Hades

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Un relato de Odin para Catástrofes naturales

 

 

Por poner en tela de juicio las órdenes erradas de Zeus y el resto de mis lacayos hermanos Poseidón, Hera, Hestia, Quirón y Démeter, fui confinado al inframundo, con la única compañía de Cerbero. Por preferir protestar como un ser racional, a callar como un súbdito. Sencillamente, por pensar.

Y hasta a él me lo arrebatasteis.

Hércules. Hijo de Zeus, semidios y aspirante a inmortal, pretendiste ponerte a nuestra altura, la altura de los dioses, entrando en mi reino y arrebatándome a mi último compañero. Mi leal y único amigo. Mi pobre cerbero, guardián de las puertas. Deseaste la inmortalidad y la redención de tus pecados a través de aquellas doce pruebas.

Y yo, Hades, juré venganza. Y grité sobre los fuegos de mi reino, hasta que los propios mares se encabritaron, maldiciendo a ti y a toda tu estirpe, y prometiendo que ésta última afrenta no quedaría impune. Que quizás había llegado la hora de regresar al olimpo, de donde nunca debí ser desterrado.

Y hete aquí, caprichos del destino, que el Oráculo Tiresias vaticinó la erupción del volcán al cabo de tres lunas. Tiempo más que suficiente para prepararnos y conseguir el trono que me pertenecía. Ni siquiera tú, Hércules, podrías detener a las fuerzas de la naturaleza.

Pero no pensaste en ello.

Tu vanidad sería tu último pecado. El deseo de ser finalmente reconocido como Héroe por toda Grecia, tu mayor debilidad.

Sabíamos que la muerte y la destrucción que originaría aquella montaña de fuego, cuyo corazón de lava hirviente estaba a punto de explotar, abriría una veda de dolor en el reino de los vivos que atronaría en los oídos de los dioses del Olimpo ocasionando el caos, permitiéndonos salir del inframundo sin apenas oposición.

Mientras tanto, tu planeabas cómo detener la furia del volcán. Como evitar que todo aquello terminase con el reino que habías jurado proteger en nombre de los dioses. Y fuiste a Delfos e imploraste. Y, entre lágrimas de rabia y dudas, de pena, miseria y congoja, miraste al cielo, hacia la montaña, y hallaste la respuesta. Creíste que derruyendo el cráter, taponándolo con sus propias rocas, evitarías que la lava escapase. Pobre miserable.

El plan era perfecto.

Pero, entonces, algo salió mal.

Estuviste todo el día echando abajo el cráter, recogiendo rocas, piedra, arena, cualquier cosa que fuera útil. Algunos creen que conseguiste taparlo gracias a tu fuerza. Otros, que fue por tu determinación. Yo se que fue la fe. La fe en ti mismo. La fe en un padre que hasta ahora a penas te había atendido. La misma fe que, esperaba, te destrozaría esa misma noche.

Y la tercera luna salió, y el silencio se apoderó del mundo. Un silencio mortal. Un silencio sepulcral sólo roto por el latido al unísono de los corazones de unos griegos que habían puesto todas sus esperanzas en ti y que estallaron en un grito de júbilo cuando la tierra tembló para después calmarse.

Nosotros esperábamos agazapados en las puertas del Hades. Por un momento dudamos y maldijimos, en voz baja de nuevo, al campeón de los dioses, a Zeus, y a su Olimpo. Pero nada puede detener a la madre naturaleza si ha montado en cólera. Y vomitó su odio y su ira en forma de roca fundida contra los humanos que la estaban desafiando. La lava caliente fue más poderosa que la barrera artificial que creaste, y el grito de júbilo tornó en un grito de horror. Y los dioses lloraron. Algunos incluso cayeron al suelo tapándose los oídos, incapaces de soportar tanto dolor. Sólo Zeus permaneció en pie, impasible, ignorando la sangre que le brotaba de los oídos y las lágrimas de sus ojos, observando desde su trono como el reino que había creado se desmoronaba. Y se levantó, y entre el caos y el humo buscó a su hijo predilecto, pero no le encontró. Y le creyó muerto.

Te creyó muerto, Hércules.

Pero realmente estabas con nosotros. ¿Recuerdas? Ahora veo tu expresión imperturbable a través de los barrotes de esta celda de nubes de donde es imposible escapar. Tú ibas a ser nuestro salvoconducto. Por ti, Zeus me entregaría su reino. Su imperio. Grecia sobreviviría. Siempre lo hacía. Los humanos son así. Se adaptan a todo. Llorarían a sus muertos y reconstruirían sus edificios más altos y más fuertes, desafiantes, demostrando que nada es capaz de tumbarles, ni siquiera la madre tierra.

Todo lo que pasó a continuación es un caos, incluso para mí. Entre las ruinas de un reino desolado me abrí paso con mis huestes. Levanté a los muertos cuyos cuerpos aún podían tenerse en pie por la catástrofe, como refuerzo para mi ejército, por si el trono no me era entregado pacíficamente.

