The league of the extraordinary gentlemen

Imagen de Anne Bonny

Reseña del primer volumen de la novela gráfica de Alan Moore y Kevin O’Neill publicada por World Comics

 

Popularizada tras su adaptación cinematográfica con el inexacto título de “La liga de los hombres extraordinarios”, “The league of the extraordinary gentlemen” (publicada originalmente en España así, con el título en inglés) es uno de los cómics más extraños que haya leído nunca, al menos desde el punto de vista argumental.

 

En él, Alan Moore hace un despliegue de conocimientos sobre la literatura decimonónica más que sorprendente (no en él, que debe ser la menor de sus rarezas, sino en general). Cualquiera que haya disfrutado con las obras de Stevenson, Poe, Wells, Doyle y tantos otros genios británicos (y algunos no anglosajones, como Verne o Zola), encontrará un raro placer en sus páginas. Al menos si, como los escritores del XIX, mantiene esa mirada abierta, esa fascinación por la mixtura entre progreso tecnológico y mitología oscurantista.

 

Los que conozcan la película tendrán una idea parcial de lo que se esconde en el cómic (una mezcla de personajes creados en la literatura del siglo XIX que tienen como vínculo común su existencia azarosa y algo aventurera), y digo parcial porque el cómic, ya sólo en su primer volumen, va mucho más allá de la simple reunión de tipos extraordinarios para cumplir una misión.

 

“The league of the estraordinary gentlemen” es un experimento metaliterario hecho por alguien que ama la literatura como un lector de a pie, y no como un estudioso frío. De hecho, en sus páginas se juega con los personajes y las situaciones como haría un niño pequeño comparando a He-man con Hulk, pero con el ingenio y la complejidad de alguien más maduro.

 

Así, en la sugerente y demencial Inglaterra de un ucrónico siglo XIX en el que la revolución industrial ha creado un gigantesco monstruo de máquinas titánicas y variopintos escenarios coloniales, se reúne una caterva de vividores que, indefectiblemente, tienen alguna rareza inconfesable. Los arcos argumentales, que incluyen –aunque sea indirectamente- a personajes como Sherlock Holmes o a Fu Manchú, no sorprenden únicamente por su colorido y carácter –cómo no- extraordinario, sino por la coherencia y la fuerza con la que funcionan.

 

Al final se tiene una historia llena de intriga, misterio y acción en la que no faltan dosis de una cierta metafísica y de crítica social, centrada, en concreto, en el imperialismo británico. Todo ello, y aunque viene presentado en un formato muy juvenil –que se parodia descarnadamente en las notas al pie de página durante los interludios de los capítulos, así como en otros puntos del volumen, como el prólogo o las portadillas-, está dirigido a un público adulto y, por supuesto, abierto de mente. No es ya por las escenas de brutalidad o sexualidad, que pueden resultar algo chocantes, sino por la acidez y la sutilidad que tiene el cómic. Especialmente reseñable, a mi parecer, es la caracterización de los personajes, profundos y respetuosos con el marco imaginario creado, sin maniqueísmos ni –gracias a Dios- modernizaciones para que resulten más cercanos a la mentalidad actual.

 

A nivel gráfico tenemos los inspirados dibujos de Kevin O’Neill, unos trazos muy de autor donde no se busca el realismo, sino la expresividad. Si bien he de reconocer que al principio no fueron santo de mi devoción, poco a poco uno se hace con ellos y termina dándose cuenta de lo bien que funcionan en el escenario.

 

Sórdidos barrios portuarios en Londres, exóticos bazares siniestros en El Cairo o construcciones megalíticas e industriales en una hipotética Inglaterra: todo tiene cabida en unas viñetas sabiamente dispuestas y bien explotadas que nos conducen por la narración magistralmente.

 

Ambientes siniestros con colores apagados, estallidos de violencia que se transmiten en la tinta, incendios que brillan como si ardieran dentro de la página o los oníricos ambientes submarinos ponen de manifiesto que, además de carácter propio, el ilustrador tiene un gran bagaje profesional y una franca calidad artística. El color, efectivamente, es de un acierto impresionante.

 

Para terminar de rematar la rareza de la novela gráfica se incluyen también unos textos del propio Alan Moore que constituyen un relato o, más bien, un folletín en seis entregas. En él, como en el cómic –al que serviría de preludio- se entrelazan las historias de varios escritores, aunque la nota predominante es del maestro Lovecraft. La narración, de hecho, podría encuadrarse dentro de los mitos de Cthulhu.

 

En cuanto a calidad literaria, y salvando exabruptos, el relato es bueno, pero su interés radica, principalmente, en la nota de intención que supone dentro de la obra. Es una especie de aviso de por dónde van a ir los tiros en el cómic. Su maquetación en este volumen recopilatorio de la primera aventura de “The league of the extraordinary gentlemen” es, por otro lado, el único punto negativo de la obra. Al estar pensado como un folletín, resulta repetitivo e incluso algo lento al venir reunido como un apéndice.

 

Como se puede ver, el punto oscuro es nimio, lo que confirma lo ya dicho: estamos ante una obra muy buena y muy original. Aunque menos apreciada que otros trabajos de Moore, a mi parecer es de las más interesantes. Sin duda una propuesta única para los amantes de la aventura y de los experimentos extraños.

 

Sinopsis

 

El gobierno en la sombra de Inglaterra recluta a una variopinta colección de personajes para hacer frente a una terrible amenaza.

 

Sobre los autores

 

Alan Moore (Northampton, 18 de noviembre de 1953) es un escritor británico conocido por su trabajo como creador y guionista de historietas para adultos. Sus obras más conocidas son Watchmen, V de Vendetta y From Hell.

 

Trabajó primero para el mercado de su país en revistas como 2000AD o Warrior y, a partir de 1984, para el mercado estadounidense. En 2003 al cumplir 50 años anunció su retiro del comic mainstream para dedicarse a la producción en otros campos de su interés, aunque hasta la fecha ha continuado realizando esporádicos trabajos "alimenticios" especialmente para su compañía editorial "America's Best Comics" (ABC) y para la "Wildstorm". A mediados de 2005 entregó su último guión de "The League of Extraordinary Gentlemen", rompiendo definitivamente con la Wildstorm y su casa matriz, la DC.

 

Kevin O’Neill (Londres, 1953) es un ilustrador de cómics especialmente conocido por su trabajo en “Nemesis the Warlock”, “Marchal Law” y “The league of the extraordinary gentlemen”. Al igual que Alan Moore, Kevin O’Neill ha trabajado regularmente con la revista británica 2000 AD.

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