Wes Craven IV

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Última entrega de esta serie de artículos sobre el cineasta

 

 

Tenéis los artículos precedentes en Wes Craven:

Wes Craven

Wes Craven II

Wes Craven III
 

Scream 2

Scream 2, 1997, 120 minutos

Guión: Kevin Williamson

Sidney Prescott, dos años después de los asesinatos de Woodsboro, California, vive feliz con sus amigos en el Campus de la Universidad de Windsor. El curso toca ya a su fin. Pero el día en que se estrena la película Puñalada (Stab), basada en la novela de la periodista Gala Weathers sobre los crímenes de Woodsboro, alguien es asesinado en el cine del campus. Esta segunda parte sí es buena, contradiciendo el tópico que existe respecto a ello. Scream 2 juega de nuevo con el metacine, no perdiendo un ápice de dinamismo ni intriga que se mantiene hasta el final, donde se descubre al fin la identidad del asesino. Y tenemos nuevas reglas a aplicar en una segunda parte de una película de terror: Una, el número de cadáveres siempre es mayor. Dos, las escenas de muerte son más rebuscadas, más sangre, más morbo, más dulces de carnicería. Tres, nunca des por hecho que el asesino está muerto. Williamson volvió a dar en el blanco y Wes Craven realizó un trabajo impecable de dirección, consiguiendo de nuevo lo increíble.

Con un presupuesto de unos veintitrés millones de dólares, el primer fin de semana recaudó el 143% de la inversión y superó sobradamente los cien millones de dólares de recaudación. Los personajes tienen una mayor profundidad, y más teniendo en cuenta que los principales se repiten, aunque resulta imposible para el espectador adivinar quiénes son los asesinos (sí, en este caso son dos) y las razones que les mueven para cometer sus crímenes. En Scream el asesino podía llegar a ser más predecible, aunque debo admitir que a mí me sorprendió). Hay escenas calcadas de clásicos del cine de terror que no mencionaré para dejar al espectador más curioso que las encuentre. No obstante, y una vez reconocidas, uno un puede evitar mirarlas con una sonrisa a la par que piensa pero si esto está calcadito de… En algunos instantes incluso da la impresión, como ya sucediera en la primera parte y en la famosa serie Luz de luna (Moonlighting, 1985-1986), que los personajes son conscientes de estar en una película.

 

Música del corazón

Music of the heart, 1999, 105 minutos

Guión: Pamela Gray

Basada en hechos reales, la película narra la historia de Roberta Guaspari, una violinista que dejó su carrera al casarse. Años después, a pesar de que su marido la abandona a ella y a sus dos hijos, consigue rehacer su vida personal y profesional enseñando música a los niños pobres del East Harlem, en Nueva York. La película fue nominada a un Globo de oro y un Oscar a la mejor actriz, Meryl Streep, y a otro Oscar por la Mejor canción original. Cuenta además con la actuación de la cantante cubana Gloria Stefan, Gloria Basset, y el incombustible Aidan Quinn, entre otros, es un remake de la película/documental Small Wonders (Allan Miller, 1995) y la dirección de Wes Craven está muy por encima de lo que cabría esperar. Con todo este bagaje sólo podemos pensar en Música del corazón como un éxito de película. Pues no fue el caso. Con un presupuesto aproximado de veintisiete millones de dólares, el primer fin de semana apenas superó los tres millones y medio y globalmente no alcanzó los quince millones de dólares.

Y sin embargo es una gran película que narra la superación de obstáculos personales y sociales cuando los protagonistas lo tienen todo en contra. Roberta Guaspari comenzó a dar clases de violín en una de las zonas más conflictivas del Nueva York de los años ochenta, Harlem, donde consigue no sólo que sus alumnos aprendan música, sino a que se interesen por el mundo que les rodea y asimilen el concepto de superación personal que a tantos nos hace falta. Ni que decir tiene que recuerda a películas clásicas como la imprescindible Rebelión en las aulas (To Sir, with love, James Clavell, 1967) o incluso El club de los poetas muertos (Dead poets society, Peter Weir, 1989) con la notable diferencia de que aquellas estaban basadas en una novela o directamente inventadas por la mente de un guionista (Tom Schulman) y sin embargo su éxito en taquilla fue notablemente superior a Música del corazón, que nada tiene que envidiar a las anteriormente mencionadas. Será que no nos gustan los hechos demasiado reales.

