Star Trek: La serie original

Imagen de Luc Hamill

El espacio: la última frontera. Éstos son los viajes de la nave espacial Enterprise en una misión que durará 5 años encontrando nuevos mundos, descubriendo nuevas vidas y nuevas civilizaciones... donde nadie ha llegado antes”



Resulta difícil hoy día no conocer Star Trek, es así de simple. El fenómeno mediático que es y la influencia que ha tenido en la ciencia ficción dan prueba de ello, y a OcioJoven también llegan estas oleadas. No soy trekkie, y en vistas al tiempo que le he dedicado a esta franquicia, estoy lejos de serlo. Pero eso no quita que, por un momento, me atreva a rememorar el universo que nos dejó Gene Roddenberry. Y vamos a recordar el originario. Nada de Voyager, Deep Space 9 y demás. Lo que tratamos es La Serie Original.

 

Esta serie de culto entre las series de culto surgió en los locos años 60, siendo retransmitida por la NBC, la misma que ahora nos trae Héroes. En contra de lo que pudiera pensarse, no tuvo mucho éxito y tras la segunda temporada se pensó en cancelarla. Serían los fans quienes presionasen a los directivos para conseguir una temporada más. Y eso fue lo que hubo: una más. El último episodio, el número 79, se emitió el 3 de junio de 1969.

 

Con los buenos resultados de audiencias, que aumentaban con cada reposición, los productores llegaron a concebir una nueva serie que debía contar con gran parte del reparto anterior: Star Trek: Phase II. No obstante, nunca llegó a hacerse, entre otras cosas porque el actor Leonard Nimoy, que encarnaba al carismático Spock, se negó a continuar pensando que se estaba encasillando. Lo que sí surgió fue una serie de dibujos animados con personajes doblados por los mismos actores. Pese a que muchos aseguran que los guiones eran muy buenos, el serial no tuvo éxito y apenas se empezó la segunda temporada. Finalmente la franquicia dió el salto a la gran pantalla con Star Trek: La Película, germen de lo que hasta ahora son diez películas. Concretamente el reparto de La Serie Original rodó cinco películas más: Star Trek II: La Ira de Khan, Star Trek III: En Busca de Spock, Star Trek IV: Misión: Salvar La Tierra, Star Trek V: La Última Frontera y Star Trek VI: Aquel País Desconocido. Pero no todo dura para siempre y el relevo cinéfilo en la saga fue tomado por otros actores como Patrick Stewart o Brent Spiner para protagonizar Star Trek: La Próxima Generación.

 

Entrando ya más en la serie, podemos decir que narra los viajes de la nave U.S.S. Enterprise (que daría nombre al primer transbordador espacial de la NASA, qué cosas) en un utópico siglo XXIII. Esta nave es capitaneada por, como no podía ser de otra forma, un norteamericano: James T. Kirk (William Shatner, que ahora lo podemos ver en la exitosa serie Boston Legal). Pero no todos eran norteamericanos, bastaba ver la tripulación para darse cuenta de que uno de los valores que transmitían los episodios era el de la unión de la especie humana más allá del sexo, color o nacionalidad. El timonel era Sulú (George Takei, que también da vida al padre de Hiro en Héroes), físicamente japonés pero nacido en San Francisco según he visto. El otro alférez era ruso y se llamaba Pavel Chekov (Walter Koenig, el Bester de Babylon 5). A este personaje no me lo esperaba tan joven ni con tan poco acento ruso y tan excesivo peluquín, pero da el toque impetuoso de los jóvenes. Sin duda era una maniobra arriesgada emitir algo así en plena Guerra Fría. Siguiendo con la tripulación, la encargada de las comunicaciones era Uhura (interpretada por Nichelle Nichols, que ha puesto voz a series como Futurama, Batman o Gárgolas), una muchacha negra nacida en los Estados Unidos de África... El médico Leonard McCoy (que representa el desaparecido DeForest Kelley), el jefe de ingeniería Scott (a quien da vida James Doohan, que también creó lenguajes alienígenas para la serie) y el oficial científico Spock (Leonard Nimoy, visto en el remake La Invasión de los Ultracuerpos), medio humano y medio vulcaniano nacido en Shi'Kahr, completaban el elenco protagonista. Mientras que Kirk, como buen líder, apenas sirve para dar órdenes y depende continuamente de los demás, Spock es capaz de solucionar los problemas más variados que se le plantean por sí mismo (aunque lógicos no son sus razonamientos, Gödel le diría algunas cosas) y en todo momento sabe donde están las prioridades. Basta verle en aquel capítulo cuando el Enterprise cayó prisionero de un campo de fuerza así como cuando perdieron contacto con la tripulación. Sin duda, sin Kirk y Spock la serie no sería la misma, para bien o para mal, y es ahora cuando uno va intuyendo por qué Spock y el Enterprise se han convertido en iconos de la ciencia ficción.

