Las tardes con Cielo.

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coroncha
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-Si dejás de pasarte todo el dia con los varones, yo soy tu novio- le dije a Cielo una tarde de verano en el camión de mi papá.

-Yo soy así ¿que querés que haga?- casi gritó-. Pero igual quiero ser tu novia.

Salí de la cabina transpirando. Era mi primer declaración de amor y tenía en contra a mi familia.

-Cielo juega demasiado con los varones, no me gusta esa chica- decía mi mamá.

Además, se viste mal- confirmaba mi hermana.

Pero a mi Cielo me gustaba. Criábamos perros vagabundos, alimentábamos gatos sin dueño, jugábamos a los médicos y ella siempre reía.

-Llamá a Cielo- solía decir mi papá cuando llegaba con pizza, postres o alguna sorpresa.

-Es tarde, Carlos, esa chica debe estar durmiendo- rezongaba mi mamá  .

-Vos andá a buscarla- me ordenaba y yo salía volando por el pasillo hasta el departamento del fondo donde vivía.

-Cielo, mi papá dice que vengas- le gritaba, y ella venía corriendo.

Yo creo que mi papá sabía que Cielo algunas noches se acostaba sin comer y seguro que sospechaba que yo la quería para novia.

Esa tarde, como todas, subimos al camión de mi papá. Grande el camión que yo siempre hacía arrancar cuando salía con él.

-En unos años mas, mi viejo me va a enseñar a manejar- le dije.

-Siempre lo bueno tiene que pasar en "unos años mas"- comentó. Entonces, mirando distraída por la ventanilla, me dijo: -Tu mamá y tu hermana no me quieren.

-Cielo, tu familia tampoco me traga.

-¿Será  por la política?

- No.

-¿Por la religión?

-No. Para mi es porque sos varonera. Jugás al fútbol con los chicos, decís malas palabras, y andás con ropa... rara.

Hacía calor en la cabina, yo estaba nervioso. La llave me quemaba en el bolsillo.

-Tus viejos pelean mucho, Cielo.  

Los tuyos también, me contestó mientras miraba la llave, ahora brillando en mi mano.

-A vos te va mal en el colegio por varonera.

-Y vos nunca estás contento.

Entonces lo hice. Puse la llave y arranqué el camión.

-¡Grande! ¡Fabuloso!- gritaba Cielo.   

En la esquina me asusté. Me parece que fue mi hermana la que avisó, nunca supe. Después hubo un alboroto y un poco de miedo.

Me acuerdo de mi viejo.

-¿Estás bien? preguntó-. Bueno, vayan los dos a comprar facturas. Y me acuerdo también de ella, de Cielo, repitiendo entre risas y saltos:

-¡Me encanta ser tu novia!

-Quedate quieta -le dije Y me sentí contento, querido, no sé...

 

Hakuna matata

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