Mujer abrazada a un cuervo

Imagen de Óscar Bribián

Reseña de la novela de Ismael Martínez Biurrun publicada por Salto de página

 

Tras sobrecogerme con Infierno nevado y fidelizarme con Rojo alma, negro sombra, sus dos novelas anteriores, Ismael Martínez Biurrun ha conseguido con esta tercera obra dejarme claro que puede desenvolverse en cualquier campo narrativo.

Cruz, una estudiante de Medicina, casi licenciada, recibe un extraño encargo. Su padre, un afamado doctor, le encarga que investigue un caso insólito: un rebrote de yersinia pestis (peste negra) en un valle del Pirineo navarro. Sin embargo, hay quienes creen que es una maldición ancestral la responsable de la muerte de un recién nacido. Además, la joven es capaz de viajar al pasado con un único pasaporte: el dolor. Son viajes astrales en el tiempo que la transportan a situaciones límite. Cruz y su amigo Michi acudirán a Lortia, un pequeño pueblo situado en el valle del Roncal y que resultó uno de los últimos focos de pestilencia a comienzos del siglo diecisiete, donde investigarán el caso, observados por las miradas rapaces de sus habitantes.

Con estas sugerentes premisas, sería fácil que el lector se sintiera defraudado al no cubrirse las expectativas. Todo lo contrario: la premisa no es más que el vértice de un filamento de una larga tela de araña tejida pacientemente.

Con un buen vocabulario, una prosa excelente, cuidada al detalle, que hace disfrutar a quienes buscan algo más que una buena historia narrada de forma sencilla, Ismael nos transporta al mundo de los sueños, los viajes astrales, las carreras científicas y las miserias humanas. El autor sustenta su obra con un elenco de personajes muy bien perfilados, descripciones notables, tanto anatómicamente como desde el punto de vista psicológico.

Cruz, guapa y algo rellenita, lleva en secreto su don y la bulimia que padece. Michi, un joven doctor superdotado, un friki con trastornos afectivos, resulta fundamental para resolver los escollos de una trama compleja. Gabino Montenegro, padre de Cruz, doctor afamado, una eminencia en el campo de la Medicina, y sin embargo alcohólico. Marian, la artista soñadora, madre de Cruz y divorciada de Gabino. Un personaje que será cada vez más enigmático pese a que su hospitalización presupone una pasividad absoluta. Víctor, un nervioso escritor de éxito que mantiene una relación con Marian. Nerea y Josian, una pareja residente en Lortia que parecen sufrir una especie de maldición al engendrar a un niño muerto. La anciana Margarita Uztárroz, que arroja un poco de luz sobre el pasado familiar que investigan los médicos. Santiago Andueza, el cura del pueblo, quien reprime un secreto que en el fondo desea confesar.

Amaia Uztárroz y Basile Dubreuil, dos amantes asesinados hace cuatro siglos, víctimas del rencor de un adinerado padre ultrajado y de un pueblo esquilmado por la peste, ávido de milagros y ajusticiamientos.

Antón el untador, un porquero que esconde un pecado y se ve obligado a obedecer ante las exigencias de un cura para extender la enfermedad.

La novela comienza con ritmo pausado, detalla cada escena, cada sensación. A medida que avanza la historia la cadencia se acelera, manteniendo la intriga hasta el final, capaz de sobrecoger por las relaciones humanas que afloran con cada paso que la protagonista toma hacia el descubrimiento del enigma. Un desenlace con sabor a hiel que hace estremecer.

Este es sin duda otro peldaño ascendente en la carrera de este escritor capaz de transmitir sensaciones y descripciones con una gran viveza.

Mujer abrazada a un cuervo es una historia compleja, donde la ambientación, la intriga científica, lo sobrenatural y el drama bailan en perfecta armonía.

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Patapalo
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Un magnífica novela. A ver si en breves publico también mi reseña.

Parte de la sabiduría consiste en saber ignorar algunas cosas.

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