 

A ellos se les sumaba de vez en cuando la enfermera Christine Chapel (Majel Barrett, que sería futura esposa de Roddenberry) o el capitán Pike (colaboración del gran Jeffrey Hunter de Centauros del desierto). Una vez hasta apareció la actriz Joan Collins. Y todos unidos para explorar pacíficamente el universo. Sí, sí: la última frontera.

¿Y qué decir sobre los episodios? Bueno, teniendo en cuenta que fueron rodados hace ya casi medio siglo, no están muy desfasados. Esos pantalones acampanados, el color chillón de las camisas (amarillo para mando, rojo para ingeniería y azul para científicos, parece el parchís) o el aspecto rústico y simplón de toda la tecnología de la nave es muy gracioso. Quizás sea difícil que ahora nos sorprendan sus giros porque muchos se han vuelto tópicos con el paso del tiempo. Y de los efectos especiales lo mismo: todo totalmente artístico, nada del CGI tan de moda. Disfraces, marionetas, cartón-piedra, forillos, maquetas... algo que, lejos de causar desagrado, da un toque entrañable; al menos a mí me cae simpática la estética de la serie. Y todo para crear una mitología y un bestiario que, para los amantes de la ciencia ficción, o ya para aquellos que soñamos con otros mundos y otras realidades, podamos tener un paraíso donde deleitarnos.

 

Respecto a las historias, algunas como en el capítulo La Maniobra de la Corbomita nos muestran cosas vistosas como la forma en que una nave pequeña puede vencer a una mayor sin emplear la fuerza. La acción la encontramos en, por ejemplo, Arena, donde la criatura gorn tendría su momento de fama luchando contra Kirk en un planeta deshabitado. Otros en cambio tienen más tensión, como el entretenido Equilibrio de Terror, donde llega a aparecer una nave enemiga romulana que muestra todo un despliegue táctico. Naturalmente, también hay sitio para el humor y, al margen de esas divertidas discusiones entre Spock y McCoy (intelecto contra impulso), tenemos en Los Tribbles y sus Tribulaciones un poco de comedia cuando los susodichos tribbles, que son bolas peludas, se reproducen a un ritmo bestial y empiezan a invadir la nave. Pero el mejor capítulo para muchos es La Época de Amok, que nos muestra por primera vez el planeta Vulcano así como al frío y analítico Spock sumido en un comportamiento de lo más temperamental, revelándonos que en realidad esconde muchos sentimientos.

 

Yo no sé qué verán los trekkies en este episodio. Ciertamente es atípico, con una finalidad clara: dar más profundidad al oficial científico del Enterprise, pero lo cierto es que Spock no debe ser explorado por esa vía. Me explico. Parte del interés que suscita al espectador está en que desconocemos muchas de sus cosas, por no decir casi todas, con lo cual cuanto más se nos cuente de él, más interés perderá. Algo así como pasaba con Raistlin en la Dragonlance. El semivulcaniano es un personaje que, nada más por saber más de él, la gente sigue la historia, pero no porque la historia sea muy buena, sino porque el personaje es muy bueno, que es distinto.

 

Star Trek para despertar emociones sólo necesita una palabra: aventura. Es difícil que se ganen puntos si los guiones se escriben intuyendo qué va a pasar en los próximos diez minutos, si las escenas de acción se resuelven antes de que se vean y si los sobresaltos o giros en la trama están casi siempre anunciados. El único detalle realmente importante de La Época de Amok queda limitado a los tres últimos minutos (sí, he dicho tres), en los que vemos por primera vez, y quizás última, una sonrisa en la cara del amigo de orejas puntuagudas, así como que al acto la borra pues ha decidido rechazar su parte humana. Esto es lo único que le da su puntito de carisma: bajo esa fachada de razonamientos fríos, siente como un ser humano.

