Gritos

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Astur
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Puntos: 12

1

Se encontraba tumbado en la cama, a oscuras, con la vista clavada en el techo y el cuerpo en tensión por el miedo que le causaba escuchar esos gritos.

   Provenían de Laura, su vecina, y se oían por todo el patio de luces, aún con la ventana y la persiana cerrada. Eran aterradores. Como si la chica luchara contra algo que la atacaba. Algo que nadie más que ella podía ver y sentir. La única forma de librarse de aquellos aullidos era subiendo el volumen del televisor o la música, sin embargo, en los segundos de silencio entre canción y canción volvía a escucharse los sonidos vomitados por la magullada garganta de la joven y desgraciada Laura.
 

   Javier sabía, según había escuchado de sus padres, que la policía la había encontrado un par de meses atrás caminando aturdida por la carretera que cruzaba el bosque. Tenía el cuerpo magullado, los muslos manchados de sangre y la ropa hecha girones. Al parecer había sido violada. El problema es que nadie había conseguido tranquilar a Laura lo suficiente para que pudiera contar lo sucedido.
 

   Tras acabar ingresada en un par de centros psiquiátricos se decidió darle el alta y llevarla a casa, con una rigurosa y severa medicación. Pero a medida que su cuerpo se acostumbraba a las pastillas pasaba más tiempo entre aullidos y gritos que adormecida.
 

   Los vecinos se quejaban y llamaban a la policía a diario. Pero éstos apenas podían hacer nada sin el consentimiento de sus progenitores.

   El muchacho se sentó en el borde de la cama. No lo soportaba más. Acabaría tan loco como ella si seguía escuchando sus chillidos.

   Se puso las zapatillas con la imagen de Son Goku y, sin encender las luces, se dirigió al salón. Quitó los cojines del sofá y se tumbó. Sintió un alivio tremendo al comprobar que allí la voz de su vecina apenas se percibía. Daba igual que el comedor oliera al cigarrillo de antes de irse a la cama de su padre, lo importante es que por fin iba a poder dormir.

   Y aunque al principio parecía tener su voz incrustada dentro de él como sanguijuelas, al final acabó rindiéndose al sueño. 

2

Tiró la mochila bajo el escritorio y encendió la consola. Era viernes. Y los viernes por la tarde no existían los deberes, ni la clase de inglés, solo un buen puñado de horas de vicio antes de ir a cenar.

   Los cinco primeros minutos, mientras entraba en el menú de la videoconsola y después en el del videojuego, se había sentido extraño. Como si se hubiera dejado algo en clase.
Fue mientras escogía al luchador del Mortal Kombat cuando se percató de lo que sucedía. Bajó el volumen del televisor y miró hacia la ventana.

   No se oía nada.

   Por fin no se oía nada.

   Quizás llamaron a la policía mientras estaba en clase y habían obligado a sus padres a llevársela. O quizá habían dado al fin con la medicina adecuada para ella y se encontraba sedada. Pudiera ser, simplemente, que Laura se hubiese recuperado y volviera a cruzársela en las escaleras de camino al instituto, sin más saludo que un tímido hola. Sin que entre ellos dos quedara ya nada de las charlas inocentes mantenidas en la infancia, y las cuales llegaron a su fin en cuanto a ella le crecieron los pechos y a él le salió la pelusilla oscura en el bigote.

   No lo hubiera confesado jamás, pero en el fondo se alegraba de lo que le había sucedido a su vecina. Desde que empezaron el instituto él siempre se había sentido inferior a Laura. Los genes de ambos eran bien distintos, y mientras a ella la adolescencia le quedaba como un guante, a él le había explotado en la cara, formándole esos granos que le habían hecho ganarse el apodo de Volcano.

   Quizá, cuando nadie quisiera acercarse a una loca, Laura volvería a prestarle atención, como tantas otras veces durante aquellos juegos entre niños aburridos de un mismo edificio.
Javier dejó el mando a un lado y se asomó a la ventana. 
 

