Orígenes y desarrollo de la antificción literaria VI

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Cuarta entrega de este ensayo sobre la fantasía y la ficción en la literatura

6. La épica de ahora: la ficción moderna

 

Hemos apuntado antes la pasividad del medio audiovisual. Me gustaría hacer hincapié un poco más en este aspecto frente a la actividad que requiere la lectura. El acto de coger un libro presenta a menudo un esfuerzo repentino en el lector: «voy a tener que abrir páginas, concentrar mis ojos en líneas y líneas y, no sólo eso, sino descifrar esos códigos y poner en funcionamiento mi mente para crear», es el pensamiento reflejo que acude a la llamada del acto. En el fondo la lectura es una reescritura mental; quiero decir, el que lee lo hace sabiendo que eso que lee son palabras, son códigos. La mente necesita descifrarlos. Para alguien que sabe el idioma resulta fácil descifrarlo, lo hace inconsciente e instintivamente, pero se presenta tal esfuerzo porque luego la mente no se conforma con descifrar el código, sino que ese código, o sea, el lenguaje, debe valer para algo, debe hacernos crear imágenes mentales, escenas, acciones, olores, lugares. Por ello se dice a menudo que la lectura requiere de mucha imaginación; por esto se dice que la poesía no puede ser leída por todo el mundo, porque no tiene la sensibilidad necesaria, esa actividad cerebral, para poder imaginarse, identificarse, rescribirse en el texto. Todo ese cúmulo de recreaciones es vital en el acto de la lectura, no así en el medio audiovisual. En la televisión o en el cine a uno le basta sentarse y dejar los ojos abiertos; nuestro cerebro debe del mismo modo procesar esas imágenes, pero ya están descifradas, no es lenguaje; ahora es más real, son fotogramas que no necesitamos imaginarnos porque ya están ante nuestra mirada. Tal vez el nacimiento y la continua progresión de este medio a lo largo del siglo XX, así como su potencialidad con la entrada del siglo XXI, nos hayan hecho perder el contacto con la imaginación y la lectura, esos dos mecanismos indisociables en los que hemos reparado anteriormente. Pienso que quizá esta pueda ser otra de las causas por las que el lector de hoy, menos dotado o dispuesto a la actividad imaginativa, rechaza la ficción y la fantasía, es decir, se convierte en antificcionista.

 

Por esto mismo la mayoría de la épica, como dije antes, la encontraremos en el audiovisual, que ha pasado a ser prácticamente un sustituto de la literatura. No digo que la literatura esté en decadencia, sino que la pantalla ha cobrado una mayor relevancia ante la masa y el público general, una comodidad más rápida y más accesible.

 

Existe una serie del fantástico que a mí me parece imprescindible, tal vez una de las mejores del género en este siglo que comenzamos hace escasos años. Hablo de Carnivàle (Knauf, 2003)1 una ficción lenta y deliciosa que durante dos temporadas te seduce irremediablemente. La serie no comienza con la típica fórmula del cuento: Érase una vez, sino con una cita bíblica que te adentra en el carácter fantástico-religioso de la serie:

 

Antes del principio, después de la Gran Guerra entre el Cielo y el Infierno... Dios creó la Tierra... y dio dominio sobre ella al habilidoso mono al que llamó Hombre. Y en cada generación nació una criatura de luz... y una criatura de oscuridad. Y grandes ejércitos se enfrentaron de noche en la antigua guerra entre el Bien y el Mal. La magia existía entonces, la nobleza... y una crueldad inimaginable. Y así fue hasta el día en que un falso sol explotó sobre la Trinidad...y el Hombre cambió para siempre la maravilla...

 

No es ni mucho menos el único medio que goza de estas lindezas. En la literatura podemos seguir viendo el legado de la épica medieval. Lo encontramos en el llamado ahora subgénero de Fantasía Épica, o, más reconocido por la crítica, de Espada y Brujería. Es curioso ver cómo a lo que en un principio se le llamaba Épica, teniendo ya dentro de sí tanto fantasía como misticismo, religiosidad, heroicidades, o aventuras se le incorporasen, ahora es necesario acotarlo como Fantasía Épica; es decir, la redundancia en el término nos muestra esos prejuicios a lo fantástico. Parece que al exponer el término de fantasía junto al de épica se le esté bajando a un rango más ínfimo del arte, o, mejor dicho, a un segundo rango, ya que la única palabra que servía para definir las gestas y los cantares medievales ahora parece insuficiente, no es determinante.

