Fuego, camina conmigo (T)

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Magnus Dagon
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FUEGO, CAMINA CONMIGO

29 de noviembre de 2006
NBC Universal
100 Universal City Plaza
Universal City, CA 91608
USA

A quien corresponda

Mi nombre es Martin Cassaday, y les escribo esta carta porque he de hacerles una petición sumamente importante, que más que petición se puede decir que es una súplica. No deben distribuir Inland Empire, la nueva película del, por otro lado, genial director David Lynch, por quien siempre he profesado una gran admiración. Los motivos que me llevan a pedirles esto no son arbitrarios ni tampoco producto de una conducta caprichosa. Si no los he dicho aún es porque creo que si lo hiciera de manera directa y sin tapujos no creerían mis palabras, de modo que les contaré, lo más brevemente que pueda, cómo fue que comprendí que esa película no debía ser mostrada al gran público.
    Como ya les he dicho, toda la vida he sido un admirador declarado de David Lynch. Consideraba a este director como uno de los más atrevidos y originales del panorama actual, como un visionario con un dominio de la cámara perfecto y la capacidad de narrar historias que reinventan el modo de comprender el cine. Siempre sentí que cuando veía una película de David Lynch, más que introducirme en una historia, lo que hacía era contemplar un bello cuadro dinámico, sólo que las herramientas para su creación eran los planos en lugar de las pinceladas. David Lynch es al cine, en mi opinión, lo que Picasso fue a la pintura: alejado de la realidad pero al mismo tiempo afincado en ella, el artista onírico por excelencia.
    Después de lo que he averiguado, mi opinión sobre él no ha cambiado. Sin embargo, ahora sé que además de todas esas cosas, este hombre es, tal vez sin saberlo, un mensajero.
    Soy consciente de que mis palabras suenan extrañas, y que tal vez me estén tomando por loco, pero les ruego que lean la carta hasta el final. Importantes motivos me mueven a tener que revelar todo lo que sé, aun a costa de que me crean un excéntrico.
    Debido a mi gran pasión por este director, poseo muchos minutos de metraje inéditos de la mayor parte de sus películas. Sólo por poner un ejemplo, gracias a hábiles contactos logré obtener, mucho antes de que fueran mostradas al público, todas las escenas no utilizadas de la película Dune, así como las apariciones estelares de muchos personajes de Twin Peaks en la película homónima. Destaco este dato porque sólo de esa manera puede entenderse que hubiera sabido de la muerte de Yared Gabriel, ayudante de edición del propio David Lynch, ya que las bases de datos de Internet nunca le han reseñado (según se dice por deseo propio, pero esa es otra historia que no nos concierne ahora).
    El caso es que el señor Gabriel fue encontrado muerto en la sala de edición, mientras asistía solo a un pase de Inland Empire. En su mano, al parecer, se encontró un trozo de papel roto con una serie de números. Según se dice el propio Lynch comenzó a visionar la película que estaba en pantalla y, cuando aún no la había terminado, la destruyó sin dejar copias.
    Gracias a mis amigos y contactos pude obtener copia de los números. Eran una extraña serie agrupada por parejas, que no reproduciré aquí por motivos que entenderán más adelante, pero para que se hagan una idea, eran del estilo de 1-13, 5-78 y así hasta llenar varias decenas de parejas. Un estudio concienzudo de los números me hizo pensar que tenían algo que ver con las películas del director, pero no acababa de encontrar la conexión exacta. Por otro lado, el hecho de que la nota estuviera rota no hacía sino agravar el misterio. Era evidente que faltaban números en ella, pero el motivo de que hubiera sido partida en dos (o tal vez sólo fuera un minúsculo trozo lo que la faltara) provocaba múltiples incógnitas. ¿Quién había roto la nota? ¿Gabriel? ¿El propio David Lynch? ¿O fue algo que sucedió por mero accidente? Lo cierto era que todo aquel misterio encendía mi mente deductiva, y por ello me dediqué en cuerpo y alma a averiguar el significado de los números.
    Me pasé mucho tiempo intentando encontrar algún sentido en ellos, empleando todas las posibles codificaciones que iba conociendo, empleando todas las bases numéricas para intentar descifrarlos. Recurrí a la numerología, pensando que quizás eran producto de una mente supersticiosa. Incluso visité numerosas páginas webs, como sessenkrad.com, que hacían crípticas aseveraciones acerca de la naturaleza de los aparatos tecnológicos, pero los relacionaban con absurdas mitologías inventadas y extraños nombres como Asserlar el Observador. Sin embargo la solución era mucho más sencilla de ser planteada y al mismo tiempo mucho más difícil de comprobar.
    La pista definitiva la obtuve cuando supe cuál era la escena que Yared Gabriel estaba viendo antes de morir. Según el proyeccionista, que no estaba haciendo caso a la pantalla pero escuchó las primeras convulsiones del ayudante, se trataba de una de las varias escenas de Inland Empire que aluden a una extraña palabra que aparece en la película, Axxon N.
    Busqué el número de la escena en el montaje definitivo de la película y comprobé, sorprendido, que aludía a una de las parejas de números de la nota, concretamente a la última de la misma. El primer dígito correspondía con el número que Inland Empire ocupaba en la filmografía de David Lynch, y el segundo con el número de la escena. Si bien el primer dígito se puede deducir con facilidad sin más que recurrir a la filmografía del director, no revelaré el segundo número, aunque demasiadas pistas he otorgado ya al respecto.
