Megazoria: Aislandia

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Trasfondo de esta isla nórdica para el universo de Megazoria

Los primeros marineros que la avistaron, fenicios y helenos, la denominaron Thule, y durante mucho tiempo se creyó el hogar de los míticos titanes del norte. Solo siglos después sería colonizada por sus actuales habitantes: vikingos exiliados de su tierra tras la subida al trono en Escandinavia de Harald I. Ellos denominan a esta gran isla, por sus sempiternos glaciares, tierra del hielo: Aislandia.

Aspectos geográficos

Aislandia es una tierra dura. En su centro se alternan imponentes glaciares con agrestes tundras. Solo en los valles más resguardados consigue crecer una vegetación más frondosa, bosques de coníferas retorcidas de talla reducida que sirven de refugio a la mayor parte de la fauna. Abiertos al mar a modo de fiordos, estos valles son también los únicos enclaves habitados por humanos.

El clima, ártico, es duro. Imperan las bajas temperaturas, las ventiscas y las nevadas. Solo en los valles es posible realizar algunos cultivos y tan solo de plantas resistentes a los rigores climáticos.

El mar circundante, sin embargo, es rico en vida, y numerosas especies animales florecen entre icebergs errantes.

Hay bastantes lugares de la isla que presentan actividad volcánica: géiseres, volcanes, fuentes termales, ciénagas de azufre. Son entornos considerados refugios de criaturas mágicas o sagrados.


 

Fauna

En tierra firme, los lobos son los señores de Aislandia. Se encuentran de dos especies. Los diros, o lobos gigantes, de unos 80 kilos peso, son la especie más robusta: tienen una cabeza mayor y las patas más cortas que los lobos grises, con los que comparten territorio. Estos últimos no suelen pasar de los 70 kilos de peso. Los primeros se alimentan principalmente de carroña y animales débiles o enfermos, pues no son excesivamente veloces. Se los puede ver en las playas, dando cuenta de animales varados, o en bosques y llanuras, donde se alimentan de herbívoros de todo tamaño. Ambas especies cazan en grupo.

En la tundra que domina el centro de la isla es posible encontrar manadas de coelodontes, rinocerontes lanudos dotados con impresionantes cuernos de hasta un metro de longitud, de los que se valen para encontrar alimento bajo la capa de nieve. Son animales nerviosos e irascibles y, por lo tanto, peligrosos.

Por toda la isla, viviendo entre los bosques de coníferas, la tundra y las playas, encontramos zorros árticos, lechuzas, gaviotas, mustélidos, liebres y otros animales propios del clima. Hay pocos insectos. Ocasionalmente, osos polares extraviados llegan a nado Aislandia, aunque son raros.

En las playas se pueden encontrar colonias de demóstilos (una especie de foca con dientes prominentes), morsas y leones de mar. En las aguas, ballenas enanas como la cetoteria, delfines gigantes como el eurinodelfín y peces de todos los tamaños completan la dieta de los numerosos tiburones, sobre los cuales reina el carchadón, una criatura de quince metros de longitud y fauces capaces de destrozar un barco. En ocasiones, también pulpos gigantes, conocidos como krakens, suben a la superficie en busca de alimento o cuando están a punto de morir.


 

Habitantes

Aislandia está dominada por vikingos exiliados por el rey Harald y antiguos exploradores. Son gentes altas, de piel clara, cabellos rubios o pelirrojos, de carácter independiente y aventurero. Están habituados a los rigores del clima y aprecian sobre todo el valor. Son también gente supersticiosa y, por lo general, inculta. Visten ropas confeccionadas con pieles o lana de animales, aunque tampoco es raro encontrar abalorios y sedas obtenidas en sus pillajes.

En la isla es posible encontrar también esclavos de los reinos meridionales, sobre todo procedentes de Connach, y en ocasiones a inuits que llegan a la zona en busca de caza o para comerciar.

Lengua: Escandinava

Escritura: Rúnica

Algunos nombres de ejemplo: Thorvald, Ulf, Bjorn, Erik, Sven, Leif. Los apellidos se forman añadiendo el sufijo -son (p.e. Bjorn Haraldson).

 

Sociedad y gobierno

El único asentamiento importante de la isla es Reykjavik, una pequeña ciudad en la que se reúne el Althing, una asamblea de personas relevantes, por lo general capitanes de drakkars, que, en teoría, gobierna el territorio. Lo cierto es que la población se haya diseminada por los fiordos de la costa y no siguen un gobierno central. Al escaso número de habitantes se une otro factor que hace que cada aldea sea independiente: las malas comunicaciones.

Los habitantes de la isla se organizan en torno a familias de hombres libres, que tienen sus subalternos, sus siervos y sus esclavos. Es una sociedad patriarcal, aunque las frecuentes ausencias de los hombres, que parten en busca de caza o pillaje, hace que las mujeres tengan mucha autonomía y autoridad en sus hogares.

No existen tribunales de justicia. Las disputas se suelen resolver mediante duelos armados (el llamado juicio de los dioses, que determinan quién tiene razón) o exponiendo el caso a una asamblea de hombres libres.

 

Religión

No existe un culto organizado ni la figura del sacerdote. Los vikingos creen en el panteón de los dioses nórdicos: Wotan/Odín, Thor, Frig, Ullr, el Valhala, etc., pero son creencias personales que se reflejan en amuletos y leyendas.