   El patio de luces se componía de cuatro paredes sucias por el humo de las cocinas y con la pintura levantada. Buscó la ventana del cuarto de Laura, que se encontraba justo en la pared de enfrente y un piso más abajo. Estaba abierta, y en su interior podía verse una esquina del colchón y las mantas deshechas.
 

  Seguro que la habían llevado al médico.
 

  Desvió la vista hasta el piso de enfrente, el cual daba al dormitorio de una mujer divorciada más mayor que su madre, quien a veces se cambiaba con la persiana subida y la cortina abierta. No era para tirar cohetes, pero sus pechos caídos y su abultado montón de rizos entre las piernas le había valido para más de una paja. Pero la estancia estaba a oscuras, pues rara vez volvía del trabajo antes de las once de la noche.
 

  Fue a entrar en el cuarto cuando algo llamó su atención. Laura estaba tumbada en la cama, con la cara justo en el hueco que podía verse desde donde Javier se encontraba, y lo estaba observando.
 

   El muchacho entró tan rápido que se golpeó la cabeza con la persiana. La jodida Laura le había dado un susto de muerte. Apagó la luz de la habitación y esperó un minuto. Luego, casi a cámara lenta, volvió a asomarse.
 

   Ella seguía en la misma posición, con un brillo dorado en los ojos y una mueca siniestra dibujada en los labios.
 

   Javier se escondió de nuevo, con el corazón latiéndole con violencia. 
 

   Tembloroso, bajó la persiana, encendió la luz y subió el volumen del televisor tan alto como pudo. Retomó el juego. Pero era incapaz de concentrarse, pues la imagen de Laura observándole y sonriéndole era más poderosa que la del televisor.
 

   Decidió apagar la consola y, cuando lo hizo, escuchó como los gritos de su vecina se habían transformado en una risa diabólica. Aquellas carcajadas le recordó a las que proferían las brujas de las películas cuando ideaban oscuras intenciones.
 

   Salió de la habitación a toda prisa y decidió pasar la tarde junto a sus padres.

3

Intentó quedarse en el salón todo cuanto pudo, pero cuando su padre quiso irse a la cama le obligó a que él hiciera lo mismo.
 

   Regresó a la habitación sin haber podido dejar de pensar un solo momento en la mirada y la risa de su vecina. Encendió la luz, se puso el pijama y se metió en la cama.
 

   Tras unos minutos retiró la colcha y se levantó de golpe. Aún sin haber apagado la luz no conseguía dormirse, pues en su habitación flotaba la imagen del rostro de Laura, además de escucharse ciertos ruidos en el patio de luces. A tomar por culo. Dormiría otra vez en el sofá.
 

   Salió al pasillo, pero entonces esos ruidos volvieron a sonar con más claridad dentro de su cabeza. ¿Podían tratarse de…?
 

   Entró de nuevo en la habitación y se mantuvo expectante y en silencio.
 

   Eran gemidos. Y joder, sabía de donde provenían.
 

   Por primera vez en horas dejó de pensar en Laura. 
 

   Subió la persiana con sumo cuidado para no hacer ruido. En el dormitorio de enfrente se encontraba la madura de su vecina, desnuda y con las piernas abiertas sobre la cama, en proceso de introducir toda la mano en su vagina. Javier sintió una repentina presión sanguínea en la entrepierna. Estaba tan sorprendido por la escena que ni siquiera dejó de observarla cuando ella miró en su dirección. Sin embargo la mujer tenía algo extraño en la mirada. Un tono amarillo y luminoso en sus dos ojos. Y se oyó su risa al sonreír.
 

   Pero la risa no vino de ella, sino de más abajo.
 

   El muchacho sacó la cabeza y vio a Laura dentro del patio de luces, levitaba a la altura del primer piso, con la vista clavada en el vecino que se encontraba asomado a la ventana e hipnotizado por la chica.
 

   —Tienes cáncer —dijo la chica, con una voz demasiado masculina para ser suya—. No sirves. Coge un cuchillo y límpiate. 