 

Scream 3

Scream 3, 2000, 116 minutos

Guión: Ehren Kruger

Después de los terroríficos acontecimientos que tuvieron lugar en la localidad de Woodsboro, Sidney vive alejada del mundo en una pequeña casa en las montañas, en la que intenta olvidar el pasado. Ahora trabaja dando apoyo moral a mujeres con problemas vía teléfono, hasta que recibe una misteriosa llamada que le informa de los asesinatos que está ocurriendo alrededor del set de rodaje Puñaladas 3 (Stabs 3), película que narra los hechos de los que ella fue protagonista. Y se suponía que con esta película se cerraba lo que todos pensamos que era una trilogía, pero once años después y metidos en plena moda de los remakes, ¿por qué no hacer una cuarta parte? Pero no me anticiparé. Las razones del asesino para cometer sus crímenes suponen otra vuelta de tuerca a la saga, cosa que no fue del agrado de muchos, pero al menos se intentó el más difícil todavía, lo que es digno de cierto elogio. Ni que decir tiene que contamos con nuevas reglas para sobrevivir a una trilogía de películas de terror.

Como las reglas han cambiado, nos informan de ellas: Uno, el asesino es sobrehumano. De nada sirve pegarle un tiro ni apuñalarle. En la tercera entrega tenéis que criogenizar su cabeza, decapitarle o hacerle estallar en pedazos. Dos, cualquier puede morir, incluso el personaje principal. Tres, el pasado puede volver y patearos el culo. El pasado nunca descansa. Cualquier pecado cometido en pasado puede explotaros en las narices y os destruirá. Cuenta con el cameo de la actriz Carrie Fisher, la princesa Leia de La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977) diciendo que todo el mundo comenta que se parece a ella. Por si fuera poco, tenemos al director Roger Corman, como ejecutivo del estudio de rodaje, el director de fotografía Peter Deming como el hombre que come palomitas y el propio Wes Craven con una videocámara, como visitantes del tour del estudio. Buscar su presencia es igual de divertido que tratar de encontrar a Stan Lee en todas las películas de superhéroes de Marvel Entertainment.

 

La maldición

Cursed, 2005, 96 minutos

Guión: Kevin Williamson

Los Ángeles. Noche de luna llena. De repente, algo surge de entre las tinieblas y los hermanos Ellie y Jimmy Myers dan un volantazo y caen por un barranco. Aunque logran salvar su vida, después de este accidente no volverán a ser los mismos. De repente descubren que poseen una fuerza sobrehumana, que sus sentidos se han potenciado al máximo y que provocan una innegable atracción en los demás. Pero, ¿y si lo que pasó esa noche no fue un simple accidente y lo que parecía fruto de la mala suerte era en realidad algo más? Ambos experimentan nuevos impulsos y descubren que no pueden controlar por más tiempo sus nuevos poderes y deberán luchar contra algo totalmente incontrolable: su insaciable apetito en las noches de luna llena. Y a pesar de lo apasionante que pueda resultar el planteamiento y de la presencia de Christina Ricci, Shannon Elizabeth y Michael Rosenbaum, así como del trabajo conjunto de Kevin Williamson al guión y Wes Craven en la dirección, a la película le falta un hervor.

Con sus dos minutos de escenas censuradas y su presupuesto de treinta y cinco millones de dólares de los que recuperó a duras penas algo más de la mitad, nos encontramos ante una película que sólo funciona a medio gas. Pero sin embargo, y diga lo que diga la crítica, no es mucho peor que algunas de las películas que hemos visto ya por docenas de hombres lobo o gente joven que se transforma en una criatura por encima de lo humano. Naturalmente, prefiero la descafeinada pero no por ello menos interesante Lobo (Wolf, Mike Nichols, 1994) con el histriónico Jack Nicholson y la bellísima Michelle Pfeiffer, pero La maldición se deja ver. O lo intenta, dado que Craven ha decidido incorporar la estética videoclip a algunas escenas, haciendo complicado descifrar qué sucede en ellas hasta que han terminado. Si alguien busca una versión adolescente del mito del hombre lobo es mucho mejor que vea Un hombre lobo americano en París (An american werewolf in Paris, Anthony Waller, 1997). De nada.

