El Árbol de los Deseos

Imagen de Patapalo

Reseña del cuento infantil de William Faulkner, publicado por Alfaguara Infantil con ilustraciones de Mikel Mardones

Es una suerte que Alfaguara haya decidido recuperar este cuento infantil. Aunque muchas veces olvidamos que grandes autores no han cultivado únicamente los géneros que les han dado fama, no quiere decir que, por menos conocidas, sean obras menores las que no se encuadran en el grueso de su producción.

 

Este caso es sintomático: Faulkner nos presenta un cuento que resulta en gran medida atemporal -todos los niños, de todas las épocas, tienen una noción de los cumpleaños, o los cambios de edad, y de lo que representan los deseos- y que sorprende por su frescura y su originalidad. Una obra muy conseguida que pasaría desapercibida, normalmente, frente a obras más "serias".

 

El argumento es francamente rocambolesco: una niña se despierta el día de su cumpleaños en una especie de mundo mágico como consecuencia de haberse ido a dormir realizando determinados movimientos -inconscientemente-. La idea es muy inteligente, pues rápidamente se contagia al lector -¿y si a mí me pasara lo mismo?- y, además, sirve de gancho para presentar todo tipo de situaciones curiosas y divertidas que resultan fascinantes.

 

Dentro del mismo cuento encontramos además curiosas sorpresas que poco tienen que ver con la historia en sí, como la fina prosa del autor (el pasaje introductorio es magistral) o su descarnado sentido del humor, terriblemente irónico y que se pone de manifiesto claramente cuando en la distorsionada lógica del "sueño" el ama negra dice: "Lo que digo es que no queremos que una escoria blanca venga con nosotros." Sin duda, un modo diáfano de mostrar a los niños la ilógica de ciertos comportamientos...

 

La historia, como cabía esperar, tampoco está exenta de cierta moraleja final que se centra en el tema de los deseos, en lo que éstos representan y en hasta qué punto resultan lícitos. Una lectura ligera pero no exenta de interesantes ideas muy asequibles para todos los públicos.

 

Autor

 

William Faulkner nació en Oxford (Mississippi) en 1897 y murió en 1962. Tras recibir una educación elemental francamente deficiente, ingresó en las Fuerzas Aéreas Británicas de Canadá –porque no cumplía los requisitos físicos de las Fuerzas Aéreas norteamericanas-, pero no llegó a entrar en combate en la Primera Guerra Mundial. Concluida ésta, pasó por un periodo de formación en la universidad de Mississippi y, más adelante, publicó su primer libro, una recopilación de poemas pastorales titulada El fauno de mármol (1924). Su primera novela, La paga de los soldados, es de 1926. Luego, tras una breve estancia en Europa, publicó Mosquitos (1927), Sartoris (1929, primera de la saga ambientada en el condado ficticio de Yoknapatawpha), El ruido y la furia (1929), Mientras agonizo (1930), Santuario (1931), Luz de agosto (1932), Pilón (1935), ¡Absalón, Absalón!(1936), Los invictos (1938), Las palmeras salvajes (1939), El villorrio (1940), Banderas sobre el polvo (1948), Réquiem por una monja (1951), Una fábula (Premio Pulitzer 1954), La ciudad (1957), La mansión (1960) y La escapada (1962), que aparece poco antes de su muerte. Además de las novelas mencionadas, publica también recopilaciones de cuentos, ensayos, poemas, cartas, obras teatrales y colabora en varios guiones cinematográficos. En 1950 recibió el Premio Nobel de Literatura.

 

Sinopsis

 

Si la víspera de tu cumpleaños te metes en la cama con el pie izquierdo y das la vuelta a la almohada, puedes esperar cualquier cosa para el día siguiente...

 

Edición

 

El Árbol de los Deseos

William Faulkner

Alfaguara Infantil, 2008

Cartoné

 

La edición cuenta con unas ilustraciones muy acertadas de Mikel Mardones, que captan muy bien el espíritu de los personajes y acompañan la lectura sin entorpecerla.

 

Conclusión

 

El Árbol de los Deseos es un cuento infantil con mucho trasfondo filosófico que viene adornado por una historia muy original llena de fantasía y situaciones de lo más peculiares. La historia se lee muy rápido y, a pesar de su cuidada prosa, resulta adecuada también para los más pequeños. Las ilustraciones que acompañan la edición son el complemento ideal.

 

Así, queda un libro muy simpático para lectores adultos interesados en el género y, sobre todo, para los jóvenes lectores.

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