   El hombre se metió dentro y la joven alzó el rostro.
 

   Una ráfaga de aire sentó en el suelo a Javier. Laura apareció flotando. Su mirada era puro fuego y su cabeza pendía torcida, como si su cráneo le pesara demasiado al cuello.
 

   La chica se lamió los labios.
 

   —Tú eres el elegido —escuchó Javier dentro de su cabeza.
 

   El muchacho comenzó a chillar como un loco. Al cabo de un rato sintió el tacto de la mano de su padre sobre su hombro. Fue entonces cuando se puso en pie y, empujándolo, abandonó el piso entre gritos.
 

   Recorrió las calles tratando de escapar de la risa y la voz que le perseguía. Sabía que Laura iba tras él, aunque no pudiera verla. Sin embargo sus ojos amarillos se proyectaban en los rostros de los carteles y de los maniquís, en los viandantes y en los gatos callejeros. Corrió por la carretera donde habían encontrado a Laura y penetró en el bosque del cual ella surgió aquella noche. Apartaba las ramas de los árboles sin dejar de gritar, adentrándose más y más en el follaje.
 

   Y de pronto dejó de correr. Lo hizo porque la risa calló de repente. Ni siquiera era consciente de cómo había llegado hasta allí.
 

   Giró sobre sus pies, pero era una noche sin luna, y apenas podía ver más allá de su nariz. ¿Cómo diablos no se la había pegado? ¿Acaso alguien había guiado sus pasos?
 

   Exhausto y con la respiración entrecortada, escuchó murmullos y se puso en guardia. Una rama crujió. Otra. Creyó escuchar una palabra suelta, pero no supo reconocerla. Susurraron algo. Contestó una risa. No, aquello no podía considerarse una risa. Quizá una respiración entrecortada y ronca. Y de pronto aquel mismo sonido se escuchó por todas partes. Apartó el pie cuando algo le rozó el tobillo. Gritó aterrorizado. Gritó con todas sus fuerzas.

   Sonó un trueno que no provenía del cielo, sino de la misma tierra, pues era el suelo abriéndose en dos. Y una luz tan brillante como el sol escapó de allí dentro.
 

   Javier hubiera caído al vacío si no fuera porque la raíz de un árbol lo agarró de la pierna y lo depositó en el suelo de una cueva, repleta de hogueras. Luego cientos de sombras delgadas rodearon a Javier.
 

   El chico pretendía levantarse, pero las manos viscosas de aquellos seres tan oscuros como las tinieblas se lo impidieron.
De sus gargantas salió un murmullo. Tenía melodía. Era una canción, o quizá un ritual. 

   Los ojos de Javier se movían con frenesí de un lado a otro. Los veía acercarse y alejarse de su rostro. De vez en cuando sus cuerpos producían chispazos. Al parecer sus auténticos cuerpos estaban ocultos tras un traje. Entre la luz de las hogueras pudo distinguir una nave alienígena destrozada. Mientras algunas sombras trabajaban en el vehículo espacial, otras creaban a un ser tan oscuro como ellos, pero hechos con barro, excremento de insectos, gusanos, ramas y hojas secas.
 

   Oyó gritos atroces. Y vio en un rincón de la cueva a esos monstruos de barro. Habían cobrado vida, tenían fuego en los ojos y estaban violando a unas mujeres. Al eyacular lanzaban un grito y desaparecían dentro de las féminas, como absorbidos por sus vaginas. A las cuales, durante unos segundos, se le iluminaban las venas bajo la piel de una intensa luz resplandeciente. Luego las raíces de los árboles agarraban a las mujeres que habían sobrevivido y las subían a la superficie, mientras éstas gritaban traumatizadas.
 

   De pronto todas las sombras quedaron en silencio, solo para clavar a continuación sus largas y afiladas uñas a lo largo del cuerpo de Javier, usándolas como pajitas para absorber la sangre. 
 

