos y todas son exactamente igual de válidas. Lo que en mi pueblo se viene llamando: pa volverse locos, amos smiley

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torpeyvago dijo:

Cómo se nota el Curro «hipercorrector». No se ha dejado ni una miguilla de la que hablar. Si acaso, el empleo de la palabra «cerúleo» por «céreo», aunque pudiese ser que esa señorita - señora estuviese cianótica.

Claro, tío, cerúlea perdida.

No, ahora en serio, como soy muy bocazas admito que he usado (una vez más) mal esa palabra. Y volveré a hacerlo, ¡volveré a hacerlo!

torpeyvago dijo:

Lo peor: hay algo, a ver si me explico... lo peor no es necesariamente «lo malo», es «algo no tan bueno como el resto». En primer lugar,  un par de ¿incongruencias? El prota puede ver detalles casi sin luz —como ojos de distintos colores— y huellas por donde yo he «suponío» que entran y salen tales enjendros del huerco —ya me he apropiado de la palabreja—.

En fases iniciales, el bueno de Attenborough llegaba con una lámpara en la mano. El prota queda cegado y, solo momentos después, puede verle la cara y entonces es cuando se sorprende y...

Pero ese diálogo era laaaaargo y los censores de espacio lo recortaron con atrezzo y todo, así que desapareció la lámpara y lo que hice fue meter la siguiente frase:

Fijo la mirada en ella y espero a que mis ojos se acostumbren a la luz.

Así salgo del aprieto con cierta solvencia, ¿no?

torpeyvago dijo:

El otro es el tema. De nuevo, el «para qué» de la resurrección. Claro que, cómo nos vamos a quejar, si la mayoría hemos abordado la convocatoria por ahí, por la reconstrucción y resurrección aunque, con un toque de originalidad, creo que habrías roto las quinielas [tras escribir el comentario, leo el de Jane Eyre y me parece que la interpretación de las bases no es la misma: ese «y» a mí me parece «inclyente» y no excluyente precisamente porque la frase comienza con una enumeración; quiero decir que cualquiera de los temas tocados en la novela sería válido... creo, insisto]

Sobre el tema de la temática ya he hablado en la respuesta a Jane Eyre.

Sobre el para qué de la resurrección... Cómo que para qué. ¿¡Cómo que para qué!? ¿Por qué recurrir a la cirugía cuando tienes apendicitis? Porque si no, te mueres. Eso no mola. Este buen hombre ha caído desde una gran altura, su cuerpo se ha destrozado pero le han "curado".

Por supuesto entran en juego temas morales y no todo el mundo estaría de acuerdo, pero en frío, sin entrar en detalle, volver a la vida es más un fin que un medio.

Que me enrollo... Recibido: no te pienso revivir cuando llegue el momento. indecision

Eso sí, si eres donante de órganos, igual me apropio alguno.

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Curro
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Jo, con esto de andar a mil cosas, se me olvida lo esencial... ¡¡Muchas gracias por los comentarios!!, son de gran ayuda. Entusiasmado me hallo. cool

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Dr. Ziyo
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Voy a ser bastante breve. A mí tu relato me ha parecido muy muy bueno, aunque es cierto que lo he leído un par de veces (lo hago con todos) y a la segunda me ha quedado todo claro y diáfano. Me gusta tu manera de escribir y tienes frases que me parecen muy logradas.

Lo único que puedo poner como pega, por llamarlo de alguna manera, es que el final parece pedir más espacio para ser desarrollado.

Para mí se merece 4,75 estrellas.

Ah, por cierto, yo comparto el punto de vista de torpeyvago y creo que sí que entra en lo que se pide en la convocatoria.

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Cartesius
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Poblador desde: 17/05/2018
Puntos: 21

Te gusta empezar párrafos con «El», ¿eh? laugh

Pues el relato me ha gustado mucho, con esas imágenes de niños siniestros que recuerdan a Crouch End, de King, o a cierta escena de In the Mouth of Madness, o a Cromosoma 3, o a... Que es un tópico, vamos; pero un buen tópico. 

Los personajes me parecen interesantes y el escenario escogido es un acierto. Además, todo está bien recreado; los «dibujos» que esbozas complementan perfectamente a la atmósfera. Y la redacción carece de trabas. 

