Celuloide en mantequilla

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No hay frasco de sal de frutas lo suficientemente grande en el mundo como para aliviar el ardor de estómago que provoca ver Julie & Julia 

 Conocemos las comedias románticas. De fácil digestión, protagonistas guapos, historias edificantes, que buscan el guiño cómplice en la pareja o el deseo de un amor arcádico en el soltero, generadoras de arrumacos, un chute de algodón de azúcar en vena, un mismo esquema narrativo para diferentes películas, el loft de Brooklyn, rollo de superación laboral, cenicientas que buscan como locas sus zapatos de cristal y príncipes que no bajan la tapa del váter, rancio tradicionalismo y entrañable conservadurismo a partes iguales, olvidadas al minuto de salir de la sala de proyección, risas ñoñas de ñoños que intentan hacer reír, cli-ches-cli-ches-cli-ches.

 

Y aun así, a pesar de ser conscientes de todo esto, como si estas películas hubiesen sido ideadas por Huxley para su mundo feliz, los espectadores acuden en tropel cuando semana sí, semana también, las carteleras anuncian su nueva ración de soma. Quizás es que aquellas comedias románticas que son buenas dejan una impronta no biodegradable. Las hay, en serio, y décadas atrás había muchísimas más. Quizás, también, es que las malas comedias románticas son tan inocuas que ni siquiera te enfadas por haber pagado para ver una tontería así. Creo, sinceramente, que ambas posibilidades son correctas y complementarias. Creo, además, que los productores lo creen también y viven del cuento gracias a ello. Y nosotros, mientras, en el cine, con la sonrisilla y el hilillo de baba en lenta precipitación.

 

De otro modo no entiendo la existencia de un bodrio como Julie & Julia. Disfrazado de película con ínfulas, una especie de Las horas versión comedia romántica, con historias de superación y sueños conseguidos unidas en el tiempo, nos encontramos con el summum de la tomadura de pelo. A lo largo de sus casi tres horas -¿por qué, oh dioses, por qué tienen que durar ahora todas las películas tres horas?- somos testigos de cómo una chica se obsesiona de forma un tanto psicopática de una cocinera de televisión de los años cincuenta especializada en gastronomía francesa, hasta el punto de tomar la decisión de cocinar en un año todas las recetas que ésta publicó en un voluminoso libro y, no contenta con ello, comentar los aspectos de este work in process en un blog. Darren Aronofsky haría un descenso a los infiernos interiores de esta muchacha que llega a demostrar su amor hacia la cocinera dejándole un paquete de mantequilla en un retrato suyo (si esto no es propio de una persona tronada que venga Dios y lo vea), pero Nora Ephron (antaño directora de la, en comparación, maravillosa Algo para recordar) opta por otra decisión estética bastante más difícil de digerir: unta de esa misma mantequilla todo el metraje, haciéndolo empalagoso e intragable. Los saltos en el tiempo se suceden sin saber muy bien por qué, así como los resortes habituales de este tipo de película (el binomio discusión-reconciliación, aquí más absurdo que nunca). Las líneas de guión más interesantes de los personajes son las onomatopeyas de gusto que profieren al llevarse el tenedor a la boca y sí, los platos se cocinan ante nuestros ojos una y otra vez y tienen todos muy buena pinta, pero para ver cocinar platos ya tenemos a Arguiñano, que, encima, es más gracioso.

 

Desconcierta el hecho de que dos actrices tan soberbias como Meryl Streep y Amy Adams, capaces de conseguir cumbres como La duda, acepten realizar una película con un guión semejante, que ni va ni viene, que insiste en gracias sin gracia -¿quién pensó que sería bueno insistir a lo largo de toda la película en que el personaje de Streep tiene una estatura desproporcionada?- y que sólo parece legitimar su existencia en el hecho de que está basada en dos historias reales. Ésa es la gran lección que nos enseña Julie & Julia: si hay que evitar todas las películas en cuyo cartel promocional se lee "basado en una historia real", de aquéllas en las que se lea "basado en dos historias reales" es mejor huir. Huir.

 

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Patapalo
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Muy bueno el artículo. Me he reído mucho con él. La película creo que no la veré -voy poco al cine últimamente-, pero viene bien como aviso a navegantes.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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linton
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¿3 horas? si en todas las páginas que hay por ahí marca 123 minutos

Por lo demás en el trailer ya se aprecia una película bastante tonta y vamos, que a mí no me llama la atención lo más mínimo, y leyéndote confirmo que no me pierdo nada

La imaginación contra el poder

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_Pilpintu_
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Pues bueno, no sé. Yo la vi anoche.

Sí es uno de esos bodrios; pero dentro de los bodrios... me reí mucho con las chifladuras de Meryl, la vi en V.O.S, y me encantó su personaje. Seguramente el hecho de que ella aparezca en la peli es lo que hace que esta gane algún punto (según yo). Lo de su altura desmesurada, pues no sé fue divertido, sí que me reí (perdóname por atreverme a reir viendo semejante bodrio, pero metiría si digo que a cada minuto deseaba salir del cine; me quedé los 123min y no salí enfurecida).

Es mala, antes de ir a verla ya sabía de qué tipo era, y a qué me enfrentaba. Pero bueno, debe ser que soy una de esas que esperan "su nueva ración de soma" xD

Bueno sin más, yo ,en general, tampoco creo que valga los cinco euros que pagué. Pero vaya, tengo suficiente realidad y estrés con la universidad, y salí con la mente mucho más despejada y con hambre.

 

Es mi humilde opinión, no soy ninguna entendida del cine, aunque eso ya queda claro.

...(...) "y porque era el alma mía, alma de las mariposas" R.D.

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