No es país para maravillas

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Crítica y análisis de la última película de Tim Burton, Alicia en el País de las Maravillas.

Empezaré diciendo que Tim Burton me parece uno de los directores más interesantes de los últimos tiempos, no sólo por su indiscutible estética que le convierte, junto a Baz Luhrmann y Pedro Almodóvar, por poner ejemplos que me vienen rápido a la cabeza, en uno de los pocos creadores actuales cuyas obras se identifican de inmediato—, sino también por su particular visión del mundo, tierna y desgarradora, casi siempre dulce.

Esto último hace que, a menudo, sea blanco de duras críticas, tal y como le ocurre a su vez a Luhrmann, porque si bien la gente abarrota los cines para ver productos tan familiares como Avatar, parece necesitar de la destrucción del happy-end para calificar a un director de grande.

Me encanta Burton, como digo, y sus propuestas siempre me han interesado. Sin embargo, fui al cine con prevención a ver su “Alicia”, porque las críticas no la dejaban precisamente en muy buen lugar. Tal vez por esa prevención pude sacar cosas positivas del experimento y no resulté excesivamente decepcionada, aunque aviso desde ya que este artículo no va dirigido a ensalzar sus virtudes.

En primer lugar, no puede dejar de mencionarse la increíble labor de marketing y publicidad que se ha hecho con una película que no deja de estar a medio camino entre el remake y la secuela blandita. Parece que hoy día la industria del cine se dedica a hacer cosas “porque puede”. Fiel o no al libro, para mí la Disney ya había dicho la última palabra en cuanto a adaptaciones sobre la obra de Lewis Carroll con su película animada de 1951 (a pesar de las críticas que recibió ya entonces) y una versión mixta entre animación y película con actores me suena a oportunismo por el tirón de los personajes azules creados por James Cameron.

Quizá fuera simplemente un capricho personal del director, seguramente fan de esta retorcida historia llena de lecturas, pero resulta curioso que los espectadores ávidos de 3D se encuentren justo ahora con este híbrido, que tiene la misma alma que las recientes versiones de Viaje al centro de la tierra o Cuento de Navidad (ambas también en 3D); es decir, ninguna.

Si la versión animada de Disney era tremendamente inquietante e inapropiada para niños, resulta increíble que Burton no haya sabido transmitir lo propio con su película. ¿Cómo ha conseguido el director conocido fundamentalmente por su tenebrismo que su “Alicia” quede tan blanca y descafeinada? Pues, en mi opinión, desaprovechando todas las ocasiones absurdas y surrealistas (tan geniales) de la historia y convirtiendo el argumento en un subproducto infantil que recuerda a las peores partes de Las crónicas de Narnia y La brújula dorada y que resuelve el final al modo Mago de Oz, haciéndonos añorar el tiempo en que las películas emocionaban por su ingenuidad.

Esta “Alicia” ni siquiera termina de aclararse con el tono, a ratos cómico (la estupenda Anne Hathaway tiene la vis cómica a flor de piel, aunque consigue que la película huela un poco a Shreck), a ratos emotivo (¿y romántico? ¡inaceptable!). La parte de la batalla entre las reinas recuerda al espíritu de La historia interminable, pero no acaba de encajar con el de la obra de Carroll. Por otra parte, Burton trata de excusar sus actos aportando una visión naïve-feminista del personaje, que resulta anacrónica, sin más, cuando no ridícula.

Algunos dirán que Johnny Depp es lo mejor de la película, porque efectivamente siempre merece la pena ver trabajar a este actor, aunque en los últimos tiempos todos sus personajes parezcan poseídos por el capitán Jack Sparrow de Piratas del Caribe. En “Alicia” se permite a Depp un protagonismo que su personaje no justifica, con lo que a Burton se le ve el plumero.

¡Casi me olvido de lo positivo! La banda sonora de Danny Elfman es, como era de esperar, sublime. La ambientación y el vestuario, muy meritorios y han dado mucho material a las revistas de moda, aunque en mi retina queda la protagonista vestida cual arcángel Miguel acabando con la vida de un dragón-diablo, algo gratuito y descontextualizado. Apunto esto último para las nuevas generaciones, que a veces parecen ir algo despistadas con iconografía cristiana…

¿Lo mejor de todo? Helena Bonham-Carter, aunque por desgracia parece que ha renunciado a hacer papeles “normales” y se contenta con dar la nota en productos a su medida.

Sobre el 3D, no puedo dejar de decir que no aporta nada de nada. Admito que soy muy carca a este respecto y que cruzo los dedos para que pase la moda dichosa, pero es que sigo sin entender cómo puede hacer mejor una película el ver una mariposa flotando “cerca” de ti. Dices “¡Oh! Parece que sale de la pantalla” y, cuando ya lo has dicho dos veces, deseas que la película no base sus méritos en semejante circo.

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Patapalo
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Muy interesante el artículo. Debo decir que ya me lo temía al ver que nadie me hablaba de la película, pero es triste constatarlo En cualquier caso, intentaré ir a verla mientras colee por los cines, aunque sólo sea por el apartado estético.

Tampoco veía cómo se podía mejorar la adaptación de Disney...

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Ghazkull
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 A mí, no obstante por contrastar, me gustó. Si bien es cierto que el cine no es como antes (que antes, me pregunto yo, si tampoco he visto mucho, pero en fin) El apartado estético es deslumbrante, y, si bien el argumento se me quedó corto junto con la historia y las escenas, yo creo que merece ir a verla.

No lucho para ganar sino por el mero placer de combatir y pelear.Viva el Waaagh y todos sus practicantes!!!

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Igor
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Realmente, lo de secuela blandita es cierto. Para no hablar del final, que casi me produce náuseas.

Una ocasión perdida (el libro es excelente) y una ganada para la Cuenta Corriente de Mrr. Burton. Echo de menos a Ed Wood.

Y sí, lo único a destacar es esa Reina Roja.

Saludos.

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