Paciente Cero

Imagen de HPLovecraft

Reseña de la novela de Jonathan Maberry publicada por La Factoría de Ideas

 

Cuando tienes que matar al mismo terrorista dos veces en la misma semana, o falla algo en tus habilidades o en tu mundo. Y mis habilidades están perfectamente.

Joseph Edwin Ledger es un oficial de la Policía de Baltimore de treinta y dos años, soltero, que sirvió durante casi cuatro años en el Ejército de los Estados Unidos y se licenció con honores. Tras eso se enroló en la Academia de Policía, donde se graduó el tercero de su promoción, si bien podría haber sido el primero. Hijo de policía y hermano de policía, resultó ser un excelente agente en la policía secreta y detective. De hecho, su hoja de servicios sólo está empañada por un pequeño asunto: no sabe cerrar la boca cuando tendría que hacerlo. El haber perdido a su madre por culpa del cáncer y haber tenido que asistir impotente a la violación de su novia, que posteriormente se suicidó, ha hecho de él un cínico incurable con accesos y necesitado de terapia.

El Departamento de Ciencia Militar, una organización secreta de las muchas que operan en la trastienda de la Seguridad Nacional, se fija en él y decide reclutarlo para sus operaciones secretas. Como prueba de lo que le espera su entrevistador, el señor Church. le propone entrar en una sala y esposar a un hombre. Así de sencillo. Sin embargo, cuando intenta hacerlo, descubre que el hombre a inmovilizar no es otro que Javad, un terrorista al que Ledger ya había matado en Baltimore. A pesar del terror que le inunda, el policía es capaz de acabar con el terrorista… por segunda vez. De esa brutal manera descubre la nueva cara del terrorismo global, una mucho más siniestra y perturbadora de lo que él hubiera sido capaz de imaginar.

Jonathan Maberry es un novelista estadounidense nacido en 1958. Comenzó su carrera con libros sobre artes marciales como Judo and you (1990), Ultimate Jujutsu (2002) y Ultimate Sparring (2002) y otras de carácter paranormal y sobre lo oculto, tales como Vampire Universe: The Dark World of Supernatural Beings That Haunt Us, Hunt Us and Hunger for Us (2006), The Cryptopedia (2007) junto a David F. Kramer, Zombie CSU: The Forensics of the Living Dead (2008) y They Bite (2009) también con Kramer. Cuando comenzó su carrera literaria lo hizo con Ghost Road Blues, la primera novela de lo que terminó siendo la trilogía de Pine Deep y con la que ganó el prestigioso premio Bram Stoker a la mejor obra novel en 2007. La trilogía fue completada con Dead man's song (2007) y Bad moon rising (2008).

En el año 2009 presentó la novela que estamos viendo actualmente, Patient Zero, con la que inició una nueva trilogía que une la invasión zombi con el bioterrorismo. La industria del cine se ha fijado en el trabajo de Maberry y el productor Michal de Luca, conocido por películas como Seven, Magnolia y Blade, ha adquirido la opción de compra de los derechos para Sony. También ha sido el escritor responsable de la novelización de la película El hombre lobo (The wolf man, Joe Johnston, 2010). Incluso ha realizado varios trabajo para el mundo del cómic, donde cabe destacar una historia sobre el célebre Lobezno, Wolverine: Ghost, para el que también ha guionizado Marvel Zombies Return: Wolverine. Además es guionista regular de la serie de Pantera Negra. Y, antes de criticar negativamente sus obras, hay que destacar que es un artista marcial.