 

Vuelo nocturno

Red eye, 2005, 85 minutos

Guión: Carl Ellsworth

Lisa Reisert odia volar, pero el terror que le aguarda en su vuelo nocturno a Miami no tiene nada que ver con eso. Momentos después del despegue, el compañero de asiento de Lisa, Jackson, le hace una siniestra revelación, la verdadera razón por la que está abordo: él es el artífice de un complot para matar al Comisionado de Homeland Security... y Lisa es la clave para conseguirlo. Si ella se niega a cooperar hay un asesino esperando la llamada de Jackson, dispuesto a matar a su padre. Atrapada a 30.000 pies de altura, Lisa no tiene hacia donde huir y ninguna forma de ayudar a salvar la vida de su padre, la del el resto de pasajeros y la suya propia. Así como pasan las millas, Lisa sabe que el tiempo se agota y busca desesperadamente una forma de eludir a su terrible captor y evitar un asesinato inminente. Creo que un asesinato inminente es lo que debería hacer yo con el traductor: Red eye: Vuelo nocturno. Clarísimo. Incluso una película coreana homónima fue subtitulada como El tren del horror. ¿Qué sé yo?

Craven abandona el género de terror por un ratito para embarcarse en una película de intriga por todo lo alto (perdón por el chiste fácil), cuyo resultado final duplicó sobradamente la inversión de veinticinco millones de dólares de presupuesto. ¿Y merece la pena? Para los amantes del thriller y el suspense, sin duda alguna. Es cierto que algunas situaciones, en especial en los veinte minutos finales, están cogidas con pinzas, pero nadie es perfecto. Quizá encarando el final Craven no se toma tan en serio a sí mismo como al principio (deformación profesional o traspié tras cinco años sin rodar absolutamente nada) y el guión se desvirtúa hacia un delirio en el que Cillian Murphy sigue siendo tan inquietante como cuando hizo de Espantapájaros en la increíblemente seria y oscura Batman Begins (Christopher Nolan, 2005). Ah… en esta ocasión hay una buena razón para traducir el título al alimón. El que tenga curiosidad, que busque cómo se llaman los últimos vuelos de ida y vuelta de negocios

 

Paris, je t'aime (fragmento Pere-Lachaise)

Paris, je t'aime, 2006, 119 minutos

Guión: Wes Craven (por su fragmento)

En París, el amor está por todas partes: en sus bares y cafés, bajo la Torre Eiffel e incluso bajo tierra, en el metro. Algunos de los directores más prestigiosos del mundo fueron invitados a contar una historia ambientada en uno de los barrios de la ciudad. El resultado es un caleidoscopio de imágenes sobre la alegría de vivir, sobre extraños e inesperados encuentros y, especialmente, sobre el amor. Lo admito: no la he visto entera. Y creo que voy a hacerlo, pero no por Wes Craven, sino por Natalie Portman, Maggie Gyllenhaal y mi amor platónico Leonor Watling. El fragmento dirigido por Wes Craven, Pere-Lachaise, tiene algo de su toque personal con una historia onírica, emotiva y bien construida que sorprende por su calidad y la actuación de la pareja protagonista, que discute en el cementerio que da título al fragmento, y cuya discusión sólo llegará a su final con la aparición de Oscar Wilde. Un bonito guiño literario. Quizá el camino de este hombre por el terror más sangriento no era al más adecuado, pero en fin…

 

Almas condenadas

My soul to take, 2010, 107 minutos

Guión: Wes Craven

En la tranquila y pequeña ciudad de Riverton, la leyenda cuenta que un asesino en serie juró regresar para matar a los siete niños que nacieron la noche que él murió. Han pasado 16 años, y vuelve a haber desapariciones. ¿Se ha reencarnado el psicópata en uno de los siete adolescentes o sobrevivió aquella noche que le dieron por muerto? Sólo uno de los chicos sabe la respuesta. Y más valdría que se la guardase, por el amor de Dios. No sé si es la peor película de terror que ha rodado Wes Craven, pero el hecho de que esté escrita por él mismo hace que recaiga sobre él toda la responsabilidad… que es mucha. El arranque podrá ser original, o casi, incluso curioso, pero el desarrollo predecible de la historia aniquila cualquier esperanza de mantener en suspense al público que pudiera albergar alguien. E incluso en ocasiones parece que estuviese rodado sobre la marcha. Solicito mucha atención a la escena de la plegaria en la piscina… impagable por lo incomprensible con todo lo que está ocurriendo.

