La espada salvaje de Conan: Foso de sangre

Imagen de Anne Bonny

Reseña del vigesimoprimer volumen de la reedición de Planeta DeAgostini

En este tomo nos encontramos con dos importantes novedades que, comprensiblemente, harán saltar varias alarmas: Roy Thomas no es el guionista y las historias presentadas no parten de ningún material de Robert E. Howard ni de sus continuadores más famosos. De hecho, ni siquiera son adaptaciones de obras literarias, sino que se trata de guiones originales de Michael Fleisher. La buena noticia es que el experimento funcionó a la perfección: el autor no solo pone de manifiesto su conocimiento del cómic como lenguaje narrativo, sino que además su incursión en la Era Hiboria es respetuosa tanto con el escenario como con los personajes, Conan incluido.

La espada salvaje de Conan: Foso de sangre - Michael Fleisher - John Buscema - Planeta DeAgostiniEl volumen abre con El demonio brujo de Zingara, que si bien tiene alguna reminiscencia del ciclo Artúrico y las leyendas de caballeros, está muy bien sintonizada con las vivencias del cimerio. La trama es más bien sencilla (un Conan mercenario al servicio de un rey cumpliendo una misión que lo llevará a la guarida de un mago), pero el trasfondo está cuidado y el retrato de personajes es encomiable, sobre todo el del monarca, que funciona muy bien como contrapunto al bárbaro. Un debut muy prometedor que es ilustrado por un John Buscema más bien sobrio pero muy inspirado con algunos monstruos.

A continuación sube la apuesta con El templo del tigre. La historia es aún más propia de Conan y aunque tiene algunos elementos accesorios que al final no se ponen en juego, resulta muy sugerente y funciona muy bien dentro de lo clásico del argumento: el cimerio, en su etapa de pirata por el Vilayet, naufraga no se sabe dónde y termina encontrándose con toda una civilización de amazonas que esclavizan hombres y, cómo no, quedan fascinadas con él en concreto. El trasfondo, de nuevo, marca la diferencia y da mucho sabor a un escenario que se ha explotado en numerosas ocasiones. Hay alguna discrepancia entre la narrativa y el dibujo (Buscema no se animó a ilustrar a la reina amazona con un pecho cortado; lástima), pero se perdona todo por la calidad de este: John Buscema y Ernie Chan están particularmente inspirados y los sombreados sientan de lujo a la historia.

Y cerramos, manteniendo el nivel, con Foso de sangre. Aquí estamos de nuevo con los perros del desierto, salvajes pero honestos, confrontados a un sátrapa cruel, mezquino y rechoncho que representa todo lo malo de la civilización, muy a lo Howard. Una vez más, Michael Fleisher da pinceladas a este tema manido para marcar la diferencia: la idea de pagar el tributo según el peso del monarca, la naturaleza secreta del terrible mago-consejero o la introducción del joven perro del desierto dan una mayor dimensión narrativa al episodio. El apartado gráfico va sobre ruedas toda la historia, de la mano de John Buscema y Ernie Chan, hasta que nos encontramos unas páginas de interferencia ilustradas por Tom Palmer y Bob McLeod, quienes salvan la papeleta sin evitar una cierta sensación de extrañeza en el lector. Cabe imaginar que tras esta peculiaridad habrá una anécdota banal sobre tiempos de entrega y entresijos editoriales.

En conjunto, La espada salvaje de Conan: Foso de sangre es un número muy entretenido y bien ejecutado. A pesar de la alargada sombra de Roy Thomas y de entrar al ruedo sin respaldo de autoridad, Michael Fleisher sale más que airoso de la experiencia y además se permite tocar tres palos muy propios del cimerio y varios registros narrativos. Bravo.

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