Punisher: Diario de Guerra

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Reseña del tomo de Marvel Héroes dedicado a Frank Castle

 

La estancia de Garth Ennis a cargo de los títulos dedicados a Punisher -primero en el sello Marvel Knights, luego en MAX y de nuevo en Marvel Knights- ha marcado a fuego la caracterización posterior de este personaje, lo que puede suponer que se olvide al Frank Castle pre-Ennis. Lo hubo y tuvo muchísimo éxito, llegando a publicarse tres series suyas de forma simultánea hasta que el personaje entró en barrena en 1995. Con el permiso de cierto canadiense, era la creación de la nueva Marvel que más fuerte había entrado en el corazón del aficionado desde que apareciera en una portada de The Amazing Spiderman.

De las tres colecciones mencionadas, Punisher: War Journal es hoy la más añorada. La serie surge por la necesidad de dar otro enfoque a las aventuras del justiciero de la calavera. De este modo, Castle podrá tener un mayor contacto con otros personajes de Marvel e incluso salir de su hábitat neoyorquino para enfrentarse a amenazas más exóticas. Este título se encargó precisamente al que había sido editor de la cabecera original, Carl Potts. Perfecto conocedor de todos los entresijos del oficio, Potts no sólo se encargó de escribir la trama, sino que también abocetaba las páginas para que el dibujante les diera el toque final. El artista encargado era un principiante llamado Jim Lee.

La serie comenzó con una historia que se remontaba al origen mismo del personaje y que transcurría en la actualidad. A pesar de lo académico de la presentación, Potts supo dar por un lado con un argumento lo suficentemente interesante (historia a tres bandas de fatalidad y venganza) y lo plasmó con cierto estilo (la narración muda del conocidísimo asesinato de la familia de Castle paralela a la acción principal). Además, supo ir enlazando trama tras trama, de manera que éstas no llegan a ser compartimentos estancos como ocurre hoy en día. Tras esa primera historia, Potts ahondaría aún más en el pasado de Punisher para narrar el sangriento reencuentro entre Castle y unos ex-compañeros de Vietnam.

A continuación llegaría la más marciana de todas las que conforman el volumen reseñado aquí y, sin duda, la más representativa del espíritu con que nació este Punisher: War Journal. El resumen: Frank Castle viaja al Congo para escoltar una expedición que busca dinosaurios en la jungla, pero acabará topándose allí con Lobezno. Un cóctel que podría haber sido autodestructivo, sin duda, pero que resulta ser divertido y refrescante. No hay nada malo en dar un tono tan loco a la acción si se respetan los principios del personaje. La saga resulta interesante también desde un punto de vista meramente historiográfico, ya que es el primer encuentro entre los dos personajes más populares, como se ha comentado líneas atrás, de la Marvel de los ochenta. Es muy gracioso observar cómo se hablan y pelean sin saber nada el uno del otro, algo impensable hoy, cuando ambos son verdaderos iconos de este universo.

Jim Lee, por su parte, supo dar a los bocetos y guiones de Potts un vigor y una rotundidad espectaculares. Es cierto que aún no había llegado a sus mayores cotas de calidad y que quizás no sea el mejor narrador del mundo, pero es innegable que su estilo contundente y dinámico marcó una época y aquí puede observarse el porqué.

El volumen Punisher: Diario de Guerra que Panini publica dentro de su imprescindible sello Marvel Héroes hace justicia con una etapa del personaje que hoy parece eclipsada por la alargada sombra de Ennis. Estos cómics son hijos de su época y como tales hay que valorarlos, pero su lectura resulta divertida y explosiva y el aficionado se sorprenderá de quedarse boquiabierto con alguna que otra doble página de Lee. Por si fuera poco, demuestra que Punisher es capaz de dirigir una manada de dinosaurios con los disparos de su ametralladora. Como para no recomendar su lectura, vamos.

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HPLovecraft
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Recuerdo que Fórum publicó el Diario de Guerra de El Castigador de una forma (en las páginas centrales de la colección principal, cuando todos los cómics estaban obligados a tener las 32 paginitas de rigor) que obligaba a realizar una operación de alto riesgo a los coleccioniestas: abrir las grapas y guardarlo aparte con la esperanza de encuadernarlo todo un día. La publicación de este tomo se hace imprescindible y es bienvenida.

Gracias por el artículo.

La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido.

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En efecto, en Panini están realizando últimamente unas "operaciones rescate" de órdago. La próxima reseña que ando preparando es sobre los primeros números del Motorista Fantasma de los noventa, una mis debilidades. Sería fenomenal que no se quedaran en usar estos tomos como mero escaparate y la cosa fuera a más, sacando los números posteriores de estas colecciones.

Gracias a ti por el comentario!!

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