libros viejos

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fantasmacaligari69
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                                             Libros viejos
                                                                    por Fantasmacaligari69
 
 
Siempre me gustó coleccionar libros viejos. Viejos y... extraños. Siempre fui frecuentador de librerías de viejo. Disfruto hojeando esos volúmenes polvorientos. Hasta su olor me atrae, ese olor a décadas o siglos sin que nadie los haya abierto. Con nombres extraños y antiguas resonancias. Libros que han visto demasiadas vidas.
Y así yo pasaba la mía. Como aquella vez.
Mis ilusiones de amor estaban rotas. Me había enamorado de una mujer hermosa que trabajaba conmigo en la fábrica. Sus terribles ojos verdes me perseguían día y noche. Pero me rechazó. Y su indiferencia, atroz indiferencia, me sumió en las sombras de la desesperanza. Desesperanza que mataba caminando por ahí. Mirando libros...
-Qué extraño, esa librería no la había visto nunca.
Me parecía raro, pues me considero un buen conocedor del viejo Madrid.
Sus callejuelas son perfectas para gente como yo, que disfruta yendo al pasado. Por eso encontrar una librería desconocida me llenó de curiosidad. Por eso entré, y porque no tenía otra cosa que hacer.
La librería era grande y parecía muy antigua. Y la antigüedad se notaba en todo. Había largos estantes llenos de libros, y eran estantes de madera de verdad, no de esos enchapados que se usan ahora. Y estaban bellamente trabajados formando figuras de distintas tonalidades.
No sabía que mirar si las figuras o los libros, así que dejé que mi mente vagara al azar, recorriendo los lomos polvorientos, disfrutando tanta maravilla. Esto llamó la atención del librero, que se acercó hasta mí. Era un francés arrugado pero no demasiado viejo, con un acento muy marcado, y una larga cicatriz blanca en la frente.
-¿Deseaba algo, monsieur?
-Oh, sólo curioseaba. Espero no molestar.
-Mais no monsieur. Es un placer para mí. Cualquier cosita me avisa.
Seguí con mi búsqueda al azar, y me dí cuenta que me iba adentrando en un mundo de conocimientos arcanos. Estaba rodeado de libros que eran viejos cuando el mundo era todavía joven. Hileras e hileras repletas de libros. Había pergaminos de caracteres extraños, escritos en idiomas olvidados. Otros estaban encuadernados en una especie de piel muy suave, que no parecía de ningún animal conocido. Por un momento me pareció piel humana...¿Y si fuera así? Pero no, imposible.
En mi recorrida iba de sorpresa en sorpresa. Ahí estaba una versión del NECRONOMICON, la obra del árabe loco Abdul Alhazred. El libro de los cultos prohibidos, que yo sabía que estaba oculto en la biblioteca de la universidad de Buenos Aires... Donde se cuenta del tiempo y del espacio, de zonas tan lejanas donde la muerte es una forma mas de vida... que también morirá. De planetas de seres tan malvados que el mismo demonio languidece por falta de trabajo. Dios bendito no pensé que hubiera otro ejemplar en esta ciudad. Hasta se murmuraba que el gobierno del proceso había ordenado quemar algún ejemplar... y algunos adeptos al culto.
   Tuve miedo de seguir adelante, pero más allá había otros libros, y mi deseo de saber fue mas fuerte que la prudencia, mas fuerte que el miedo.
Tal vez la valentía no sea un error pero si lo es la inconsciencia. Y mis manos, inconscientes, seguían recorriendo los lomos como si acariciasen animales muy queridos.
Estaban los Manuscritos Pnakóticos, tres ejemplares del libro de Eibon, cuatro de una biografía del terrible conde Derllette, y otros dos de una obra desconocida por mí el FHER AJTING ABNABIS REGISTER. Me costó unos segundos pero luego comprendí. Las iniciales formaban la palabra FAAR.
FAAR, terrible culto que debiera estar olvidado. Y ese libro estaba considerado como su biblia negra. Prácticamente me abalancé sobre él. Estaba bastante deteriorado pero todavía se podía leer. Claro que estaba escrito en alemán. Me atrajo la novedad sería interesante llevarlo.
