El camino

Imagen de Patapalo

Reseña de la obra de Miguel Delibes publicada por Destino

 

La sencillez, en ciertas ocasiones, puede ser el mejor motor de la literatura. Quizás por una cuestión de carácter, quizás por una pueril ecuación en la que lo más terrible lo igualaba a lo más interesante, fui de esos lectores que desconfiaban del costumbrismo y, sobre todo, de las historias que no anunciasen muertes, batallas, crímenes o escenarios extraordinarios. Hasta que descubrí El camino.

Esta novela de Miguel Delibes nos transmite, a través de los ojos de un niño de pueblo, la incertidumbre y hasta la angustia que siente ante su inminente viaje a la ciudad, a donde va a ser enviado para que “prospere”. Es un relato que en primera instancia parece inocente, pues las anécdotas que nos desgrana el narrador y su visión del mundo vienen tamizadas por los intereses del niño.

Sin embargo, bajo esa primera pátina, el lector adulto va adivinando todo lo que se esconde más allá de la percepción del protagonista: la sociedad del pueblo, sus entresijos, las relaciones entre unos y otros, lo que supone crecer, lo que supuso el éxodo rural a las ciudades, la mentalidad de una época, etc. El autor maneja con habilidad los dos registros, el aparente del niño y el oculto más adulto, sin que su juego resulte impostado. Es un terreno en el que se mueve con particular habilidad y que aplica en otras obras memorables, como Cinco horas con Mario o El príncipe destronado.

Además, el estilo aparentemente sencillo pero jalonado con habilidad y discreción de recursos literarios (como esas repeticiones de los apodos, que con tanta efectividad nos acercan el sabor del pueblo y retratan el carácter de cada personaje hasta hacerlo único) conecta con el lector y lo hace partícipe de una emotiva cercanía. En efecto, es difícil no sentir empatía con el protagonista, no sufrir con sus sufrimientos o, al menos, sonreírse con cierta ternura ante ellos.

El camino, en definitiva, es una novela que conjuga retrato social con emotividad con gran acierto, extrayendo todas las virtudes del costumbrismo y, de paso, brindándonos una instantánea privilegiada del pasado reciente de España. Una historia mundana que, al mismo tiempo, resulta extraordinaria.

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