Cero absoluto

Imagen de Anne Bonny

Reseña del cómic de Christophe Bec y Richard Marazano publicado en España por Planeta DeAgostini Comics

A pesar de lo que pueda parecer en las primeras páginas, Cero absoluto no es un refrito tópico de las historias de letales alienígenas popularizadas principalmente por el cine. Sí es cierto que el arranque es un claro homenaje a la obra maestra Aliens, de James Cameron, (de hecho, algunos planos son prácticamente iguales al comienzo de la película), pero el cómic rápidamente toma otros derroteros. Encuentro, de hecho, que este guiño descarado es un buen recurso para encarrilar al lector hacia la perspectiva deseada por los autores.

 

¿Y cuál es ésta? Como se comenta en el prefacio, estamos ante un cómic que bebe de la serie Z pero que intenta ir más allá, hermanando inquietudes más propias del arte de calado con las del de divertimento per se. El resultado es más bien curioso y, a mi parecer, está muy conseguido.

 

Partimos del escenario de marines tipos duros rastreando una base en un planeta aislado en busca del terrible suceso que la ha conducido a su abandono y nos vamos adentrando en las interrelaciones de la psique humana en situaciones de estrés. La trama de ciencia ficción no ahonda demasiado en su primer pilar, contentándose con crear un telón estético que es ya casi un lenguaje propio sin dar demasiadas explicaciones ni porqués. Al final, nos damos cuenta de que éstos no tendrían mucha razón de ser porque no son el motor de la historia.

 

Dicho motor no es otro que el propio microcosmos social que crean los personajes al relacionarse entre sí. Resulta muy interesante, en este sentido, cómo Bec y Marazano recurren a otros cómics (cuyas viñetas reinventan e intercalan en la narración) para perfilar sus carácteres, dando casi más cuerpo a su espíritu que a su aspecto personal; a mí, desde luego, me resultaba más fácil identificarles por sus neuras convertidas en incisos que por su fisionomía.

 

En este peculiar registro narrativo, la acción va avanzando y planteando más incógnitas hasta llegar a una resolución que tiene mucho de duelo al mediodía. Efectivamente, la serie Z, que dicen los autores, está presente en todas sus facetas, incluida la de wéstern, y con mucho acierto. Resulta sorprendente, en este punto, ver cómo la perplejidad reinante hasta el momento licua en emotividad pura. Sólo por ello, a mi parecer, se puede decir que el experimento funciona (aunque soy plenamente consciente de que no lo hará con todos los lectores).

 

El apartado gráfico, como comentábamos, engrasa bien este modo de plantear la historia. No sólo por los incisos de otros cómics (homenajes dentro de homenajes, tanto a géneros como a autores concretos), sino por el tratamiento en general: aunque es un cómic europeo, el trazo y las viñetas son muy de cómic americano (padre de la llamada serie Z); los juegos de colores, de luces y sombras, remiten a las películas de género; las historietas puente cambian de estética en función de su registro... Incluso la propia distribución de las viñetas, en ocasiones terriblemente abigarrada, encaja a la perfección con el ambiente opresivo que crean los personajes con sus diálogos de patio de colegio.

 

Sobre la edición cabe comentar que nos encontramos con unas magníficas tapas duras, un diseño cuidado y una buena impresión (que era importante dado el estilo del coloreado). La única pega podría ser el tamaño de página pero, como digo, ayuda a crear esa sensación claustrofóbica que es la tónica general del cómic.

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