Pero, recordé, sólo tenía diez pesos. Revisé todos mis bolsillos pero lo único que tenía era eso. En fin, ya que estaba podía averiguar el precio.
-Oiga, UD tiene libros muy buenos.
-OUI, esta librería era de un tío mío que falleció hace poco. Lamentablemente no tuve el gusto de conocerlo, pero me dejó el negocio. Lamento no saber demasiado de él, hace poco que estoy en este bendito país. Lo poco que sé es por unos papeles que me dejó. Era un hombre extraño, no vendía mucho...
-Claro, con razón, yo ni siquiera conocía esta librería.
-¡Vió usted! Fíjese que todo esto (y su mano indicó los libros) lo tenía escondido. Es mas, en esos papeles me advirtió que los dejara en el sótano...¡Já, como si a la luz fuera a pasar algo malo!
Que curioso, pero bueno, los ancianos tienen esas cosas...Y, por ejemplo, ¿cuanto costaría este libro?
A ver, a ver. Esta escrito en alemán y parece muy viejo... no le tengo demasiado cariño a los alemanes- dijo mientras se tocaba la cicatriz-. Usted me cayó simpático. Vi que tenía diez pesos, bueno, creo que me separaré de él por esa suma. Si esta de acuerdo.
-¡Por supuesto!
Salí casi corriendo. Quería ir a casa y empezar a leerlo. Allí con mis conocimientos básicos de alemán y un diccionario me dediqué a traducir el extraño libro. No soy lo que se dice ordenado, mas bien todo lo contrario, así que fui saltando de un lado a otro, leyendo los títulos... Hasta que descubrí uno donde hablaba de como lograr el amor de una mujer.
La realidad me golpeó. Ahí había un método para que una mujer me amara. Y era infalible. Comencé a leer.
El timbre sonó
Yo seguía leyendo era demasiado importante. El timbre sonó de nuevo...
La insistencia pudo mas, fui a abrir pensando que sería un vendedor. Pero no, era ella.
Venía a buscar unas carpetas de la fábrica. Le dije donde encontrarlas y seguí leyendo, no quería perder tiempo. Y lo que leía me llenaba de horror.
¡Había que matarla! Y luego volverla a la vida.
Seguí leyendo. Matarla sin sangre.
En ese momento ella me interrumpió, no sé con qué... y, como siempre en esos días, empezamos a pelear. ¡Dijo cosas terribles!. Recién recuperé la noción de las cosas cuando tenía su garganta en mis manos.
“Matarla sin sangre”
Comprendí, y seguí apretando y llorando. La quería en mis brazos pero no así, no así...
Seguí leyendo, se necesitaban compuestos químicos de nombres olvidados pero yo era químico y no me confundieron... Azoe, ekasilicio, stibrium... Todo lo tenía en la fabrica, la modernidad es una ventaja que no tenían los alquimistas. Conseguí todo. La bañé según las instrucciones. La perfumé, quemé los productos que había que quemar. Llené mis pulmones de días oscuros y edades olvidadas. Miles, o tal vez millones de años de una ciencia perdida volvieron a vivir. Seguí leyendo. Volcando sobre ella mil líquidos. Recitando formulas que no entendía, que era mejor que no entendiera. Ansioso por ver el final.
“Y ahora que ya esta lista para la etapa de la resurrección, vea el capítulo quince...”
-Ufa
“Capítulo quince del tomo dos”
¿Cómo tomo dos? Pero yo había pensado... Entonces no eran dos ejemplares, sino los dos tomos de una sola obra... ¡Qué francés estúpido! ¿Cómo no me lo dijo?
Escondí el cuerpo, y salí corriendo. Necesitaba ese libro. Pagaría oro por él. Llegué a la calle donde estaba la librería. La casa donde estaba la librería. Pero la librería no estaba. Había un garaje.
Pregunté, nadie sabía nada, nadie había visto una librería allí.
Como si nunca hubiera existido
Y yo la había matado...
 
Siempre me gustó recorrer librerías de viejo, con sus volúmenes polvorientos.
Y ahora tengo el mejor de los motivos...

 

Fantasmacaligari69

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jane eyre
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Hola, necesito que edites el título del post para que aparezca la inicial de la categoría en la que quieres que participe tu relato. Gracias.

 

 

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