 

En mi opinión, los directores de los episodios (en la primera temporada Marc Daniels y Joseph Pevney se reparten el pastel a medias) se equivocan alargando tanto metraje a planteamientos que se pueden llevar con más fluidez. Y sí, como se habrá apreciado, al menos en mi opinión, todo lo bueno está en el eficaz Spock, gancho de miles de fans de la serie (por algo en La Nueva Generación le “suplantan” con Data, también carismático) que, como cabía a esperar, si se le dedica un capítulo en exclusividad (otra vez me refiero a La Época de Amok) por fuerza tendría que tener éxito, pese a que el capítulo en su mayor parte sea vacío: un ritual con poco misticismo, una esposa que le resta frialdad al personaje de Spock y una pelea al más puro estilo de Espartaco. Quizás amplie los conocimientos de cómo es Vulcano, cómo es la sexualidad vulcaniana y cómo es Spock en sus adentros, pero, salvo esas revelaciones, el capítulo no aporta al espectador convencional (ese que viste sin camisetas con el rostro de Leonard Nimoy) mucho suspense ni mucho espectáculo ni otros elementos de interés. Ni siquiera tiene moraleja como en otras ocasiones. En fin, ¿es un buen capítulo? Es atípico, si hiciesen cinco como ése la fórmula demostraría a los seguidores sus fallos.

La relación entre Spock y Kirk podría haberse explotado mejor si el guionista hubiese pensado en colocar a los personajes ante un desafío a solas, como Frodo y Sam en El Retorno del Rey. Pero bueno, esto es Star Trek. Es emotivo, sí, y tendrá su importancia y enriquecerá de matices al personaje y todo lo que se quiera, pero en mi parecer para elegir el que más gusta uno no se puede basar en qué se nos muestra sobre un personaje. Mucho más completo me parece La Máquina del Juicio Final, donde la trama engancha, los personajes se desenvuelven bien, hay constantes cambios de ritmo y no hay ni un sólo minuto que pase sin que tenga su importancia. Ah, para los trekkies este capítulo también es antológico.

 

Y es que ya era hora de ver a un capitán actuar como un capitán y de encontrarnos con un caso más que probable cuando se viaja hacia nuevos horizontes. Ya era hora de ver a los personajes metidos hasta el cuello en, no una situación peligrosa, sino en un embrollo que les tenga hasta asfixiados. Ya era hora de que alguien consiguiese impregnar de realismo a un argumento de cincuenta minutos, de meter al espectador en lo que está pasando para luego sentarlo en el puente o ante una mismísima bestia apocalíptica y agitarlo como si fuese a ser engullido. Éste es un capitulazo. Qué manera de meternos en la historia, sin preambulos. ¿Para qué? Cualquier nave en cualquier momento se puede topar de lleno con un problemón sin verlo venir, y eso aquí pasa. “Los sensores demuestran escombros donde hace dos años había siete planetas”, dijo Spock, y con esa frase se es consciente de que en los siguientes minutos pasará algo importante, algo que puede mandar al cuerno a la galaxia y que obligará a nuestros queridos personajes a hacerle frente, aun siendo algo más grande que todo el poder de la Federación. En pocas palabras: lucharán contra algo que les trasciende como simples seres manejando tecnología avanzada.

 

Como viene siendo usual, la trama se divide en dos, pero esta vez se sabe mantener el suspense y, en lugar de dar un descanso para recapitular, se tira con lo que hay para, a los cuatro minutos de episodio, mandar a Kirk y Scott a investigar una nave destrozada: la Constellation. El ver esta nave, de idéntico aspecto al Enterprise, nos da una visión de lo que puede repetirse con nuestros protagonistas, por lo cual el repetir el diseño y hacerla deambular por el espacio “sin vida” es un acierto. En la Constellation encontrarán al comodoro Matt, que en la historia tiene más importancia de la esperada. Las pistas se dan con cuenta gotas y, mientras que algunas se asientan y cobran fuerza, otras aparecen de forma brumosa manteniendo el interés en lo sucedido casi con tanta intensidad como la viven los protagonistas. Y por primera vez vemos la utilidad del cuaderno de bitácora del capitán. Cada vez que se menciona al enemigo, siempre desde la incertidumbre, aumenta la sensación de peligro: “un arma autómata con un poder y un tamaño inmenso”, que dirá Spock, “un asesino de planetas”. ¡Esto es lo que uno quiere ver y no lo que sufre un vulcaniano con un desajuste hormonal!

No nos dirán su origen, ni falta que nos hace: el Enterprise viajando a lo desconocido se encontrará cosas desconocidas. La presentación de la máquina destructora quizás es floja, pero cuando junto al Enterprise se ve del tamaño suficiente para sobrecogernos. Es aquí cuando el argumento da un giro a lo inesperado... Y luego otro giro, siempre de una nave a otra mostrando un alto contraste: mientras que en una las cosas se hacen para repararla, en la otra se hacen casi para destruirla.