Los zombis del cine y la literatura han contado, desde sus inicios, con una fiel legión de seguidores dispuestos prácticamente a consumir cualquier cosa que tenga ver con estas criaturas regresadas desde la tumba. De hecho, actualmente se está viviendo un resurgir del género de los muertos vivientes que se ha visto reflejado en películas, series, libros y cómics. Obviemos por un momento el nuevo tipo de zombi, más veloz e inteligente, que pudimos ver, por ejemplo, en 28 Días después (28 Days later, Danny Boyle, 2002) y su secuela (que es el zombi que aparece en la novela, más amenazador que nunca). El zombi clásico es una criatura que, pese a sus carencias y nuevos apetitos, sigue siendo básicamente humano. Siendo más exactos, una parodia de ser humano.

Dicha parodia es una sombra distorsionada de una persona cualquiera de la calle sometida a fuerzas que escapan a su control. La que sin duda es la película de zombis por antonomasia, La noche de los muertos vivientes (Night of the living dead, George A. Romero, 1968) supuso un auténtico revulsivo en el género de terror al encontrarnos en ella con diversas interpretaciones, según el espectador. Tanto la película original como en sus secuelas los críticos especializados en el cine de terror han sabido ver desde un alegato contra el racismo hasta una película con tintes machistas, pasando incluso por una crítica a la sociedad consumista y un virulento ataque al estamento militar. En Paciente Cero encontramos también ese tipo de crítica y una voz de alarma contra la experimentación biológica y el uso que de ella podrían hacer grupos criminales.

La realidad sobre el fenómeno zombi y la magia vudú en general tiene sus orígenes en el tráfico de esclavos de África Occidental hacia las costas de América. Técnicamente se trata de una variante teísta de una creencia animista con un gran componente mágico. Esto es, la fe en un dios o dioses al que se une la creencia de que todos los elementos del mundo están dotados de alma y pueden ser invocados, movilizados, aplacados y conducidos mediante determinados rituales de naturaleza mágica. Todo ello deriva de la unión del cristianismo de los esclavistas con el animismo africano, el más desarrollado de todos. Según el vudú, el bokor o hechicero vudú, es capaz de resucitar a un muerto el cual quedaría, desde ese mismo momento, sometido a los designios de la persona que le ha traído de nuevo al mundo de los vivos.

La palabra zombi podría tener relación con el nombre de una serpiente divina que es objeto de adoración en ciertas religiones del Congo, con el nombre de Damballa, emparentada con el término kikongo nzambi, que significa dios. En este sentido, La serpiente y el arcoiris (The serpent and the rainbow, Wes Craven, 1988) es considerada por muchos expertos en cine como la obra maestra del género zombi en la que todo el metraje resulta enormemente perturbador y muestra varias escenas que han pasado a formar parte de nuestras pesadillas juveniles y del imaginario colectivo. No obstante, y para haber conseguido una película perfecta, Wes Craven hubiera debido poner más atención a los últimos diez-quince últimos minutos de película que amenazan con destrozar todo el esfuerzo anterior. Pero eso ya es otro tema, claro está.

Las versiones más imaginativas y, por ende, alejadas de la realidad del mito zombi hablan de naves espaciales procedentes del espacio exterior que portan una extraña radiación, sustancias químicas vertidas en el suelo, experimentos genéticos del ejército, fanatismo religioso… cualquier explicación es posible y aceptada por los seguidores del género. En esta ocasión Jonathan Maberry ha sido listo y ha decidido aunar el terror que provocan los muertos vivientes a otro mucho mayor: las armas biológicas colocadas en manos de terroristas sin escrúpulo alguno. Y listo no quiere necesariamente decir original, porque ya hace años que la saga de videojuegos de Resident Evil nos presentó el Virus Tyrant, conocido sencillamente como virus T, creado por la ficticia Corporación Umbrella para desarrollar el arma biológica perfecta.