    La nota otorgaba una secuencia de montaje. Una extraña secuencia de montaje que incluía varias películas. Estaba maravillado. ¡David Lynch era un genio! Lejos de resultar crípticas e incomprensibles, sus películas eran increíbles obras abstractas que, mezcladas entre sí, formaban una nueva película a su vez. Había creado una metapelícula, una película de películas que sería recordada como uno de los proyectos más extraños y ambiciosos de la historia moderna del cine.
    El motivo de que la nota se rompiera y la película se destruyera estaba claro para mí. David Lynch quería que aquello fuera una obra póstuma, tal vez porque ni siquiera estaba acabada, ya que aún tenía mucho que añadir al metraje con las películas que aún no habían sido filmadas. Aquello, sin embargo, no bastaba para contener mis ansias. Tenía que montar la película y verla, o al menos ver el trozo que se había salvado.
    Es a partir de este momento cuando mi historia, como si fuera de hecho otra más de las películas de David Lynch, se les antojará increíble. Pero les ruego que sigan leyendo, ahora con más atención que nunca.
    Comprobé que no todas las películas de David Lynch formaban parte del extraño metraje. Algunas como Dune o El Hombre Elefante no lo hacían, tal vez porque al ser proyectos de encargo no podía enfocarlas del modo que considerara más conveniente, y otras como Una Historia Verdadera no lo hacían seguramente por carecer del ambiente onírico que caracterizaba al resto de su filmografía. Lo cierto era que, a medida que iba tomando nota de las escenas y las visionaba en mi ordenador, sentía algo extraño. Como si las escenas por sí solas me transmitieran un mensaje malsano que no lograba aún entender pero que sabía no me estaba haciendo ningún bien. Aquellos días no lograba dormir, y tenía peculiares pesadillas que aludían a todo el imaginario del director. Ahora entiendo que esas pesadillas debían ser las mismas que el propio director tenía.
    Porque, y es ahora cuando estoy más seguro que nunca, este pintoresco director soñaba dichas escenas. Y él no lo sabía, pero esas escenas no son aleatorias, ni extrañas, ni caprichosas. Esas escenas forman un mensaje. Un mensaje horrendo de que hay algo, en nuestro ordenado mundo, que no debe ser descubierto jamás. El director lo sabía, pero sólo a medias. De ahí proviene su excentricidad y su locura. De hecho, estoy seguro de que la crisis definitiva la sufrió mientras rodaba la película de Twin Peaks, ya que en ella, aunque no se puede demostrar con seguridad, aparece disfrazado como una vieja sucia y maloliente en una de las escenas iniciales. Las bases de datos de Internet aseguran que esa vieja es una actriz llamada Ingrid Brucato, pero la carrera artística de esa ‘actriz’ sólo incluye esa película y escena.
    En este momento, más que nunca, les ruego que no dejen de leer, por increíble que les pueda sonar lo que estoy contando. El motivo de que no haya querido darles la lista de los números es prevenirles de la tentación de que realicen el montaje.
    Yo lo hice. Al menos la parte que no se había perdido. Empleé para ello el programa Pinnacle Studio. El montaje incluía escenas de las películas más inquietantes del director, además de conformar de repente una mitología que resultaba ser terroríficamente coherente y lógica. Palabras como la ya mencionada Axxon N o Garmonbozia de repente se abrieron paso hacia mi mente como gusanos que desenterraban un miedo primigenio e irracional, helando mi alma y todo el ambiente que me rodeaba. Y antes de que, a la mitad del visionado, estirara desesperado la mano hacia el ratón para apagar aquel horror que sólo pude entender en parte, una frase, procedente del montaje, se instaló en mi cerebro y cobró un terrorífico significado que no puedo compartir con ustedes, que se pueden sentir afortunados de no entender.
    La frase era Fuego, camina conmigo. Y desde entonces ha llenado mis noches de incontables pesadillas, mucho más vivas y extrañas que las del Agente Cooper.
    Desde entonces ya no creo en la metáfora de las tramas del cineasta, ni tampoco he vuelto a ver una sola de sus películas. El Hombre Misterioso de Carretera Perdida, Killer Bob de Twin Peaks, los dos hombres de Mulholland Drive que hablan en una cafetería acerca de un monstruo que se esconde en la parte exterior, todos ellos, que llegan a provocar risa en algunos espectadores incultos, esconden una terrorífica verdad en sus palabras que no me atrevo a mencionar en voz alta y que debe morir conmigo, y que tal vez no estaba tan alejada de lo que aquellas webs estaban tratando de decirme.
    Es por ello que les reitero, les suplico, que no distribuyan Inland Empire. De ese modo el mensaje morirá al menos en parte. Yo, por otro lado, intentaré que los números desaparezcan para que no puedan encontrarse jamás.
    Espero que me crean, porque hay mucho en juego. El mundo tal y como lo conocemos es lo único que debemos conocer. Hay más, mucho más, que es mejor que permanezca oculto a nuestro conocimiento. Yo sólo pude atisbar una parte de ello. No me cabe duda de que Yared Gabriel fue consciente de ello en su totalidad, y tal vez fuera él mismo el que rompió la nota antes de que alguien la encontrara completa.
    Soy consciente de que tal vez eso no detenga al director, que siempre puede promocionar la película a través de Absurda, su propia distribuidora, pero intentaré tratar ese problema cuando se presente, y no antes.

