La sangre del Imperio

Imagen de Anne Bonny

Reseña del cómic de Star Wars de Freed y Ross publicado por Planeta DeAgostini 

 

 

Con este La sangre del Imperio se abre la colección The Old Republic, ambientada en el universo de Star Wars de George Lucas y basada en el videojuego de Bioware y Lucasarts, una pieza más de la franquicia que nos acerca en exclusiva a España Planeta DeAgostini. Y hay que decir que lo hace con muy buen pie.

La sangre del Imperio es, ante todo, un cómic para disfrutar del universo de fantástica space opera de La guerra de las galaxias, por supuesto. Tenemos trepidantes combates, exóticos planetas llenos de pintorescos alienígenas y epopeyas estelares. El momento histórico elegido, unos cuatro siglos antes de la Batalla de Yavin, permite, además, explorar una sociedad particular, aquella en la que los sith campaban a sus anchas.

Este particular nos trae dos buenas bazas para el cómic. Por un lado, el protagonista que sirve de foco, un aprendiz ya versado en los caminos del Lado Oscuro de la Fuerza que se ve puesto a prueba, tiene los mimbres de un buen personaje atormentado. Se palpa que está en una encrucijada de crecimiento y su carácter lleno de claroscuros da mucho juego. El guión de Alexander Freed sabe sacarle partido y el viaje de aventuras gana en profundidad y conflicto, así como en frescura: no estamos ante un cómic típico, sino más bien original y peculiar en sus elecciones por mucho que se adivine (o quizás solo se desee) una redención final.

Por otro, que la acción gire en torno a los sith permite, cómo no, dar mucho colorido a las escenas de acción. Uno de los elementos más impactantes de Star Wars ha sido, sin duda, la parafernalia jedi, con sus sables láser y sus poderes sobrenaturales ligados a la Fuerza. En La sangre del Imperio los vemos en su vertiente oscura, que siempre ha sido más exuberante, y el equipo formado por Dave Ross (lápices), Mark McKenna (entintado) y Benjamin Atiyeh (color) le dan el espacio que requiere. La edición de Planeta DeAgostini Cómics incluye además las portadas originales de Benjamin Carré, un pequeño lujo adicional para los amantes del universo creado por Lucas.

Sobre esta base se levanta una trama que discurre a buen ritmo pero sin precipitación, y que, tras un número que concluye un primer arco argumental, deja la puerta abierta para algo que se adivina mucho más grande y, quizás, relevante dentro del universo general de la saga. Veremos qué nos depara en próximas entregas. De momento, tenemos un cómic muy recomendable para los que quieran un rato entretenido con sabor a Star Wars.

 

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