Conan el bárbaro, película cumbre del género

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Ahora que corren rumores de una nueva traslación a la gran pantalla del héroe creado por Robert E. Howard creo que es un buen momento para rendir homenaje a la gran película en la que Arnold Schwarzenegger inmortalizó (de nuevo) al personaje.

 

Cuando un personaje alcanza la popularidad de Conan aun después de la muerte de su creador, es inevitable que se creen mil versiones del mismo. El riesgo de trasladarlo a uno u otro medio (recordemos que, originalmente, Conan se gestó en relatos) varía, y también los resultados. El cine, en estos casos, suele salir mal parado, bien porque es muy difícil dar cuerpo a lo que la mente moldea, bien por las restricciones que el propio lenguaje de las películas implica. En 1982, en cualquier caso, sonó la flauta.

 

John Milius consiguió hacer una película que realmente conservaba el sabor al Conan original sin adaptarse fielmente a ninguna de las historias de Howard. En este largometraje, que nos presenta la vida del cimero desde la muerte de sus padres hasta la caída de Thulsa Doom, nos adentramos en el concepto primigenio de la Era Hyborea. Poco importa que el bautizo de fuego de Conan no tuviera nada que ver con ser capturado por tratantes de esclavos (recordemos que fue un aventurero errante desde el saqueo de Vernarium), o que el inevitable malvado hechicero que se nos presenta no encaje con la iconografía canónica del personaje: lo importante es que la esencia, esa magia de las historias de espada y brujería, está ahí presente con toda su pureza.

 

El Conan de Howard era un amoral aventurero al que le costaba digerir la civilización, y ahí lo tenemos perdido en las callejuelas de un zoco cualquiera (¿Zamora?). El Conan de los relatos dilapidaba el fruto de sus robos con mujerzuelas por las que se dejaba encandilar... hasta cierto punto, y aquí lo tenemos con esta apócrifa Valeria que brilla también con carisma propio. Al Conan literario, como buen bárbaro supersticioso, le resulta espeluznante y deleznable la magia, y en la película vemos cómo afronta estos peligros con su ingenio y, sobre todo, con su tesón.

 

Es interesante ver cómo Milius consigue introducir todos estos elementos de un modo natural en la narración, sin dejar que el ritmo decaiga. Está la amenaza de las bestias, las polvorientas tumbas de reyes olvidados que tanto gustaban al escritor norteamericano, las fascinantes ciudades exóticas con torreones misteriosos vertiendo sobre sus calles sus inquietantes sombras, sus cultos ancestrales a seres inhumanos... Bien es cierto que a veces se le va la mano (la escena de la rueda en el desierto es un recurso muy épico para mostrar el crecimiento de Conan, aunque... en fin), pero la suspensión de incredulidad funciona a las mil maravillas: el discurso de la película es claro y se desarrolla a la perfección, y el espectador da su voto de confianza.

 

Además, el sabor de aventuras que destila es formidable. En este sentido, fue una buena decisión dejar que Conan fuera el protagonista pero sin eclipsar al resto: tanto Sandahl Bergman (Valeria) como Gerry Lopez (Subotai) consiguen brillar aun bajo la impresionante mole de Arnold Schwarzenegger, quien, como es normal, se erige en protagonista indiscutible del metraje. Las coreografías de los combates y la certeza de los diálogos, dos pilares indispensables en una historia de este tipo (más incluso que los decorados y los efectos especiales, me atrevería a decir), hacen el resto.

 

Rematando la jugada tenemos la poderosa banda sonora (en pocas ocasiones se puede usar un adjetivo así hablando de música) de Basil Poledouris. ¿Quién no recuerda el ritmo de esos timbales, su llamada a hacer frente a cuantos demonios y serpientes gigantes se interpongan en nuestro camino? Una música que nos muestra todos los registros de la película: acción, romance, sensualidad, erotismo, aventura... Una banda sonora que no se cansa uno de escuchar.

 

El resultado es un filme absolutamente mítico, y épico. Irrepetible, me atrevería a decir. Como fan del personaje, sin embargo, no me perderé las nuevas adaptaciones al cine que se hagan. Sólo espero que sigan la estela de ésta, y no de la funesta Conan el destructor.

 

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Félix Royo
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Poblador desde: 26/01/2009
Puntos: 11174

Aunque la película traicione algunos detalles de las historias y suplante algunos por otros, además de que Basil Poledouris reconociera posteriormente que la banda sonora es un conjunto de recortes de conciertos y sinfonías clásicas (porque no le daba tiempo a componer un original), que a Matel no le gustase la película por violenta y cambiara el merchandising por He-Man, a pesar de todo eso, es cierto que el guión aprovechó un importante hueco al que se hace referencia en el primer relato de Conan (El Fenix de la Espada) y, con ello, nos mostrara la gran historia que sólo se podía intuir en los relatos acerca de ese periodo de tiempo justo anterior a que Conan se convierta en Rey. Por desgracia, Conan el Destructor es sensiblemente peor.

El genio se compone del dos por ciento de talento y del noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación ¦

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Azhmodeus
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Poblador desde: 04/03/2009
Puntos: 537

Yo es de esas películas tan míticas que soy incapaz de juzgarlas con una mínima perspectiva. Me encanta y probablemente siempre lo haga.

De su fidelidad al original, ni idea, porque no he leído nada. Pero me llevo las manos a la cabeza con la nueva versión...

Lo malo de la vida es que somos nuestro propio guionista, por eso siempre estamos diciendo gilipolleces.

http://confesionesengranajedefectuoso.blogspot.com/

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