Sobre el final: aunque el recurso del protagonista que descubre ser un monstruo, o el monstruo, se ha usado bastante (The Outsider, por ejemplo), aquí se lleva de manera sobresaliente. Sólo me quejo de que, como lector, no llegó a satisfacerme del todo, esperaba una catarsis mayor. ¿Será porque bebe demasiado de lo clásico? No estoy seguro. 

Aun así, yo a este relato lo veo adecuado para la antología, un firme candidato. Cumple donde tiene que cumplir. 

3,75

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Efepe
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Poblador desde: 28/05/2017
Puntos: 68

Se nota que el relato lleva trabajo detrás y eso, a la hora de leerlo, se agradece. La historia me ha gustado. Lo de la raza de monstruos es un recurso que habéis utilizado varios, y me encanta.

Te dejo 3,75 estrellas

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torpeyvago
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Poblador desde: 29/02/2016
Puntos: 1459

Curro dijo:

Claro, tío, cerúlea perdida.

 Y volveré a hacerlo, ¡volveré a hacerlo!

Y yo, y yo. Y con «inicuo/inocuo», un con un buen puñado de otras crying

Curro dijo:

Así salgo del aprieto con cierta solvencia, ¿no?

Por supuesto. Debe haber sido mi torpeza, inherente a mí mismo con mi mecanismo, la que me ha llevado a no entenderlo bien. Lo siento angel

Curro dijo:

Sobre el tema de la temática ya he hablado en la respuesta a Jane Eyre.

Sobre el para qué de la resurrección... Cómo que para qué. ¿¡Cómo que para qué!? ¿Por qué recurrir a la cirugía cuando tienes apendicitis? Porque si no, te mueres. Eso no mola. Este buen hombre ha caído desde una gran altura, su cuerpo se ha destrozado pero le han "curado".

Por supuesto entran en juego temas morales y no todo el mundo estaría de acuerdo, pero en frío, sin entrar en detalle, volver a la vida es más un fin que un medio.

Temo no haberme explicado bien. El tema SÍ me parece adecuado a la convocatoria. El porqué o el «paraqué» tampoco los discuto. Es más, en una diatriba que no ha perdido actualidad, y si recuerdo bien el libro, Víctor se empeña en dar respuesta al «cómo» y el resto pregunta «para qué». Lo que quería decri es que me parece que hemos abusado —primera persona y, en mi caso, por triplicado— del «para qué», por lo que cualquier relato que vaya por tal derrotero me parecerá menos original. Pero en ningún momento he dudado de la motivación de los personajes en éste. Al revés, me han parecido muy creíbles.

Curro dijo:

Que me enrollo... Recibido: no te pienso revivir cuando llegue el momento. indecision

Eso sí, si eres donante de órganos, igual me apropio alguno.

Yo también tengo tal complejo persianil. Y tu decisión me parece adecuada: ¿para qué revivirme? ¡Aprendamos de los errores de la Historia cheekyno

En cuanto a los órganos, me permito aconsejarte, puesto que algunos vienen maltratados por la genética y otros por mi mala cabeza. Ni se te ocurra aceptar mi:

  • Cerebro
  • Ojos
  • Hígado
  • Y... éste... y bueno, ya digo que hay algunos que no son adecuados.

___________________________________________________________

En un lugar de La Mancha de cuyo nombre me acuerdo perfectamente...

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Germinal
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Poblador desde: 08/03/2016
Puntos: 928

Una historia de amor que acaba por llevarte al “huerco” (menos mal que no escribo humor).

La historia arranca in medias res con un estilo añejo, generando tensión y resulta agradable deshilachar la trama en la que el protagonista persigue la figura de su amado muerto por su propia mano.

Si hay fallos en la escritura no los he encontrado, o quizás haberlo leído al filo de la medianoche haya influido en mi capacidad para detectarlos, que tampoco es mucha. Sí que voy a comentar una posible mejora por intentar aportar algo: “Cuando salí de la taberna borracho para orinar en la calleja”. Quizás embriagado le pegue más al estilo de la narración, pero vaya, ya digo que es por aportar algo.

Me parece que tiene un ritmo correcto y que está bien escrito. Siento no poder aportar nada más que mi valoración subjetiva en su conjunto.

Puntuación: 3,5 hijos de la nueva raza

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