Aventuras de un manitas

Imagen de Destripacuentos

De uno poco hábil, todo sea dicho. Como prometí hace algún tiempo, voy a relatar mis experiencias cuando, presa de la creatividad desatada, decidí completar mi universo de Blood Bowl con unos cuantos jugadores de creación propia

Terminada la fiebre momentánea por la creación y modelación de jugadores de Blood Bowl, debo decir que me da incluso cierto reparo escribir este artículo. No obstante, me empujan a hacerlo tres motivos: el primero es que lo prometí, y lo prometido es deuda; el segundo es que me digo que para aquéllos que no tienen ni idea de modelar (como yo mismo) y sí muchas ganas de hacer cosas raras (como yo mismo, de nuevo) puede ser interesante saber que no están solos; y, finalmente, el tercer motivo es que creo que a los veteranos del tema más que molestarles leer tan modesta aportación, seguramente les arrancará alguna sonrisa nostálgica (o despiadada, quién sabe).

 

Así que empecemos por el principio: se me metió en la cabeza moldear figuritas de Blood Bowl.

 

Al principio era algo modesto y todavía más descabellado de lo que pueda parecer. Me puse a coleccionar corchos de botellas de vino dispuesto a tallarlos a golpe de cúter para darles la forma de magníficos gólems. Por supuesto, aquello fue totalmente infructuoso. No en vano dice el refrán japonés flexible como un junco

 

Descartado el primer material, pensé en fundir perdigones, en tallar tiza, en moldear yeso, en cortar corteza de árbol. Por suerte, mi chica estudió Bellas Artes y tiene sentido común, dos particularidades que ayudaron mucho a encauzar mi fiebre. Así, me puso sobre la pista de la pasta para moldear.

 

Reconozco que había visto la de Games Workshop, pero me parecía cara y aquello de los dos colores anunciaba a gritos cualquier tipo de catástrofe. Un día, sin embargo, mi chica me trajo otro tipo de pasta para moldear, una muy barata y de un interesante color grisáceo. Al parecer llevaban mucho tiempo vendiéndola en todas las tiendas de manualidades de la ciudad, y aunque parecía plastilina corriente y moliente, se podía cocer al horno para eternizar el genio momentáneo. Gracias a esa pasta nació:

 

Bubalún

 

Aunque todos los indicios apunten en otra dirección, en ocasiones sé medir mis fuerzas. En esta tesitura, sabía que mi primera figura tenía que ser grande y simple y, a poder ser, amorfa. La bestia de Nurggle que acompañaba a los Putrefactores en la ilustración de portada del manual del Blood Bowl (2ª edición), esa montaña carnosa de color verde, era el modelo adecuado.

 

Con ella descubrí que la masilla era francamente fácil de moldear, algo viscosa y muy obediente tanto al metal como a la espátula de madera. Por el contrario, tenía la manía de acaparar todo tipo de suciedad ambiental, lo cual, aunque útil para dejar sin empleo a los plumeros, daba bastante desazón en el tema del acabado. Bueno, Nurggle tampoco ha sido nunca un dechado de higiene, me dije, y, además, seguro que algún día las pinto.

 

Con Bubalún sólo tuve dos grandes alardes técnicos: la creación de la boca con un movimiento de tijera bilateral y el uso de un portaminas para realizar los agujeros de los tentáculos. Obviaré explicaciones porque sobran.

 

Gusanos del Caos

 

Envalentonado con el éxito obtenido con Bubalún, ya bien cocido en lecho de papel de plata y estable tras el proceso, decidí completar mi línea de guerreros del caos. Siendo unos fulanos tan robustos, me dije, no será difícil moldearlos. Con lo que no contaba yo es con que ¡los canallas tienen piernas!

 

Pacientemente los iba moldeando, empezando por los pies, siguiendo por el torso, terminando por los brazos y la cabeza. El caso es que aunque los giros del torso conseguía enmascararlos con la posición y las hombreras, las piernas fundían convirtiéndose en apéndices atrofiados, lo cual no es muy adecuado en un deportista.

 

Pero allí donde no hubo habilidad manual, hubo ingenio, y al final salí por la vía del medio creando a los gusanos del caos. Lo cierto es que de los cuerpos ofidios estoy bastante orgulloso, y creo que con un poco de paciencia y de tiempo podré crear un equipo entero de estas aberraciones sin demasiada dificultad.

 

Por triste que resulte, creo que éstas han sido mis obras cumbres, por lo que abandonaré el modo cronológico a la hora de contar esta aventura para no sumirme en mi Averno personal y pasaré a una serie de elementos puntuales y, tal vez, más interesantes.

 

Ideas escalofriantes

 

Recociendo la pasta: con la pasta azul, que además no es necesario mezclar para su moldeo -aunque eso implica también que está blanda siempre y puede doblarse por su propio peso-, se pueden hacer las figuras por partes. Por ejemplo, se puede cocer un torso y luego añadir las hombreras, el cuerpo de serpiente y los brazos y cocerlo de nuevo. Hay que tener en cuenta, no obstante, que es pasta de modelar, no adhesivo.

 

Esqueletos de alambre: es posible introducir una estructura de alambre en el interior de la figura, pero hay que tener en cuenta tres cosas: no es tan fácil como parece en las fotos de Internet, el alambre se clava dolorosamente en los dedos y hay ciertos hornos que son a la vez microondas, como el mío.

 

Moldes para clonar: al igual que ocurre con el alambre, en el mundo de las Ideas todo esto es muy sencillo. De hecho, hacer el molde en sí es incluso fácil. Sacar monstruosidades con el negativo también es fácil, pues ayuda que la pasta se pega al molde y que éste ya ha perdido mucho detalle. Supongo que la masilla no es la materia prima adecuada para este tipo de cosas…

Retocar después de la cocción: como en cocina, esto es posible pero poco recomendable. Lo averigüé al clavarme en la yema del pulgar la espátula de madera y lo reafirmó el hecho de quedar destrozada ésta útil, y letal, herramienta tras la realización de un leve retoque a uno de los gusanos del caos.

 

Temperaturas infernales: por mucho que en el campo vayamos a exigir cualquier cosa a nuestros jugadores, mientras cuecen no hay que pasarse. Por fortuna, los excesos de temperatura, por lo que he visto, únicamente dan un color extraño a las figuras. Pero bueno, somos fans de las Estrellas del Caos, ¿no?

 

Para ver a lo que me refiero con color extraño, haceros una idea de que el gusano del caos color ocre cobrizo era azul cuando entró en el horno.

 

 

Ciertamente, éstos no son los consejos que os harán convertir ese trozo informe de masa azulada en un increíble bloqueador ogro dragón, pero al menos os harán sentir menos solos cuando franqueéis el umbral que separa las ideas de las ideas malogradas.

 

Espero que esta crónica de un desastre anunciado sirva, al menos, para animar a algún veterano a contarnos algún truco y a algún novato a intentar hacer su primera obra maestra. Yo, por mi parte, he quedado orgulloso de esta primera tanda, aunque no creo que el FAN les permita saltar al terreno de juego. Ni siquiera si los pinto.

 

Comixininos

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