Los dioses se estaban reorganizando, así que nos dimos prisa. Zeus y Poseidón nos esperaban en las puertas, impidiéndonos el paso. Siempre fue así de hipócrita. Deshonesto con las mujeres, pero noble hasta el final con los suyos. Maldito imbécil idealista. Se puso en primera línea para proteger a los demás. A pesar del cansancio y del dolor, no cabía duda de que era el más bello, fuerte, y hermoso de los dioses. Su majestad era inmensa.

Noté el nerviosismo en el alma de mis tropas. Sus dudas. Pero para eso te teníamos a ti. Para eso evité que murieses en aquel pequeño Apocalipsis que había desatado el volcán.

Y Zeus se quitó el yelmo, y susurró algo a Hermes, su mensajero, que en seguida se apresuró a hacerme llegar su voluntad. Zeus se rendía, a cambio de la vida de su predilecto y sus hermanos dioses. Nos invitaba a pasar y negociar.

Por fin, las puertas del paraíso volvían a estar abiertas para mí.

Entramos, y cerraron las puertas a nuestro paso. Tu querido padre quiso encerrarnos en el Olimpo para toda la eternidad. Fue su última estratagema. Sacrificar la libertad de los dioses, de todos los dioses, dejando a los humanos solos, sin una guía más allá del, a todas luces, insuficiente libre albedrío.

La batalla se desató en el edén, y los humanos supervivientes vieron desde la tierra como el cielo estallaba en una tormenta, como los relámpagos lo rompían en dos, tres, cinco, mil pedazos, hasta que la calma reinó y un rayo de luz iluminó el templo de Zeus, anunciando su victoria.

Y por lo tanto, también la mía.

Ahora estáis encerrados en las mazmorras del Olimpo tú, tu padre, y el resto de dioses. Te concedí la inmortalidad, pues peor que la muerte es tenerte vivo, privado de tu libertad, en esa pequeña celda para toda la eternidad.

Y mientras, los humanos creen que es Zeus quien guía sus pasos. Creen que es quien les ha explicado que la guerra es la única forma de mantener la paz. Que es quien les ha hecho libres, cuando realmente son esclavos del dinero y la ambición.

Y en el futuro, me invocarán a través de muchos nombres distintos. Habrá más guerras, disputas, y violencia en mi nombre. Cada habitante de este planeta, a su manera, me honrará, creará loas, alabanzas, y rituales para contentarme. Me temerán y amarán.

Y, sobre todo, me lo agradecerán.

Ésa ha sido mi mayor victoria.

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magnus scheving
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Poblador desde: 19/10/2011
Puntos: 381

Muy interesante el aire épico de la historia. Cuando uno la lee, parece que alguien la está declamando. No es largo, un punto más a favor del mismo; la trama no da para estirarlo más, entonces se haría pesado. El final es genial, somos malos y encima nos autoengañamos adorando a dioses equivocados --lo mío con la religión no tiene arreglo, haría falta un milagro (!!)--.

Por cierto, de pequeño me dijeron en la escuela que las penas van juntas y los pesares separados: apenas y a pesar. Ésas faltas de ortografía...

El relato me ha gustado ¿eh?

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Javiyuris
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Poblador desde: 09/01/2012
Puntos: 238

Me ha gustado mucho, aunque quien no sea aficionado o algo conocedor de la mitología griega puede perder referencias y no disfrutar tanto el relato. Muy bien.

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Easton
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Poblador desde: 06/11/2011
Puntos: 412

Me gusta la mitología (aunque no sea muy entendido) y las historias de dioses, por lo que el ambientar el relato ahí, me ha gustado.

Lo malo es que me ha dejado un poco frío en cuanto a catástrofes naturales. En mi opinión le falta resaltar esos hechos y la angustia, dolor, miedo, terror... que la explosión del volcán pudo provocar o la tormenta posterior. La importancia la toman los dioses y su lucha, y las catástrofes son más un efecto colateral, quedando muy relegadas.

Hades y su odio también deberían haber tenido más presencia. Su rabia al perder a cerbero. No se, me gusta la idea y la ambientación, pero me queda la sensación de que le falta algo. El final, también me ha gustado. Hace reflexionar.

Y hasta aquí mis impresiones como lector :P

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korvec
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Poblador desde: 31/05/2011
Puntos: 1049

A pesar de no gustarme especialmente la mitología lo he disfrutado bastante. Quizás el único pero que se me ocurre es que no lo veo muy "fosco", pero aparte de eso...

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FAGLAND
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Poblador desde: 10/08/2009
Puntos: 1575

A mi me a gustado, pero me parece más una sucesión de acontecimientos que otra cosa, quizá porque así es la mitología. De todos modos, pocos habrán usado una idea tan original para catástrofes naturales. Quizá narra demasiadas cosas en poco espacio, es la sensación que me a dado.

Sin duda un buen relato.

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