   Cuando Javier murió pudo sentir como su alma abandonaba la materia mientras aquellas sombras se quitaban la parte de arriba del traje y dejaban al descubierto unas cabezas gelatinosas, por las cuales podían verse las venas de un color amarillo, con dos puntos de luz como ojos y con las lenguas cubiertas por afiladas astillas, además de unas orejas de soplillo por las cuales sonaban sus voces. En cuanto su cuerpo se quedó sin sangre comenzaron a arrancarle las tripas y a introducirlas dentro del nuevo cuerpo de barro que estaban creando, mientras de sus orejas escapaba una melodía al unísono.
 

   El espíritu de Javier fue ascendiendo hasta traspasar el techo y abandonar aquel escondite. Se encontraba de nuevo en el bosque, solo que ahora su condición inmaterial le permitía ver en la oscuridad, oler cuanto sucedía a kilómetros de distancia y escuchar a su padre hablar con la policía.
 

   Se percató de un millón de movimientos. De seres vivos y de entes muertos. Incluso fue testigo de cómo surgía el dióxido de carbono de las plantas.
 

   Sin embargo, entre todas esas nuevas experiencias algo le puso en guardia.
 

   De entre la bruma y los árboles aparecieron un centenar de entes con los ojos brillantes. Tenían formas femeninas, y sus cuerpos eran una mezcla entre esos monstruos de barro y las mujeres a las que habían violado, poseído, y consumido sus almas hasta matarlas. Sonreían mientras se acercaban al chico.

   Aquel bosque, justo encima del refugio de sus creadores, se había convertido en un vertedero de almas.

   Cuando no quedase un ser vivo en la ciudad, los Clapturianos se trasladarían bajo tierra hasta el siguiente lugar donde aposentarse para continuar alimentándose de la raza humana. Al menos hasta reconstruir la señal de socorro para que pudieran venir a rescatarles. Sin embargo, aunque para los creadores el planeta tierra dejaba mucho que desear, para sus esclavos inmateriales los Luciferinos las almas de los humanos sabían bastante bien. Quizá ya era hora de aposentarse y crear un nuevo Infierno, repleto de gritos, fuego y horror.

   ¿Por qué no?

   Los monstruos de barro, o mejor dicho, los Luciferinos rodearon el alma de Javier y lo desgarraron hasta que de él no quedó ni un pedazo de su existencia.

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salino
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Poblador desde: 22/05/2012
Puntos: 347

Astur (no ser si debe ser pronunciado tu nombre), gracias por este despliegue de imaginación.

El relato comienza muy bien, muy creíble. Plantea un nudo muy claro que es el misterio que envuelve a su vecina: esos gritos, ese estado mental. Cuando todo se dispara uno espera que lo que presentíamos, un hecho sobrenatural, fuera el desenlace de la historia. Pero no, no es solo un hecho, sino una serie de acontecimientos que explotan sin remedio en la cara del protagonista. Jejeje, me gustó.

Sin embargo no me resultó creíble. Creo que a partir de esa carrera endemoniada hacia el bosque todo se vuelve encorsetado y el narrador pierde el enfoque del muchacho, se dispersa y nos cuenta cosas que abren tantos cabos por resolver, en comparación con el resto de la narración, que resulta extraño e inverosímil. ¿Alienígenas, una cueva oculta bajo tierra, decenas de mujeres violadas por golems de barro…?  

Se rompe la cotidianeidad de la narración, ese día a día del protagonista, sus padres, su pasado relacionado con Laura, sus problemas de adolescencia… Eso está genial, es consistente. Pero, como te comento, yo opino que el resto es una explosión sin fundamento en el resto del relato. Tal vez si se diera toda la información de la misma manera en que la has mostrado (en el día a día, mezclado con la realidad) todo sería más llevadero.

Por comentar algo más, creo que esas preguntas retóricas que lanza el narrador, como esta:

“¿Cómo diablos no se la había pegado? ¿Acaso alguien había guiado sus pasos?”

Te sacan de la lectura y no aportan nada. Deberías plantearte quitarlas (solo he visto dos).