 

En el año 1937 aparece la extravagante novela de fantasía The hobbit, en la que el autor, Tolkien, un filólogo y escritor británico, inventa un mundo nuevo, con sus leyes, sus criaturas, su propio lenguaje, bebiendo de fuentes anglosajonas como el poema épico Beowulf o diversos relatos de los hermanos Grinn basados en hadas, princesas, trasgos. A esta aparición, tras su encomiable éxito, le sucede la trilogía The lord of the rings2, que tendría desde entonces un éxito mundial en el género fantástico-épico. Un irlandés, C.S. Lewis, publica a mediados del siglo XX su serie de libros fantásticos-infantiles invocados bajo el nombre de The Chronicles of Narnia. Le sigue en el año 1968 la aparición de una novela, A wizard of Earthsea, donde la fantasía de magos y viajes iniciáticos comienza a tomar nuevamente relevancia; la escribió Ursula K. Le Guin, escritora que luego tendría un profundo éxito en el género de la ciencia ficción. España cultiva también esta épica moderna. Tiene como máximo exponente a Ana María Matute, miembro de la Real Academia Española y novelista consagrada en el país, que publica en 1971 la primera novela que pasaría a formar parte de su trilogía fantástica-medieval: La torre vigía, a la que dos décadas más tarde le acompañarían Olvidado Rey Gudú (1996), uno de los libros más aclamados del fantástico español, y Aranmanoth (2000). En los años 80 comenzaron a escribirse una serie de novelas que asentarían este «subgénero» literario, las novelas de Margaret Weis y Tracy Hickman, basadas en el mundo de Dragonlance. La primera novela, aparecida en 1984, tiene como título Dragons of autumn Twilight3, que me parece bastante ilustrativo para determinar esta fantasía de la que hablamos. Dragones, hadas, monstruos, bestias míticas o inventadas, elfos, enanos, princesas, caballeros, toda una serie de personajes heredados de las mitologías antiguas, de la épica, del romance, de la literatura de caballerías y de la literatura romántica. No podemos olvidar mentar en este breve repaso una de las sagas de la literatura de fantasía épica con más fama en el momento: A Song of Ice and Fire (Martin, 1996)4, que ya posee millones de seguidores a sus espaldas. Actualmente corrió el rumor de que se planea adaptar, aun inacabada la saga literaria, la ficción del estadounidense en una serie televisiva. No resulta extraño que se quiera trasladar la potencia de lo literario al audiovisual después de todo lo dicho: este nuevo medio recoge y asimila los conceptos anteriores para recrearse en un nuevo universo que llega a una masa ingente de público. El audiovisual es en estos instantes como la primera literatura masiva del siglo XVI, consecuencias lógicas de la entrada a la era Gutemberg con la invención de la imprenta. En España tenemos otro gran explorador del género, Javier Negrete, que cuenta con un exquisito reconocimiento en lo que a Espada y Brujería se refiere. La publicación en 2003 de La espada de fuego provocó una larga lista de críticas espléndidas que inmediatamente consideraron la novela como una de las mejores obras del género en nuestro país. Contemplado su éxito, en 2005 sale a las librerías la continuación: El espíritu del mago.

 

A todo esto le vendrá luego la cara inversa de la moneda, como ya ocurrió en el Siglo de Oro: la satirización del género. Cuando un producto se explota demasiado, surgen diversos individuos que pretenden acabar con esta masificación de fórmulas trilladas. El Quijote representa este gran paradigma para su época, haciendo que tras un siglo de novelas de caballeros andantes y amores medievales, se acabase de una vez por todas este tipo de literatura. Entonces, en el año 1989 aparece la primera novela de una serie de sátiras del género de la fantasía épica: Mundodisco, con el título de The colour of the magic, escrita por Terry Pratchett. La estela quijotesca nunca nos abandona: es universal este sentimiento de rechazo, ese reformular y reírse de lo ya dicho para inventar nuevos tipos. Curiosamente, es en este mismo año cuando Robert Fisher, un escritor estadounidense, publica su novela The Knight in Rusty Armor, donde satiriza una historia típica de caballerías pero con un fin menos burlesco, más bien revitalizador e incluso útil: sirve de autoayuda, de recuperación de la estima y los valores del ser humano. Un caballero andante, un mero fantasma de la figura del Quijote, se dispone a ponerse su armadura para hacer un viaje fantástico, con tan mala suerte que queda atrapado en esa armadura que le asfixia y se le pega al cuerpo. Su sino será salir de esa armadura, despegarse de esta vestimenta que parece no querer abandonarle nunca, superando una serie de pruebas que le harán, por fin, encontrarse consigo mismo. Volvemos a ver ese espíritu de antificción, aunque de un modo menos directo, al igual que podemos observarlo en obras de siglos anteriores. Un escritor y humorista estadounidense tiene una genial obra titulada A Connecticut yankee in King Arthur's court (Twain, 1889) en la que un curioso personaje acaba, por sucesos increíbles, viajando en el tiempo a la época del medievo inglés. Un hombre con un pensamiento moderno, del siglo XIX, cae de repente en las garras de una sociedad absolutamente distinta, mágica, absurda y, a menudo, estúpida para un pensamiento ya tan lejano. A Twain le sirve como pretexto para criticar todo ese exceso de fantasía que se vivió en aquellos tiempos, harto en su época tal vez de tanta idealización sobre ese mundo, de esas historias de caballeros y princesas, dragones, eclipses propiciados por magos, y, en definitiva, magia. Critica, sobre todo, la leyenda archiconocida del ciclo artúrico que se puso de moda en la Edad Media. Hay en él una actitud cervantina. Curiosamente, al igual que el Quijote, el libro puede leerse como un libro de aventuras, aun viendo la obvia sátira y el humor del trasfondo, y disfrutarse desde distintos caminos.