Pensemos en la lógica de otra escena, la inicial, por mucho que resulte interesante: ¿tiene sentido invocar a un asesino en serie ya muerto? En el fondo puede ser que sí, ¿no se invoca constantemente a Bloody Mary? (y no me refiero a la bebida alcohólica). Con un presupuesto de veinticinco millones de dólares no está a la altura de su coste, y los resultados en las salas de cine abalan esta idea (no, no se recuperó la inversión inicial… ni de lejos). Sólo cabe supone que Wes Craven llevaba cuatro años sin dirigir nada y decidió volver a la gran pantalla con… bueno… con esto. Con una calidad a medio camino entre Un vampiro suelto en Brooklyn y La maldición, pero rodada con algo más de ganas. Naturalmente, y visto el percal, tardó poco tiempo en contactar con Kevin Williamson para pedirle que le sacara de este aprieto en el que se encontraba con un guión que, cuando menos, mereciese la pena ser dirigido. Y aquí es donde aparece la siguiente película de la lista, una historia que ya nadie esperaba.

 

Scream 4

Scream 4, 2011, 111 minutos

Guión: Kevin Williamson

En esta cuarta entrega de la popular saga de terror Scream, Sidney Prescott ha logrado olvidar los asesinatos cometidos en Woodsboro. Diez años después, convertida en una escritora de éxito, vuelve a su pueblo natal con motivo de la gira de promoción de su nuevo libro. Pero su regreso irá acompañado de una nueva ola de crímenes perpetrados por un viejo conocido: Ghostface. Y a pesar de tratarse de una cuarta parte de una saga, hay que comenzar diciendo que el tándem Williamson/Craven han vuelto a conseguirlo. Con un presupuesto de cuarenta millones de dólares, el primer fin de semana ya recaudó casi el 50% y actualmente lleva más de cien millones de dólares. ¿Y qué podría motivar a un adolescente? El conjunto de bellezas que aparecen en la película, a cada cual más preciosa que la anterior (las cualidades artísticas de todas ellas ya serían otro tema). Así que tenemos una nueva generación dispuesta a llenar las salas para ver a nuestro viejo Ghostface con sus nuevas travesuras y ver las primeras.

Se supone que Scream 4 (o Scre4m) es el comienzo de una nueva trilogía y todos los datos de los que se disponen hasta el momento apuntan en esa dirección. Con un comienzo magistral y un desarrollo al que ya estamos acostumbrados, podemos deleitarnos además con un final sorpresa. Hay ciertas cosas a tener en cuenta: Scre4m es paródica y autoreferencial, sus chistes y muertes son guiños al espectador. Para colmo, los sucesos de la primera trilogía son considerados más leyenda urbana que realidad (en la ficción) con lo que el enfoque es aún más original. Uno, los asesinatos serán mucho más violentos y sangrientos. Dos, lo inesperado será el nuevo cliché. Tres, las vírgenes, esta vez, pueden morir. Cuatro, el asesino grabará los asesinatos (que para eso está Youtube, ¿no?) Entre todas las críticas destructivas y malintencionadas hay una que comprendo: ¿qué es más de lo mismo? Pues claro que lo es, por eso se llama Scream 4 y no El fantasma de boca larga de Woodsboro.

 

Scream 5

Scream 5, 2012, no determinada

Guión: Kevin Williamson

Wes Craven y Kevin Williamson, cuando aceptaron llevar a cabo la cuarta parte, firmaron por al menos dos secuelas más. Previsiblemente, antes de hacer oficial esta nueva secuela, los productores esperarán a ver el comportamiento en taquilla de Scream 4. Kevin Williamson ha llegado a declarar, que ya habría desarrollado la historia para esta nueva secuela en la fecha de creación de este artículo.

Así pues, quizá la filmografía de Wes Craven tenga, en realidad, más sombras que luces. Sin embargo, es justo reconocer que las aportaciones que ha realizado a lo largo de su carrera han sido impactantes y han dejado una huella indeleble en el cine de terror y sería injusto machacarle por todos los fallos que haya podido cometer. Al fin y al cabo sigue siendo una de las tres C del cine de terror contemporáneo. Aunque he reservado lo más complejo y extraño para el final, David Cronenberg, que verá la luz próximamente salvo cuchillada en mi costado.

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Patapalo
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Poblador desde: 25/01/2009
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Magnífico, como siempre. Tengo que ponerme con la saga Scream, que yo la tenía por una serie de pelis de teens más y creo que tiene mucha más enjundia. Un placer leerte.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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