La danza de los esqueletos

Imagen de Coleccionista de dientes

En 1929 Walt Disney inauguraba las Silly Simphonies con un corto bien fosco

La idea de mezclar lo macabro y lo festivo no es nueva, ni siquiera en nuestra cultura. Hay una belleza estética en esa mezcla de memento mori y fiesta dionisíaca que se puede montar en cualquier cementerio (con un poco de magia) que ha seducido a miles a lo largo del tiempo. ¿Qué mejor para disfrutar de las cosas de la vida que el escalofrío de la muerte? Reírse de lo terriblemente inevitable...

Quizás por ello Walt Disney optó por inaugurar su serie de cortometrajes conocida como Silly Simphonies con esta The Skeleton Dance, la danza de los esqueletos. Sobre una fabulosa melodía de Carl Stalling, que ya de por sí combina lo ominoso con lo humorístico con gran habilidad, el ilustrador Ub Iwerks construye una historia del despertar de muertos difuntos plagada de gatos negros, perros aulladores y, cómo no, iluminada por una luna en condiciones. Las animaciones son sencillas pero eficaces, combinan a la perfección unos pocos movimientos para prolongar el disfrute.

No es de extrañar que en su día triunfara y a día de hoy siga siendo un clásico que ha envejecido muy bien: sus esqueletos no dejarán de danzar; se han convertido ya en todo un icono.

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