Y comentar algo más:

El inicio del relato es muy bueno, genial. Pasé miedo con la escena donde Laura observa al protagonista con una mueca en el rostro. La escena de Laura levitando y hablando con el vecino enfermo de cáncer “quítatelo” (genial). O los pensamientos del protagonista y la confesión que hace sobre que, de cierta manera, se alegraba de lo ocurrido a su vecina… Veo que el texto y la trama estaba genialmente hilado, hasta llegar a esa estampida al bosque.

Mi puntuación es de 3 estrellas

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Astur
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Poblador desde: 14/01/2016
Puntos: 12

Agradecido, Salino, por tus palabras.
Quizá si durante el principio hiciese referencia a una noticia sobre una luz en el cielo, o la misteriosa desaparición de un buen puñado de personas, el final sería más creible.
Gracias, tomo nota y espero a que termine el concurso para meter cambios.

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Poblador desde: 22/05/2012
Puntos: 347

Astur dijo:
Agradecido, Salino, por tus palabras. Quizá si durante el principio hiciese referencia a una noticia sobre una luz en el cielo, o la misteriosa desaparición de un buen puñado de personas, el final sería más creible. Gracias, tomo nota y espero a que termine el concurso para meter cambios.

Sí, buena idea. Yo solo te comento mis impresiones, que son muy personales. Pero opino que con más extensión se resolvería esa parte final o con algunos añadidos como los que comentas. Gracias por tener en cuenta mi aporte. Un saludo

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Olethros
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Poblador desde: 20/06/2015
Puntos: 352

En cuanto a lo formal, narración sencilla que, a pesar de ser funcional a grandes rasgos no resulta demasiado rica, con asuntos que podrían ser revisables si al autor le parece interesante, como varios problemas de coordinación de número entre sujetos y verbos ("con la ventana y la persiana cerrada", "volvía a escucharse los sonidos"), repeticiones cercanas evitables  como la de "había" en el tercer párrafo (cuatro veces) y problemillas con el uso de los signos de puntuación.

En cuanto al estilo, el relato tarda mucho en arrancar y se maneja con un ritmo lento, pero después se dispara hasta lo frenético de una forma acorde con lo que nos cuenta, aunque no lo hace con una progresión natural, al menos desde mi punto de vista, lo que provoca cierta sensación de desapego en un servidor porque el cambio de dirección e intensidad de lo narrado es demasiado brusco. A ese respecto me ha recordado a lo que le sucedió al texto de Reina de la noche.

En cuanto al fondo, hay posesión. Está dentro de un batiburrillo de ideas de trasfondo que generan sensaciones de serie B a este lector, pero está.

Mi calificación es 2,5 estrellas.

Ceterum censeo Carthaginem esse delendam... ;oP

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L. G. Morgan
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Poblador desde: 02/08/2010
Puntos: 2579

Relato "Admitido a concurso".

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Bestia insana
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Poblador desde: 02/05/2013
Puntos: 1928

Concuerdo con los compañeros, dos partes muy diferentes que no parecen tener que ver. Nada en la primera anuncia lo que va a venir, hasta el punto que casi parece un disparate, por mucho que, bien encauzadas, estas cosas a mí me chiflen. En lo formal he visto un jirón con g y dos magullado/a muy próximos.

*** estrellas

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Molu
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Poblador desde: 16/11/2015
Puntos: 243