Atentamente,

    Martin Cassaday.
 

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Me alegra leer a otro admirador confeso del Maestro Lynch en este concurso. De hecho, suelo firmar mis cuentos y apariciones en blogs y demás webs con el pseudónimo de "lyncheano", y sólo en esta cambié para variar un poco. Para mí DL es el cineasta y artista multidisciplinar por excelencia, INLAND EMPIRE la vi tres veces en cine y reconozco que vivo obsesionado con sus obras desde que lo conocí. Por eso encuentro tu cuento de lo más sugerente, inquietante y original, aunque reconozco que sólo los iniciados en la obra del genio podremos seguirlo y degustarlo por completo... palabras como garmonbozia no se encuentran en el vocabulario de todo el mundo, jeje.

Un saludo y suerte

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Saludos

Decirte que en terminos generales me gustó. Aunque hubo algunas partes que me chirriaron, el enfoque del protagonista no me termina de resultar creible. Sobre todo sabiendo lo que pasa tan de primera mano. Creo que le falta la tensión del protagonista y una implicación más firme que la que toma escribiendo la carta. Sólo una opinión. En cualquier caso de lo mejorcito qe leí por aquí.

Nos leemos.

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Hola, gracias a todo el mundo por los comentarios. Aunque no haré comentarios porque me parece lo más lógico y prudente, ya que el relato se debería valorar sólo por lo que es y no por lo que yo pueda o no decir, sólo mencionar que ninguno de ellos ha caído en saco roto y tanto los positivos como los negativos han sido tenidos en cuenta.

Gracias de nuevo, y un saludo.

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nestordarius
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Un gustazo leerte por aquí, Magnus!!

Me encantó tu relato; aunque no soy un profundo seguidor de la obra de Lynch, llegué a captar algunos guiños. Este cuento, la atmósfera "conspiranoica", y el recurso del "descubridor de la cosa" que trata de advertir al mundo (que, aunque remanido, me parece bien llevado), necesitan más extensión, creo. Bien harías en reescribirlo, luego de que termine el certamen, para ver qué sucede con Cassaday...

Felicitaciones ;-)

Néstor Darío Figueiras (Stratofan!!)

poeticoprofeticopoliedrico.blogspot.com

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Magnus Dagon
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Muchas gracias por los comentarios Néstor, se planteará esa opción que dices de alargarlo, que siempre mejora lo ya hecho, aunque habrá que esperar a que tenga menos proyectos pendientes, que si no me desbordo :)

Un saludo, y gracias de nuevo.

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