El almanaque de mi padre

Imagen de Anne Bonny

Reseña de esta obra de Jirô Taniguchi publicada en España por Planeta DeAgostini en tres volúmenes

 

 

El almanaque de mi padre” (titulado “El diario de mi padre” en su edición en Francia, no sé si con mayor o menor fidelidad a la obra original, pero creo que con más acierto), es una obra intimista y costumbrista.

 

En ella se nos presenta el conflicto emocional de un hombre que asiste al funeral de su padre, del que se había alejado desde el final de su adolescencia, viéndose obligado a reencontrarse con su pasado y su familia. Novela gráfica en la que la acción apenas tiene importancia, “El almanaque de mi padre” resulta una narración que apoya todo su peso en el factor emocional.

 

Curiosamente, el libro no se vale de recursos sencillos para aprovechar esta veta sentimental, sino que es en toda su extensión una obra de una sobriedad sorprendente. El dibujo, en blanco y negro, responde a esta particularidad rigurosamente, huyendo de la caricatura o el expresionismo. El lector se encuentra, de esta forma, inmerso en el ambiente solemne pero al mismo tiempo fraternal del velatorio y posterior entierro del padre del protagonista.

 

Quizás sea por esto, por esta conjunción de trazo sencillo y limpio y de un ritmo narrativo pausado pero equilibrado, que la obra adquiere tal fuerza sin que el lector apenas se dé cuenta. Pronto nos encontramos siguiendo con interés el dilema existencial que le produce el haber asistido al funeral al protagonista y todo la carga emocional que los reencuentros y descubrimientos -pues la figura del padre se ve reelaborada bajo las anécdotas y testimonios de otros asistentes- suponen nos llega con naturalidad y una cierta complicidad.

 

Al mismo tiempo, “El almanaque de mi padre” es también una obra costumbrista, un modo de descubrir el Japón de después de la II Guerra Mundial y su posterior evolución hasta nuestros días de la mano -o a través de los ojos- de sus propios habitantes, de quienes lo han construido. La cercanía de los personajes y la facilidad con la que nos adentramos en sus vidas, en sus tragedias y triunfos cotidianos, tiene esa virtud mágica de acercarnos una cultura de la que, en algunos casos -y me incluyo muy particularmente-, apenas sabemos nada.

 

En conjunto queda una obra pausada y sobria, que muestra cómo un buen narrador es capaz de presentarnos una historia cotidiana con la misma intensidad que un suceso épico sin necesidad de recurrir a fuegos artificiales. Una obra ejecutada con delicadeza en sus trazos, en sus composiciones y en sus repartos, y que trasmite toda esa misteriosa elegancia que podemos descubrir, por ejemplo, en las películas de Akira Kurosawa, despojándola al mismo tiempo de toda afectación.

 

Sin duda una obra muy interesante para acercanos a la cultura nipona, o descubrirla desde un ángulo íntimo e insospechado.

 

Sinopsis (Cortesía de Planeta DeAgostini)

 

Al morir su padre, al que hacía años que no veía, Youichi asiste a su funeral con cierta sensación de alejamiento emocional. Su padre es para él un virtual desconocido, por el que nunca ha sentido demasiado afecto y al que ha llegado a considerar como un ser mediocre y oscuro. A través de recuerdos borrosos, de comentarios de allegados de su padre y de fotografías, el protagonista irá recomponiendo una imagen más compleja de su padre a la vez que arrojando nueva luz sobre su relación con él y con su madre.

 

Poco a poco, Youichi va descubriendo que su padre es una persona más compleja de lo que pensaba, aunque todavía desconoce los motivos por los que su madre lo abandonó, hecho por el que nunca lo había llegado a perdonar. Pero quizás los motivos de su madre son más oscuros de lo que él pudiera pensar...

 

Tras descubrir los verdaderos motivos tras el abandono de su padre por parte de su madre, Youichi consigue reconciliarse no sólo con su progenitor, sino también con su vida pasada, de la que había intentado alejarse toda su vida. "Mi pueblo natal... siempre, en todo momento, estaría allí, inmutable. Ahora pienso que... no es uno el que vuelve al pueblo, es el pueblo el que un día vuelve al corazón de uno."

 

Autor

 

Jirô Taniguchi es un dibujante de manga nacido el 14 de agosto de 1947 en la prefectura de Tottori (Japón). Empezó a trabajar como asistente del dibujante Kyota Ishikawa. Debutó en el mundo del manga con Kareta Heya (La habitación ronca), publicado en 1970 en la revista Young Comic.

 

De 1976 a 1979 publicó, junto con el guionista Natsuo Sekigawa Ciudad sin defensa, El viento del oeste es blanco y Lindo 3. De 1984 a 1991, Taniguchi y Sekigawa produjeron los cinco volúmenes de Botchan no Jidai (La época de Botchan). En los años 1990 creó varias obras entre las que se encuentran Aruku Hito, Chichi no koyomi (El almanaque de mi padre) y Keyaki no ki. En 2001 creó la serie Ícaro a partir de textos de Moebius.

 

Taniguchi ha ganado varios premios por su trabajo. Entre otros, el premio Tezuka por Botchan no Jidai, el premio Shogakukan por Inu wo kau (Tener un perro), y en 2003 el Alph'Art del mejor guión en el Festival Internacional de Cómics de Angoulême (Francia) por Harukana machi-e (Barrio lejano), por el que también ha obtenido el premio a la mejor obra en el Salón del Cómic de Barcelona de 2004.

 

Imagen de Kaplan
Kaplan
Desconectado
Poblador desde: 25/01/2009
Puntos: 19498

Uno de los comics más preciados de mi colección, una maravilla.

 OcioZero · Condiciones de uso