Fue algo más que simple curiosidad (T)

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Vidar
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Fue algo más que simple curiosidad

Era una tarde de finales de Agosto. Hasta hacía poco había estado encerrado en mi estudio revisando algunos documentos, por lo que había decidido acercarme al lago para descansar y despejar la mente, antes de volver a la casa y poner al día la correspondencia de mis amistades y algunos clientes. Había caminado despacio, pues no podía evitar seguir pensando en los asuntos que me ocupaban, y llegué a la orilla del lago cuando el sol ya estaba cerca de ocultarse. Me senté en la hierba, y traté de detenerme en observar los tonos cálidos que el paisaje adquiría al recibir los rayos del sol. Éstos eran reflejados por la superficie del agua, produciéndose mil destellos rojizos y dorados, que ocultaban a aquél que lo contemplaba desde la orilla la inimaginable profundidad que el lago alcanzaba. Soplaba una suave brisa, refrescante y reconfortante.

Me demoré todo lo que pude en estas placenteras sensaciones, que en tan contadas ocasiones tenía la oportunidad de disfrutar. Pero después de una media hora decidí que debía emprender el camino de vuelta, si quería estar a tiempo para la cena y retomar después mis obligaciones. En el momento en que empecé a incorporarme, percibí un ligero movimiento en uno de los arbustos cercanos a la orilla, y quise esperar unos minutos más para descubrir qué nueva distracción me ofrecía la tarde.

Cuando la vi, no quise creerlo, pues cuando yo esperaba encontrarme con algún inofensivo animal, ¡lo que apareció de entre los arbustos no era sino una mujer! Pero no una mujer normal, era evidente que esta hermosa criatura pertenecía al lago. Su cabello descendía desde su cabeza, como lianas de hiedra y carrizo, con un sinfín de hojas entreveradas, hasta sus tobillos; su cintura se cimbreaba como el tallo de un junco movido por el viento, y como la de la espadaña era su piel, parda, densa y firme. Su belleza salvaje ejerció una poderosa atracción sobre mí desde el primer momento. Ella caminó lentamente, al parecer sin reparar en mi presencia, y se internó en el lago hasta que el agua alcanzó sus rodillas, mientras sus cabellos se sumergían y emergían de nuevo, siguiendo el compás de las ondas del lago. Fue en este momento en el que giró su cuello y clavó por un instante una incitante mirada en mis atónitos ojos, para desaparecer un segundo después bajo la superficie.

Sin salir de mi asombro, me aproximé tímidamente a la orilla. Para cuando llegué allí, las ondas que habría levantado esa mujer al sumergirse en el agua ya se habían alejado y en un instante se desvanecieron, por lo que me sentí tentado de atribuir todo lo ocurrido a la impresión que habían ejercido en mí los juegos de luz de la tarde tras un día de trabajo y concentración ininterrumpidos. Y así hubiese hecho sin duda, de no haber sido por unas hojas de hiedra, como las que adornaban el cabello de la extraña aparición, que flotaban a la orilla del lago junto a una abundante cantidad de sedimentos revueltos.

Tras dejar atrás una serie de consideraciones, como la conveniencia de meterse en el lago solo y a esa hora de la tarde, decidí comprobar la veracidad de lo que acababa de ocurrir. Me desvestí y, como movido por una fuerza interior dormida o escondida hasta entonces, me zambullí.

Buceé hacia el interior del lago, y cuando me había alejado lo suficiente de la orilla, lancé una mirada en torno a mí tan lejos como alcanzaba mi vista. Allí descubrí una figura contorsionándose en el agua, en la que reconocí a la extraña mujer. Sin embargo, sentí que algo había cambiado en ella, aunque quizá se debiese solo a que la luz llegaba allí más debilitada que en el exterior, dándole a todo un tono más sombrío.

Comencé a avanzar hacia ella, y cuando vi que parecía esperarme con impaciencia, reuní toda mi energía para llegar a su lado de inmediato. Pero una vez junto a ella deseé no haberlo hecho, pues lo que había cambiado no era sólo la luz, sino que la mujer, a pesar de que yo sabía que era la misma, era completamente distinta. Su pelo estaba ahora formado por ovas, sus movimientos eran flácidos y su piel era de una consistencia limosa, que le daba a todo su cuerpo un aspecto repugnante. Quise huir, braceando con todas mis fuerzas, pero ella había enredado su pelo viscoso alrededor de mis miembros y me arrastraba hacia el fondo del lago sin que yo pudiese hacer nada por impedirlo.