El relato comienza con una prosa clara y correcta. Se describe muy bien al personaje adolescente. Pero llega un momento en el que narrador y personaje se confunden. Es decir (y es un detalle), me hubiera gustado que el narrador se separara un poco del personaje. El personaje de Javier está muy bien compuesto. Queda claro que es un adolescente y que sus preocupaciones son típicas. Pero llega un momento en el que el narrador también se expresa como un adolescente. Esto (creo) vuelve el tono del relato un tanto banal.
El encuentro con Laura poseída, está un poco entreverado. No entiendo qué hombre se metió adentro, ni dónde es adentro. Pero me gustó que Javier fuera franco con sus sentimientos. Lo humaniza. En este momento la prosa se vuelve más sencilla. Se nos cuentan muchas cosas importantes en poco tiempo, y otras se dan por sentado. ¿Cómo identifica tan rápido eso que está ahí con una nave alienigena? ¿Cómo sabe que están haciendo un ser de barro e insectos muertos? ¿Cómo se ha enterado de tanto detalle?
Me parece que el relato se separa en dos partes. Incluso hasta parecen partes inconexas. ¿Qué tiene que ver Laura con todo esto? ¿Estaba poseída por una entidad alienigena para atraerlo hasta el medio del bosque? Está un poco flojo. La primera parte está muy bien. La segunda es un tanto inverosímil. Parece una alucinación. El protagonista saca muchas conclusiones instantáneas. Sabe que es una nave, etc, etc, etc, detalles que no tendría por qué saberlos. Es como si estuviera en medio de un sueño. Sabe algunas cosas pero no sabe cómo. Me parece que el relato, podría ser una buena base para algo más extenso, donde el autor pueda tomarse el tiempo justo para describir y justificar cada suceso. De esto ser así (y es una sugerencia de atrevido) el resultado podría ser de un estilo de esas películas de los años sesenta sobre monstruos espaciales, que siempre protagonizaba un adolescente o un grupo de ellos.
2,5 estrellas.

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Mzime
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Poblador desde: 01/02/2016
Puntos: 241

Desde el punto de vista de la prosa, no he visto yo mayores problemas que su eficiencia para describir la acción. El argumento va y viene, hasta que por arte de ensalmo aparecen por allí los alienígenas para deshacer el nudo. De la atmósfera, suelo puedo decir que la imagen de Laura levitando en el patio de luces me ha llamado la atención y, por tanto, gustado. No creo que haya posesión, salvo que sea la de Laura y eso sería muy marginal. En fin, como en varios otros casos ya, no valoro el relato por ausencia, en mi opinión, del tema origen del concurso.

"Si quieres llegar rápido camina solo, pero si quieres llegar lejos camina acompañado", (proverbio masái)..

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Ligeia
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Poblador desde: 03/12/2013
Puntos: 869

Además de en los fallos ortográficos y de número ya comentados, coincido en la sensación de repentina partición que se produce con la huida al bosque. El principio está bien, pero desde ahí es todo tan brusco y surreal que pierde un poco de verosimilitud, incluso llegué a pensar si no sería un sueño. Laura es una de las supervivientes poseídas por los luciferinos-golem traídos por los cladurianos, que luego quiere buscar un nuevo cuerpo. Dos estrellas:

**

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LCS
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Poblador desde: 11/08/2009
Puntos: 6621

Olethros dijo:

A ese respecto me ha recordado a lo que le sucedió al texto de Reina de la noche.

 Veo con placer, Olethros, que mi relato se ha convertido ya en un texto de referencia. No esperaba menos. Oh, yeah. cheeky

 

Jajaja. Ahora en serio. Compañero Astur, cada uno es libre de escribir como quiera y de usar los recursos de la forma que le parece más oportuna pero te voy a indicar tan solo un detalle para que de forma visual entiendas porque, desde mi punto de vista, el relato está descompensado. 

Aunque ya me llamaba la atención visualmente, me he tomado la molestia de contar las palabras de cada uno de las partes de tu relato. No te preocupes, no lo he hecho de una en una sino con el Word. Si no me equivoco, la primera parte tiene 364, la segunda 666 (bonito número para el certamen) y la tercera 1320. 

No sé si era tu intención. Si no lo era puedes corregirme sin problemas. Al dividir tu relato en tres partes, me ha dado la impresión de que pretendías dividirlo igualmente en las tres partes que se supone que tiene un relato, esto es, planteamiento, nudo y desenlace. Así, el planteamiento, vamos, la presentación, me ha parecido muy corta, el nudo no ha estado mal, pero el desenlace me ha parecido demasiado largo y frenético y también que se aleja un poco del tema del certámen.

