Norte y Sur

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Análisis de este clásico de Infogrames, todo lo que ha de tener un juego de estrategia

 

Norte y Sur era un juego de estrategia de 1989 que nos acercaba la Guerra de Secesión entre los estados federados del norte y los confederados del sur. Su mecánica de juego era sencilla, pero estaba tan bien engrasada que las horas de diversión estaban más que garantizadas.

El meollo de la acción se concentraba en un mapa de los Estados Unidos de la época en el que se situaban las tropas. Como cabe suponer, cuantos más territorios tuviera cada bando, de más recursos podría disponer para generar nuevas tropas. Sin embargo, había un par de detalles para que los intereses estratégicos no fueran solo cuantitativos: un territorio en la Costa Este permitía recibir refuerzos de Europa cada cierto tiempo, de ahí que tuviera un gran valor estratégico, y las líneas ferroviarias eran el auténtico motor de la riqueza.

Además, por el mapa —si así lo deseaban los jugadores— deambulaban tormentas que podían bloquear a tus ejércitos en el peor momento y había ciertos lugares en los que convenía no detenerse demasiado tiempo: los indios y los belicosos mexicanos podían diezmar tus tropas sin previo aviso con divertidas animaciones de regalo.

El planteamiento estratégico ya de por sí, como se ve, estaba bien pensado, pero el táctico no le iba a la zaga: cada batalla se desarrollaba en un tipo de territorio distinto cuyos accidentes geográficos tenían su relevancia: las tropas podían despeñarse por los desfiladeros o ahogarse en los ríos, por ejemplo, y la escenografía —cabañas y puentes— podían ser volados por los cañones.

Esto hacía que cada batalla tuviera un sabor particular en el que había que usar de un modo u otro las distintas unidades: cañones —cuyo alcance variaba en función de cuánto tiempo se mantuviera pinchado el botón de disparo, lo que tenía mucha gracia—, la caballería —rápida pero solo capaz de combatir cuerpo a cuerpo— y la infantería —más lenta y más complicada de sacarle partido a menos que hubiera un puente o que el contrario se pusiera nervioso con los cañones—. Sin duda, enfrentamientos muy arcade, pero que combinaban bien algo de estrategia con habilidad con los mandos.

Además, el Norte y Sur no se limitaba solo a batallas y movimiento de recursos, sino que incluía un par de minijuegos que le daban un toque adicional de interés. Ambos tenían el mismo esquema: había que hacer llegar un soldado al otro extremo de la pantalla sorteando a los guardianes y los obstáculos. Uno transcurría en un tren —con el peligro que suponía saltar de vagón en vagón—, el otro en un cuartel, y ambos eran sencillos minijuegos de plataformas que, no obstante, sabían generar tensión. Además, podían permitirte el robo de un buen número de recursos al contrario, lo que podía desequilibrar la guerra.

Cabe señalar que se podían elegir tres niveles de dificultad en el caso de jugar contra el ordenador, que venían representados por ilustraciones de un soldado raso, un sargento chusquero y un general épico, aunque la inteligencia artificial no era un gran desafío a la larga. También hay que destacar que los controles de las distintas variantes del juego se hacían con un menú inicial muy intuitivo y sin nada de texto.

Los gráficos del juego han quedado bastante obsoletos para los cánones actuales —incluso las entrañables pantallas deluxe para la victoria y la derrota o los minijuegos con su aspecto de cómic, que sale algo pixelado— pero no dejan de tener su encanto. Y, además, lo que son las tripas y la estructura son todo un modelo a seguir por el equilibrio conseguido entre distintos tipos de juego. En definitiva, Norte y Sur es todo un clásico que destaca por lo bien pensado que estaba: en una hora de partida daba tiempo a meterse en la piel de los azules o los grises, al gusto de cada cual. Simpático, ágil y trepidante.

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Telcar
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En mi infinito egocentrismo llegué a pensar que yo era la única persona del mundo que había jugado a este juego, hace tanto tiempo que parece una eternidad.

Muy divertido, original y transgesor para la época. Las batallas a dos eran francamente divertidas. Lo tenía en disquete de 5 y cuarto, artilugio que las nuevas generaciones supongo que considerarían, si lo viesen delante, como una reliquia de esas que aparecen en las tumbas perdidas estilo Indiana Jones.

Inesperada y fantabulosa reseña.Gafas

"Nunca tantos, debieron tanto absolutamente a nadie"

Ser Huinston Chungchil

 

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Patapalo
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Telcar dijo:

Inesperada y fantabulosa reseña.Gafas

Muchas gracias Sonrisa Que sepas que está disponible para emulador DosBox. Yo me lo he bajado para enseñárselo a mis peques.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Telcar
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Gracias, ¡tomo nota!

"Nunca tantos, debieron tanto absolutamente a nadie"

Ser Huinston Chungchil

 

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