La goleta lo persigue...

Imagen de Long Clic Silver

Toda rata portuaria lo sabe: sin un navío adecuado, las autoridades coloniales lo tienen crudo con los piratas.

Quizás fue por eso que en 1991 Playmobil se animó por fin a sacar su primer bajel dispuesto a combatir contra los piratas en su propio medio: la mar. En mi imaginación, la goleta formaba parte de la armada británica, tanto por coincidir los colores de la tripulación con los que tenía en algunos libros ilustrados como por parecer la continuación lógica de los Casacas rojas. He de reconocer, sin embargo, que mis conocimientos en heráldica —marina, para más inri— dejan bastante que desear y no soy capaz de identificar los blasones de las velas. Para los niños, sin embargo, esto tenía poca importancia: eran los enemigos de los piratas, y con eso era bastante.

Hay que reconocer que tampoco parecen ir muy pertrechados para la ocasión. La goleta, con sus dos cañones y su escaso calado, no parecía muy capaz de presentar batalla a los robustos galeones que habíamos disfrutado hasta la fecha. Por el contrario, en una persecución no iba a haber color: la goleta parecía infinitamente más rápida gracias a su estilizado diseño, y capaz de meterse por bajíos donde su presa encallaría. Además, de velamen no iba nada mal... Una bodega reducida, sin camarote, incluso la cofa había quedado reducida a la mínima expresión. ¿Este era el barco de los marineros y el otro el de los piratas?

La cosa, en realidad, tenía su lógica: estos navíos no estaban pensados para largos viajes ni para el transporte de mercancías, sino para patrullar en torno a las colonias caribeñas o servir de escolta a los galeones durante parte del trayecto. A excepción de la falta de cañones, el concepto estaba muy bien presentado. Por otro lado, los piratas se conformaban con lo que habían capturado, bien al abordaje, bien a traición, así que, de momento, tocaba tragar con el galeón.

Digo “de momento” porque en años posteriores se lanzarían nuevos barcos piratas que responderían al diseño de la goleta. Esta, que además tuvo una vida muy limitada, lo que la había convertido en una pieza de coleccionista, serviría de base para navíos de los que ya hemos hablado, como el Dragón Azul.

Muchos lamentaron su efímera existencia. El diseño de los marineros, con esos pañuelos que no funcionaban a modo clic, sino que iban encajados entre la cabeza y el torso, los colores sobrios, los pies descalzos, los oficiales con toda la pompa... Era un complemento perfecto para los casacas rojas que, por muy rojos que fueran, se quedaban un poco tristones frente a la variedad de caballeros de fortuna.

Este año 2013, que parece el de las reediciones, Playmobil ha sacado una nueva edición de la caja 3740 —la original de 1991—: la caja 6348. La goleta en sí no parece haber sufrido cambios sustanciales, lo que no es de extrañar si tenemos en cuenta el concienzudo diseño con el que nos sorprendió en su día —¡hace más de veinte años!—, pero sí se han actualizado algunos complementos, quizás para que los coleccionistas sigan teniendo algo que cazar: los cañones ya no lanzan bolas redondas, sino los nuevos —y prácticos— proyectiles tipo flecha, los uniformes tienen otra tonalidad gris incluso en los oficiales...

Poco importa: el destino de la goleta era salir de caza —a poder ser, con un buen batallón de guardamarinas de apoyo— y, por ende, ser cazada.

 

 

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