Concluyendo, no empieza mal, pero creo que deberías haberte centrado más en la relación con Laura. Ese final tan diabólico y poblado de seres no me ha resultado demasiado creíble, ni siquiera dentro del mundo delirante que planteas.  

Lo siento, compañero, pero solo puedo darte dos estrellas

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Patapalo
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Poblador desde: 25/01/2009
Puntos: 197120

Relato admitido a concurso.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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Lis
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Poblador desde: 07/12/2015
Puntos: 209

Este es un concurso y, desgraciadamente, ni todos los relatos pueden ganar ni todos pueden formar parte de la antología porque compiten entre sí.

Si tuviera que elegir trece relatos entre los presentados al certamen para publicar una antología sobre posesiones, éste no entraría en mi lista de preseleccionados tras la lectura de todos ellos.

Encaja en el tema de la convocatoria pero, por comparación con el resto, le costaría mucho más que a otros contribuir al éxito de la antología mediante una historia llamativa, calidad literaria o tirón comercial.

★★☆☆☆

Sin embargo, siento muchas ganas de escribir por parte del autor o autora y le animo a que siga haciéndolo. Ojalá me permita leer otras de sus obras en próximas ediciones del concurso.

¿En qué puedo ayudarte?

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Patapalo
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Poblador desde: 25/01/2009
Puntos: 197120

Tengo la impresión de que el relato ha descarrilado. Iba en una dirección concreta, con ese ambiente opresivo del edificio y, cuando empieza a resolverse la trama, nos mandas a una conspiración alienígena que, de alguna manera, se transforma en una invasión diabólica. Bueno, no hay nada que impida que sea así, pero como no hay pistas previas deja con cierta sensación de conejo sacado de la chistera. Personalmente, creo que deberías haberte quedado a una carta: si es la de los marcianos, dejar más pistas al comienzo y reducir el papel del chico para dar espacio a los primeros; si es la del chico, ceñirte a la posesión de la vecina, que ya tiene bastante miga.

Por otro lado, creo que has abordado la historia desde un punto de vista demasiado visual. Hay mucha descripción de elementos pero poco trabajo sobre el trasfondo de los personajes. La prosa en sí funciona bastante bien, aunque tiene algunas expresiones que habría que pulir y algunos gazapos. Quizás le falte algo de fuelle en algunos momentos.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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L. G. Morgan
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Poblador desde: 02/08/2010
Puntos: 2579

Alguna falta de concordancia. Aquellas carcajadas le recordó, tendría que ser le recordaron. Una coma que debiera ser punto y seguido. Un plural que no corresponde. Un cómo sin tilde.

Relato un poco deslavazado, como si estuviera hecho de distintos trozos casados luego entre sí. La primera parte, con Laura poseída, no parece tener nada que ver con la segunda, donde los alienígenas se revelan y asesinan a Javier. Hay escenas muy potentes, pero se diluyen un poco entre tanta mezcla de elementos. Y, sobre todo hacia el final, hay trozos donde el autor se ha recreado, añadiendo más detalles a lo que había empezado siendo (o pareciendo) menos importante. El resultado final es que el relato parece ir y venir sin acabar de decantarse por una sola dirección clara. Y me pregunto, ¿nadie ve a las criaturas de barro? Las mujeres que sobreviven y son devueltas a la superficie, ¿no cuentan nada? ¿Es eso lo que le pasó a Laura? ¿Qué pasa con el demonio-alienígena que la poseía? ¿Y con el vecino del quinto? no

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Dr. Ziyo
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Poblador desde: 30/01/2016
Puntos: 2123

Un relato que en mi opinión funcionaba muy bien al principio, con la historia de Javier y Laura, fácil de leer y con algunas escenas impactantes, pero que al final parece que se vaya de las manos y se vea algo delirante.

Yo veo una clara posesión en Laura, la cual incluso llega a levitar y le dice al vecino que tiene cáncer, lo cual yo tomo como esa clase de cosas que el demonio sabe y que en teoría una persona normal no podría saber.

Tres estrellas y cuarto.

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