A los grandes líderes se les entierra en sus barcos, bien bajo tierra, bien incendiándolos. También hay santuarios y, cuando encuentran una nueva tierra, se erigen estatuas o se sitúan losas de piedras con runas para marcar el lugar y que la suerte sea propicia.

 

Actividades económicas y lúdicas

En Aislandia se practica el pastoreo de la oveja islandesa, un tipo de oveja muy lanuda con cuernos. También hay otros animales domésticos, como caballos de pequeña alzada, gallinas o perros islandeses, lanudos, pero su número es reducido a causa de las condiciones climatológicas. Los esclavos, cuando los hay, bajo el mando de mujeres y ancianos, son los encargados de mantener las propiedades. En estas granjas se producen quesos, que no son conocidos por todos los pueblos meridionales.

La piratería es la principal actividad económica y las incursiones a los reinos del sur, constantes. También hay algo de comercio, actividad que se entremezcla con la piratería en función del momento. En Aislandia se consiguen, mediante la caza, colmillos de morsa, huesos de ballena y pieles, que pueden alcanzar valores importantes en el mercado. También comercian con ámbar gris.

En todos los enclaves hay artesanos capaces de construir edificios (priman las cabañas de madera y las chozas de turba semienterradas para protegerse del frío) y, sobre todo, barcos. También las herramientas y los enseres necesarios, pero para el propio uso, no como una industria destinada a la venta. Como excepción, en ocasiones se comercia con huesos tallados o trabajos de orfebrería, pero Aislandia es una tierra convulsa y no abundan estos oficios.

Como diversiones, los habitantes cuentan con bardos que narran las viejas leyendas, las nuevas historias y mantienen viva la llama de los mitos (así como la gloria de sus protectores), y también con la celebración de juegos y competiciones de fuerza y agilidad reservados a los hombres libres, entre los que se cuenta, por ejemplo, el llamativo espectáculo de saltar de remo en remo de un drakkar en movimiento. Las peleas de caballos son también muy apreciadas.

 

En la guerra

Los habitantes de Aislandia se organizan para la lucha por grupos familiares, alianzas, etc. que se van aglutinando en torno a los líderes de guerra. No hay ejército como tal y las propias incursiones se hacen reclutando hombres libres.

Sus guerreros están habituados a los abordajes y los asaltos veloces y desordenados. La única táctica militar algo elaborada es el “muro de escudos”, que consiste en crear una barrera con los escudos superpuestos tras la cual avanzan los guerreros, protegiéndose unos a otros, hasta chocar contra el otro ejército. Los caballos se usan más para exploración que en la batalla.

Las armas más abundantes son propias de la caza (sobre todo lanzas, pero también arcos) y el trabajo en los bosques (hachas, cuchillos), aunque con el trasfondo guerrero de algunas familias no son raras las espadas, cortas o largas, las camisas de malla y los cascos, sean de cuero o de metal, cuyo modelo más característico es aquel con anteojos. Los hombres se dotan de escudos de madera redondos, que pintan de colores vivos, cuando salen de incursión.

En el mar

De todos los escandinavos, son quizás los marineros más intrépidos. Son capaces de fabricar drakkars, snekjas y knorrs. Los primeros son conocidos como barcos – dragón por los mascarones que portan. Los últimos, capaces de cargar hasta 35 toneladas, son utilizados para comerciar y explorar nuevos territorios. Son todos navíos muy marineros muy adecuados para navegar en mar abierto. Están dotados de una línea de remos y de una vela cuadrada que se despliega en el único mástil.

 

Posibilidades de aventura

Dada la gran cantidad de exiliados que hay en Aislandia, el lugar se presenta como el entorno ideal para participar en una conspiración para derrocar al rey Harald I y poder, así, volver a Escandinavia. Espías, ambiciosos guerreros y resentidos cortesanos se pueden dar cita aquí.

Por supuesto, Aislandia es también un buen punto de partida para enrolarse en una tripulación pirata, o el lugar al que ir en busca de venganza o para recuperar parte de un botín, quizás a un prisionero valioso.

Aventuras relacionadas con la caza, especialmente en el mar, pueden ambientarse aquí, como la caza de un carchadón que diezma a los pescadores o la persecución de un oso polar enloquecido que asola las granjas. También es el escenario adecuado para organizar búsquedas de tesoros ocultos o quizás naufragados y atrapados en el hielo después de una terrible tormenta.

Finalmente, desde Aislandia han partido algunas expediciones todavía más al norte y al oeste que pueden ser también fuente de aventuras, bien como simples viajes o como proyectos de colonización. Hay quien dice que merecería la pena crear algún enclave más en Groenlandia, o incluso más allá, en la llamada Tierra Nueva que habitan los skraelings.

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Capitán Canalla
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 Me ha gustado y me parece un buen  arranque de ambientación, aunque quizás yo daría más peso al carchadón y a los lobos en la religión y costumbres de los aislandeses. Y cuidado que creo que se te han colado varios islandia donde debería poner aislandia.

Deseo saber más ¡adelante!

Que el mundo sea una selva no significa que debamos comportarnos como monos.

 

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