Un grano de conocimiento

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Relato participante en el I Concurso Warhammer 4OZ

M41-13-56

Asteroide Moebius

Cámara del tiempo

 

El chasquido eléctrico lo despertó, y el sabor metálico y dulzón le indicó que la batalla había dado comienzo. Podía sentir cómo el vello se le erizaba con la corriente estática de la disformidad. Con gran esfuerzo, el guardián Clausius entreabrió los ojos. La escena que vislumbró, manchada por su propia sangre, no daba pie a muchas esperanzas… Finalmente, la batalla psíquica había sido inevitable; la lucha acababa de comenzar. Ni siquiera se dio cuenta de que sus miembros inferiores estaban aprisionados por los escombros.

 

El anciano inquisidor Seldon, que apenas tenía fuerzas para mantenerse en pie con la ayuda de su báculo, se hallaba a escasos pasos del monstruo psíquico que se autoproclamaba “El primer ciudadano”. La bóveda metálica que constituía el armazón interior de la cámara del tiempo estaba sembrada de cráteres, sin duda provocados por la batalla psíquica. Corrientes eléctricas descontroladas fluían por toda la extensión de la cámara, con tal virulencia que los chasquidos arrancaban cascotes y escombros.

 

Sevlar Seldon, maestro de inquisidores, azote del caos, que había sobrepasado con creces la esperanza media de vida de todos los inquisidores con su rango, mantenía firme su espíritu frente a la patente debilidad física. El primer ciudadano había escogido la forma de una bestia demoníaca de aspecto vagamente antropomórfico para su manifestación psíquica. Seldon había escogido el águila bicéfala imperial. Las formas psíquicas combatían por toda la extensión de la cúpula, desatando la tormenta psíquica que era evidente desde el exterior.

 

Seldon se había enfrentado a psíquicos y demonios, pero el llamado “primer ciudadano” era de una potencia psicológica innata y brutal que sobrepasaba cualquier límite conocido hasta entonces por la todopoderosa inquisición. El poder del primer ciudadano era inmenso, sus recursos ilimitados, su energía inagotable...

 

El anciano inquisidor sabía que no podría competir contra su potencia y destreza. El manejo de las formas psíquicas del primer ciudadano era enormemente poderoso, su fuerza era descomunal. La forma demoníaca se hacía cada vez más gigantesca, sus poderosos golpes se traducían en cráteres en el universo material. Clausius sentía las oleadas de puro poder psíquico emanando de la confrontación, y observó con espanto cómo la frente del inquisidor se perlaba de sudor por el esfuerzo, mientras el primer ciudadano permanecía impasible.

 

La comunicación psíquica entre los dos titánicos contendientes se producía a la velocidad del pensamiento, el primer orador se mostraba seguro de su victoria, sus emociones sólo transmitían confianza y seguridad plenas. El inquisidor parecía esforzarse sólo por asimilar lo inesperado de la situación.

 

-Según parece, una vez más el imperio ha subestimado el poder de la disformidad…

 

El poder mental del primer ciudadano era tan inmenso que la frase se repitió en forma de eco en todas las mentes receptivas vivas en un radio de kilómetros, incluso más allá del propio asteroide.

 

-¿Cuál es la alternativa?

 

-¿Por qué tiene que haber una alternativa? Yo no ganaría nada con ella. Además, no estoy dispuesto a negociar; ¿qué arma tiene contra mi mente, que es aún más fuerte que la suya?

 

-¿Qué tengo yo? Pues… nada.

 

 

… excepto un pequeño grano…

… un pequeño grano de conocimiento que usted no posee…

 

 

Los poderes del primer ciudadano eran manifiestamente superiores a los del anciano Seldon. Pero él había refinado sus poderes durante años, había estudiado y trabajado cada aspecto de la peligrosa senda de la disformidad. Sus poderes eran menores, sí; pero mucho más refinados.

 

La forma psíquica del primer ciudadano llenaba toda la estancia, mientras la débil águila imperial revoloteaba a su alrededor de forma inocente. Dando pequeños picotazos aquí y allá, sin mayores consecuencias. La forma del águila era tan diminuta comparada con la del demonio, que al primer ciudadano le resultaba difícil acertarle con sus portentosos golpes.

 

Clausius observaba sobrecogido desde el suelo; el tiempo y el espacio se retorcían alrededor del primer ciudadano, por lo que su imagen llegaba anormalmente distorsionada y no tenía una continuidad temporal lógica. Todo a su alrededor evocaba las peores pesadillas de los hombres, y el zumbido que sentía en su cabeza amenazaba con hacerla estallar.

 

En lo que en la disformidad fueron varios días de enfrentamiento, el águila bicéfala luchó en desigual combate contra el demonio. Sus esfuerzos se traducían en pequeñas cicatrices que recubrían el cuerpo del demonio. Cualquier fallo, cualquier error psíquico por parte de Seldon, se habría traducido en una rápida victoria del primer ciudadano. El inquisidor sólo disponía de su conocimiento y su sabiduría, adquirida a través del estudio y el verdadero sacrificio, no de forma innata… y la usaba con mortal eficacia.

 

En el transcurso de los días disfórmicos, el anciano no erró ni uno sólo de sus débiles ataques y, con el tiempo, logró hacer sangrar la forma psíquica del primer ciudadano; repitiendo con insistencia y meticulosidad los ataques, salpicando el cuerpo del demonio de cicatrices y hostigando las heridas más profundas.

 

Clausius observó cómo el primer ciudadano retrocedía aparentemente un paso; era difícil asegurarlo por la distorsión espacial del campo que lo rodeaba. El guardián fue consciente por primera vez de que estaba atrapado entre los escombros.

 

Desde su despertar hasta el final de la batalla psíquica apenas había transcurrido un segundo…

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Patapalo
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Un relato muy bien escrito, y que aborda un tema que me gusta mucho de la ambientación de W40k. Mucha suerte con el concurso.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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