 

Los últimos minutos resolverán con brillantez el capítulo, pues el suspense aparece y no nos suelta. Además, veremos como pocas veces a la tripulación trabajando en equipo: desde Kirk en la otra nave, hasta Spock como momentáneo capitán pasando por Sulú, los operarios del transportador y Scott reparando en la sala de máquinas. La imagen de esa minúscula Constellation plantando cara a la apocalíptica máquina y cómo poco a poco va siendo engullida alcanza algo que hasta ahora no se había visto y es una pena: épica. El final es triunfante, lleno de catarsis, y hasta hay una pequeña crítica a las armas de destrucción masiva muy bien encajada. Entonces llegan los créditos del final y nos damos cuenta de que no hemos visto a Uhura, ni a Chekov, y durante poco tiempo a McCoy, pero no importa: hemos visto 50 min de Star Trek en estado puro. Hemos visto cómo una tripulación de simples hombres ha hecho una proeza extraordinaria. Y donde esté esto que se quite lo demás.

 

Vamos que, en general, los capítulos suelen estar bien elaborados. Aunque los planteamientos son mediocres, los nudos y los desenlaces son asequibles, y como hay más metraje en el nudo que en el planteamiento, y el desenlace es muy leve, las historias son en su mayor parte entretenidas. Normalmente se repite la fórmula de la típica carrera contrareloj que terminará con la salvación del Enterprise en los últimos minutos, pero es como si al final se quisiese dar una solución sorprendente para el espectador y se apresuran tanto en mostrarla que hasta se anticipa a lo esperado, resultando a veces en una bobalicona explicación decepcionante o carente de sentido.

El planteamiento de seres más avanzados (o simplemente seres) que se nos muestran como una ilusión y que juegan con las mentes de los tripulantes se repite con frecuencia, así como el hecho de que el trío protagonista (Kirk, Spock y McCoy) baje al planeta de turno para separar el capítulo en dos tramas (planeta abajo y nave arriba) con desigual interés y atención por parte del guionista (le dedica más tiempo al planeta y suele ser más interesante la nave).

 

A la ya citada fórmula del engaño con ilusiones hay que añadir la repetición de la escenografía. Por ejemplo, la época medieval ha sido varias veces recreada en la primera temporada: me juego lo que sea a que los decorados de Los Cuatro Gatos son idénticos a los de El escudero de Gothos, aunque esa éstetica, al más puro estilo Poe, con brujas, castillos y gatos negros, es atrayente. También en las apariciones se abusa un poco de la Tierra, generalmente la del siglo XX, nuevamente por la escasa variedad de escenarios. Y hay otro handicap en el uso que hace de las teorías temporales. Un tema tan delicado como la cuarta dimensión mostrado de un modo tan simple resta muchísimo realismo a Star Trek (si es que lo pretende poseer), si bien resume y facilita seguir la historia. Ah, y queda en el aire el saber cómo leches los personajes asimilan con tanta facilidad los fantásticos sucesos que les ocurren continuamente...

 

Y Star Trek vuelve a estar de actualidad. Los que hayáis seguido la Comic Con de San Diego quizás sepáis que está en proyecto la undécima película con vistas a estrenarse en las navidades del 2008. El director será J.J. Abrams (director de Misión Imposible III y creador de series como Perdidos y Alias), que nos traerá las historias más primigenias de unos jóvenes Kirk y Spock. Se ha confiramdo que éste último será interpretado por Zachary Quinto, el Sylar de Héroes.

 

Con todo lo que haya podido decir, Star Trek no me parece mala, y mucho menos si pensamos en sus sesenta y pico añitos que lleva ya. Considero que la franquicia se hizo con mucho corazón, al menos al principio, e intentando hacer algo nuevo. Tras ella han venido Babylon-5, BattleStar Galactica o Firefly, y quizás le deban mucho más que la idea de poner una nave lanzando rayos por ahí. Los ochenta capítulos que los trekkies atesoran y defienden son una buena base para el universo cohesionado que ha parido ya cinco series y diez películas y no sé cuantas novelas y cómics. Que, digo yo, por algo hoy día todos reconocemos el saludo de Spock: vida larga y próspera.

Imagen de Dennx
Dennx
Desconectado
Poblador desde: 28/01/2009
Puntos: 2401

 Una vez creado el transbordador espacial, hicieron una campaña de bautismo de la nave, muchos fans de Star Trek lograron ganar el concurso, asi que el transbordador espacial fue llamado Enterprise tambien.

 

Tambien un grupo de fanaticos han creado una serie de capitulos que llevan el espiritu de la serie original, si pueden veanlos

http://www.startreknewvoyages.com/

no se decepsionaran.

For we who grew up tall and proud In the shadow of the mushroom cloud Convinced our voices can't be heard We just wanna scream it louder and louder louder http://profiles.yahoo.co

 OcioZero · Condiciones de uso