El generador aleatorio de nombres

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Al contrario que el condensador de fluzo, este ingenio absurdo sí que existe, o al menos existía, en realidad. Su objetivo: crear nombres aleatorios a patadas, en principio muy adecuados para los personajes de los juegos de rol

 

Esta batallita, o compendio de, es propia de un auténtico abuelo cebolleta. Nos transporta, nada menos, que a aquella época oscura en la que prácticamente nadie tenía Internet en su casa -a veces ni siquiera ordenador-, cuando los manuales de rol se vendían en las librerías normales y nadie conocía los dados con más o menos de seis caras.

 

Supongo que el que en aquella época fuera posible encontrarse una sorpresa en cada vuelta de la esquina estaba más ligado a mi edad que a las improbabilidades que se podían presentar sin previo aviso. Sin embargo, hay cosas, como el generador aleatorio de nombres, que me hacen dudarlo.

 

¿Qué demonios era el generador aleatorio de nombres? Era, como alguno ya habrá sospechado, un programa de ordenador que permitía crear palabras -lo de que fueran nombres era un auto de fe por parte de los jugadores y una pretensión del creador del mismo, mister Jason Seeley-. El concepto era facilitar a los jugadores de rol la elección de un nombre adecuado para sus personajes. Esto, como también habrá sospechado alguno, era una barbaridad.

 

Si bien es cierto que para los máster, o los directores de juego, podía revestir cierto interés -más conceptual que práctico-, casi nadie en su sano juicio hubiera elegido su nombre de este modo. El caso es que incluso para los primeros, o para obtener una lista que estimulara la imaginación del jugador, el programilla se las traía.

 

No recuerdo muy bien de dónde salió, aunque en aquella época casi no existían páginas de rol, y ninguna en castellano -que yo conociera, por lo menos-, pero desde el primer día sentí una fascinación por aquel Random Name Generator v.1.1 proporcional a su inutilidad. El bicho, aunque estaba pensado para windows, lo cual no era ninguna nadería, tenía un montón de cosas extravagantes (como signos de dólar, cuadradillos, arrobas y otras impronunciables) y términos crípticos (como Lowercase Non-vowel); vaya, los elementos mágicos para que un crío con imaginación empezara a imaginar potenciales inimaginables.

 

Programarlo, lo que se dice programarlo, más allá de modificar el número de “nombres” que aparecían, no llegué a conseguirlo nunca. Mi orgullo se amparaba en que estaba pensado para ingleses, pero la realidad era otra. De series como (verídica):

 

O'Deotuv, Exgojir, Icpuxep, Awjixufje, Rupoce, O'Kauhaq, Zeopox, Sh'Oothiy, Vohwor, Jetono, O'Peorov, Ceriqd, Uqjoyulpe, Bamxo, Moger, Ocli, Xeglo, Ijginavja, Kodmo, Vakiwv, Aptijac, Ikqa, Kehco, Sh'Muzpiq, Pudel, Kagago, Eqzodor, Saufoq, Eypevuk, Cadlu, O'Cauxuj, Itrofomko, Zeinoz, O'Weocew, Sh'Sortuq, Husovan

 

lo máximo que conseguía era extraer media docena de nombres para personajes no jugadores (aunque ahora que lo pienso, serviría de letanía también para unos sectarios de La llamada de Cthulhu). Con el tiempo comprendí que no hacía falta que todos los personajes no jugadores tuvieran nombre, especialmente si su único cometido en la aventura era morir bajo las espadas de los PJs sin que mediase conversación, y el generador aleatorio de nombres, que con tanto mimo había creado el señor Jason y con tanta inocencia había utilizado yo mismo, pasó a la parte olvidada del ordenador.

 

Todavía me resisto a borrarlo (es absurdo hacerlo sólo por recuperar los 64 ks que ocupa) y, aunque sé que nunca le encontraré utilidad, aún sueño que un día descifraré sus comandos.

 

Es un gadget muy colorido de mi pasado como jugador, un recuerdo nostálgico de aquellos tiempos donde mis amigos llamaban a sus personajes Kurgal en honor al malo de los inmortales y donde las descripciones solían ser “alto-guapo-cachas” -supongo que hoy en día nadie es capaz de decir “cachas” en público sin sonrojarse, pero a finales de los ochenta sonaba muy bien-.

 

Sí, hace tiempo que, dentro de mi esquema de las cosas, los nombres dejaron de clasificarse como guays en función del número de kas, haches, equis, y griegas y uves dobles que contienen. Sí, pero gracias a esta pieza inclasificable de software tengo una ventana abierta a ese pasado mítico y, en cierto modo, inolvidable.

 

Lástima que no haya encontrado la página web actual del autor/programador. Aunque, como ya he dicho, su utilidad es bastante cuestionable -y el mundo agradecerá que los nombres aleatorios queden confinados a su dimensión de origen-, el Random Name Generator v 1.1 es una curiosidad muy simpática.

 

 

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Razamanaz
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Vaya, pues mola . Siempre he sido un master algo vago para eso de los nombres, y hay muchos programadores que se curran aplicaciones cojonudas para esto del rol...y sin embargo el generador de nombres de-fi-ni-ti-vo sigue siendo una especie de piedra filosofal particular.

"Me he buscado a mi mismo"

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Samurai Benji
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Je je, yo también lo tuve, o al menos uno similar. UNa pena que se perdiese en uno de los formateos. Recuerdo que ninguno de sus nombres convenció a los jugadores xD Sin embargo es cierto, como letanía para sectarios de la Llamada valdría pero que muy bien...xDDD

Un artículo entretenido, saludos.

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