El club de los suicidas

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Breve reseña de la novela corta de Robert Louis Stevenson “El club de los suicidas” (1882), a mi parecer uno de sus más sorprendentes y fabulosos trabajos, en el que se mezclan en las proporciones adecuadas misterio, humor y, ¿por qué no?, cierto temor.

Cuando se habla de la falta de originalidad en las novelas de fantasía actuales, siempre tengo tendencia a volverme hacia los clásicos en busca de una explicación que pudiera surgir por comparación de las épocas.

 

Tal vez para algunos Robert Louis Stevenson no sea un clásico en el sentido más purista de la palabra, pero sin lugar a dudas es uno de los exponentes más interesantes de la literatura británica del siglo XIX, un marco temporal en cualquier caso, singular.

 

En mitad del primer gran boom tecnológico, quizás el único real, los escritores europeos mostraron una increíble imaginación y fantasía, tal vez en contraposición al avance de la ciencia y la razón, todavía más acusado que en los siglos precedentes. Así sentaron las bases de gran parte de nuestro imaginario popular actual.

 

De esta manera, nos encontramos con la sorprendente realidad de que los textos fantásticos de esta época suelen ser más repetitivos en esquema y narración que en la ambientación. Si nosotros probamos mil filigranas para contar de nuevo una historia de elfos tolkienianos, ellos no dudaban en usar el esquema básico de una novela de aventuras para contar una historia de vampiros, de desdoblamiento de personalidad, de miserables involucionados (Stoker, “El entierro de las ratas”) o de apariciones misteriosas en las junglas más remotas (Salgari, “El misterio de la floresta”).

 

Por si todavía quedase duda alguna sobre dicha originalidad, aprovecharé para enumerar las obras por las que es recordado, aunque a veces no por el nombre, Robert Louis Stevenson: “La isla del tesoro” (1883), “La flecha negra” (1888) y “El extraño caso del Dr. Jeckill y Mr. Hyde” (1893). Ya sólo al leer los títulos salta a la vista la diversidad temática que era capaz de abordar, con maestría, este magnífico autor.

Esta reflexión sobre la innovación en materia de argumento es la que me ha incitado a escribir la reseña de “El club de los suicidas”, a mi parecer un relato que supera todas las expectativas creadas con sus obras más reconocidas.

 

La ambientación, clásica londinense, es la ideal para presentarnos a los protagonistas, un noble y su hombre de confianza. Estos dos caballeros, unidos por una particular amistad, muy victoriana, y por un extravagante vicio, el de disfrazarse para interpretar distintos personajes en las noches de la city, nos servirán de hilo conductor durante las tres historias que componen la novela.

 

Tras su presentación, ya de por sí osada, pasamos al comienzo de la historia, aún más sorprendente, y que a mí me robó una sonrisa inmediatamente: un caballero bien vestido entra en la taberna seguido por un sirviente que lleva una bandeja llena de pasteles. Este derroche de imaginación, completamente justificado por la trama, da paso rápidamente a uno de los escenarios más sombríos, inteligentes e inquietantes que haya tenido el placer de leer. No se trata sólo de retratar un cierto horror, sino de mostrarlo con todas sus connotaciones filosóficas y sociales.

 

En la línea de “Olalla”, su relato sobre la degeneración de una familia noble española en tiempos de las guerras napoleónicas, aunque afortunadamente muchísimo más ágil, “El club de los suicidas” va adentrándonos poco a poco en una realidad improbable aunque plausible, y que precisamente por ello resulta escalofriante. Esta es, a mi parecer, una de esas magníficas joyas del XIX que tienen tendencia a pasar desapercibidas. Y ese es otro de los motivos por el que me he decidido a escribir esta reseña, con la esperanza de picar la curiosidad a algún lector y conseguir así que se una a este inquietante club.

 

Para terminar añadiré que en la versión que conseguí el libro, éste incluía el tenebroso relato “El ladrón de cadáveres”, mucho más clásico pero que igualmente hará las delicias de cualquier amante de la novela gótica.

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