Dicho videojuego estuvo directamente inspirado en el tristemente conocido virus Ébola, descubierto por vez primera en 1976, y que provoca fiebres hemorrágicas que suelen ser letales. Dentro del juego Resident Evil, la dirección de la Corporación Umbrella usó este mortal virus como base para crear el virus Tyrant. Así pues nos encontramos con que el Paciente Cero de Jonathan Maberry debe buena parte de su existencia a ideas anteriores que resultaron ser exitosas y rentables, aunque eso es algo habitual hoy en día. Lejos de tratarse de una falta de originalidad se debe más bien al deseo de explotar desde un punto de vista comercial una moda puntual que nadie puede predecir cuánto se mantendrá en el tiempo. Pese a ello, Maberry es capaz de imprimir un sello personal en sus muertos vivientes, como bien saben también los lectores de Marvel.

La inmensa mayoría de los zombis cinematográficos, por razones que escapan a mi conocimiento pero que igualmente los hacen escalofriantes y divertido de ver, tienen un apetito incontrolable de cerebros o carne fresca de seres humanos. Por suerte para todos los fieles creyentes del fenómeno zombi, los creados por Maberry también tienen apetencias en esta línea. Y aunque en principio este es el único volumen de las aventuras de Joe Ledger traducido a nuestro idioma es muy posible que no sea, ni mucho menos, el último. Las amenazas de carácter biológico y las alteraciones genéticas, así como la actuación de nuestro nuevo héroe, tienen ya dos secuelas. Una de ellas publicada en 2010 y otra que aparecerá en el presente 2011. A pesar de ser historias completamente diferentes, existen ciertos puntos en común en ellas.

La fábrica del dragón (The dragon factory), en la que Joe Ledger y el Departamento de Ciencias Militares luchan contra dos grupos rivales de genetistas. Uno de ellos está creando exóticos monstruos transgénicos, similares a las quimeras del literario doctor Moreau, y ejércitos de mercenarios genéticamente mejorados. El otro está usando la avanzada tecnología de nuestro siglo XXI para continuar el programa Raza Maestra Nazi iniciado por Josef Mengele. Ambos grupos quieren ver al DCM destruido y ya han derramado la primera sangre. Ninguno de los dos está preparado para Joe Ledger guiando al equipo Eco a la guerra bajo una bandera negra.

El rey de las plagas (The king of plagues), en la que el hospital de Londres es reducido a escombros por una explosión en la que miles de personas resultan muertas o heridas. Una hora después de suceso, Joe Ledger llega a escena para investigar. El horror no tiene parangón con nada que él haya visto anteriormente. Obligado por el dolor y la rabia vuelve a unir al DCM y a las pocas horas es atacado por un equipo de asesinos y enviado a una misión suicida en una zona que está sufriendo un virulento ataque de Ébola. Pronto Joe Ledger y el DCM comienzan a desvelar lo que está sucediendo: una sociedad secreta de gran tamaño y poder que está usando armas basadas en las diez plagas egipcias de la Biblia para desestabilizar las economías del mundo y sacar provecho del caos resultante. Si Joe Ledger no lo impide, millones de personas morirán. Sólo puede usar el terror para combatir el terror.

La amenaza del terrorismo biológico está presente en nuestra sociedad actual. Los ataques de la secta de la Verdad Suprema al metro de Tokio en 1995, que se saldaron con doce muertos y más de cinco mil ciudadanos fueron afectados de diversa consideración. La amenaza con agentes biológicos o químicos es muy real y, por ejemplo, se rumoreó largo y tendido en Internet acerca de la artificialidad del virus de la gripe aviar y la gripe A (ya existentes, sin embargo, desde tiempo atrás) e incluso del virus VIH que causa el síndrome de inmunodeficiencia humana y del que se dice que fue creado para despoblar el tercer Mundo. Ciertamente los pueblos indígenas más aislados son muy vulnerables a cualquier mutación de virus o bacterias. En esta línea recordaremos el relato de Clive Barker titulado Cómo sangran los expoliadores).

