La escurridiza lucha a muerte de los bárbaros

Imagen de Anne Bonny

Una pataleta sobre un cómic que me rehuye pero sin alejarse demasiado.

 

El cómic con el que descubrí a Conan el bárbaro, el número 155 de la edición de Forum en España, ese que llevaba por sugerente título Bajo la ciudad de las sombras, venía, como era común en aquella época, con material de relleno para completar la cantidad preestablecida de páginas. En este caso, ese “apéndice” nos presentaba una historia en media res que traía, ni más ni menos, que un combate entre Red Sonja y el propio Conan en un templo regido por Karanthes, el sacerdote estigio de Ibis.

Ya solo con estos elementos, era una historia que daba ganas de terminar. Además, a pesar de que el dibujo de Frank Thorne me resultaba de trazo demasiado duro, la conjunción de osarios, serpientes gigantes y combates épicos era más que suficiente para que captara mis anhelos. Espada y brujería en estado puro, claro.

El caso es que, para mi decepción, en el número 156 de Conan el bárbaro no continuaron con el relleno correspondiente, el que permitiría ver el final de la historia, todo un chasco que casi me hizo (intentar) olvidarme de la misma. Solo tiempo después, cuando encontré en un mercadillo el recopilatorio que incluía del 151 al 155 me volvió el resquemor, ya que, gracias al mismo, en el correspondiente relleno de los cuatro últimos números, pude ver el inicio de la historia (desde el punto de vista de Sonja): un encuentro con hombres chacal y hombres cocodrilo que tenía algo de leyenda urbana y mucho sabor hiborio, y una fugaz aparición de Bêlit, la reina de la Costa Negra.

Años después, esta misma historia se publicó en España en la maxiserie dedicada a Red Sonja, que creo que fue la primera publicación propia que tuvo en nuestro país. En ella, el arco argumental venía íntegro en los números 6, 7 y 8, creo que como la edición original americana de la que se había extraído el relleno para Conan el bárbaro. En esta ocasión, conseguí los dos segundos, y pude enterarme de que la cosa terminaba más a la grande todavía: con ilustraciones de Buscema y ¡con el Rey Kull como invitado!

Aquello clamaba al cielo. Necesitaba conseguir tener ese maldito arco argumental en condiciones, no desperdigado por cómics ajados de segunda mano y no correlativos. Pero, claro, me volvió a tocar esperar.

Hace poco empecé a coleccionar Las crónicas de Conan. A pesar de no venir con las portadas de cada número, se ha revelado una edición muy interesante para completar una colección que empecé con diez años y que es de lo más heterogénea. Y en esas estaba, releyendo y atando cabos sueltos, disfrutando de la serie en el orden en el que fue concebida, cuando llegué a la saga de la Costa Negra, donde Bêlit se junta con Conan y, por lo tanto, se tiene que dar el encuentro con Red Sonja para que esta historia del demonio tenga lugar.

Así, estaba ya en el tomo 9, a punto de llegar al número 66, donde... me encontré un hueco. En efecto, por temas de derechos, los números 66, 67 y 68 no fueron reeditados por Dark Horse y, por lo tanto, tampoco por Planeta DeAgostini. No estoy seguro al 100%, pero sospecho que coinciden con los números 6, 7 y 8 de la colección Red Sonja. De momento, toca quedarse con la duda. Tengo la esperanza de que se reediten más adelante y despejen la incógnita: ¿son tres números paralelos desde la óptica de Conan y Bêlit? ¿O fueron los tres dibujados para Conan el bárbaro los que acabaron en Red Sonja? Paciencia. Y, quizás, algo de arqueología comiquera.

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