...con locura: amor y malos tratos

Imagen de Anne Bonny

Reseña del cómic de Sylvain Ricard y James publicado por Panini Comics

 

Hay temas, como el de la violencia conyugal, que son muy difíciles de abordar y, al mismo tiempo, es muy necesario hacerlo. Es por ello que obras como este ...con locura: amor y malos tratos no son solo interesantes y meritorias, sino indispensables.

En sus páginas nos internamos en el tortuoso mundo de los malos tratos. No es una obra que generalice ni que pretenda dar una perspectiva amplia o hacer un análisis del fenómeno. Simplemente nos cuenta una historia como otra cualquiera. Los protagonistas, una pareja cuya relación va basculando hacia la violencia y la incomprensión.

El retrato que se hace de estos dos personajes y, de paso, de los secundarios que les acompañan y, a veces, contribuyen a la funesta dinámica que han emprendido, es magistral. Aunque la ambientación es muy francesa, es fácil conectar con la historia y entrar en ella. Asistimos como un espectador impotente, como deben sentirse tantos en la vida real, a una relación que empieza como tantas otras, en la universidad, y que termina como lo hacen más de las que debieran, independientemente de cuántas sean.

En el proceso es fácil comprender que el problema de la violencia conyugal no es tan simple como una dualidad bien vs el mal. Se trata de una dinámica viciada en la que confluyen numerosos factores: sociales, educacionales, familiares, personales, temporales, filosóficos... Hay momentos en los que, al leer este cómic, uno siente rabia, se siente ofendido, confuso, triste, desorientado, comprensivo, conmiserativo; en definitiva, conmocionado.

Los seres humanos somos complejos y a veces nos perdemos en dinámicas autodestructivas o nocivas para los que nos rodean. Por eso, aunque este sea un tema desagradable, no tenemos que darle la espalda, sino que tenemos que afrontarlo para sacudirnos los a prioris. Después de todo, no sabemos hasta qué punto nos puede caer cercano. La educación, en este sentido, es vital.

Ayuda a la lectura el magnífico trabajo de James con las ilustraciones, que consigue transmitir toda la fuerza y los matices del guión de Sylvain Ricard. No es solo que el uso de animales antropomórficos facilite la confrontación con un tema espinoso y duro, sino que estos tienen una expresividad formidable que los hace mucho más humanos, por paradójico que resulte, de lo que podríamos esperar.

En definitiva, un cómic que merece la pena leer y no solo por la importancia del tema que aborda, sino por el modo en el que lo hace.

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