Billy Bat 3

Imagen de Kaplan

Reseña del cómic de Naoki Urasawa publicado por Planeta DeAgostini

 

Ya en nuestro primer artículo sobre Billy Bat comentábamos que Urasawa, creador funambulista que siempre bordeaba el ridículo pero nunca caía en él, realizaba en este título su acrobacia más complicada. En aquel momento no podíamos ni imaginar lo acertado de nuestra valoración. Aquel tomo inicial acaba con el símbolo de Billy Bat grabado en la Luna, ni más ni menos, pero con el segundo tomo tomábamos verdadera conciencia del salto mortal de Urasawa: el misterio en torno al detective murciélago cartoon se remontaba no a tiempos de Jesucristo, sino al mismísimo Jesucristo. Tiemble usted después de haber reído.

Si algo caracteriza a Urasawa es la ambición. Sus tramas son imponentes moles que se mueven con una agilidad precisa, inconmensurables novelas-río sustentadas en equilibrio perfecto sobre finos alambres de suspense. Que todo ese tinglado se mantenga en pie solo se debe a la ambición de su creador y su falta total de complejos. Si la trama de 20th Century Boys, la más acromegálica de sus obras, hacía posible que un simple juego de niños derivara en una amenaza mundial, Billy Bat, quizás la creación de Urasawa con la que más puntos tiene en común, da un giro más a la tuerca. El conflicto adquiere dimensiones místicas y se expande en el tiempo no décadas, sino siglos, milenios. Y todo eso en dos tomos.

En el tercer tomo, que el que nos ocupa, la acción se centra en la misión de un ninja del clan Momochi que estará relacionada de forma fatal con la figura del murciélago. Urasawa aprovecha aquí para dar un respiro al incesante y radical crescendo con el que había empezado la serie para contar con más calma otra historia de este mosaico que es Billy Bat. en otras palabras, la serie frena su movimiento de traslación, pero no el de rotación. Y se trata de una historia orquestada a la perfección que, sin muchos problemas, podría funcionar como relato independiente. El protagonista de este volumen intentará cumplir una misión trepidante que irá convirtiéndose en algo personal hasta tal punto que llegará a plantearse su propio papel en el mundo. En definitiva, una maniobra que Urasawa ha utilizado en anteriores ocasiones con maestría y que, en este caso, amplía y mejora. Narra la acción de una forma vertiginosa, con una soltura inusitada, mientras la trama (previsible pero emotiva) se desarrolla sin entorpecer el ritmo en ningún momento.

En solo tres tomos, Urasawa ha establecido una misteriosa amenaza ancestral que ha acechado a la humanidad a lo largo de los siglos, mientras presenta con pelos y señales a dos personajes protagonistas (me cuesta pensar que vayan a ser los únicos). Y lo ha hecho con su estilo y calidad inconfudibles. Con Billy Bat vuelve la adicción a esa droga llamada Naoki Urasawa, poco más cabe añadir. Volvemos al “qué ocurrió”, al “qué está pasando”, al “qué pasará en el próximo número”, a los ojos como platos, al mejor tratamiento del suspense. Solo falta que las similitudes que empiezan a entreverse con 20th Century Boys impliquen que nos encontramos ante una versión pulida y mejorada de los planteamientos de esta (su propuesta más ambiciosa) para que nuestra felicidad sea completa.

 

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