A medida que descendíamos, la por entonces tenue luz de la superficie iba haciéndose más y más lejana, y el calor iba abandonando poco a poco mi cuerpo. La mujer fue tejiendo una maraña cada vez más densa en torno a mí, inmovilizándome casi por completo e impidiéndome ver u oír lo poco que yo podría haber visto u oído en aquellas circunstancias. Lo único que podía sentir con absoluta claridad era el frío tacto de su pelo, y cómo tiraba de mí hacia su resbaladizo abrazo.

La impresión que sentí al ver por primera vez la transformación sufrida por la mujer me había hecho expulsar todo el aire de mis pulmones, y el tiempo transcurrido desde entonces había sido una lucha agónica por conservar la consciencia y alargar mi vida hasta más allá del límite. Pero cuando noté cómo mi cuerpo se hundía contra el pecho de esa criatura, sujetado por sus blandos pero tenaces brazos, no pude reprimir una mueca de angustia infinita, que me hizo tragar ese agua negra, mezclada con el limo que se desprendía de su piel. Pensé que aquél era mi final, que ya no tendría que preocuparme por lo que aquella mujer pudiese hacer conmigo. Pero me equivocaba, pues de alguna manera, al tenerme atrapado casi dentro de su cuerpo, aquella mujer me mantenía con vida con algún propósito secreto, pero sin duda malévolo.

Al saber hasta qué punto llegaba su control sobre mí, desistí de intentar liberarme, y me dediqué a observarla detenidamente, estudiando sus profundos ojos verdes, tratando de comprender la naturaleza de su ser y sus pensamientos, para ver si podía conseguir alguna pista sobre lo que planeaba hacer conmigo. No sabría precisar cuánto tiempo estuvimos así, en aparente armonía, ella arrastrándome aún a más profundidad y yo observándola, mientras seguía respirando su piel con el agua.

El escrutinio al que la sometí para conocer su personalidad no me permitió averiguar nada sobre el futuro que me esperaba, pero me hizo darme cuenta de un error que había cometido al descubrir en lo que se había transformado la fascinante mujer de junco que me había seducido aquella tarde. Cuando vi que su apariencia era completamente distinta, supuse que su interior también lo sería. Pero al estar a solas con ella en las profundidades del lago reconocí que su interior no había cambiado un ápice. Esa naturaleza salvaje, enigmática y peligrosa era la que siempre había poseído, y la que me hipnotizó desde el primer momento. Lo que hizo al transformarse no fue sino adoptar un físico más acorde con su verdadera personalidad.

Esa era la misma mujer que me había cautivado en la orilla, la mujer que yo deseaba. Y me dejaría arrastrar por ella hasta el abismo más oscuro.

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Ninotchka
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Es... hermoso, Vidar. Una historia bien bonita, con un estilo que, no me preguntes por qué (la primera persona? la composición de las frases? la historia en sí? ) me ha recordado a Poe. Muy bonito

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Vidar
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Muchas gracias por el comentario, Ninotchka.

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Miguel Puente
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Se nota bastante verde el cuento, Vidar, y no lo digo por el limo del lago.

Por poner un ejemplo: El escrutinio al que la sometí para conocer su personalidad no me permitió averiguar nada sobre el futuro que me esperaba...

El tipo se está ahogando y se limita a mirar al bicho en cuestión a ver si, por ciencia infusa, le lee la mente. Totalmente absurdo. Y así durante todo el cuento.

Otro ejemplo: la mujer, a pesar de que yo sabía que era la misma, era completamente distinta.

Un buen escritor no diría que es distinta, la describiría antes y después para que fuese el lector el que se diese cuenta del cambio. Al escribir lo que escribes te ahorras unos buenos párrafos descriptivos, pero ofendes al lector, porque en realidad no le cuentas nada.

Te animo a que sigas escribiendo y a que participes en los retos del taller. Si realmente te interesa esto de la escritura, con el tiempo te irás puliendo. Nadie nace escritor.

Un saludo

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Vidar
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Bueno, en realidad cuando se dedica a observarla el protagonista ya se ha dado cuenta de que no va a ahogarse y de que no puede liberarse, como escribo en los párrafos anteriores.

Es cierto que las descripciones son uno de mis puntos más flojos, pero sí intento describir el antes y el después de la transformación. Entiendo que estas descripciones te parezcan demasiado breves o que directamente no te convenzan, pero estar están

Gracias por pasarte a comentar

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