 

La antificción nace, como vemos, ante los excesos. A épocas de excesivo fantástico se le imponen épocas que no sólo exigen sino que necesitan una voluntad de ferviente realismo; pero éste no dura, sino que acaba, como todo, y la sociedad termina por procrear un vínculo con las dos vertientes, entremezclando los dos planos, los de la vida con su fantasía y los de la fantasía con sus mundos privilegiados, los reservados al imaginario creativo.

 

La ficción moderna es un cúmulo de toda la experiencia vivida y desechada. La fantasía épica actual puede ser, como ya hemos dicho, una suma de las mitologías, el romance y la épica medieval, la novela de caballerías, el cuento fantástico del Romanticismo y la suerte creadora del cine en el siglo XX. El audiovisual potencia todo esto de un modo nunca visto. Sin embargo, la imagen puede restarle el gusto imaginativo que impera en la fantasía. Me atrevería a decir que el lector de ficciones fantásticas disfrutará más con un libro que con una película ya que en ésta, como apuntábamos, el receptor toma una actitud pasiva en la que no tiene, no necesita inventar nada, y la fantasía se apoya en la pura recreación del individuo. El cine le puede restar gracia a lo creativo, precisamente por romper esta pauta de desciframiento e invención; la lectura en cambio puede ser un medio más inteligente a la hora de dejar el suspense de volar al intelecto. Es como si el cine rellenara esos huecos que, en literatura, producen la misma magia que el silencio. Las imágenes no te permiten dejar en tu mirada huecos abiertos donde extender el universo, las palabras en una hoja sí. Las palabras lo dejan todo incompleto, aun a pesar de que un escritor se dedique a detallar minuciosamente la descripción de un bosque o la cara de un elfo; nunca tendremos los rasgos tan claros, tan precisos como en una pantalla, porque ésta rompe la libertad creadora de la actividad en la lectura.

 

 

Notas:

 

1.- Escribí en el 2008 un artículo sobre la serie televisiva que salió publicado en la siguiente dirección Web: http://www.scifiworld.es/articulos.php?id_articulo=363.

 

2.- La trilogía fue adaptada al cine por el director Peter Jackson del 2001 al 2003, teniendo una difusión inmediata entre el público joven y adulto como obra de culto fantástico.

 

3.- El retorno de los dragones.

 

4.- Canción de hielo y fuego.

 

Referencias bibliográficas

 

Material literario

 

Cervantes de Saavedra, Miguel: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (1605), Alfredo Ortells, Valencia, 2004.

Coleridge, Samuel T.: Biographie Literaria, 1817.

De Santos, José Luis Alonso: «Primera parte. El proceso imaginativo», La escritura dramática, Madrid, Castalia, 1999.

Rey Hazas, Antonio: «Introducción a la novela del Siglo de Oro, I (Formas de narrativa idealista)», Edad de Oro, Dialnet, Vol. 1, 1982, pp. 65-105.

Ray, Jean: El libro de los fantasmas (1947), Neo, Bélgica, 1980.

 

Material audiovisual

 

Grammatikov, Vladimir: The little princess, Película, Globus Film Studios, 88m, 1997.

Soler Serrano, Joaquín: Entrevista con Cortázar, A fondo, Radiotelevisión Española, 2h; 2m; 8s, Formato en blanco y negro, 1977.

 

Bibliografías mencionadas

 

Material literario

 

Fisher, Robert: El caballero de la armadura oxidada, Obelisco, Barcelona, 1998.

Homero: Odisea, Gredos, RBA Coleccionables, Barcelona, 2006.