En el cine podemos ver un ejemplo de guerra biológica en la película Los señores del acero (Flesh and blood, Paul Verhoeven, 1985) y el pozo de agua contaminada con carne de perro muerto a causa de la peste bubónica. Incluso en la historia: durante la sangrienta guerra entre el Japón imperial y China, el general nipón Ishi utilizó un virus como arma en Manchuria usando aves contaminadas. Jeanne Cono, del Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades de Estados Unidos, declaro que al concluir la II Guerra Mundial Estados Unidos se apoderó de todos los secretos japoneses sobre guerra biológica. Ya en noviembre de 1994 Ronald K. Noble, secretario general de la Interpol, aseguró que el mundo no está preparado para un ataque bioterroristas al existir escasa cooperación entre las agencias de seguridad y las autoridades de salud pública.

En este sentido, leemos en la dedicatoria: Este libro está dedicado a los héroes no reconocidos y a menudo olvidados que trabajan en operaciones encubiertas y en agencias de inteligencia. Y en las notas, Maberry nos dice: Mucha de la información técnica contenida en esta novela está basada en la ciencia real. Con pocas excepciones, el equipo de vigilancia, los sistemas informáticos y las armas utilizadas por el ficticio Departamento de Ciencias Militares son reales, aunque varios de estos elementos todavía no están disponibles en el mercado comercial. Las enfermedades priónicas, entre ellas el insomnio familiar fatal, son reales; sin embargo, los parásitos y enfermedades de control utilizados por Gen2000 son totalmente ficticios, aunque inspirados en patógenos similares presentes en la ciencia actual.

Atendiendo al estilo de la novela, y a pesar de la densidad de la misma (que nos es presentada como una obra de 382 páginas aprovechada casi hasta la última, con un tamaño de letra muy inferior a lo normal y un aprovechamiento de los márgenes algo molesto), tenemos un thriller de ritmo trepidante, con numerosas escenas de acción brillantemente resueltas y un estilo claramente visual, casi cinematográfico. El narrador, que es el propio protagonista, se permite numerosas bromas y comparaciones jocosas que lo acercan un poco al clásico detective de novela negra. Imitando a muchas películas, series y novelas actuales, cada capítulo tiene una línea donde encontramos la localización donde se va a desarrollar la trama junto a la fecha y la hora. ¿Quién no recuerda ese detalle en series como Expediente-X, por poner un único ejemplo, con la voz en off leyendo esa información destinada a poner en situación al espectador?

Creo que se hace necesario señalar, para tranquilidad de la población en general, que por fortuna, aún no existe ningún virus que transforme al ser humano en una cosa sin mente. Naturalmente, siempre y cuando exceptuemos la televisión.

Dentro de la colección nos encontramos con una de las escasas novelas de zombis en el más puro sentido del término. Por ejemplo en Los que reptan (Crawlers, John Shirley, 2003) tenemos unos antagonistas de comportamiento similar al zombi, en cuanto son seres humanos y animales que pierden el control de su voluntad a favor de una raza alienígena con mente de colmena. Los números 49 y 58 (de próxima aparición en el momento de escribir el siguiente artículo) sí los incluyen como parte fundamental de la trama, en concreto Zombis rubias (Zombie blondes, Brian James, 2008) y El reino de los zombis (Reign of the dead, Len Barnhart, 2004)

 

FICHA TÉCNICA

Calificación: 75

Título: Paciente cero

Título original: Patient Zero

Autor: Jonathan Maberry

Traductora: Laura Rodríguez Gómez

Editorial: La Factoría de Ideas

Colección: Eclipse

Número: 55

Edición: Rústica, 384 páginas

Ilustración de cubierta: Calderón Studio

Lo mejor: El ritmo de la historia, al más puro estilo Resident Evil.

Lo peor: Ajeno a la historia en sí, el tipo de letra es minúsculo.

Resumen: Joe Ledger es un duro detective del Departamento de Policía de Baltimore que es reclutado por Departamento de Ciencia Militar para evitar que un grupo terrorista active un arma biológica capaz de convertir a la gente normal en zombis.

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