Marvel Octubre 2011

Imagen de Kaplan

Un adiós, una cita romántica, una vuelta de los infiernos y un psicópata del método.

 

...Y por fin llegó el número dichoso de Los Cuatro Fantásticos. Ése tan cacareado en el que adquiría pleno sentido que la saga en curso se llamara Tres. Hickman, sin dejar de lado la solemnidad que pide a gritos un hecho tan traumático como éste, deja bien claro que no es aquí donde quería llegar, sino que este algo tan crucial es sólo una parada -muy importante- en mitad de un viaje mucho mayor. Un acontecimiento tan dramático tiene lugar sólo cuando todos los miembros del grupo se encuentran disgregados, ocupados cada uno en un problema de enorme importancia. Muchas veces, cuando en los cómics ocurren cosas como ésta, desde la editorial se implora que se compre dicho número por la importancia capital que tiene en el devenir futuro de la colección. Rara vez se concreta dicha relevancia. No es el caso, principalmente porque, desde que Hickman llegó a Los Cuatro Fantásticos, cada número ha sido crucial (y un placer enorme para todos los aficionados por la inteligencia de sus guiones) y éste sólo lo es un poco más. Y eso es muchísimo.

Finaliza Tres y también finaliza el tercer volumen de Ultimate Comics Avengers y, con él, los particulares experimentos que Mark Millar ha estado haciendo desde que concluyó Ultimatum. En la extraña trama vampírica que ha traído entre manos cobrará protagonismo Perun, el émulo de Thor reinsertado como héroe tras sus errados inicios contra los Ultimates. Tratándose de Millar, la conclusión no se andará por las ramas y tendremos que decir adiós a algún que otro personaje que ha estado en esta serie desde sus inicios.

Siguiendo con los finales, conoceremos la conclusión del juicio a Bucky Barnes en Capitán América, pero será un cierre en falso, ya que la relación del Soldado de Invierno con la justicia trae más cola de la que parecía en un principio. Este bloqueo de un símbolo como el Capitán América supondrá que aparezca un misterioso candidato a ocupar el puesto vacante, pero Steve Rogers tendrá que decir un par de cosas al respecto. Brubaker engarza tramas y tramas sin despertar el asombro general de antaño, pero rayando a un nivel altísimo.

Otro de los cómics más recomendables del mes es el de los Guerreros Secretos. Hickman se las apaña en 22 páginas para contar la historia completa del misterioso Equipo Gris capitaneado por Jake Furia. Y lo hace de un modo soberbio. Ojo con esta serie, que empieza a vislumbrarse su final y da la impresión de que su creador no va a dejar que sea un colofón rutinario ni mucho menos.

Matt Fraction aborda el deseado encuentro entre Thor, Odín y los Devoradores de Mundos de un modo insólito, lejos de las batallas tan características en estas aventuras aunque, quizás, algo anticlimático. Y es que si Thor tiene su martillo para algo, es para golpear a dioses malvados como éstos, caray. No obstante, digámoslo un mes más, Ferry llena de magia cada página, dando un cariz desconocido a esta serie.

Fraction se encuentra más inspirado en el enorme episodio de Iron Man (el número 500 en Estados Unidos), recurriendo a algo parecido a lo que hizo Morrison en el Batman 666: nos narra una historia ambientada en un futuro en el que el Mandarín ha conseguido imponerse a Iron Man alternada con otra ambientada en el presente en el que Stark se alía con Spiderman para desbaratar una organización terrorista. El número cuenta con un puñado de dibujantes invitados, además del habitual Salvador Larroca, como Carmine Di Giandomenico o Kano.

Adentrándonos en las colecciones de los Vengadores, en La Cruzada de los Niños, vemos cómo Magneto lleva a sus hijos a Wundagore, donde se encontrarán con un nuevo e importante elemento de la trama, Mercurio, que tendrá mucho que opinar sobre la búsqueda de su hermana y sobre el hecho de que Magneto esté capitaneando esta expedición. Heinberg dosifica mucho la acción -quién sabe si es para que el aficionado se deleite aún más con el arte de Jimmy Cheung-, pero sabe dotarla de interés. El final de este capítulo es una buena muestra de ello.

En Vengadores Secretos llegamos, por fin, al combate entre Steve Rogers y John Steele, que Deodato ilustra con todo lujo de detalles. Se nota que Brubaker ha regalado esta trama a su dibujante y él se está encargando de agradecérselo con creces en cada página. Asimismo, se nos refrescará la memoria sobre quién es John Steele (más información sobre él leyendo esta miniserie).

En Los Vengadores, sabremos cómo empezó El Encapuchado a perseguir las Gemas del Infinito, mientras que Iron Man y Steve Rogers vuelven a enfrentarse. Al nuevo director de SHIELD no le ha gustado nada que Rogers le ocultara la existencia de los Illuminati. Mientras, en los Nuevos Vengadores, Luke Cage y Jessica Jones podrán por fin salir a cenar juntos. Bendis, ayudado por un Daniel Acuña sencillamente espectacular, compone un divertidísimo tebeo Marvel de los de toda la vida. Si el mes pasado comentábamos que el guionista había conseguido dar con la tecla adecuada en los cómics de los Vengadores, ésta es la prueba definitiva de ello.

En cuanto a los mutantes, comienza La era de X en X-Men: Legado tras el prólogo del mes pasado. Y aunque sí, todo esto huele a reiteración de sagas pasadas como las de Apocalipsis, Casa de M, etcétera; hay que decir que la historia que plantea Mike Carey aquí es muy, muy sugerente. Un puñado de mutantes resisten los envites del resto del mundo en una ciudadela ruinosa que es atacada cada día. Aunque son personajes que conocemos, todos tienen nombres diferentes, nadie ha oído hablar jamás de Xavier y algunos mutantes permanecen encarcelados en la ciudadela por causas oscuras. Un tebeo francamente sorprendente.

Lobezno, en su cabecera, consigue escapar del Infierno, no sin antes ajustar cuentas con Dientes de Sable y su propio padre. Sin embargo, su cuerpo aún sigue poseído y ni los Motoristas Fantasmas ni Hellstrom son capaces de solucionarlo. Quizás esos mutantes carismáticos de la última página sepan mejor qué hacer con él... Aaron acaba así la primera parte de la historia que pretende contar sobre Logan. Esperemos que la segunda mantenga este excelente nivel.

Finalmente, también Aaron se encarga del nuevo volumen de PunisherMax: Bullseye. En este caso, a diferencia del primero, dedicado a Kingpin, el tratamiento del villano se aleja mucho del concepto original. Aquí no es el mortífero prestidigitador capaz de abrir una cráneo con una goma de borrar (de hecho, en las primeras páginas el propio Bullseye ironiza sobre ello), sino que estamos ante un psicópata obsesivo dispuesto a todo -TODO- por matar a su objetivo. En el caso de Punisher, aplicará el método Stanislavski al crimen de una forma tan peregrina como escalofriante. Aaron comienza a desmarcarse de Ennis (su referente claro) apostando por personajes del Universo Marvel tradicional, dando continuidad a las historias que narra (no son compartimentos estancos como la mayoría de las historias de Ennis) y variando aspectos del personaje que habían permanecido inalterables hasta entonces (el más relevante, su relación con la policía). Eso sí, el humor negro, extraño, pasadísimo de revoluciones, sigue aquí presente. Ayuda a ello, claro está, un muy inspirado Steve Dillon. No es para todos los estómagos, pero sí un cómic estupendo.

 

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