Burnet, Frances Hodgson: The little princess (1905), Zeta Bolsillo, Barcelona, 2008.

Lewis, Clive Staples: Las crónicas de Narnia: obra completa (1950–1956), Planeta, Barcelona, 2005.

Le Guin, Ursula K.: Historias de Terramar, Minotauro, Barcelona, 2006.

Matute, Ana María: La torre vigía (1971), Destino, Barcelona, 2006.

– Olvidado Rey Gudú (1996), Destino, Barcelona, 2006.

– Aranmanoth (2000), Destino, Barcelona, 2006.

Martin, George R. R.: Canción de hielo y fuego, Gigamesh, España, 2006.

Meyer, Stephenie: Amanecer, Alfaguara, Madrid, 2008.

Negrete, Javier: La espada de fuego, Minotauro, Barcelona, 2003.

– El espíritu del mago, Minotauro, Barcelona, 2005.

Pratchett, Terry: El color de la magia, Debolsillo, Barcelona, 2003.

Rodríguez de Montalvo, Garci: Amadís de Gaula, Castalia, Madrid, 1991.

Shakespeare, William: Hamlet, Espasa Calpe, Colección Austral, Madrid, 2006.

Troyes, Chrétien de: Erec et Enide (ed. Vazquez Montalban, Manuel), Seuil, París, 2005.

Tolkien, J. R. R.: El hobbit (1937), Minotauro, Barcelona, 2009.

– El Señor de los Anillos (1954), Minotauro, Barcelona, 2006.

– El Señor de los Anillos II (1954), Minotauro, Barcelona, 2006.

– El Señor de los Anillos III (1954), Minotauro, Barcelona, 2006.

Twain, Mark: Un yanqui en la corte del rey Arturo, Cátedra, Madrid, 1999.

VV, AA: Beowulf, Belacqua, Barcelona, 2007.

VV, AA: Cantar de Mio Cid, Castalia, Madrid, 1995.

VV, AA: Cantar de Roldán (ed. Valpierre), Akal, Madrid, 2006.

Virgilio: Eneida, Gredos, Barcelona, 2008.La Chanson de Roland

Weis, Margareit y Hickman, Tracy: Leyendas de la Dragonlance, Timun Mas, Barcelona, 2001.

 

Material audiovisual

 

Abrams, J. J.: Lost, Serie televisiva, ABC Studios, 42m cada cap., 2004.

Ball, Allan: True blood, Serie televisiva, HBO, 60m cada cap., 2008.

Beesley, Mark: Legend of the seeker, Serie televisiva, ABC Studios, 50m cada cap., 2008.

Berg, Peter: Hancock, Película, Columbia Pictures, 92m, 2008.

Grammatikov, Vladimir: The little princess, Película, Globus Film Studios, 88m, 1997.

Hardwicke, Catherine: Twilight, Película, Summit Entertainment, 122m, 2008.

Jones, Julian: Merlín, Serie televisiva, BBC Wales, 45m cada cap., 2008.

Jackson, Peter: The lord of the rings, 3 películas, New Line Cinema, 2001-2003.

Knauf, Daniel: Carnivàle, Serie televisiva, HBO, 60m cada cap., 2003.

Spielberg, Steven: Hook, Película, Amblin Entertainment, 137m, 1991.

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Patapalo
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Un buen cierre para el artículo, aunque presenta los mismos problemas de la pasada entrega: abarcas demasiado y al final pierde fuerza. La evolución de la fantasía en los últimos años es muy compleja, particularmente en España, y actualmente no creo que estemos de bajada, sino más bien de subida (ha aumentado la masa lectora y, además, socialmente se ha aceptado la fantasía como género consumible, lo que se nota particularmente en el cine).

Además, hay cierto embrollo en los cruces de influencias y evoluciones, seguramente a causa de los ejemplos. Por mucho que te guste Un yanqui en la corte del rey Arturo, creo que no era el momento de sacarlo a la palestra Después de comentar que la subida del fantástico moderno viene con Tolkien, queda desfasado el ejemplo al tomar una obra del XIX.

Por otro lado, no tengo muy claro a qué crítica te refieres. La especializada separa entre "fantasía épica" -que sería más de escuela Tolkien, más bien contra el mal- de "espada y brujería" -que vendría de la mano de Howard, y donde hay menos maniqueísmo-, pero la no especializada no creo que use ninguno de ambos epítetos.

Vamos, que veo muy buenas ideas, pero creo que le falta un poco de concrección. A ver si le sacamos el jugo en el foro.

Eso sí, muy ameno de leer y muy interesante. Buen trabajo, compañero.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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